Liderazgo resiliente en medio de una pandemia

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Por Zoricelis Dávila

Traducido por Alicia Zorzoli

El concepto de liderazgo ha sido estudiado desde múltiples perspectivas y acercamientos. Su definición puede ser compleja debido a que es algo que está evolucionando constantemente y se actualiza para adecuarla a la circunstancia del momento. Hay estudios enfocados en estilos de liderazgo, características personales y atributos; pero cada definición, como el estudio titulado Teorías de Liderazgo Contemporáneo: Análisis de La Dinámica Relacional por Sánchez Montalván, Vaca Aguirre, Padilla Sánchez y Quezada Condolo lo ilustra, concuerda con el hecho de que el comportamiento del líder influye en otras personas en un ambiente específico.

La parte que encuentro interesante en esta descripción es la última: “en un ambiente específico”. Significa que nuestro liderazgo es adaptable a las necesidades de las circunstancias que estamos enfrentando. No es exclusivo a las características de la persona, sino que las características y los comportamientos personales se ajustan a las necesidades del momento.

Somos líderes en casa, en la iglesia, en el barrio y en la comunidad. Como líderes, queremos ser buenos modelos para las otras personas. Estamos acostumbradas a dirigir y controlar diferentes situaciones porque somos líderes por naturaleza. Sin embargo, ¿qué pasa cuando de repente el mundo que nos rodea está siendo amenazado por una pandemia fuera de control? ¿Qué pasa con nuestro estilo y nuestras habilidades de liderazgo en ese “ambiente específico”? La respuesta se encuentra en la capacidad del líder para adaptarse a ese “ambiente específico”.

Desde el comienzo de esta pandemia líderes han demostrado fortaleza, determinación, creatividad y dedicación. Como líderes, parecería que hemos estado trabajando más que nunca para servir a una comunidad que está siendo impactada diariamente no solo por la enfermedad del COVID-19 sino también por la secuela del estrés, familias en crisis, depresión, ansiedad, fatiga y mucho más. Por naturaleza, el liderar a otras personas siempre es desafiante, pero el liderar a otras personas en medio de una pandemia requiere valentía.

Nos hemos elevado por encima de las circunstancias presentes de un ambiente hostil y hemos demostrado destrezas y habilidades que algunas ni sabíamos que teníamos. He visto líderes que antes del COVID-19 tenían dificultades con la tecnología y ahora están enseñando clases de Escuela Dominical en forma virtual. Iglesias que no usaban los medios sociales ahora están manteniendo sus cultos a través de Facebook live. Mujeres que anteriormente no se animaban a hablar en público ahora están teniendo estudios bíblicos y reuniones de oración virtuales.

Hemos encontrado formas de realizar eventos importantes en la vida: un desfile frente a una casa para brindar consuelo, una caravana de autos para celebrar una ocasión especial, o una fiesta de cumpleaños virtual. Lo hacemos para demostrar nuestro amor mutuo, como también el amor de Jesús por todas las personas.

Este nuevo estilo de liderazgo es el resultado de la resiliencia.

La pandemia vino a cambiar nuestra vida, pero también vino a probar nuestras habilidades de liderazgo. Me asombra ver la resiliencia, la resistencia y la creatividad de muchas de nuestras líderes latinas. Cuando otras personas están abrumadas por el temor y la incertidumbre, nuestras líderes están encontrando nuevas formas de continuar compartiendo la Palabra de Dios y brindar consuelo a las demás personas. 

Es muy común escuchar que durante una crisis hay desaliento, pero estoy siendo testigo de que, en medio de una pandemia, hay valentía, determinación y amor por el Señor y por su pueblo. Es el amor a Dios primero, y luego el amor a las demás personas, lo que nos mueve como líderes a continuar sirviendo más allá de nuestras fuerzas. De acuerdo a las investigaciones de Gallo, Espinosa De Los Monteros y Shivpuri y la de Montine, esto se llama “Capacidad de Reserva”; es decir, la compensación fisiológica que experimenta una persona cuando enfrenta el estrés y la amenaza de daño potencial o pérdida, para adaptarse y confrontar más allá de su capacidad normal.

En estos días las líderes latinas están haciendo uso de su “Capacidad de Reserva” para liderar, animar, consolar y apoyar a otras personas en tiempos cuando todo parece desesperante, incierto y temeroso.

Como líderes latinas cristianas, sabemos que nuestra “Capacidad de Reserva” viene de Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (NVI). Cristo es la fuente de nuestra fortaleza. El es la razón por la que encontramos estilos nuevos de liderazgo, creatividad fresca, recursos adicionales y una nueva motivación para aprender lo que antes parecía imposible. Entonces, aun cuando COVID-19 vino a desafiar nuestro liderazgo, también vino a revelar la persona dentro de nosotros: Cristo obrando a través de nosotros.

Hasta este momento no sabemos cuánto tiempo más tendremos que soportar esta pandemia y su distanciamiento social. Lo que sí sabemos es que, debido a que amamos a Dios de todo corazón, mente, fuerzas y alma (Mateo 22:37), amamos a las demás personas y continuamos ejercitando un liderazgo servicial a pesar de la pandemia.

Si sientes que estás funcionando con tu última gota de energía y fortaleza, recuerda que Cristo en ti es tu “Capacidad de Reserva”. Jesús te está ayudando a obtener fortaleza y habilidades de liderazgo que te permitirán servir a quienes Dios ya ha puesto en tu camino para que les consueles con el mismo consuelo que tú recibiste de él (2 Corintios 1:4). El liderazgo en tiempos del COVID-19 no es fácil; es un acto de amor. Te animo a que recurras a tu “Capacidad de Reserva”, a que seas fuerte en el Señor, y a que recuerdes las palabras del apóstol Pablo: No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos (Gálatas 6:9, NVI).

La Dra. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S, es consejera profesional y supervisora en este campo, con 17 años de experiencia. Tiene un consultorio privado en Fort Worth, TX al servicio de la comunidad latina. La Dra. Dávila es miembro de la junta directiva y docente del CLLI. También es oradora internacional, autora y profesora de consejería profesional en Liberty University.

Líderes buscan una normalidad “mejor”

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Por Patty Villareal

Traducido por Alicia Zorzoli

¡Es verano en el hemisferio norte! En mi rincón del mundo generalmente las familias están de vacaciones, o los niños están pasando el día en casa de la abuela mientras su papá y su mamá trabajan. Sin embargo, este verano es muy diferente debido a la experiencia colectiva de una crisis de pandemia.

La gente se pregunta cuándo vamos a regresar a la “normalidad”. Sin embargo, un buen número de líderes consideran que, en vez de eso, lo que vamos a experimentar es una nueva “normalidad”. Otros nos llevan a pensar en una normalidad “mejor”. Como líder y como creyente en Cristo, estoy de acuerdo. Necesitamos esforzarnos por una “mejor” normalidad.

Desde mi perspectiva como trabajadora social licenciada, la normalidad no era tan buena y esta pandemia reveló varias fallas en cuanto a la igualdad y la equidad.

