Las Marías De Ayer Y Hoy: Liderazgo En Acción

Por Raquel Contreras 

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En la cultura latina de hoy, como en los tiempos bíblicos, el nombre de María es muy común. 

Ciertamente lo identificamos de inmediato con María, la madre de Jesús, pero también con muchas mujeres del presente. Muchos de los nombres compuestos de mujeres llevan el nombre de María: María Eliana, María del Carmen, María Eugenia o María Soledad. 

María es cada año el nombre más usado por todos los padres al registrar a sus hijas en la cultura latina. Incluso en el cielo de Sud- América se identifica un conjunto de tres estrellas en línea como Las Tres Marías

Y podríamos seguir hablando de las Marías en nuestra cultura que se identifica hasta con nuestra cocina, decimos, “esto se cocina a baño maría” y por supuesto, todas hemos disfrutado de las ricas galletas “Marías”. 

En fin, María es una palabra que no solo se refiere al nombre de muchas mujeres, sino que forma parte de nuestra cultura, por eso hablar del liderazgo de una María de la Biblia me parece muy interesante y fácil de relacionar con nuestra vida práctica.

El libro de los Hechos nos cuenta los comienzos de la Iglesia y cada uno de los registros de él nos muestra la manera como el grupo de nuevos creyentes iba dándole forma a sus prácticas de vida y disciplinas espirituales. Nos habla de como predicaban por las calles, como disfrutaban del compañerismo por las casas, como estudiaban las palabras de Jesús, como reaccionaban frente a las dificultades, como viajaban para compartir de las palabras de Jesús con todo el mundo conocido a fin de que todas las personas pudieran reconocer también a Cristo como el Mesías prometido. En la práctica de nuestra propia vida en este siglo 21, tenemos mucho que aprender de ellos.

Pero para mí, siempre ha sobresalido una María del libro de los Hechos, de la que solo tenemos 24 palabras, pero que la hacen resaltar de gran manera. En Hechos 12:12 dice: “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando”.

Solo 24 palabras (versión RVA 60) para referirse al tremendo liderazgo que esta mujer tenía en la iglesia primitiva.

Pedro, el líder espiritual, había sido tomado preso pues el grupo de nuevos creyentes estaba creciendo mucho y estaba siendo una amenaza para el gobierno y las costumbres establecidas. Había sido puesto en un calabozo, amarrado a soldados que no le permitían moverse, y encerrado en el fondo de la cárcel. Mientras esto pasaba, dice Hechos 12:5 “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”.

La iglesia sabía que, frente a esta tremenda dificultad de no tener a su líder con ellos, y más aún, la incertidumbre de lo que podía pasar con él, ellos debían orar… y eso hacían. 

De una manera milagrosa Pedro es liberado de la cárcel y cuando se encuentra en la calle, libre de sus cadenas, la Biblia dice que volvió en sí y reconoció que había sido liberado. En ese momento, lo único que piensa que puede hacer es … ir a la casa de María, pues ahí estaba la iglesia reunida orando. Esto me sobrecoge siempre. Pedro no había tenido ningún contacto con los hermanos, pero sabía dónde debían estar. 

Por su parte, María es una mujer que ha abierto su casa para que la iglesia se reúna a orar, frente a la tremenda necesidad que tenían. Pero, no solo eso; basados en esta historia, podemos asumir que Pedro, el líder natural, sabía que ella lo había reemplazado en esos momentos y había tomado el liderazgo que se necesitaba para que el grupo de nuevos cristianos hiciera lo que tenía que hacer… orar. 

Esta María es un tremendo ejemplo para nosotros. Nos enseña a asumir las posiciones de liderazgo que necesitamos tomar aun cuando las situaciones sean difíciles o inciertas. Nos enseña a guiar a otras personas a hacer lo que se debe hacer ofreciendo lo que tenemos a nuestra mano para apoyar y guiar. Y, sobre todo, nos enseña a siempre ser mujeres a las cuales otras personas puedan recurrir cuando tienen necesidad de acercarse al Señor.

Las líderes latinas y latinas de corazón debemos siempre estar listas a ejercer nuestro liderazgo con lo que tenemos en nuestras manos para, especialmente estar listas a acompañar a otras personas en su búsqueda de Dios y necesidad de oración, particularmente en estos tiempos tan convulsionados que nos toca vivir.

¡Dios nos permita a nosotras, las líderes de hoy, ser las “Marías” que debemos ser en la situación que nuestro Señor nos ponga!


Raquel Contreras, J.D., es la directora general de Editorial Mundo Hispano en El Paso, TX. Ella es miembro de la Junta Directiva de CLLI.

¿CUÁL ES LA MARCA DE TU LIDERAZGO?

Por Becky Klein

Traducido por Alicia Zorzoli

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Muchas veces se usa la palabra “liderazgo” con referencia a personas y circunstancias muy diferentes. Hablamos de liderazgo cuando leemos acerca de las acciones valerosas de nuestros militares en el Medio Oriente. Hablamos de liderazgo cuando miramos a nuestros astronautas visionarios de la NASA, esforzándose por traspasar nuevas fronteras. Pensamos en el liderazgo cuando aprendemos acerca de personas que dirigen empresas transformando el modelo o la estrategia empresaria de una compañía. Actuamos con liderazgo cuando mostramos ejemplos de principios durante un período de tiempo que ayudan a persuadir a nuestros hijos para que cambien sus hábitos. Leemos acerca de liderazgo (bueno o malo) cuando aprendemos en nuestros libros de historia acerca de líderes de gobierno centrados en sí mismos 

¿Pero qué significa realmente “liderazgo”? Cada persona tiene un estilo diferente de liderazgo. Y los líderes con más éxito son quienes practican el liderazgo en conjunción con su verdadera naturaleza y personalidad. Entonces, la pregunta llega a ser: “¿Cuál es tu personalidad de liderazgo?”. Y estoy segura de que ahora te estarás preguntando: “¿Qué hago para descubrirla?”.

Para empezar, primero tenemos que reconocer que cada persona tiene múltiples roles y responsabilidades, sea en el hogar, la escuela, el trabajo o el juego. Interactuamos de manera diferente con las personas a lo largo de estos varios contextos basados en los numerosos intereses, necesidades y expectativas de la gente relacionada con cada escenario. Por lo tanto, lo que tú eres en un escenario puede verse y sentirse muy diferente de quién eres tú y cómo actúas en otro escenario. Sin embargo, tú llevas muy en tu interior valores y hábitos culturales a pesar del escenario. El identificar esos valores y esas normas culturales te ayudará a entender tu manera singular de ser líder.

Una forma de ayudarte a hacer esto es desarrollar una historia de ti misma. Las historias tienen múltiples beneficios y usos. Por ejemplo, las historias ayudan a definirnos. También mueven a otras personas a la acción. Nos ayudan a crear confianza. Nos ayudan a creer en nosotros mismos. Y nos brindan a nosotros, y a otras personas, un ancla en tiempos de inseguridad.

La Biblia ofrece una oportunidad clara de aprender acerca de diferentes estilos de liderazgo. Mediante el uso de historias, la Biblia nos ayuda a identificar las mejores prácticas para pensar, hablar y actuar a lo largo de diferentes circunstancias. Ella ejemplifica cómo las historias muestran a personas con muy diferentes marcas de liderazgo.

Consideremos algunos ejemplos acerca de diferentes estilos de liderazgo tomados de la historia de varios personajes en la Biblia.

