Por Anna Rodriquez

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Esta temporada he estado pensando mucho en la vida y en lo que nos trae vida. El contexto de mis pensamientos, hasta cierto punto, ha sido el calor implacable y desafiante de Texas.

El mes pasado, en una calurosa y soleada mañana de verano, entré a la casa después de trabajar en mi huerta. Estaba decepcionada con mi huerta. Nada estaba creciendo como debía. El calor del verano seguía fuertemente, secando mis verduras.

En mi decepción, le mencioné a mi mamá que me gustaría hacer un viaje a la costa norte del Pacífico para alejarme de este calor”. Continué diciendo: “¿No sería fantástico visitar la capital de cada estado?” Poco después de la conversación, mi mamá dijo: “¿cuándo nos vamos?”

Comenzamos en Odessa, Texas, mi ciudad natal, y nos dirigimos a Santa Fe, Nuevo México, nuestra primera capital de la lista. Nos dirigimos a Phoenix, Arizona, Carson City, Nevada, Sacramento, California, y continuamos hasta el puente Golden Gate. De ahí fuimos hacia Salem, Oregon, subimos hasta Olympia, Washington, luego a Boise, Idaho y terminamos en Salt Lake City, Utha. El viaje por carretera fue absolutamente maravilloso.

Durante nuestras visitas a las capitales de los estados, inmediatamente me interesé en el trabajo pionero e innovador de las mujeres y en la rica cultura de cada estado. Mientras exploraba estos lugares, noté una tendencia en las molduras de los techos. Cada capital era única, pero todas tenían una especie de moldura de corona que mostraba un huevo y una flecha o dardo.

En Olimpia, el guía turístico conocía bien las capitales de los estados y estaba familiarizado con mi curiosidad. Le pregunté sobre el patrón del huevo y la flecha. Él respondió: “el huevo representa la vida y el dardo representa la muerte, para que los legisladores, jueces y otros recuerden cómo las decisiones que toman afectan a las personas de su estado”.

Vida o muerte. Seguí pensando en lo que nos trae vida y cómo también tenemos oportunidades de ser fuentes de vida o muerte para quienes nos rodean con nuestras palabras, decisiones y acciones.

Mientras continuamos nuestro viaje, recibí un correo electrónico de la Dra. Nora Lozano, directora ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (Christian Latina Leadership Institute). Después de leerlo, dije: “Mamá, tenemos que irnos a casa, tengo que estar en San Antonio para una reunión del Consejo”. Mientras viajábamos de regreso a Texas, ella me dijo: “Sé que has estado involucrada en este instituto de liderazgo latino, pero, ¿qué es lo que haces?”

Le expliqué que comencé con el Insituto para Líderes Latinas (Latina Leadership Institute) en el 2008 y me gradué del programa en el 2010. Desde entonces, el nombre cambió a Christian Latina Leadership Institute (CLLI). Mientras hablaba con ella, le recordé la idea que acabábamos de oír sobre el huevo y el dardo como símbolos de la vida y la muerte.

El CLLI ha sido una fuente de vida para mí. Es rico en diversidad. Mujeres de todas partes del mundo se reúnen y hablan acerca de edificar comunidades fuertes y al mismo tiempo honrar a nuestro Creador. Fue gracias al Christian Latina Leadership Institute que me motivé y regresé a la escuela para completar una maestría en administración pública.

Las mujeres de CLLI son mujeres educadas que sirven a sus iglesias y comunidades y buscan formas de expandir el Reino de Dios. El CLLI fue creado por dos latinas, Nora Lozano y Patty Villarreal, quienes buscaban formas de desarrollar mujeres cristianas líderes (latinas y latinas de corazón). Hicieron una lluvia de ideas y, por la gracia y el favor de Dios, ellas, junto con otras mujeres calificadas, han estado enseñando a quienes tienen un espíritu de aprendizaje y desean vivir conforme al corazón de Dios. Las enseñanzas son ricas y el conocimiento que obtienen las mujeres, junto al propósito de Dios, hace que este programa sea único y se distinga de otros programas seculares. Continué: “Piensa mamá, cuando comencé en el CLLI nos reuníamos en Camp Buckner durante casi una semana en enero. Ahora el programa es internacional con grupos en Estados Unidos, México y Colombia. ¡Es un proyecto importante!”

Mientras respondía la pregunta de mi mamá sobre qué es lo que hago, le recordé de mi pasión y profesión de ayudar a las personas. El CLLI ha encontrado favor en mí y me ofreció la oportunidad de sentarme a la mesa grande brindando mis habilidades donde sea necesario. Intento servir, orando para poder hacerlo a través del lente de Dios, a medida que la organización avanza con su visión: mujeres empoderadas en liderazgo que impacten al mundo desde una perspectiva cristiana.

El CLLI ha sido una vía para ayudar a las mujeres cristianas (latinas y latinas de corazón) a experimentar más profusamente la vida abundante que ofrece Jesús. Al pensar en esto, recuerdo un versículo que aprendí durante mis primeros años en el CLLI:

“Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida”.

Eclesiastés 3:12

Las participantes del CLLI aprenden que debemos ser las mejores mujeres que podamos ser a medida que nos curamos de heridas anteriores y adquirimos conocimientos y habilidades nuevas y vitales. Luego, se nos anima a invertir ese “yo transformado” en hacer el bien mientras vivimos. Para mí, todo esto suena como una fuente de vida para estas mujeres y sus círculos de influencia.

Les invito a orar fervientemente por el ministerio del CLLI mientras continúa creciendo y sirviendo a más mujeres. Si eres una mujer cristiana y deseas perfeccionar tus habilidades de liderazgo, visita nuestro portal de internet para obtener más información sobre lo que ofrecemos.

Finalmente, también quiero invitarte a considerar formas en las que puedes ser una fuente de vida a quienes te rodean. Al igual que los legisladores y jueces estatales, todos debemos usar palabras y tomar decisiones que den vida a nuestras familias, iglesias y comunidades.

Nuestro viaje fue verdaderamente una bendición: poder vislumbrar aquello a lo que Dios le ha dado vida en más de un sentido. Cuando llegamos a casa, tuve la oportunidad de comprobarlo una vez más: ¡en mi huerta crecían muchos pimientos!

Anna Rodriquez es miembro de la junta directiva del CLLI y se graduó del mismo en 2010. Ha trabajado en el campo de los servicios sociales por más de 25 años y tiene una maestría y una licenciatura en administración pública de la Universidad de Texas, Odessa, Texas.