En San Antonio, mi ciudad, teníamos un promedio de 6.000 personas hambrientas que venían  todos los meses a nuestros bancos de alimentos. Con la pandemia, de acuerdo a los datos de la oficina del alcalde de la ciudad, el número de familias que necesitan ayuda con alimentos se duplicó, y continúa creciendo. El aumento del hambre es un suceso mundial. Además, hemos visto cómo esta crisis ha afectado negativamente la vida de las personas de la tercera edad y los grupos minoritarios debido a los factores de pobreza, raza, clase social y edad.

La nueva normalidad necesita ser algo mejor que “volver a la normalidad”.

Entonces, ¿qué hacemos como líderes cristianos durante este tiempo de crisis? ¿Qué lecciones podemos aprender?

Quienes seguimos a Cristo, somos un pueblo de esperanza. La fuente de nuestro poder es la Poderosa Trinidad: Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dado que sabemos que hay poder en la oración nos mantenemos en contacto con Dios. Usamos nuestras rodillas, nuestros “rincones de oración”, el “cuarto de guerra”, para mantener diariamente un espíritu de oración. También respondemos en el nombre de Jesús y mediante el poder del Espíritu Santo.

¿Cómo lo hacemos? Nos apropiamos del conocido versículo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5, 6). ¿No es maravilloso? No depende solo de nosotros. Dios nos dirige.

¿Hacemos esto en soledad, por nosotros mismos, solo Dios y yo? A veces sí. Pero en la mayoría de las veces Dios nos guía a encontrar a otras personas y trabajar juntas para hacer una diferencia. Así es como empezó CLLI. Dos líderes latinas (la Dra. Nora O. Lozano y yo) compartíamos una pasión y luego una misión para equipar a otras latinas y latinas de corazón. Luego Dios añadió un equipo de líderes que sirvieran como consejo consultor, y luego como un consejo directivo formal en una organización sin fines de lucro.

Líderes saludables se esfuerzan por encontrar colaboradoras para hallar soluciones a los desafíos que enfrentan. El trabajar juntas, bajo la guía del Espíritu Santo, extrae las fortalezas de todas las personas involucradas. Puede que la crisis sea personal, pero puede requerir más de lo necesario si una persona la atraviesa sola. Eclesiastés 4:9 nos recuerda que dos son mejores que uno. Sin embargo, algunos desafíos (como la crisis de la pandemia) requieren más de dos para enfrentar las situaciones críticas.

Un buen número de ustedes, que están leyendo, son líderes en la iglesia. La iglesia de todo el mundo ha respondido al llamado de la gente necesitada y ha sido un instrumento de esperanza aun antes de esta pandemia. Incontables líderes en la iglesia, como ustedes, están trabajando para encontrar recursos a fin de proveer para las necesidades básicas y traer esperanza a quienes no la tienen. Quisiera urgirles a que ayuden a su iglesia a considerar servir con otras entidades fuera de la misma: sus líderes comunitarios. No solo ahora sino en el futuro del ministerio. Sea que se trate de una pandemia, una crisis en la comunidad, o con una comunidad que todavía no ha llegado a su potencial.

Julianna Marraccino, una alumna del Seminario Truett de la Universidad Baylor y de la Escuela de Servicio Social Garland destaca:

Nuestra manera de ser y hacer como hijos de Dios se está moviendo hacia una comprensión redefinida de la imago Dei (la imagen de Dios) de compañerismo y de servicio a la comunidad. Nos está requiriendo que pensemos, actuemos y amemos en forma diferente… En vez de apoyarse en su propia fuerza, las iglesias han mirado a sus comunidades para identificar relaciones, determinar maneras de maximizar los recursos y ofrecer cuidado a sus vecinos en una manera que haga más bien que mal.

Marraccino destacó que el trabajo de la iglesia encuentra fortaleza y efectividad cuando exploramos cómo puede ser una “normalidad mejor”, una “colaboración mutua entre las iglesias y las comunidades”. La iglesia aporta su fortaleza como fuerza espiritual y un ejército de personas voluntarias. La comunidad aporta sus miembros que están igualmente capacitados con sus recursos de educación, salud y empresas. La “normalidad mejor” ya se está practicando en algunas comunidades donde iglesias y líderes comunitarios se han organizado en conjunto para suplir las necesidades de su comunidad, especialmente en áreas de bajos ingresos.

Esto involucra riesgos. Los esfuerzos colaborativos pueden significar que deban ajustarse las expectativas de los posibles resultados a corto y largo plazo. Puede ser incómodo reunirse con otras personas líderes que no provienen de una perspectiva centrada en Cristo. Puede requerir más tiempo lograr las metas. Sin embargo, el cambio y las mejoras para la comunidad valen la pena. La reputación de la iglesia va a ser aumentada grandemente por su buen testimonio y por ser un miembro confiable de la comunidad.

Hay mucho más que puede decirse en cuanto a una normalidad “mejor”. Mientras tanto, imaginemos cómo podría verse esta normalidad “mejor” en nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestros círculos de influencia.

Mientras lo hacemos continuemos orando por quienes trabajan en el área de la salud, por las autoridades que tienen la tarea de tomar decisiones para el bien de sus habitantes, y por la iglesia y su disposición a tomar riesgos y trabajar en una colaboración saludable con su comunidad y con sus líderes.

Patty Villarreal  LMSW, Co-fundadora de Instituto Cristiano para Líderes Latinas y profesora auxiliar en la Universidad Bautista de las Américas.

Un Desvío Inesperado

Por Nora Silva

Traducido por Alicia Zorzoli

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Como en casi todos los nuevos años, el comienzo de este año nos brindó nuevas resoluciones, nuevas metas, nuevos planes. El año hasta sonaba bien: 2020, ¡como la visión 2020! Todas las personas tenemos comienzos frescos y objetivos desafiantes para el año. Las cosas pintan bien, solo se ve un cielo brillante por delante. Bueno, el cielo sigue brillante pero la pandemia nos llevó a un gran desvío de nuestros planes.

Mientras escuchaba a un podcast sobre liderazgo, oí al autor y escritor John Maxwell decir: “Ve despacio en el desvío”. Eso se me quedó grabado. Recordé la vez cuando manejé hasta una señal de desvío en una ciudad que no conocía, con un SPG que no me mostraba opciones. Seguí cuidadosamente las señales en naranja y negro, sin saber a dónde me llevaban o a dónde iba a parar. Más que a esas señales confusas, seguí a un auto que iba delante de mí esperando que esa persona me regresara a mi ruta original. No me animaba a desviar la mirada por temor a perderlo de vista. Sentía que me estaba alejando cada vez más de donde necesitaba ir. Estaba frustrada de que las señales naranja y negro no me estaban ayudando, ni me estaban dando la seguridad de hacerme saber que estaba en el camino correcto. Quería que mi SPG me anunciara que estaba cerca de llegar a nuestro destino, pero solo aparecía el indicador de “no hay señal”. La ansiedad me hizo apretar más fuerte el volante y bajar el volumen de la radio. (A menudo me pregunto por qué bajamos el volumen de la radio cuando estamos perdidos).