Moisés fue un líder transformacional. Él ayudó a que el pueblo de Israel hiciera la transición de hábitos politeístas a una vida monoteísta bajo Dios. Moisés también transformó la estructura de gobierno de la comunidad israelita. En vez de tener un personaje central que tomaba las decisiones, él se aseguró de que se delegara autoridad a personas capaces y las invistió con la habilidad de participar en un proceso de decisiones descentralizado.

David fue un líder carismático. Era fuerte, bien parecido y valiente en la batalla. Fue capaz de atraer la obediencia de la gente a través de sus acciones heroicas. Y cuando pecó se arrepintió sinceramente y lo confesó a Dios. Fue un líder que inyectó a la gente con el valor de aceptar la responsabilidad y alejarse de cometer errores. 

Daniel fue un líder leal y con principios. Aunque estuvo al servicio de reyes babilonios (Nabucodonosor y Ciro) en sus hábitos diarios se mantuvo fiel a las leyes de Dios. Rechazó adorar a ídolos y comer comida “inmunda” a todo costo. Su firmeza finalmente ocasionó que Ciro se diera cuenta de que su dios era pequeño y que el Dios de Daniel, el Dios Verdadero, era lo mejor para él y para su pueblo.

Jesús fue un líder siervo. Jesús da mucho valor a las relaciones y la comunidad. Él anima a la gente a que sean pensadores-de-mente-abierta en lugar de pensadores-de-mente-cerrada. Él pone énfasis en desarrollar personas en vez de desarrollar procesos. Y él adapta su estilo para que concuerde con el nivel de madurez de la gente de modo que le puedan entender mejor.

Y, por supuesto, hay numerosas personas en la Biblia que tienen el estilo de un líder egotista. Sí, ellos también fueron líderes. Mira a Saúl, Nabucodonosor y el faraón del éxodo, para mencionar unos pocos. Cada uno de ellos quiso obligar a las demás personas a que llenaran sus necesidades propias. Quisieron humillarlas para hacer que ellos se vieran fuertes, valientes y dignos de honor. Fueron celosos e inspiraron temor.

Te animo a que leas las historias de cada uno de estos personajes bíblicos. Y después de hacerlo trata de formular una historia acerca de quién eres tú. Tu historia debe relatar cómo llegaste a ser quién eres; los puntos claves de cambio y los resultados de tu trayectoria. Recuerda que para formular una historia efectiva debes tener los siguientes elementos: 1. Protagonista (personaje en la escena por quien se interesa quien escucha); 2. Un desafío inesperado que te confrontó; 3. Una decisión que tuviste que tomar en respuesta al desafío; y 4. El resultado. Siéntete libre para desarrollar diferentes historias basadas en los estilos diversos de liderazgo que crees que has mostrado en diferentes tiempos y contextos.

Ahora, la parte más importante es IR y DECIR. Tu historia debe decirle a quien escucha algo acerca del estilo de liderazgo con el que tú te sientes más cómoda. Prueba encontrando oportunidades de compartir tus historias con diferentes personas y mira cuáles te parecen las más naturales. Mediante la experimentación no solo podrás descubrir las muchas marcas de liderazgo de las que eres capaz sino también la marca de liderazgo principal que encierra tus valores y hábitos culturales fundamentales.

A medida que llegas a conocerte mejor mediante descubrir y articular tu marca de liderazgo vas a llegar a ser una líder mejor equipada que está lista para servir a Dios y a tu prójimo.  

Becky Klein, MANSS, Abogada, directora de Klein Energy, LLC., una empresa de consultoría de energia con sede en Austin, Texas. Es miembro de la facultad de CLLI y anteriormente formo parte de junta directiva de CLLI. Juris Doctor de la Facultad de Derecho de St. Mary, San Antonio, TX. Maestría en Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Georgetown, Licenciatura en Biología Humana de la Universidad de Stanford, Stanford, CA.

ACEPTAR EL LIDERAZGO

Por Oluwatofunmi Odulate

Traducido por Alicia Zorzoli

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“No soy una líder”.

Si me dieran un centavo por cada vez que dije esto sería muy rica. Esto se debe a que yo tenía esa idea distorsionada de lo que es el liderazgo. Algunos de los mitos al respecto que yo había aceptado eran: “Una líder debe estar siempre bien y en forma para ser el centro de atención. Una líder debe ser perfecta y sin ningún defecto. Una líder no tiene vida propia. Una líder soluciona conflictos y escucha los problemas de otras personas. Una líder es la mejor del grupo. Una líder es la persona más importante en un grupo. Una líder nunca se equivoca y siempre tiene razón”. Y la lista continúa. Esos mitos obnubilaban mi mente y fueron la razón para que yo rechazara cualquier oportunidad de liderar porque, después de todo, yo no era líder.

“No soy una líder”.

La primera vez que dije estas palabras fue cuando tenía 13 años y me pidieron que dirigiera el grupo infantil en una nueva iglesia. Sin embargo, aunque eso se veía como una responsabilidad sencilla para una persona de esa edad, para mí era abrumadora y me produjo pensamientos internos respecto a cuán poco preparada estaba y cuán inadecuada me sentía para esa tarea. ¿Cómo podía alguien considerar mi edad y pensar que esta niña de 13 años era lo suficientemente madura como para liderar? ¿No es que el liderazgo es para las personas adultas? Pero acepté la tarea y fue un éxito. Esto abrió más oportunidades para liderar en diferentes capacidades y bajo diferentes circunstancias. Al pasar el tiempo, esta nueva senda que encontré para mi vida originó otra pregunta en mi mente.

“¿Soy una líder?”. 

Recuerdo que cuando escuché de CLLI por primera vez tuve una conversación mental conmigo misma y con mi papá y mamá acerca de si debía o no inscribirme. Pensé decirles: “No soy una líder. No tengo planes de ser una líder. Es demasiada responsabilidad. Ni siquiera soy latina”, para convencerles a ellos y a mí misma de que eso no era para mí.  Pero, después de conversar con el personal y las profesoras del Instituto, y con el aliento de algunas ex-alumnas, me inscribí. Aparentemente, cada una de esas personas vieron en mí a la líder que yo todavía no veía. Ellas, a diferencia de mí, conocían la verdadera definición de una líder: alguien que no se enfoca en la posición, sino que trae los atributos correctos a esa posición.

Aprendí que el liderazgo no siempre viene con un título. Viene cuando una persona asume el rol, las responsabilidades y la habilidad de influir a otras hacia una meta común. Después de mi primer año de asistir a CLLI, de leer libros sobre el liderazgo y de escuchar la trayectoria de liderazgo de las profesoras, pude verme a mí misma en sus historias de cómo llegaron a ser líderes. Yo también había dudado de mí misma muchas veces. Yo también experimenté que otras personas dudaran de mí. Yo también tenía temor de fracasar si lo intentaba. Yo también tenía temor de las críticas si no hacía un trabajo perfecto. Esas mujeres a las que veía como habiendo tenido éxito en varias disciplinas de la vida, habían tenido temores como los que yo estaba teniendo en ese momento. Nuevamente apareció la pregunta en mi mente.

“¿Soy una líder?”. 

