Nuestras Hijas Nos Están Mirando

Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

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Mi mamá fue maestra de prescolares por más de 20 años. Le encantaba enseñar. Disfrutaba de mirar a sus estudiantes actuar en el rincón de drama cuando representaban lo que veían en la casa. Ella podía aprender mucho acerca de las familias de sus estudiantes por la manera en que representaban e interactuaban entre sí.

Yo también crecí mirando; es decir, mirando a mi mamá y aprendiendo mucho de ella. Lo que soy hoy es debido en gran parte a lo que observé de mi mamá. Ella falleció hace ocho meses y, aunque el camino del duelo ha sido difícil, puedo recordar constantemente todo lo que aprendí de ella. Quiero compartir con ustedes un poco de quién fue mi mamá y algunas de las lecciones de liderazgo que aprendí de ella.

Mi mamá fue una persona muy fuerte. No recuerdo que alguna vez se haya rendido, no importa los desafíos que enfrentó. Ella nació en Sonora, México, y vino a los Estados Unidos siendo joven, cuando se casó con mi papá. También tuvo a sus cuatro hijos a una edad muy joven.

Cuando mi mamá llegó a este país solo tenía un diploma de la escuela secundaria (que no era aceptado en este país) y no hablaba nada de inglés. Como madre de cuatro hijos sabía que necesitaba estudiar para poder prepararse para vivir en este país. De modo que enseguida se inscribió y graduó de los cursos de ESL y GED y más tarde continuó en la universidad. Era muy ingeniosa, hacía preguntas frecuentemente y quería saber de las oportunidades para progresar.

Hubo veces cuando mi mamá no podía encontrar quién nos cuidara. En vez de faltar, nos llevaba con ella a la universidad y hacía que eso fuera una aventura divertida y entretenida mientras la esperábamos en el pasillo de su sala de clase. Mientras la esperábamos jugábamos a que estábamos en la universidad, mirábamos los catálogos de esa escuela y soñábamos con las clases que íbamos a tomar. Mi parte favorita de esa experiencia era ir a la biblioteca, ayudarla a encontrar los recursos y jugar a que éramos bibliotecarios y  estudiantes. Ella nos hablaba entusiasmada y feliz acerca de su educación, no importa cuán difícil fuera su clase.

También recuerdo el auto que manejaba para asistir a las clases. La marcha atrás no funcionaba; entonces ella buscaba los espacios de estacionar más retirados donde pudiera estacionar sin tener que ir hacia atrás. Mi papá era el conserje de una iglesia Bautista local de modo que el dinero no era abundante, pero ella persistía y encontraba becas y donaciones. Muchas veces era mal vista, menospreciada debido a su acento y criticada por ir a la universidad teniendo criaturas pequeñas. A pesar de eso, ella sabía lo que quería y lo que necesitaba hacer. Finalmente completó sus estudios graduándose de Early Childhood Education/Development (Educación/Desarrollo de la Primera Infancia) y enseñó a prescolares por más de 20 años. 

Otra cosa importante acerca de mi mamá fue cómo animaba a otras mujeres a que estudiaran. Ella guio e inspiró a muchas de las madres de sus estudiantes a que ellas también estudiaran para llegar a ser maestras.

Durante mi infancia mi mamá tuvo muchos problemas de salud y enfrentó circunstancias difíciles en el hogar; sin embargo, ella nos modeló perseverancia y fe. No recuerdo que mi mamá se hubiera dado por vencida alguna vez. Ella pensó lo mejor de sí misma, afirmando que podía hacer cualquier cosa e ir a cualquier lado. Si no sabía cómo hacer algo iba a encontrar la manera de aprenderlo para poder hacer todo lo que se proponía. 

Una de las cosas que más le gustaban a mi mamá era servir en su iglesia. Ella usó todo su conocimiento y su educación en la enseñanza, y lo puso al servicio de la iglesia. Buscaba recursos locales para ayudar a solventar las actividades donde ella servía. No permitió que sus muchos problemas de salud y sus discapacidades le impidieran servir.

Después de varios derrames cerebrales serios y otros problemas de salud que amenazaban su vida, continuó perseverando y sirviendo en el trabajo con el departamento infantil en su iglesia. De hecho, en el verano de 2018 dirigió y enseñó en la Escuela Bíblica de Vacaciones de su iglesia desde una silla de ruedas. No importaban los obstáculos; ella siguió siendo fiel a sus compromisos.

Mamá de Anyra con los niños de su iglesia después de la EBV.