Justo cuando creía que no podría soportar un minuto más de sentirme perdida llegué a una señal de “Pare” que me puso en una ruta que me pareció algo conocida. Vi  que el auto al que había seguido dobló, se metió en el tránsito y aceleró asegurándome que habíamos regresado a la ruta original. Había estado tan nerviosa por haber tomado un camino desconocido y no planeado, que no recuerdo exactamente cómo llegué a donde estaba.

La experiencia de mi desvío con el auto no se compara exactamente con nuestro actual cambio de dirección global; pero no hay muchas, si es que hay algunas, que se le comparen. Sin embargo, las parábolas de Jesús continúan enseñándonos  que a través de los desvíos más comunes en nuestra vida diaria, Él nos da la oportunidad de ver cosas nuevas en maneras nuevas, si los aprovechamos.

Con toda seguridad esta pandemia ha sido un desvío a todos los planes que teníamos para 2020 y aún más allá. Cualesquiera sean nuestros planes, un desvío nos obliga a seguir una dirección diferente. Podemos atravesar el desvío apuradas y enfocarnos completamente en regresar al camino conocido, o podemos elegir ir despacio en el desvío y experimentar una nueva vista y aprender una ruta nueva para llegar hasta nuestro destino.

El ir más despacio no significa que no vayamos a llegar a nuestro destino; simplemente significa que podemos tener el tiempo para experimentar el “mientras”. Nos da la oportunidad de apreciar lo que siempre estuvo ahí pero que había estado nublado por haber andado siempre apuradas. El ir más despacio nos puede permitir ver realmente a nuestros hermanos y hermanas que están luchando. Algunas de estas personas están luchando con sus emociones, luchando por encontrar un propósito, luchando para conseguir suplir las necesidades básicas, o simplemente luchando. Todas las personas tenemos tiempos difíciles. Esto es prácticamente una garantía. Pero, como seguidores de Cristo, tenemos la paz y la esperanza que viene de Dios. Es una esperanza que se va haciendo más fuerte por el poder del Espíritu Santo. Esa esperanza hay que compartirla; y no solo con las personas que están perdidas, porque la gente “encontrada” a veces también se desvía.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) ha sido parte de nuestra preparación para esos desvíos que se nos presentan. La educación, el compañerismo, el desarrollo de liderazgo nos preparan para los desvíos en la vida. Un día podremos mirar hacia atrás y recordar cómo Dios nos usó durante esta etapa de desvío y, al hacerlo, no podremos contener nuestra alabanza.

Tenemos una elección: podemos apretar firmemente el volante y enfocarnos solamente en regresar a nuestro camino conocido, o podemos tranquilizarnos, enfocarnos en nuestra fe en Dios y permitir que el desvío nos muestre nuevos panoramas y nuevas perspectivas. Oro pidiendo lo segundo.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

Lecciones de mujeres en la construcción

Por Carolyn Porterfield

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En el año 2011 la organización para la cual trabajaba se unió a Buckner International para construir una casa para una familia en Peñitas, Texas. Lo interesante de esta construcción fue que el equipo estaba compuesto totalmente por mujeres. Para ser honesta, yo dudaba seriamente que las mujeres pudieran hacer tal cosa. El equipo me demostró que estaba equivocada.

Tuve el privilegio de ayudar a construir otras seis casas para familias cuyas vidas mejoraron por tener un ambiente más saludable y estable en el cual criar a sus hijos. Durante esos siete años también vi cambiar a una comunidad.

Hubo lecciones valiosas que se aprendieron de esas construcciones hechas por mujeres. Cada lugar de trabajo se convirtió en mi sala de clases, y las mujeres de los equipos se convirtieron en mis maestras y mentoras. Al reflexionar sobre aquellos años me di cuenta de cuán importantes son esas lecciones para alguien que continúa creciendo como líder y entrena a otras. Permíteme compartir mis observaciones.

Elije ser una aprendiz

A nadie le gusta ser incompetente, especialmente a la gente adulta. Somos muy buenas en disimularlo para poder mantener una imagen externa de seguridad. Mi primera construcción de mujeres fue así. Por dentro sabía que no tenía ninguna habilidad en la construcción, ¡pero no quería que nadie más supiera esto! Tenía un martillo pero no era muy buena para lograr clavar los clavos hasta que permití que alguien me enseñara.

Como alguien que por muchos años entrenó a otras personas, fue humillante ser la que necesitaba entrenamiento. Mi ego recibió un golpe cuando comprendí qué privilegio es seguir aprendiendo. Desde aquel primer año cuando aprendí a manejar el martillo, pasé a aprender a usar otras herramientas, instalar aislante, encintar y revocar. ¡Qué triunfo sentí cuando el año pasado me llamó un amigo para preguntarme si podía ir a su casa y cubrir un agujero en la pared de su lavadero! Junto con otra mujer del equipo de construcción tapamos el agujero con todo éxito.

Todas las tareas son importantes

Construir una casa es un emprendimiento complicado, y algunas tareas parecen más importantes que otras. Levantar las paredes, poner el techo, instalar las líneas de electricidad y plomería, instalar ventanas y puertas; todo eso es muy importante. En mi primer año yo no sabía cómo hacer ninguna de esas cosas.

Mis responsabilidades giraban en torno a alcanzarles las herramientas a quienes las necesitaban, recoger la basura, mantener hidratadas a las trabajadoras llevándoles agua, y alentando a las miembros del equipo cuando estaban acaloradas y cansadas. Cuando sentí que lo que estaba haciendo no era importante, una miembro muy sabia del equipo me hizo sentar y me ayudó a ver una perspectiva diferente.

El mantener el lugar de trabajo libre de basura hizo que fuera un lugar seguro para las trabajadoras. El llevarles las herramientas a quienes las necesitaban les ayudó a ahorrar tiempo. El mantener a las trabajadoras hidratadas y alimentadas les dio energía para la tarea. Todo mundo se frustra y se cansa en el lugar de trabajo. Las palabras amables y de aliento son un verdadero don.

Mi actitud cambió cuando comprendí que todas las tareas son importantes. Yo era importante para el equipo porque hacía que el trabajo les fuera más fácil cuando estuve dispuesta a hacer lo que parecían ser tareas pequeñas.

Enseña a otras personas lo que sabes

En algún momento de esos años de construir casas pasé de ser una aprendiz a ser la maestra y la mentora. Mi confianza había crecido al punto donde sentí que mis habilidades para la construcción eran suficientes para la tarea. Con buena instrucción de las demás y varios años de práctica, ahora era capaz de trasmitir a otras lo que yo había aprendido.

Especialistas en estudios de liderazgo enfatizan la idea sabia de que una persona no tiene éxito como líder hasta que no haya entrenado a su sucesor. Situaciones familiares me impidieron participar con las mujeres en la construcción por los últimos dos años. ¡Qué gozo fue ver a las que había entrenado haciendo el trabajo que yo ya no podía seguir haciendo!

Involucra a otras

La construcción hecha por mujeres ha sido un proceso continuo de aprendizaje para todas las participantes. Una de las lecciones más grandes para nuestros equipos fue la necesidad de involucrar a otras. Me avergüenza admitirlo, pero en el primer año yo no entendí la necesidad de involucrar a otros de la comunidad en la construcción de la casa. Cometimos un gran error al pensar que estábamos construyendo una casa “para una familia” en vez de construir una casa “con la familia” y sus vecinos.