Ser una líder es ser aprendiz y seguidora. Jesucristo, a quien considero el maestro más grande de todos los tiempos, nos aconseja en Juan 13:13-17 que seamos como él. Debemos seguir su ejemplo y aprender de él de la misma manera que él aprendió del Padre. Las líderes deben aprender continuamente. En la carta a los Hebreos 13:7 (NVI) leemos: “Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe”. Este versículo dice que para ser líder tenemos que aprender de un líder. Necesitamos permitir que nos enseñen. Comencé a mirar fuera de mí misma y ver que, para que yo pudiera ser la líder que Dios me llamó a ser, necesitaba primero aceptar que soy una líder y luego someterme a la enseñanza de otras personas líderes que Dios colocó estratégicamente en mi vida. Además, una líder es una sierva. No estamos listas para el liderazgo si no estamos listas para humillarnos en el servicio a otras personas. Jesús dice eso en Mateo 20:26 (NVI): “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor”.

“¿Soy una líder?”. 

Puede que muchas de nosotras nos hayamos hecho esa pregunta alguna vez. Miramos a nuestras capacidades con duda e incredulidad. Al hacerlo, no estamos reconociendo a Aquel que nos dio esa habilidad. Tampoco estamos validando la sabiduría de quienes nos rodean, que nos ven capaces de serlo y que nos llaman líderes. 

Ahora sé que con el paso de los años he evolucionado desde aquella niña tímida de 13 años hasta ser una joven que ha entregado su vida al servicio de otras personas, y que está muy feliz de hacerlo. He crecido hasta ser una mujer que cree que es capaz de efectuar cambios positivos en situaciones dadas y que es una catalizadora de crecimiento en quienes confían en ella para guiar e influenciar. Ciertamente todavía no he llegado a ser todo eso, como muchas de las que me precedieron cuyos pasos necesito imitar para ser una mejor líder. Dejé de lado la timidez y el dudar de mí misma y he asumido el ser cabeza en las tareas que se me ponen por delante, tratando en todo lo posible de ser digna y de ser un modelo para quienes vienen tras de mí. Con todo esto puedo decir firmemente y con toda confianza: “Soy una líder”.

Quiero desafiarnos a mirar hacia adentro y escuchar lo que otras personas han dicho acerca de nosotras, a reconocer esos atributos de liderazgo que poseemos, a aceptarlos y a comenzar a utilizarlos porque, después de todo, somos realmente líderes.

Oluwatofunmi Odulate es recién graduada de la Universidad Bautista de las Américas. También se graduó de CLLI en 2019. “To”, como la llaman cariñosamente, trabaja actualmente con refugiados en BCFS y sirve en el ministerio de música, mujeres, niños y jóvenes adultos en su iglesia local, Mercy Church de San Antonio. To es apasionada por las personas y su salud mental.

Liderazgo resiliente en medio de una pandemia

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Por Zoricelis Dávila

Traducido por Alicia Zorzoli

El concepto de liderazgo ha sido estudiado desde múltiples perspectivas y acercamientos. Su definición puede ser compleja debido a que es algo que está evolucionando constantemente y se actualiza para adecuarla a la circunstancia del momento. Hay estudios enfocados en estilos de liderazgo, características personales y atributos; pero cada definición, como el estudio titulado Teorías de Liderazgo Contemporáneo: Análisis de La Dinámica Relacional por Sánchez Montalván, Vaca Aguirre, Padilla Sánchez y Quezada Condolo lo ilustra, concuerda con el hecho de que el comportamiento del líder influye en otras personas en un ambiente específico.

La parte que encuentro interesante en esta descripción es la última: “en un ambiente específico”. Significa que nuestro liderazgo es adaptable a las necesidades de las circunstancias que estamos enfrentando. No es exclusivo a las características de la persona, sino que las características y los comportamientos personales se ajustan a las necesidades del momento.

Somos líderes en casa, en la iglesia, en el barrio y en la comunidad. Como líderes, queremos ser buenos modelos para las otras personas. Estamos acostumbradas a dirigir y controlar diferentes situaciones porque somos líderes por naturaleza. Sin embargo, ¿qué pasa cuando de repente el mundo que nos rodea está siendo amenazado por una pandemia fuera de control? ¿Qué pasa con nuestro estilo y nuestras habilidades de liderazgo en ese “ambiente específico”? La respuesta se encuentra en la capacidad del líder para adaptarse a ese “ambiente específico”.

Desde el comienzo de esta pandemia líderes han demostrado fortaleza, determinación, creatividad y dedicación. Como líderes, parecería que hemos estado trabajando más que nunca para servir a una comunidad que está siendo impactada diariamente no solo por la enfermedad del COVID-19 sino también por la secuela del estrés, familias en crisis, depresión, ansiedad, fatiga y mucho más. Por naturaleza, el liderar a otras personas siempre es desafiante, pero el liderar a otras personas en medio de una pandemia requiere valentía.

Nos hemos elevado por encima de las circunstancias presentes de un ambiente hostil y hemos demostrado destrezas y habilidades que algunas ni sabíamos que teníamos. He visto líderes que antes del COVID-19 tenían dificultades con la tecnología y ahora están enseñando clases de Escuela Dominical en forma virtual. Iglesias que no usaban los medios sociales ahora están manteniendo sus cultos a través de Facebook live. Mujeres que anteriormente no se animaban a hablar en público ahora están teniendo estudios bíblicos y reuniones de oración virtuales.

Hemos encontrado formas de realizar eventos importantes en la vida: un desfile frente a una casa para brindar consuelo, una caravana de autos para celebrar una ocasión especial, o una fiesta de cumpleaños virtual. Lo hacemos para demostrar nuestro amor mutuo, como también el amor de Jesús por todas las personas.

Este nuevo estilo de liderazgo es el resultado de la resiliencia.

La pandemia vino a cambiar nuestra vida, pero también vino a probar nuestras habilidades de liderazgo. Me asombra ver la resiliencia, la resistencia y la creatividad de muchas de nuestras líderes latinas. Cuando otras personas están abrumadas por el temor y la incertidumbre, nuestras líderes están encontrando nuevas formas de continuar compartiendo la Palabra de Dios y brindar consuelo a las demás personas. 

Es muy común escuchar que durante una crisis hay desaliento, pero estoy siendo testigo de que, en medio de una pandemia, hay valentía, determinación y amor por el Señor y por su pueblo. Es el amor a Dios primero, y luego el amor a las demás personas, lo que nos mueve como líderes a continuar sirviendo más allá de nuestras fuerzas. De acuerdo a las investigaciones de Gallo, Espinosa De Los Monteros y Shivpuri y la de Montine, esto se llama “Capacidad de Reserva”; es decir, la compensación fisiológica que experimenta una persona cuando enfrenta el estrés y la amenaza de daño potencial o pérdida, para adaptarse y confrontar más allá de su capacidad normal.

En estos días las líderes latinas están haciendo uso de su “Capacidad de Reserva” para liderar, animar, consolar y apoyar a otras personas en tiempos cuando todo parece desesperante, incierto y temeroso.

Como líderes latinas cristianas, sabemos que nuestra “Capacidad de Reserva” viene de Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (NVI). Cristo es la fuente de nuestra fortaleza. El es la razón por la que encontramos estilos nuevos de liderazgo, creatividad fresca, recursos adicionales y una nueva motivación para aprender lo que antes parecía imposible. Entonces, aun cuando COVID-19 vino a desafiar nuestro liderazgo, también vino a revelar la persona dentro de nosotros: Cristo obrando a través de nosotros.