MI mamá tuvo todos los obstáculos imaginables que podían hacer que alguien no triunfara en la vida, pero ninguno de ellos la detuvo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) fue su versículo lema. Le sirvió como motivación para perseverar. Mediante este versículo ella recordaba las luchas que tuvo el apóstol Pablo y cómo él continuó sirviendo a Cristo. A través de todos sus desafíos Pablo estaba decidido a recibir de Cristo la fortaleza para seguir haciendo lo que Dios le había llamado a hacer.

El ejemplo de mi mamá me enseñó que el liderazgo viene acompañado de desafíos, oposición, enfermedades, críticas y otras complicaciones; pero si seguimos a Cristo podemos persistir.

El espacio no me permite compartir todo lo que mi mamá fue e hizo, pero mis lecciones primeras y más importantes de liderazgo estuvieron modeladas por ella. Yo la estuve mirando y aprendiendo como ser una líder. Aun ahora, trato de mirar hacia atrás para recordar cómo le dolió la muerte de mi abuela y aprender a vivir este proceso de duelo como ella lo vivió. 

Hoy tenemos muchas niñas y jóvenes que nos miran. Nuestras sobrinas, hijas, nietas, y las niñas de la iglesia están aprendiendo por cómo lideramos, enfrentamos los desafíos, nos destacamos y perseveramos. Ellas observan cómo interactuamos con las demás personas y cómo vivimos nuestra fe.

Una de las muchas bendiciones de CLLI es que, aunque ya no soy una niña y mi mamá ya no está aquí físicamente para mirar, tengo otras líderes latinas a las que tengo el privilegio de observar y aprender de ellas. Semejante a lo que encontré en mi mamá, CLLI es una red de líderes latinas listas para compartir sus consejos, animarnos a continuar, orar por nosotras y guiarnos a los recursos que nos ayuden a crecer. 

Espero que un día las niñas y  jóvenes que me miran puedan también compartir las muchas formas en las que modelé el liderazgo para ellas.

Nos están mirando; lideremos con fidelidad. 

Anyra Cano (izquierda), es Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

¿Cuál Es Tu “Palabra”?

Por Margarita Garcia

Traducido por Alicia Zorzoli

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¿Alguna vez alguien te preguntó cuál es tu “palabra” para el año? Quizás estés pensando: ¿Qué quieres decir con eso de “tu palabra”? Yo tengo metas y anhelos, ¿pero una “palabra”? Sí, muchas personas tienen lo que ellas llaman su “palabra” para el año.

En los últimos meses he estado pensando en cuál podría ser mi “palabra”, pero me resulta una decisión difícil. ¡Me gustan todas! Cuando pienso en una palabra en particular que se relacione con un área de mi vida y que pueda representar quién soy, puedo encontrar otras diez que se relacionan con otras áreas. Sin mencionar que no se espera que esta palabra sea tuya por mucho tiempo, sino que se supone que va a cambiar a medida que pasa el tiempo y tu vida cambia. Sin embargo, el propósito de tener una palabra es ayudarte a estar enfocada en quién eres y hacia dónde te diriges de ahora en adelante.

Entonces, aquí va mi palabra: Resiliencia. Resiliencia es la capacidad de recuperarte rápidamente de las dificultades; en otras palabras: ser tenaz. Cuando medito en mi trayectoria de liderazgo pienso en el gozo que siento al caminar junto a otras mujeres en su trayectoria para descubrir el plan maravilloso de Dios para ellas. Sin embargo, no puedo ignorar los desafíos y las dificultades que han llegado a ser parte de mi caminar diario. Es verdad que celebro las victorias, pero muchas de ellas solo llegan después de haber vencido las pruebas grandes y pequeñas, los temores, las emociones desafiantes, y todas las limitaciones y los obstáculos que me enseñan y me forman para llegar a ser la persona que Dios planeó que yo fuera.

A veces, como líderes cristianas, necesitamos más respuestas, necesitamos esperar un poco más, hablar un poco más, confiar un poco más. A veces necesitamos ser un poco más tenaces y recuperarnos un poco más rápido. A menudo hacemos esas cosas, no fácilmente pero naturalmente, porque así fuimos creadas. ¿Significa eso que no se nos permite ir más despacio, ser humanas y sentir dolor como todas las demás personas? ¿Se supone que debemos hacernos más tenaces y seguir adelante sin parar? ¡Absolutamente no! Sentimos dolor, algunos días más que otros. Nos cansamos. Nos lamentamos por no tener siempre las respuestas. Y también nos cargamos de emociones. Pero, como cristianas, enfrentamos nuestras luchas de manera diferente. La Biblia dice que no las enfrentamos como el mundo lo hace sino como aquellas personas que han puesto su confianza en el Señor (1 Tesalonicenses 4:13).