Dios mostró mucha gracia al perdonar nuestras ideas inaceptables y enseñarnos cuán importante era involucrar a otras personas. Algunos de nuestros maestros y mentores más talentosos fueron de la comunidad. Nos relacionamos con personas que llegaron a ser amigos queridos. Fuimos enriquecidos al servir juntos superando desafíos culturales y de idioma.

¿Y tú?

Si eres alguien conectada con el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI, por sus siglas en inglés) ya eres una aprendiz. Diste un paso valiente para pasar de lo que tú ya sabes a un mundo de nuevas posibilidades. Yo no tenía la menor idea de que podía construir una casa hasta que traté. Tú estás aprendiendo cosas nuevas que eres capaz de hacer mediante tu participación en CLLI.

Cada participante de este curso elabora su declaración personal de misión. Sea que pienses que tu declaración de misión te lleva a cosas grandes o pequeñas, tienes que saber que lo que logres va a cambiar el mundo al cambiar la vida de quienes sirves.

En mi clase en CLLI hablamos sobre ser una aprendiz y ser una maestra. Consideramos cómo el apóstol Pablo volcó su conocimiento y sabiduría en Timoteo. Todos necesitan un Pablo. Pero todos también necesitan un Timoteo. No te guardes para ti misma lo que aprendes. Pásaselo a alguien más.

Somos parte de una comunidad maravillosa. Hay lugar para que muchas más se agreguen. Invita y anima a otras mujeres a que se te unan. Asegúrales que van a poder hacerlo porque hay otras que les van a enseñar y les van a ayudar.

Mis días en la construcción pueden haber quedado atrás, pero las lecciones que aprendí van a permanecer conmigo por el resto de mi vida, ¡y yo te las paso a ti!

Carolyn Porterfield forma parte de la facultad CLLI y recientemente fue nombrada miembro de la Junta Directiva de CLLI. Antes de jubilarse, desempeñó diversos cargos en Women Missionary Union of Texas (Unión de Feminil Misionera de Texas). Una de sus mayores alegrías es ver a las mujeres desarrollarse como líderes.

¡Eso es Contagioso!

Por Alicia Zorzoli

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Escribo esto mientras estoy, como casi todo el mundo, encerrada tratando de evitar el contagio de este virus que está cambiando nuestro planeta. La lista de las precauciones para evitar el contagio parece ir en aumento con cada día que pasa. 

Ayer mi esposo salió al mercado. ¡Dichoso de él! Lo despedí como si estuviera saliendo a un crucero alrededor del mundo. Hemos decidido que saldremos solo una vez por semana, en lo posible solo al mercado, y lo haremos una vez cada uno. ¡Faltan solo seis días para que sea mi turno! Será la primera vez en 15 días que salga al mundo exterior. Esta es nuestra manera de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que esta situación termine cuanto antes. ¡Y seguramente va a terminar!

Pero hay otro tipo de contagios que son todo lo contrario al que estamos siendo bombardeados en estos días. Son los que yo quiero tener. ¡De estos sí que quiero contagiarme!

Quiero contagiarme de risas. Ahora más que nunca. ¿Quién no se contagia con la risa de un bebé? Los que estudian el comportamiento humano afirman que la risa es una emoción que puede ayudarnos en nuestras relaciones con las personas más cercanas, algo importante cuando nos sentimos bien, pero clave cuando tenemos problemas. Me encanta estar cerca de amigos, familiares y hermanos que me hacen reír. De hecho, cuando nos encontramos con otras personas la probabilidad de que nos riamos de algo se multiplica por 30. Quiero estar cerca de personas que me contagien con su risa.

Quiero contagiarme de una actitud positiva. Recientemente leí un artículo titulado “La actitud: un virus muy contagioso”. Todos conocemos alguna persona que, desde el momento que la encuentras, llena el ambiente de quejas, críticas y comentarios negativos. Si no nos damos cuenta, al rato de estar con ella vamos a ver todo de la misma manera. Pero ¡gracias a Dios! hay otras que siempre nos ayudan a ver la salida a cualquier dificultad, nos hacen un cumplido que nos alegra el día, nos alientan a no aflojar cuando nos desalentamos. Quiero contagiarme de esa actitud.

Quiero contagiarme de conocimiento. Es verdad que nunca dejamos de aprender. Y también es verdad que cuanto más sabemos más nos damos cuenta de todo lo que nos falta aprender. Yo me quiero contagiar de personas que saben mucho más que yo y tienen mucho para enseñarme (gracias a Dios tengo algunas muy cerca). Quiero que alguna vez se haga verdad en mi vida el proverbio bíblico: “El que con sabios anda, sabio se vuelve” (Proverbios 13:20, NVI). Pero, además de las personas, quiero contagiarme de la riqueza que encierran los libros. Desde el Libro de los libros hasta la infinidad de buenos libros a nuestro alcance, todos ellos son una fuente de conocimiento a nuestra disposición. Quiero andar con personas sabias que me contagien de conocimiento. 

Quiero contagiarme de buenos ejemplos. De vez en cuando aparece en Facebook una foto de un niño caminando detrás de su papá y copiando la misma postura y el mismo gesto. El título dice: “Nada hay tan contagioso como el ejemplo”. En mi vida he tenido muchos ejemplos de los que quisiera contagiarme más. Pero el que se destaca sobre todos ellos es el de mi papá y mi mamá. Estuvieron dispuestos a servir y seguir al Señor aun sabiendo que deberían sacrificar muchas cosas. El Señor los llevó a servir en un país y en una época cuando era prohibido ser evangélico y sufrieron mucha persecución. Cuando yo tenía unos cinco años mi papá me llevó a una de las reuniones clandestinas. En cierto momento llegaron las autoridades y detuvieron a todo el grupo. Más tarde mis padres me contaban, sonriendo, que ya a esa edad yo estuve “detenida” por unas horas en una comisaría de policía. Fueron los años que más sufrieron; sin embargo, después los recordaban como los más felices de su ministerio. Yo quiero contagiarme de su ejemplo. 

No puedo pensar en un lugar que ejemplifique más ese foco de excelentes contagios. Me refiero a Christian Latina Leadership Institute.

Si pensamos en la risa, sí que nos reímos cuando estamos juntas; algunas veces en los periodos durante las clases, y muchas otras fuera de clase. Hay un lazo que nos une, que nos hace sentir hermanas y nos ofrece hermosos momentos de alegría y de disfrutar juntas.

Si pensamos en una actitud positiva, cada una de las participantes —ya sean alumnas o profesoras— llegamos con trasfondos y experiencias muy diferentes que no siempre son agradables. Pero no conozco a nadie que termine uno de los segmentos de clases sin haber recibido el contagio del aliento que necesita para ese momento ni que salga de allí habiendo recibido el empoderamiento para esforzarse por llegar alto y lejos. 

Si pensamos en conocimiento, cada clase que allí se imparte es un canal que transmite vida y sabiduría. Desde el material de clase impartido por parte del cuerpo docente, donde todo tiene su origen en la Palabra, hasta la sabiduría que viene de las experiencias de vida de profesoras y alumnas, el programa del curso completo está enfocado a la transmisión del conocimiento y la experiencia necesarios para ser las líderes que Dios y nuestra cultura necesitan.