Hasta este momento no sabemos cuánto tiempo más tendremos que soportar esta pandemia y su distanciamiento social. Lo que sí sabemos es que, debido a que amamos a Dios de todo corazón, mente, fuerzas y alma (Mateo 22:37), amamos a las demás personas y continuamos ejercitando un liderazgo servicial a pesar de la pandemia.

Si sientes que estás funcionando con tu última gota de energía y fortaleza, recuerda que Cristo en ti es tu “Capacidad de Reserva”. Jesús te está ayudando a obtener fortaleza y habilidades de liderazgo que te permitirán servir a quienes Dios ya ha puesto en tu camino para que les consueles con el mismo consuelo que tú recibiste de él (2 Corintios 1:4). El liderazgo en tiempos del COVID-19 no es fácil; es un acto de amor. Te animo a que recurras a tu “Capacidad de Reserva”, a que seas fuerte en el Señor, y a que recuerdes las palabras del apóstol Pablo: No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos (Gálatas 6:9, NVI).

La Dra. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S, es consejera profesional y supervisora en este campo, con 17 años de experiencia. Tiene un consultorio privado en Fort Worth, TX al servicio de la comunidad latina. La Dra. Dávila es miembro de la junta directiva y docente del CLLI. También es oradora internacional, autora y profesora de consejería profesional en Liberty University.

Líderes buscan una normalidad “mejor”

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Por Patty Villareal

Traducido por Alicia Zorzoli

¡Es verano en el hemisferio norte! En mi rincón del mundo generalmente las familias están de vacaciones, o los niños están pasando el día en casa de la abuela mientras su papá y su mamá trabajan. Sin embargo, este verano es muy diferente debido a la experiencia colectiva de una crisis de pandemia.

La gente se pregunta cuándo vamos a regresar a la “normalidad”. Sin embargo, un buen número de líderes consideran que, en vez de eso, lo que vamos a experimentar es una nueva “normalidad”. Otros nos llevan a pensar en una normalidad “mejor”. Como líder y como creyente en Cristo, estoy de acuerdo. Necesitamos esforzarnos por una “mejor” normalidad.

Desde mi perspectiva como trabajadora social licenciada, la normalidad no era tan buena y esta pandemia reveló varias fallas en cuanto a la igualdad y la equidad.

En San Antonio, mi ciudad, teníamos un promedio de 6.000 personas hambrientas que venían  todos los meses a nuestros bancos de alimentos. Con la pandemia, de acuerdo a los datos de la oficina del alcalde de la ciudad, el número de familias que necesitan ayuda con alimentos se duplicó, y continúa creciendo. El aumento del hambre es un suceso mundial. Además, hemos visto cómo esta crisis ha afectado negativamente la vida de las personas de la tercera edad y los grupos minoritarios debido a los factores de pobreza, raza, clase social y edad.

La nueva normalidad necesita ser algo mejor que “volver a la normalidad”.

Entonces, ¿qué hacemos como líderes cristianos durante este tiempo de crisis? ¿Qué lecciones podemos aprender?

Quienes seguimos a Cristo, somos un pueblo de esperanza. La fuente de nuestro poder es la Poderosa Trinidad: Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dado que sabemos que hay poder en la oración nos mantenemos en contacto con Dios. Usamos nuestras rodillas, nuestros “rincones de oración”, el “cuarto de guerra”, para mantener diariamente un espíritu de oración. También respondemos en el nombre de Jesús y mediante el poder del Espíritu Santo.

¿Cómo lo hacemos? Nos apropiamos del conocido versículo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5, 6). ¿No es maravilloso? No depende solo de nosotros. Dios nos dirige.

¿Hacemos esto en soledad, por nosotros mismos, solo Dios y yo? A veces sí. Pero en la mayoría de las veces Dios nos guía a encontrar a otras personas y trabajar juntas para hacer una diferencia. Así es como empezó CLLI. Dos líderes latinas (la Dra. Nora O. Lozano y yo) compartíamos una pasión y luego una misión para equipar a otras latinas y latinas de corazón. Luego Dios añadió un equipo de líderes que sirvieran como consejo consultor, y luego como un consejo directivo formal en una organización sin fines de lucro.

Líderes saludables se esfuerzan por encontrar colaboradoras para hallar soluciones a los desafíos que enfrentan. El trabajar juntas, bajo la guía del Espíritu Santo, extrae las fortalezas de todas las personas involucradas. Puede que la crisis sea personal, pero puede requerir más de lo necesario si una persona la atraviesa sola. Eclesiastés 4:9 nos recuerda que dos son mejores que uno. Sin embargo, algunos desafíos (como la crisis de la pandemia) requieren más de dos para enfrentar las situaciones críticas.

Un buen número de ustedes, que están leyendo, son líderes en la iglesia. La iglesia de todo el mundo ha respondido al llamado de la gente necesitada y ha sido un instrumento de esperanza aun antes de esta pandemia. Incontables líderes en la iglesia, como ustedes, están trabajando para encontrar recursos a fin de proveer para las necesidades básicas y traer esperanza a quienes no la tienen. Quisiera urgirles a que ayuden a su iglesia a considerar servir con otras entidades fuera de la misma: sus líderes comunitarios. No solo ahora sino en el futuro del ministerio. Sea que se trate de una pandemia, una crisis en la comunidad, o con una comunidad que todavía no ha llegado a su potencial.

Julianna Marraccino, una alumna del Seminario Truett de la Universidad Baylor y de la Escuela de Servicio Social Garland destaca:

Nuestra manera de ser y hacer como hijos de Dios se está moviendo hacia una comprensión redefinida de la imago Dei (la imagen de Dios) de compañerismo y de servicio a la comunidad. Nos está requiriendo que pensemos, actuemos y amemos en forma diferente… En vez de apoyarse en su propia fuerza, las iglesias han mirado a sus comunidades para identificar relaciones, determinar maneras de maximizar los recursos y ofrecer cuidado a sus vecinos en una manera que haga más bien que mal.

Marraccino destacó que el trabajo de la iglesia encuentra fortaleza y efectividad cuando exploramos cómo puede ser una “normalidad mejor”, una “colaboración mutua entre las iglesias y las comunidades”. La iglesia aporta su fortaleza como fuerza espiritual y un ejército de personas voluntarias. La comunidad aporta sus miembros que están igualmente capacitados con sus recursos de educación, salud y empresas. La “normalidad mejor” ya se está practicando en algunas comunidades donde iglesias y líderes comunitarios se han organizado en conjunto para suplir las necesidades de su comunidad, especialmente en áreas de bajos ingresos.

Esto involucra riesgos. Los esfuerzos colaborativos pueden significar que deban ajustarse las expectativas de los posibles resultados a corto y largo plazo. Puede ser incómodo reunirse con otras personas líderes que no provienen de una perspectiva centrada en Cristo. Puede requerir más tiempo lograr las metas. Sin embargo, el cambio y las mejoras para la comunidad valen la pena. La reputación de la iglesia va a ser aumentada grandemente por su buen testimonio y por ser un miembro confiable de la comunidad.

Hay mucho más que puede decirse en cuanto a una normalidad “mejor”. Mientras tanto, imaginemos cómo podría verse esta normalidad “mejor” en nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestros círculos de influencia.

Mientras lo hacemos continuemos orando por quienes trabajan en el área de la salud, por las autoridades que tienen la tarea de tomar decisiones para el bien de sus habitantes, y por la iglesia y su disposición a tomar riesgos y trabajar en una colaboración saludable con su comunidad y con sus líderes.