Ser resiliente significa encontrar la esperanza corporizada en Cristo, la esperanza que viene de confiar que Dios está en control. Viene de vivir en el amor de Dios y en la seguridad de que Dios nos amó primero. Viene de perdonar y olvidar no porque seamos mejores que el resto sino porque somos perdonadas por Dios, y Dios olvida nuestras transgresiones. Dios nunca deja de obrar su voluntad en nosotras, y es en este proceso de encontrar la esperanza que Dios muestra su gracia. Pedro nos recuerda: “…el Dios de toda gracia, …los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:10, NVI). Dios le recordó a Pablo la suficiencia de la gracia divina: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Si el hecho de conocer la gracia de Dios no nos da esperanza, entonces no sé qué nos la va a dar. Las Escrituras me recuerdan que no se trata de mis victorias, mis debilidades, mis luchas ni mi dolor. Se trata de la gracia de Dios perfeccionada en mí y de la esperanza que yo encuentro al saber que Dios me va a hacer resiliente para lo que me espera. Las líderes resilientes descansan en la Palabra de Dios para lo que tienen por delante. Encontramos poder en la Palabra, y reclamamos las promesas de Dios porque las conocemos. Profundizamos en ella, la estudiamos, la meditamos, la vivimos porque allí es donde se encuentran las respuestas. Hablamos de ella porque ella habla vida, y cuando se acercan los desafíos nos aferramos a ella para recibir orientación y sabiduría.

Sin embargo, la resiliencia no ocurre por sí sola; no viene de la nada o por casualidad. Hay que buscarla. Dios nos brinda personas y organizaciones dispuestas a invertir y crecer a nuestro lado, pero tenemos que unirnos a éstas. Para mí eso es el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés). Este Instituto me empodera para vivir mi palabra. Promueve que yo crezca espiritual, intelectual y culturalmente. Como líder latina soy desafiada constantemente en mi trayectoria para buscar más a Dios, aprender más y servir más. Esto es lo que soy. La trayectoria de una líder latina no busca el tipo del liderazgo que pinta el mundo demandando poder y control a expensas de las demás personas. Su trayectoria significa hacer una diferencia en otras personas, y hacer que una busque las cosas que honran a Dios.

Tenemos poder solo porque nos viene del Espíritu Santo quien nos da valor para hablar vida (Hechos 1:8), de Dios quien nos enseña a amar correctamente (Juan 3:16) y del Hijo quien nos guía a dar valientemente así como él dio su vida por nosotros (1 Timoteo 2:6). Y con respecto al control, pues bueno, quienes confiamos en el Señor sabemos que Dios guía cada paso del camino y Dios obra su perfecta voluntad. Isaías 40:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Lo que usted ve en mi liderazgo como mujer latina es el impacto de aquellas personas quienes invirtieron en mi vida y me inspiraron a continuar el legado que nos precedió. No es poder y control. Es resiliencia. Es el poder de la gracia de Dios activa en mi vida para recuperarme rápidamente y ser tenaz. Es un deseo genuino para continuar siendo obediente al llamado que Dios colocó en mí, y un anhelo de hacer una diferencia en la vida de quienes caminan junto a mí.

¿Cuál es tu “palabra”?

Margarita García trabaja como facilitadora bilingüe/coordinadora de padres para el Distrito Escolar de Kaufman, TX. Margarita es la coordinadora del CLLI del Este de Texas y se graduará del CLLI en mayo del 2020.

 

Celebración, Gratitud y Esperanza

Por Nora O. Lozano

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Es un año nuevo y hay mucho que celebrar, agradecer y esperar.

Para empezar, quiero celebrar el primer aniversario del blog del CLLI. Gracias al buen trabajo de todas las escritoras mensuales, el comité editorial, las traductoras, así como de nuestra coordinadora y encargada de publicación, Anyra Cano, estamos completando un año de publicaciones. También les queremos dar las gracias a ustedes, que han leído fielmente el blog mes tras mes. Espero que durante el año pasado su vida como persona cristiana y líder haya sido enriquecida por cada una de las piezas publicadas.

Empezando con nuestro segundo año de publicación, el blog tratará diferentes temas que son pertinentes a la vida de la mujer líder cristiana. Te invitamos a seguir leyendo el blog todos los meses. Confiamos que será de bendición, aliento y desafío a medida que continúes con tu trayectoria como líder.