¡Y qué decir del contagio de los buenos ejemplos! El ver “en vivo y en directo” la trayectoria de vida de mujeres cristianas que llegaron alto y lejos hace que todas las presentes salgamos de allí con la convicción de que “si ella pudo, yo también puedo”. 

 ¡Eso sí que es contagioso! Gracias a Dios por esos contagios que nos ayudan a ser mejores hijas de Dios.

Alicia Zorzoli es maestra de la Biblia y conferencista internacional, ha publicado numerosos artículos en revistas y libros cristianos. Desde hace más de diez años sirve como profesora del CLLI.

Nuestras Hijas Nos Están Mirando

Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

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Mi mamá fue maestra de prescolares por más de 20 años. Le encantaba enseñar. Disfrutaba de mirar a sus estudiantes actuar en el rincón de drama cuando representaban lo que veían en la casa. Ella podía aprender mucho acerca de las familias de sus estudiantes por la manera en que representaban e interactuaban entre sí.

Yo también crecí mirando; es decir, mirando a mi mamá y aprendiendo mucho de ella. Lo que soy hoy es debido en gran parte a lo que observé de mi mamá. Ella falleció hace ocho meses y, aunque el camino del duelo ha sido difícil, puedo recordar constantemente todo lo que aprendí de ella. Quiero compartir con ustedes un poco de quién fue mi mamá y algunas de las lecciones de liderazgo que aprendí de ella.

Mi mamá fue una persona muy fuerte. No recuerdo que alguna vez se haya rendido, no importa los desafíos que enfrentó. Ella nació en Sonora, México, y vino a los Estados Unidos siendo joven, cuando se casó con mi papá. También tuvo a sus cuatro hijos a una edad muy joven.

Cuando mi mamá llegó a este país solo tenía un diploma de la escuela secundaria (que no era aceptado en este país) y no hablaba nada de inglés. Como madre de cuatro hijos sabía que necesitaba estudiar para poder prepararse para vivir en este país. De modo que enseguida se inscribió y graduó de los cursos de ESL y GED y más tarde continuó en la universidad. Era muy ingeniosa, hacía preguntas frecuentemente y quería saber de las oportunidades para progresar.

Hubo veces cuando mi mamá no podía encontrar quién nos cuidara. En vez de faltar, nos llevaba con ella a la universidad y hacía que eso fuera una aventura divertida y entretenida mientras la esperábamos en el pasillo de su sala de clase. Mientras la esperábamos jugábamos a que estábamos en la universidad, mirábamos los catálogos de esa escuela y soñábamos con las clases que íbamos a tomar. Mi parte favorita de esa experiencia era ir a la biblioteca, ayudarla a encontrar los recursos y jugar a que éramos bibliotecarios y  estudiantes. Ella nos hablaba entusiasmada y feliz acerca de su educación, no importa cuán difícil fuera su clase.

También recuerdo el auto que manejaba para asistir a las clases. La marcha atrás no funcionaba; entonces ella buscaba los espacios de estacionar más retirados donde pudiera estacionar sin tener que ir hacia atrás. Mi papá era el conserje de una iglesia Bautista local de modo que el dinero no era abundante, pero ella persistía y encontraba becas y donaciones. Muchas veces era mal vista, menospreciada debido a su acento y criticada por ir a la universidad teniendo criaturas pequeñas. A pesar de eso, ella sabía lo que quería y lo que necesitaba hacer. Finalmente completó sus estudios graduándose de Early Childhood Education/Development (Educación/Desarrollo de la Primera Infancia) y enseñó a prescolares por más de 20 años. 

Otra cosa importante acerca de mi mamá fue cómo animaba a otras mujeres a que estudiaran. Ella guio e inspiró a muchas de las madres de sus estudiantes a que ellas también estudiaran para llegar a ser maestras.

Durante mi infancia mi mamá tuvo muchos problemas de salud y enfrentó circunstancias difíciles en el hogar; sin embargo, ella nos modeló perseverancia y fe. No recuerdo que mi mamá se hubiera dado por vencida alguna vez. Ella pensó lo mejor de sí misma, afirmando que podía hacer cualquier cosa e ir a cualquier lado. Si no sabía cómo hacer algo iba a encontrar la manera de aprenderlo para poder hacer todo lo que se proponía. 

Una de las cosas que más le gustaban a mi mamá era servir en su iglesia. Ella usó todo su conocimiento y su educación en la enseñanza, y lo puso al servicio de la iglesia. Buscaba recursos locales para ayudar a solventar las actividades donde ella servía. No permitió que sus muchos problemas de salud y sus discapacidades le impidieran servir.

Después de varios derrames cerebrales serios y otros problemas de salud que amenazaban su vida, continuó perseverando y sirviendo en el trabajo con el departamento infantil en su iglesia. De hecho, en el verano de 2018 dirigió y enseñó en la Escuela Bíblica de Vacaciones de su iglesia desde una silla de ruedas. No importaban los obstáculos; ella siguió siendo fiel a sus compromisos.

Mamá de Anyra con los niños de su iglesia después de la EBV.

MI mamá tuvo todos los obstáculos imaginables que podían hacer que alguien no triunfara en la vida, pero ninguno de ellos la detuvo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) fue su versículo lema. Le sirvió como motivación para perseverar. Mediante este versículo ella recordaba las luchas que tuvo el apóstol Pablo y cómo él continuó sirviendo a Cristo. A través de todos sus desafíos Pablo estaba decidido a recibir de Cristo la fortaleza para seguir haciendo lo que Dios le había llamado a hacer.

El ejemplo de mi mamá me enseñó que el liderazgo viene acompañado de desafíos, oposición, enfermedades, críticas y otras complicaciones; pero si seguimos a Cristo podemos persistir.

El espacio no me permite compartir todo lo que mi mamá fue e hizo, pero mis lecciones primeras y más importantes de liderazgo estuvieron modeladas por ella. Yo la estuve mirando y aprendiendo como ser una líder. Aun ahora, trato de mirar hacia atrás para recordar cómo le dolió la muerte de mi abuela y aprender a vivir este proceso de duelo como ella lo vivió. 

Hoy tenemos muchas niñas y jóvenes que nos miran. Nuestras sobrinas, hijas, nietas, y las niñas de la iglesia están aprendiendo por cómo lideramos, enfrentamos los desafíos, nos destacamos y perseveramos. Ellas observan cómo interactuamos con las demás personas y cómo vivimos nuestra fe.

Una de las muchas bendiciones de CLLI es que, aunque ya no soy una niña y mi mamá ya no está aquí físicamente para mirar, tengo otras líderes latinas a las que tengo el privilegio de observar y aprender de ellas. Semejante a lo que encontré en mi mamá, CLLI es una red de líderes latinas listas para compartir sus consejos, animarnos a continuar, orar por nosotras y guiarnos a los recursos que nos ayuden a crecer. 

Espero que un día las niñas y  jóvenes que me miran puedan también compartir las muchas formas en las que modelé el liderazgo para ellas.

Nos están mirando; lideremos con fidelidad. 