Patty Villarreal  LMSW, Co-fundadora de Instituto Cristiano para Líderes Latinas y profesora auxiliar en la Universidad Bautista de las Américas.

Un Desvío Inesperado

Por Nora Silva

Traducido por Alicia Zorzoli

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Como en casi todos los nuevos años, el comienzo de este año nos brindó nuevas resoluciones, nuevas metas, nuevos planes. El año hasta sonaba bien: 2020, ¡como la visión 2020! Todas las personas tenemos comienzos frescos y objetivos desafiantes para el año. Las cosas pintan bien, solo se ve un cielo brillante por delante. Bueno, el cielo sigue brillante pero la pandemia nos llevó a un gran desvío de nuestros planes.

Mientras escuchaba a un podcast sobre liderazgo, oí al autor y escritor John Maxwell decir: “Ve despacio en el desvío”. Eso se me quedó grabado. Recordé la vez cuando manejé hasta una señal de desvío en una ciudad que no conocía, con un SPG que no me mostraba opciones. Seguí cuidadosamente las señales en naranja y negro, sin saber a dónde me llevaban o a dónde iba a parar. Más que a esas señales confusas, seguí a un auto que iba delante de mí esperando que esa persona me regresara a mi ruta original. No me animaba a desviar la mirada por temor a perderlo de vista. Sentía que me estaba alejando cada vez más de donde necesitaba ir. Estaba frustrada de que las señales naranja y negro no me estaban ayudando, ni me estaban dando la seguridad de hacerme saber que estaba en el camino correcto. Quería que mi SPG me anunciara que estaba cerca de llegar a nuestro destino, pero solo aparecía el indicador de “no hay señal”. La ansiedad me hizo apretar más fuerte el volante y bajar el volumen de la radio. (A menudo me pregunto por qué bajamos el volumen de la radio cuando estamos perdidos).

Justo cuando creía que no podría soportar un minuto más de sentirme perdida llegué a una señal de “Pare” que me puso en una ruta que me pareció algo conocida. Vi  que el auto al que había seguido dobló, se metió en el tránsito y aceleró asegurándome que habíamos regresado a la ruta original. Había estado tan nerviosa por haber tomado un camino desconocido y no planeado, que no recuerdo exactamente cómo llegué a donde estaba.

La experiencia de mi desvío con el auto no se compara exactamente con nuestro actual cambio de dirección global; pero no hay muchas, si es que hay algunas, que se le comparen. Sin embargo, las parábolas de Jesús continúan enseñándonos  que a través de los desvíos más comunes en nuestra vida diaria, Él nos da la oportunidad de ver cosas nuevas en maneras nuevas, si los aprovechamos.

Con toda seguridad esta pandemia ha sido un desvío a todos los planes que teníamos para 2020 y aún más allá. Cualesquiera sean nuestros planes, un desvío nos obliga a seguir una dirección diferente. Podemos atravesar el desvío apuradas y enfocarnos completamente en regresar al camino conocido, o podemos elegir ir despacio en el desvío y experimentar una nueva vista y aprender una ruta nueva para llegar hasta nuestro destino.

El ir más despacio no significa que no vayamos a llegar a nuestro destino; simplemente significa que podemos tener el tiempo para experimentar el “mientras”. Nos da la oportunidad de apreciar lo que siempre estuvo ahí pero que había estado nublado por haber andado siempre apuradas. El ir más despacio nos puede permitir ver realmente a nuestros hermanos y hermanas que están luchando. Algunas de estas personas están luchando con sus emociones, luchando por encontrar un propósito, luchando para conseguir suplir las necesidades básicas, o simplemente luchando. Todas las personas tenemos tiempos difíciles. Esto es prácticamente una garantía. Pero, como seguidores de Cristo, tenemos la paz y la esperanza que viene de Dios. Es una esperanza que se va haciendo más fuerte por el poder del Espíritu Santo. Esa esperanza hay que compartirla; y no solo con las personas que están perdidas, porque la gente “encontrada” a veces también se desvía.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) ha sido parte de nuestra preparación para esos desvíos que se nos presentan. La educación, el compañerismo, el desarrollo de liderazgo nos preparan para los desvíos en la vida. Un día podremos mirar hacia atrás y recordar cómo Dios nos usó durante esta etapa de desvío y, al hacerlo, no podremos contener nuestra alabanza.

Tenemos una elección: podemos apretar firmemente el volante y enfocarnos solamente en regresar a nuestro camino conocido, o podemos tranquilizarnos, enfocarnos en nuestra fe en Dios y permitir que el desvío nos muestre nuevos panoramas y nuevas perspectivas. Oro pidiendo lo segundo.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

Lecciones de mujeres en la construcción

Por Carolyn Porterfield

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En el año 2011 la organización para la cual trabajaba se unió a Buckner International para construir una casa para una familia en Peñitas, Texas. Lo interesante de esta construcción fue que el equipo estaba compuesto totalmente por mujeres. Para ser honesta, yo dudaba seriamente que las mujeres pudieran hacer tal cosa. El equipo me demostró que estaba equivocada.

Tuve el privilegio de ayudar a construir otras seis casas para familias cuyas vidas mejoraron por tener un ambiente más saludable y estable en el cual criar a sus hijos. Durante esos siete años también vi cambiar a una comunidad.

Hubo lecciones valiosas que se aprendieron de esas construcciones hechas por mujeres. Cada lugar de trabajo se convirtió en mi sala de clases, y las mujeres de los equipos se convirtieron en mis maestras y mentoras. Al reflexionar sobre aquellos años me di cuenta de cuán importantes son esas lecciones para alguien que continúa creciendo como líder y entrena a otras. Permíteme compartir mis observaciones.

Elije ser una aprendiz

A nadie le gusta ser incompetente, especialmente a la gente adulta. Somos muy buenas en disimularlo para poder mantener una imagen externa de seguridad. Mi primera construcción de mujeres fue así. Por dentro sabía que no tenía ninguna habilidad en la construcción, ¡pero no quería que nadie más supiera esto! Tenía un martillo pero no era muy buena para lograr clavar los clavos hasta que permití que alguien me enseñara.

Como alguien que por muchos años entrenó a otras personas, fue humillante ser la que necesitaba entrenamiento. Mi ego recibió un golpe cuando comprendí qué privilegio es seguir aprendiendo. Desde aquel primer año cuando aprendí a manejar el martillo, pasé a aprender a usar otras herramientas, instalar aislante, encintar y revocar. ¡Qué triunfo sentí cuando el año pasado me llamó un amigo para preguntarme si podía ir a su casa y cubrir un agujero en la pared de su lavadero! Junto con otra mujer del equipo de construcción tapamos el agujero con todo éxito.

Todas las tareas son importantes

Construir una casa es un emprendimiento complicado, y algunas tareas parecen más importantes que otras. Levantar las paredes, poner el techo, instalar las líneas de electricidad y plomería, instalar ventanas y puertas; todo eso es muy importante. En mi primer año yo no sabía cómo hacer ninguna de esas cosas.

Mis responsabilidades giraban en torno a alcanzarles las herramientas a quienes las necesitaban, recoger la basura, mantener hidratadas a las trabajadoras llevándoles agua, y alentando a las miembros del equipo cuando estaban acaloradas y cansadas. Cuando sentí que lo que estaba haciendo no era importante, una miembro muy sabia del equipo me hizo sentar y me ayudó a ver una perspectiva diferente.