Anyra Cano (izquierda), es Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

¿Cuál Es Tu “Palabra”?

Por Margarita Garcia

Traducido por Alicia Zorzoli

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¿Alguna vez alguien te preguntó cuál es tu “palabra” para el año? Quizás estés pensando: ¿Qué quieres decir con eso de “tu palabra”? Yo tengo metas y anhelos, ¿pero una “palabra”? Sí, muchas personas tienen lo que ellas llaman su “palabra” para el año.

En los últimos meses he estado pensando en cuál podría ser mi “palabra”, pero me resulta una decisión difícil. ¡Me gustan todas! Cuando pienso en una palabra en particular que se relacione con un área de mi vida y que pueda representar quién soy, puedo encontrar otras diez que se relacionan con otras áreas. Sin mencionar que no se espera que esta palabra sea tuya por mucho tiempo, sino que se supone que va a cambiar a medida que pasa el tiempo y tu vida cambia. Sin embargo, el propósito de tener una palabra es ayudarte a estar enfocada en quién eres y hacia dónde te diriges de ahora en adelante.

Entonces, aquí va mi palabra: Resiliencia. Resiliencia es la capacidad de recuperarte rápidamente de las dificultades; en otras palabras: ser tenaz. Cuando medito en mi trayectoria de liderazgo pienso en el gozo que siento al caminar junto a otras mujeres en su trayectoria para descubrir el plan maravilloso de Dios para ellas. Sin embargo, no puedo ignorar los desafíos y las dificultades que han llegado a ser parte de mi caminar diario. Es verdad que celebro las victorias, pero muchas de ellas solo llegan después de haber vencido las pruebas grandes y pequeñas, los temores, las emociones desafiantes, y todas las limitaciones y los obstáculos que me enseñan y me forman para llegar a ser la persona que Dios planeó que yo fuera.

A veces, como líderes cristianas, necesitamos más respuestas, necesitamos esperar un poco más, hablar un poco más, confiar un poco más. A veces necesitamos ser un poco más tenaces y recuperarnos un poco más rápido. A menudo hacemos esas cosas, no fácilmente pero naturalmente, porque así fuimos creadas. ¿Significa eso que no se nos permite ir más despacio, ser humanas y sentir dolor como todas las demás personas? ¿Se supone que debemos hacernos más tenaces y seguir adelante sin parar? ¡Absolutamente no! Sentimos dolor, algunos días más que otros. Nos cansamos. Nos lamentamos por no tener siempre las respuestas. Y también nos cargamos de emociones. Pero, como cristianas, enfrentamos nuestras luchas de manera diferente. La Biblia dice que no las enfrentamos como el mundo lo hace sino como aquellas personas que han puesto su confianza en el Señor (1 Tesalonicenses 4:13).

Ser resiliente significa encontrar la esperanza corporizada en Cristo, la esperanza que viene de confiar que Dios está en control. Viene de vivir en el amor de Dios y en la seguridad de que Dios nos amó primero. Viene de perdonar y olvidar no porque seamos mejores que el resto sino porque somos perdonadas por Dios, y Dios olvida nuestras transgresiones. Dios nunca deja de obrar su voluntad en nosotras, y es en este proceso de encontrar la esperanza que Dios muestra su gracia. Pedro nos recuerda: “…el Dios de toda gracia, …los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:10, NVI). Dios le recordó a Pablo la suficiencia de la gracia divina: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Si el hecho de conocer la gracia de Dios no nos da esperanza, entonces no sé qué nos la va a dar. Las Escrituras me recuerdan que no se trata de mis victorias, mis debilidades, mis luchas ni mi dolor. Se trata de la gracia de Dios perfeccionada en mí y de la esperanza que yo encuentro al saber que Dios me va a hacer resiliente para lo que me espera. Las líderes resilientes descansan en la Palabra de Dios para lo que tienen por delante. Encontramos poder en la Palabra, y reclamamos las promesas de Dios porque las conocemos. Profundizamos en ella, la estudiamos, la meditamos, la vivimos porque allí es donde se encuentran las respuestas. Hablamos de ella porque ella habla vida, y cuando se acercan los desafíos nos aferramos a ella para recibir orientación y sabiduría.

Sin embargo, la resiliencia no ocurre por sí sola; no viene de la nada o por casualidad. Hay que buscarla. Dios nos brinda personas y organizaciones dispuestas a invertir y crecer a nuestro lado, pero tenemos que unirnos a éstas. Para mí eso es el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés). Este Instituto me empodera para vivir mi palabra. Promueve que yo crezca espiritual, intelectual y culturalmente. Como líder latina soy desafiada constantemente en mi trayectoria para buscar más a Dios, aprender más y servir más. Esto es lo que soy. La trayectoria de una líder latina no busca el tipo del liderazgo que pinta el mundo demandando poder y control a expensas de las demás personas. Su trayectoria significa hacer una diferencia en otras personas, y hacer que una busque las cosas que honran a Dios.

Tenemos poder solo porque nos viene del Espíritu Santo quien nos da valor para hablar vida (Hechos 1:8), de Dios quien nos enseña a amar correctamente (Juan 3:16) y del Hijo quien nos guía a dar valientemente así como él dio su vida por nosotros (1 Timoteo 2:6). Y con respecto al control, pues bueno, quienes confiamos en el Señor sabemos que Dios guía cada paso del camino y Dios obra su perfecta voluntad. Isaías 40:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Lo que usted ve en mi liderazgo como mujer latina es el impacto de aquellas personas quienes invirtieron en mi vida y me inspiraron a continuar el legado que nos precedió. No es poder y control. Es resiliencia. Es el poder de la gracia de Dios activa en mi vida para recuperarme rápidamente y ser tenaz. Es un deseo genuino para continuar siendo obediente al llamado que Dios colocó en mí, y un anhelo de hacer una diferencia en la vida de quienes caminan junto a mí.

¿Cuál es tu “palabra”?

Margarita García trabaja como facilitadora bilingüe/coordinadora de padres para el Distrito Escolar de Kaufman, TX. Margarita es la coordinadora del CLLI del Este de Texas y se graduará del CLLI en mayo del 2020.

 

Celebración, Gratitud y Esperanza

Por Nora O. Lozano

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Es un año nuevo y hay mucho que celebrar, agradecer y esperar.

Para empezar, quiero celebrar el primer aniversario del blog del CLLI. Gracias al buen trabajo de todas las escritoras mensuales, el comité editorial, las traductoras, así como de nuestra coordinadora y encargada de publicación, Anyra Cano, estamos completando un año de publicaciones. También les queremos dar las gracias a ustedes, que han leído fielmente el blog mes tras mes. Espero que durante el año pasado su vida como persona cristiana y líder haya sido enriquecida por cada una de las piezas publicadas.

Empezando con nuestro segundo año de publicación, el blog tratará diferentes temas que son pertinentes a la vida de la mujer líder cristiana. Te invitamos a seguir leyendo el blog todos los meses. Confiamos que será de bendición, aliento y desafío a medida que continúes con tu trayectoria como líder.

Además del aniversario del blog, estamos agradecidas por muchas otras cosas. Los entrenamientos del CLLI continúan con gran éxito, ayudando a desarrollar a muchas mujeres cristianas y líderes aquí en Estados Unidos y en México. Las personas que donan y apoyan al CLLI continúan dando generosamente para ayudarnos a lograr nuestro meta de transformar las vidas de mujeres en el nombre de Cristo. La facultad, las coordinadoras y el personal del CLLI continúan trabajando diligentemente para servir a todas nuestras estudiantes en las diferentes localidades, mientras que el Consejo Directivo continúa supervisando y guiando el ministerio del CLLI. Estoy muy agradecida por todas estas personas que juegan un papel vital en la vida del Instituto. ¡Son un verdadero regalo de Dios!

Más todavía, estamos mirando al futuro con mucha esperanza. Este es el año en que el Consejo Directivo del CLLI trazará, junto con el personal, el nuevo plan estratégico que guiará el curso del CLLI durante los próximos cinco años. Estamos entusiasmadas con este proceso, y apreciamos sus oraciones mientras discernimos la voluntad y los planes de Dios para el CLLI.

Espero que tú también hayas recibido al Año Nuevo con mucha celebración, gratitud y esperanza.

Te invito a celebrar y agradecer las pequeñas y grandes cosas en tu vida. Tómate un momento para recordar las cosas que a menudo damos por sentado, como la salud, vivienda, trabajo, agua limpia, comida, ropa, familia y la presencia de Dios en nuestras vidas.

Para cuando se publique este blog, será casi finales de enero. Quizás a estas alturas, estemos enfrentando propósitos de Año Nuevo fallidos, y una frustración por nuestra falta de compromiso.

Independientemente de tu situación, quiero invitarte a continuar viendo el Año Nuevo con un sentido de esperanza. Si bien nuestros propósitos anuales pueden ser fallidos, te aliento a que hagas nuevos planes, tal vez propósitos mensuales o semanales que pueden lograrse más fácilmente y los cuales te mantendrán con motivación. Si establecemos una meta semanal y la rompemos, muy pronto será nuevamente el lunes, y tendremos una oportunidad de comenzar una vez más.

Debido a que nuestras vidas son muy diversas, supongo que nuestras metas para el año 2020 probablemente también sean muy diferentes. Sin embargo, recuerdo la afirmación de John Maxwell de que una persona que es buena en el liderazgo primero debe aprender a liderarse a sí misma.  

A medida que aprendes a liderar, pregúntate: ¿Qué áreas de tu vida necesitas cambiar? ¿Qué necesitas mejorar para “ser una persona líder verdaderamente efectiva, a la cual la gente quiere seguir?” (John Maxwell, The 21 Indispensable Qualities of a Leader, p. ix).

Si bien este trabajo personal es importante, quiero invitarte también a seguir trabajando en la base más importante de tu vida: tu relación con Dios.

El Salmo uno ofrece buenos consejos para establecer una base sólida para la vida. En los versículos 1 al 3, el salmista nos invita tanto a deleitarnos y meditar constantemente en la Palabra de Dios, como a alejarnos de las malas compañías y la gente malvada. Estas acciones nos llevarán a ser personas bendecidas de verdad. La Biblia compara a esta persona bendecida con un árbol fuerte que está plantado junto a corrientes de agua, dando fruto en su tiempo y que sus hojas no caen. Este tipo de persona próspera en todo lo que hace.

Independientemente de si enfrentas o no desafíos particulares en este momento, cualquier persona que es buena en el liderazgo siempre tiene espacio para crecer y desarrollarse. Que este salmo te inspire en el Año Nuevo a anclar tu vida en la palabra de Dios y en las buenas acciones que surgirán de esta relación. Que te inspire a convertirte en la persona líder que Dios quiere que seas, y que la gente quiera seguir.

Y a medida que crezcas y te desarrolles este año, recuerda que el CLLI está aquí para ayudarte en tu desarrollo como líder. Así que apoyémonos en oración mientras continuamos con nuestras trayectorias de liderazgo y seguimos el plan de Dios para nuestras vidas.

El año 2020 aún es joven y, por lo tanto, lleno de posibilidades. Con la bendición de Dios, ¡hagámoslo un año próspero y bendecido! ¡Que así sea!

La doctora Nora O. Lozano es Directora Ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas y Profesora de Estudios Teológicos en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas.

HERMANDAD Y LAGRIMAS

Por Adalia Gutiérrez Lee

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Nunca pensé que a mi edad sería tan difícil hablar sobre mis hermanas.  No por no tener algo qué decir, sino porque tengo demasiadas cosas qué contarles.  Tuve dos hermanas y ambas murieron.  Una de bebé y otra muy joven.  Sin embargo, después de haber perdido a seres tan allegados a mí, pude comprender el versículo “fuerte es como la muerte el amor” (Cant 8:6 RVA) y me atrevería a decir aún, después de mi experiencia, que el amor es aún másfuerte que la muerte: porque nuestras hermanas o seres queridos podrán marchar, pero el amor y la relación estrecha que nos vincula con y a través de cada una de ellas, persiste.  No pretendo ser mórbida hablando de muerte o de cosas tristes, pero tampoco quiero ignorar que el amor: “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.El amor nunca deja de ser” (1 Cor 13:7-8 RVA) 

Si tenemos miedo a sufrir, nos va a costar amar.  Si pienso cuántas veces he llorado por las personas que amo, o cuántas veces he llorado la pérdida de un ser querido, no es nada comparable a las veces que sé que Jesús y todas las personas que me aman ¡también han llorado conmigo! Recuerdo que hubo una “racha” de pérdida de personas muy allegadas a mí que me hacía sentir “contagiosa”.  No quería que las personas se me acercaran por miedo a pasarles mi “mala suerte”, o a tener que tratar de encontrar una explicación a tanto sufrimiento. No me considero una persona supersticiosa, ni pesimista, pero me estaba costando mucho trabajo procesar mi duelo. Sin embargo, también recuerdo en esos momentos con cuánto amor ¡la gran familia de Dios me abrazó y lloró conmigo!  No hubiera podido salir adelante de estas pérdidas, si Dios no se hubiera manifestado en mi vida a través de la solidaridad, las oraciones, el abrazo y las lágrimas de todas mis hermanas y hermanos que me acogieron.

Ahora me encuentro en otra etapa.  Sigo mostrando mi amor con lágrimas.  Ya no pretendo encontrar una explicación al sufrimiento.  Sólo se que al amar se sufre.  Mi vida ha sido marcada con lágrimas de amor, pero lágrimas que no sólo fueron de tristeza, sino que fueron y siguen siendo también de alegría al haber conversado y compartido tiempos preciosos con mi mamá, mis hermanas, mis cuñadas, mis primas, mis hijas, mis sobrinas, mis amigas.

La cultura latinoamericana es bien conocida por cultivar relaciones estrechas con la familia extendida. Mi familia no fue la excepción.  Recuerdo cuando mi hermana me agradeció por vivir cerca de ella cuando estuvo enferma y me dijo: “Tu presencia ha hecho una gran diferencia ¡como de la tierra al cielo! Nuestras hijas no están conviviendo como primas, sino como hermanas: como tú y yo convivimos.”  Después de que ella murió, he tratado de continuar esa unidad entre ellas. Hay un valor y una conexión única y especial en la amistad y el amor entre hermanas ¡Cuántas veces hemos reido, o llorado, o incluso pensado en las mismas cosas cuando estamos con nuestras hermanas!  ¡Cuántas veces nos hemos peleado con ellas y después arrepentido porque no vale la pena que el enojo prevalezca en nuestra relación!  