El mantener el lugar de trabajo libre de basura hizo que fuera un lugar seguro para las trabajadoras. El llevarles las herramientas a quienes las necesitaban les ayudó a ahorrar tiempo. El mantener a las trabajadoras hidratadas y alimentadas les dio energía para la tarea. Todo mundo se frustra y se cansa en el lugar de trabajo. Las palabras amables y de aliento son un verdadero don.

Mi actitud cambió cuando comprendí que todas las tareas son importantes. Yo era importante para el equipo porque hacía que el trabajo les fuera más fácil cuando estuve dispuesta a hacer lo que parecían ser tareas pequeñas.

Enseña a otras personas lo que sabes

En algún momento de esos años de construir casas pasé de ser una aprendiz a ser la maestra y la mentora. Mi confianza había crecido al punto donde sentí que mis habilidades para la construcción eran suficientes para la tarea. Con buena instrucción de las demás y varios años de práctica, ahora era capaz de trasmitir a otras lo que yo había aprendido.

Especialistas en estudios de liderazgo enfatizan la idea sabia de que una persona no tiene éxito como líder hasta que no haya entrenado a su sucesor. Situaciones familiares me impidieron participar con las mujeres en la construcción por los últimos dos años. ¡Qué gozo fue ver a las que había entrenado haciendo el trabajo que yo ya no podía seguir haciendo!

Involucra a otras

La construcción hecha por mujeres ha sido un proceso continuo de aprendizaje para todas las participantes. Una de las lecciones más grandes para nuestros equipos fue la necesidad de involucrar a otras. Me avergüenza admitirlo, pero en el primer año yo no entendí la necesidad de involucrar a otros de la comunidad en la construcción de la casa. Cometimos un gran error al pensar que estábamos construyendo una casa “para una familia” en vez de construir una casa “con la familia” y sus vecinos.

Dios mostró mucha gracia al perdonar nuestras ideas inaceptables y enseñarnos cuán importante era involucrar a otras personas. Algunos de nuestros maestros y mentores más talentosos fueron de la comunidad. Nos relacionamos con personas que llegaron a ser amigos queridos. Fuimos enriquecidos al servir juntos superando desafíos culturales y de idioma.

¿Y tú?

Si eres alguien conectada con el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI, por sus siglas en inglés) ya eres una aprendiz. Diste un paso valiente para pasar de lo que tú ya sabes a un mundo de nuevas posibilidades. Yo no tenía la menor idea de que podía construir una casa hasta que traté. Tú estás aprendiendo cosas nuevas que eres capaz de hacer mediante tu participación en CLLI.

Cada participante de este curso elabora su declaración personal de misión. Sea que pienses que tu declaración de misión te lleva a cosas grandes o pequeñas, tienes que saber que lo que logres va a cambiar el mundo al cambiar la vida de quienes sirves.

En mi clase en CLLI hablamos sobre ser una aprendiz y ser una maestra. Consideramos cómo el apóstol Pablo volcó su conocimiento y sabiduría en Timoteo. Todos necesitan un Pablo. Pero todos también necesitan un Timoteo. No te guardes para ti misma lo que aprendes. Pásaselo a alguien más.

Somos parte de una comunidad maravillosa. Hay lugar para que muchas más se agreguen. Invita y anima a otras mujeres a que se te unan. Asegúrales que van a poder hacerlo porque hay otras que les van a enseñar y les van a ayudar.

Mis días en la construcción pueden haber quedado atrás, pero las lecciones que aprendí van a permanecer conmigo por el resto de mi vida, ¡y yo te las paso a ti!

Carolyn Porterfield forma parte de la facultad CLLI y recientemente fue nombrada miembro de la Junta Directiva de CLLI. Antes de jubilarse, desempeñó diversos cargos en Women Missionary Union of Texas (Unión de Feminil Misionera de Texas). Una de sus mayores alegrías es ver a las mujeres desarrollarse como líderes.

¡Eso es Contagioso!

Por Alicia Zorzoli

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Escribo esto mientras estoy, como casi todo el mundo, encerrada tratando de evitar el contagio de este virus que está cambiando nuestro planeta. La lista de las precauciones para evitar el contagio parece ir en aumento con cada día que pasa. 

Ayer mi esposo salió al mercado. ¡Dichoso de él! Lo despedí como si estuviera saliendo a un crucero alrededor del mundo. Hemos decidido que saldremos solo una vez por semana, en lo posible solo al mercado, y lo haremos una vez cada uno. ¡Faltan solo seis días para que sea mi turno! Será la primera vez en 15 días que salga al mundo exterior. Esta es nuestra manera de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que esta situación termine cuanto antes. ¡Y seguramente va a terminar!

Pero hay otro tipo de contagios que son todo lo contrario al que estamos siendo bombardeados en estos días. Son los que yo quiero tener. ¡De estos sí que quiero contagiarme!

Quiero contagiarme de risas. Ahora más que nunca. ¿Quién no se contagia con la risa de un bebé? Los que estudian el comportamiento humano afirman que la risa es una emoción que puede ayudarnos en nuestras relaciones con las personas más cercanas, algo importante cuando nos sentimos bien, pero clave cuando tenemos problemas. Me encanta estar cerca de amigos, familiares y hermanos que me hacen reír. De hecho, cuando nos encontramos con otras personas la probabilidad de que nos riamos de algo se multiplica por 30. Quiero estar cerca de personas que me contagien con su risa.

Quiero contagiarme de una actitud positiva. Recientemente leí un artículo titulado “La actitud: un virus muy contagioso”. Todos conocemos alguna persona que, desde el momento que la encuentras, llena el ambiente de quejas, críticas y comentarios negativos. Si no nos damos cuenta, al rato de estar con ella vamos a ver todo de la misma manera. Pero ¡gracias a Dios! hay otras que siempre nos ayudan a ver la salida a cualquier dificultad, nos hacen un cumplido que nos alegra el día, nos alientan a no aflojar cuando nos desalentamos. Quiero contagiarme de esa actitud.

Quiero contagiarme de conocimiento. Es verdad que nunca dejamos de aprender. Y también es verdad que cuanto más sabemos más nos damos cuenta de todo lo que nos falta aprender. Yo me quiero contagiar de personas que saben mucho más que yo y tienen mucho para enseñarme (gracias a Dios tengo algunas muy cerca). Quiero que alguna vez se haga verdad en mi vida el proverbio bíblico: “El que con sabios anda, sabio se vuelve” (Proverbios 13:20, NVI). Pero, además de las personas, quiero contagiarme de la riqueza que encierran los libros. Desde el Libro de los libros hasta la infinidad de buenos libros a nuestro alcance, todos ellos son una fuente de conocimiento a nuestra disposición. Quiero andar con personas sabias que me contagien de conocimiento. 

Quiero contagiarme de buenos ejemplos. De vez en cuando aparece en Facebook una foto de un niño caminando detrás de su papá y copiando la misma postura y el mismo gesto. El título dice: “Nada hay tan contagioso como el ejemplo”. En mi vida he tenido muchos ejemplos de los que quisiera contagiarme más. Pero el que se destaca sobre todos ellos es el de mi papá y mi mamá. Estuvieron dispuestos a servir y seguir al Señor aun sabiendo que deberían sacrificar muchas cosas. El Señor los llevó a servir en un país y en una época cuando era prohibido ser evangélico y sufrieron mucha persecución. Cuando yo tenía unos cinco años mi papá me llevó a una de las reuniones clandestinas. En cierto momento llegaron las autoridades y detuvieron a todo el grupo. Más tarde mis padres me contaban, sonriendo, que ya a esa edad yo estuve “detenida” por unas horas en una comisaría de policía. Fueron los años que más sufrieron; sin embargo, después los recordaban como los más felices de su ministerio. Yo quiero contagiarme de su ejemplo. 