Esta época del año en nuestro calendario cristiano es de adviento, de espera.   Una época llena de esperanza, paz, gozo y amor.  Necesitamos confesarla y vivirla primero como familia de Dios y también como familias latinoamericanas.  Particularmente este año, muchos países latinoamericanos han sufrido calamidades naturales, huelgas, injusticias, pobreza, desesperanza, guerra y muerte.  Nuestro llamado como familia en la fe es a esperar con esperanza, paz, gozo y amor. Si hemos de sufrir por amar, también recordemos que esas lágrimas de amor son las que van a recordar el amor y la solidaridad que Jesús tiene por nosotros, por ellos, por nuestros pueblos siempre.

Adalia Gutiérrez Lee trabaja como directora de area para Iberoamérica y el Caribe en International Ministries y forma parte de la mesa directiva de CLLI.

HERMANDAD: LAS MUJERES QUE DIOS ENVÍA.

Por Nora I. Silva

Traducido por Patricia Gomez

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Siempre me he considerado una chica de chicas. Esto es porque siempre he valorado a las mujeres que son parte de mi vida, y reconozco la influencia profunda que recibí y que continúo recibiendo de ellas. Al pensar en todas las mujeres que han sido una influencia y ejemplo en mi vida, primeramente pienso en mi mamá, sus hermanas y hasta sus cuñadas. Mis tías fueron y todavía siguen siendo mujeres que admiro y respeto. Cada una de ellas contribuyó a las experiencias únicas que tuve mientras crecía. Lo que observé entre ellas fue una conexión basada en algo que ahora reconozco como una confianza profunda y amor verdadero. Y aunque tal vez no lo haya entendido en aquel entonces, lo que observé fue apoyo en tiempos difíciles, celebración de logros, risa, muchas risas, y la consistencia en todo esto.

Tengo la bendición de tener cuatro hermanas. Mis tres hermanas mayores siempre me alentaron y a menudo prepararon el camino para que yo tuviera éxito. Ellas proveyeron para mí en formas que mi papá y mi mamá no podían hacerlo. Mi hermana Cissy, después de que se mudó, siguió enviando dinero y se aseguró de que yo tuviera ropa nueva para ir a la escuela. Mi hermana Lettie me dio un gran ejemplo al alcanzar una educación superior, y al hacerme que me quedara con ella en los veranos, para así inspirarme a hacer lo mismo. Mi hermana Doris, a los diecisiete años, trabajó en un restaurante local de comida rápida, y usó el dinero que ganaba arduamente para inscribirme en clases de gimnasia, pues sabía que yo amaba ese deporte y que mi papá y mi mamá no podían pagar las clases. También se aseguró de que yo fuera con ella a la iglesia los domingos. Todas ellas proporcionaron oportunidades y opciones para mi vida. Trabajaron arduamente para extender los límites de mis experiencias, para que así yo pudiera llegar más lejos de donde ellas habían llegado. Anna, mi hermana menor, no tuvo esta función de influencia en mi vida temprana.Yo la adoraba cuando era bebé, pero luego se convirtió en una molestia para mí, ya que era la hermanita que tenía que llevar conmigo a todas partes. Ahora que somos mujeres adultas, se ha convertido en una de mis mejores amigas.

Cada una de mis hermanas tuvo y continúa teniendo un impacto único en mi vida. Cissy con su dulzura y paciencia evoca la paz en mí. Lettie me ayuda a sacar a la mujer luchadora que llevo dentro. Doris demostró obediencia a Dios y eso me ayudó a rendirme a Dios. Anna, mi hermana menor, me enseñó que mientras yo observaba y admiraba a otras mujeres, a la vez había otras observando y admirándome a mí. Todas estas experiencias han contribuido a que sea la hermana y la persona que hoy soy, en el horizonte amplio de la vida.Debido a la distancia geográfica, no veo a mis hermanas frecuentemente, pero de una manera similar a lo que vi con mis tías y mi mamá, la confianza y el amor son profundos, reales y constantes.

Afortunadamente para mí, la hermandad no termina con mis hermanas de sangre. Una de las características más fuertes de las mujeres a las que llamo hermanas, es la disponibilidad de estar a mi lado durante la lucha. He sido bendecida con mujeres que a pesar de no haber estado de acuerdo con alguna de mis decisiones y con las consecuencias de esas decisiones, han dicho: “¿Cómo puedo ayudarte? No estás sola”.  He sido bendecida con mujeres que después de escuchar sobre las cosas con las que tengo conflicto, me dicen: “Anímate, Dios cuidará de ti”. He sido bendecida con mujeres que tal vez no dicen nada, pero que oran por mí y conmigo. Esto es hermandad. Para estar cerca de otras mujeres y edificarlas, camine con ellas y manténgase a su lado, especialmente cuando estén luchando por mantener su equilibrio bajo el peso de esto que llamamos vida.

Mi experiencia con CLLI ha sido este tipo de trayectoria. He conocido a mujeres increíbles que han hecho justo lo que he descrito. Ellas han estado a mi lado, me han animado y han orado por mí. Es en este círculo que el llamado de Dios en mi vida comenzó a perfilarse. Me uní al CLLI primero como miembro de la facultad y luego como miembro de la junta directiva. Al igual que muchas de nosotras, me sentí descalificada para servir en esta capacidad, no porque no tuviera las habilidades para enseñar la clase asignada, al contrario, ésa era la parte fácil. Más bien me sentía descalificada delante de Dios. Pensé que de alguna manera era un error que yo fuera parte de la obra increíble que Dios estaba haciendo a través del CLLI. Sin embargo, fue aquí donde las mujeres que admiraba y respetaba me mostraron que Dios me estaba llamando a algo especial. Más importante aún, es que a través de esta experiencia de hermandad aprendí que con mi propio esfuerzo no estoy calificada para servir, pero con Dios tengo todo lo que necesito para seguir el propósito que Dios tiene para mí.

Al igual que las mujeres que fueron las primeras en ver la tumba vacía, estoy rodeada de mujeres que son cariñosas, comprometidas, leales, fieles y sobre todo triunfadoras. Puedo imaginar la tristeza y la pérdida que estas mujeres bíblicasestaban experimentando, pero trabajaron juntas para hacer lo que se necesitaba. Estoy segura de que se animaron mutuamente por el dolor que sintieron. En su compromiso con Dios y con las demás personas, llegaron a experimentar juntas la increíble verdad de la resurrección de Jesús (Lucas 24:1-12; Mateo 28:1-10; Juan 20:11-18). Qué increíble y maravilloso es cuando Dios nos permite experimentar la hermandad de tal manera que nuestras vidas cambian para siempre, y las historias que compartimos hablan del amor de Dios a través de las mujeres que Dios ha enviado a nuestras vidas.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

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