No puedo pensar en un lugar que ejemplifique más ese foco de excelentes contagios. Me refiero a Christian Latina Leadership Institute.

Si pensamos en la risa, sí que nos reímos cuando estamos juntas; algunas veces en los periodos durante las clases, y muchas otras fuera de clase. Hay un lazo que nos une, que nos hace sentir hermanas y nos ofrece hermosos momentos de alegría y de disfrutar juntas.

Si pensamos en una actitud positiva, cada una de las participantes —ya sean alumnas o profesoras— llegamos con trasfondos y experiencias muy diferentes que no siempre son agradables. Pero no conozco a nadie que termine uno de los segmentos de clases sin haber recibido el contagio del aliento que necesita para ese momento ni que salga de allí habiendo recibido el empoderamiento para esforzarse por llegar alto y lejos. 

Si pensamos en conocimiento, cada clase que allí se imparte es un canal que transmite vida y sabiduría. Desde el material de clase impartido por parte del cuerpo docente, donde todo tiene su origen en la Palabra, hasta la sabiduría que viene de las experiencias de vida de profesoras y alumnas, el programa del curso completo está enfocado a la transmisión del conocimiento y la experiencia necesarios para ser las líderes que Dios y nuestra cultura necesitan.

¡Y qué decir del contagio de los buenos ejemplos! El ver “en vivo y en directo” la trayectoria de vida de mujeres cristianas que llegaron alto y lejos hace que todas las presentes salgamos de allí con la convicción de que “si ella pudo, yo también puedo”. 

 ¡Eso sí que es contagioso! Gracias a Dios por esos contagios que nos ayudan a ser mejores hijas de Dios.

Alicia Zorzoli es maestra de la Biblia y conferencista internacional, ha publicado numerosos artículos en revistas y libros cristianos. Desde hace más de diez años sirve como profesora del CLLI.

Nuestras Hijas Nos Están Mirando

Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

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Mi mamá fue maestra de prescolares por más de 20 años. Le encantaba enseñar. Disfrutaba de mirar a sus estudiantes actuar en el rincón de drama cuando representaban lo que veían en la casa. Ella podía aprender mucho acerca de las familias de sus estudiantes por la manera en que representaban e interactuaban entre sí.

Yo también crecí mirando; es decir, mirando a mi mamá y aprendiendo mucho de ella. Lo que soy hoy es debido en gran parte a lo que observé de mi mamá. Ella falleció hace ocho meses y, aunque el camino del duelo ha sido difícil, puedo recordar constantemente todo lo que aprendí de ella. Quiero compartir con ustedes un poco de quién fue mi mamá y algunas de las lecciones de liderazgo que aprendí de ella.

Mi mamá fue una persona muy fuerte. No recuerdo que alguna vez se haya rendido, no importa los desafíos que enfrentó. Ella nació en Sonora, México, y vino a los Estados Unidos siendo joven, cuando se casó con mi papá. También tuvo a sus cuatro hijos a una edad muy joven.

Cuando mi mamá llegó a este país solo tenía un diploma de la escuela secundaria (que no era aceptado en este país) y no hablaba nada de inglés. Como madre de cuatro hijos sabía que necesitaba estudiar para poder prepararse para vivir en este país. De modo que enseguida se inscribió y graduó de los cursos de ESL y GED y más tarde continuó en la universidad. Era muy ingeniosa, hacía preguntas frecuentemente y quería saber de las oportunidades para progresar.

Hubo veces cuando mi mamá no podía encontrar quién nos cuidara. En vez de faltar, nos llevaba con ella a la universidad y hacía que eso fuera una aventura divertida y entretenida mientras la esperábamos en el pasillo de su sala de clase. Mientras la esperábamos jugábamos a que estábamos en la universidad, mirábamos los catálogos de esa escuela y soñábamos con las clases que íbamos a tomar. Mi parte favorita de esa experiencia era ir a la biblioteca, ayudarla a encontrar los recursos y jugar a que éramos bibliotecarios y  estudiantes. Ella nos hablaba entusiasmada y feliz acerca de su educación, no importa cuán difícil fuera su clase.

También recuerdo el auto que manejaba para asistir a las clases. La marcha atrás no funcionaba; entonces ella buscaba los espacios de estacionar más retirados donde pudiera estacionar sin tener que ir hacia atrás. Mi papá era el conserje de una iglesia Bautista local de modo que el dinero no era abundante, pero ella persistía y encontraba becas y donaciones. Muchas veces era mal vista, menospreciada debido a su acento y criticada por ir a la universidad teniendo criaturas pequeñas. A pesar de eso, ella sabía lo que quería y lo que necesitaba hacer. Finalmente completó sus estudios graduándose de Early Childhood Education/Development (Educación/Desarrollo de la Primera Infancia) y enseñó a prescolares por más de 20 años. 

Otra cosa importante acerca de mi mamá fue cómo animaba a otras mujeres a que estudiaran. Ella guio e inspiró a muchas de las madres de sus estudiantes a que ellas también estudiaran para llegar a ser maestras.

Durante mi infancia mi mamá tuvo muchos problemas de salud y enfrentó circunstancias difíciles en el hogar; sin embargo, ella nos modeló perseverancia y fe. No recuerdo que mi mamá se hubiera dado por vencida alguna vez. Ella pensó lo mejor de sí misma, afirmando que podía hacer cualquier cosa e ir a cualquier lado. Si no sabía cómo hacer algo iba a encontrar la manera de aprenderlo para poder hacer todo lo que se proponía. 

Una de las cosas que más le gustaban a mi mamá era servir en su iglesia. Ella usó todo su conocimiento y su educación en la enseñanza, y lo puso al servicio de la iglesia. Buscaba recursos locales para ayudar a solventar las actividades donde ella servía. No permitió que sus muchos problemas de salud y sus discapacidades le impidieran servir.

Después de varios derrames cerebrales serios y otros problemas de salud que amenazaban su vida, continuó perseverando y sirviendo en el trabajo con el departamento infantil en su iglesia. De hecho, en el verano de 2018 dirigió y enseñó en la Escuela Bíblica de Vacaciones de su iglesia desde una silla de ruedas. No importaban los obstáculos; ella siguió siendo fiel a sus compromisos.

Mamá de Anyra con los niños de su iglesia después de la EBV.

MI mamá tuvo todos los obstáculos imaginables que podían hacer que alguien no triunfara en la vida, pero ninguno de ellos la detuvo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) fue su versículo lema. Le sirvió como motivación para perseverar. Mediante este versículo ella recordaba las luchas que tuvo el apóstol Pablo y cómo él continuó sirviendo a Cristo. A través de todos sus desafíos Pablo estaba decidido a recibir de Cristo la fortaleza para seguir haciendo lo que Dios le había llamado a hacer.

El ejemplo de mi mamá me enseñó que el liderazgo viene acompañado de desafíos, oposición, enfermedades, críticas y otras complicaciones; pero si seguimos a Cristo podemos persistir.

El espacio no me permite compartir todo lo que mi mamá fue e hizo, pero mis lecciones primeras y más importantes de liderazgo estuvieron modeladas por ella. Yo la estuve mirando y aprendiendo como ser una líder. Aun ahora, trato de mirar hacia atrás para recordar cómo le dolió la muerte de mi abuela y aprender a vivir este proceso de duelo como ella lo vivió. 

Hoy tenemos muchas niñas y jóvenes que nos miran. Nuestras sobrinas, hijas, nietas, y las niñas de la iglesia están aprendiendo por cómo lideramos, enfrentamos los desafíos, nos destacamos y perseveramos. Ellas observan cómo interactuamos con las demás personas y cómo vivimos nuestra fe.

Una de las muchas bendiciones de CLLI es que, aunque ya no soy una niña y mi mamá ya no está aquí físicamente para mirar, tengo otras líderes latinas a las que tengo el privilegio de observar y aprender de ellas. Semejante a lo que encontré en mi mamá, CLLI es una red de líderes latinas listas para compartir sus consejos, animarnos a continuar, orar por nosotras y guiarnos a los recursos que nos ayuden a crecer. 

Espero que un día las niñas y  jóvenes que me miran puedan también compartir las muchas formas en las que modelé el liderazgo para ellas.

Nos están mirando; lideremos con fidelidad. 

Anyra Cano (izquierda), es Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

¿Cuál Es Tu “Palabra”?

Por Margarita Garcia

Traducido por Alicia Zorzoli

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¿Alguna vez alguien te preguntó cuál es tu “palabra” para el año? Quizás estés pensando: ¿Qué quieres decir con eso de “tu palabra”? Yo tengo metas y anhelos, ¿pero una “palabra”? Sí, muchas personas tienen lo que ellas llaman su “palabra” para el año.

En los últimos meses he estado pensando en cuál podría ser mi “palabra”, pero me resulta una decisión difícil. ¡Me gustan todas! Cuando pienso en una palabra en particular que se relacione con un área de mi vida y que pueda representar quién soy, puedo encontrar otras diez que se relacionan con otras áreas. Sin mencionar que no se espera que esta palabra sea tuya por mucho tiempo, sino que se supone que va a cambiar a medida que pasa el tiempo y tu vida cambia. Sin embargo, el propósito de tener una palabra es ayudarte a estar enfocada en quién eres y hacia dónde te diriges de ahora en adelante.

Entonces, aquí va mi palabra: Resiliencia. Resiliencia es la capacidad de recuperarte rápidamente de las dificultades; en otras palabras: ser tenaz. Cuando medito en mi trayectoria de liderazgo pienso en el gozo que siento al caminar junto a otras mujeres en su trayectoria para descubrir el plan maravilloso de Dios para ellas. Sin embargo, no puedo ignorar los desafíos y las dificultades que han llegado a ser parte de mi caminar diario. Es verdad que celebro las victorias, pero muchas de ellas solo llegan después de haber vencido las pruebas grandes y pequeñas, los temores, las emociones desafiantes, y todas las limitaciones y los obstáculos que me enseñan y me forman para llegar a ser la persona que Dios planeó que yo fuera.

A veces, como líderes cristianas, necesitamos más respuestas, necesitamos esperar un poco más, hablar un poco más, confiar un poco más. A veces necesitamos ser un poco más tenaces y recuperarnos un poco más rápido. A menudo hacemos esas cosas, no fácilmente pero naturalmente, porque así fuimos creadas. ¿Significa eso que no se nos permite ir más despacio, ser humanas y sentir dolor como todas las demás personas? ¿Se supone que debemos hacernos más tenaces y seguir adelante sin parar? ¡Absolutamente no! Sentimos dolor, algunos días más que otros. Nos cansamos. Nos lamentamos por no tener siempre las respuestas. Y también nos cargamos de emociones. Pero, como cristianas, enfrentamos nuestras luchas de manera diferente. La Biblia dice que no las enfrentamos como el mundo lo hace sino como aquellas personas que han puesto su confianza en el Señor (1 Tesalonicenses 4:13).

Ser resiliente significa encontrar la esperanza corporizada en Cristo, la esperanza que viene de confiar que Dios está en control. Viene de vivir en el amor de Dios y en la seguridad de que Dios nos amó primero. Viene de perdonar y olvidar no porque seamos mejores que el resto sino porque somos perdonadas por Dios, y Dios olvida nuestras transgresiones. Dios nunca deja de obrar su voluntad en nosotras, y es en este proceso de encontrar la esperanza que Dios muestra su gracia. Pedro nos recuerda: “…el Dios de toda gracia, …los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:10, NVI). Dios le recordó a Pablo la suficiencia de la gracia divina: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Si el hecho de conocer la gracia de Dios no nos da esperanza, entonces no sé qué nos la va a dar. Las Escrituras me recuerdan que no se trata de mis victorias, mis debilidades, mis luchas ni mi dolor. Se trata de la gracia de Dios perfeccionada en mí y de la esperanza que yo encuentro al saber que Dios me va a hacer resiliente para lo que me espera. Las líderes resilientes descansan en la Palabra de Dios para lo que tienen por delante. Encontramos poder en la Palabra, y reclamamos las promesas de Dios porque las conocemos. Profundizamos en ella, la estudiamos, la meditamos, la vivimos porque allí es donde se encuentran las respuestas. Hablamos de ella porque ella habla vida, y cuando se acercan los desafíos nos aferramos a ella para recibir orientación y sabiduría.

Sin embargo, la resiliencia no ocurre por sí sola; no viene de la nada o por casualidad. Hay que buscarla. Dios nos brinda personas y organizaciones dispuestas a invertir y crecer a nuestro lado, pero tenemos que unirnos a éstas. Para mí eso es el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés). Este Instituto me empodera para vivir mi palabra. Promueve que yo crezca espiritual, intelectual y culturalmente. Como líder latina soy desafiada constantemente en mi trayectoria para buscar más a Dios, aprender más y servir más. Esto es lo que soy. La trayectoria de una líder latina no busca el tipo del liderazgo que pinta el mundo demandando poder y control a expensas de las demás personas. Su trayectoria significa hacer una diferencia en otras personas, y hacer que una busque las cosas que honran a Dios.

Tenemos poder solo porque nos viene del Espíritu Santo quien nos da valor para hablar vida (Hechos 1:8), de Dios quien nos enseña a amar correctamente (Juan 3:16) y del Hijo quien nos guía a dar valientemente así como él dio su vida por nosotros (1 Timoteo 2:6). Y con respecto al control, pues bueno, quienes confiamos en el Señor sabemos que Dios guía cada paso del camino y Dios obra su perfecta voluntad. Isaías 40:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Lo que usted ve en mi liderazgo como mujer latina es el impacto de aquellas personas quienes invirtieron en mi vida y me inspiraron a continuar el legado que nos precedió. No es poder y control. Es resiliencia. Es el poder de la gracia de Dios activa en mi vida para recuperarme rápidamente y ser tenaz. Es un deseo genuino para continuar siendo obediente al llamado que Dios colocó en mí, y un anhelo de hacer una diferencia en la vida de quienes caminan junto a mí.

¿Cuál es tu “palabra”?

Margarita García trabaja como facilitadora bilingüe/coordinadora de padres para el Distrito Escolar de Kaufman, TX. Margarita es la coordinadora del CLLI del Este de Texas y se graduará del CLLI en mayo del 2020.

 

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