Además del aniversario del blog, estamos agradecidas por muchas otras cosas. Los entrenamientos del CLLI continúan con gran éxito, ayudando a desarrollar a muchas mujeres cristianas y líderes aquí en Estados Unidos y en México. Las personas que donan y apoyan al CLLI continúan dando generosamente para ayudarnos a lograr nuestro meta de transformar las vidas de mujeres en el nombre de Cristo. La facultad, las coordinadoras y el personal del CLLI continúan trabajando diligentemente para servir a todas nuestras estudiantes en las diferentes localidades, mientras que el Consejo Directivo continúa supervisando y guiando el ministerio del CLLI. Estoy muy agradecida por todas estas personas que juegan un papel vital en la vida del Instituto. ¡Son un verdadero regalo de Dios!

Más todavía, estamos mirando al futuro con mucha esperanza. Este es el año en que el Consejo Directivo del CLLI trazará, junto con el personal, el nuevo plan estratégico que guiará el curso del CLLI durante los próximos cinco años. Estamos entusiasmadas con este proceso, y apreciamos sus oraciones mientras discernimos la voluntad y los planes de Dios para el CLLI.

Espero que tú también hayas recibido al Año Nuevo con mucha celebración, gratitud y esperanza.

Te invito a celebrar y agradecer las pequeñas y grandes cosas en tu vida. Tómate un momento para recordar las cosas que a menudo damos por sentado, como la salud, vivienda, trabajo, agua limpia, comida, ropa, familia y la presencia de Dios en nuestras vidas.

Para cuando se publique este blog, será casi finales de enero. Quizás a estas alturas, estemos enfrentando propósitos de Año Nuevo fallidos, y una frustración por nuestra falta de compromiso.

Independientemente de tu situación, quiero invitarte a continuar viendo el Año Nuevo con un sentido de esperanza. Si bien nuestros propósitos anuales pueden ser fallidos, te aliento a que hagas nuevos planes, tal vez propósitos mensuales o semanales que pueden lograrse más fácilmente y los cuales te mantendrán con motivación. Si establecemos una meta semanal y la rompemos, muy pronto será nuevamente el lunes, y tendremos una oportunidad de comenzar una vez más.

Debido a que nuestras vidas son muy diversas, supongo que nuestras metas para el año 2020 probablemente también sean muy diferentes. Sin embargo, recuerdo la afirmación de John Maxwell de que una persona que es buena en el liderazgo primero debe aprender a liderarse a sí misma.  

A medida que aprendes a liderar, pregúntate: ¿Qué áreas de tu vida necesitas cambiar? ¿Qué necesitas mejorar para “ser una persona líder verdaderamente efectiva, a la cual la gente quiere seguir?” (John Maxwell, The 21 Indispensable Qualities of a Leader, p. ix).

Si bien este trabajo personal es importante, quiero invitarte también a seguir trabajando en la base más importante de tu vida: tu relación con Dios.

El Salmo uno ofrece buenos consejos para establecer una base sólida para la vida. En los versículos 1 al 3, el salmista nos invita tanto a deleitarnos y meditar constantemente en la Palabra de Dios, como a alejarnos de las malas compañías y la gente malvada. Estas acciones nos llevarán a ser personas bendecidas de verdad. La Biblia compara a esta persona bendecida con un árbol fuerte que está plantado junto a corrientes de agua, dando fruto en su tiempo y que sus hojas no caen. Este tipo de persona próspera en todo lo que hace.

Independientemente de si enfrentas o no desafíos particulares en este momento, cualquier persona que es buena en el liderazgo siempre tiene espacio para crecer y desarrollarse. Que este salmo te inspire en el Año Nuevo a anclar tu vida en la palabra de Dios y en las buenas acciones que surgirán de esta relación. Que te inspire a convertirte en la persona líder que Dios quiere que seas, y que la gente quiera seguir.

Y a medida que crezcas y te desarrolles este año, recuerda que el CLLI está aquí para ayudarte en tu desarrollo como líder. Así que apoyémonos en oración mientras continuamos con nuestras trayectorias de liderazgo y seguimos el plan de Dios para nuestras vidas.

El año 2020 aún es joven y, por lo tanto, lleno de posibilidades. Con la bendición de Dios, ¡hagámoslo un año próspero y bendecido! ¡Que así sea!

La doctora Nora O. Lozano es Directora Ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas y Profesora de Estudios Teológicos en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas.

HERMANDAD Y LAGRIMAS

Por Adalia Gutiérrez Lee

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Nunca pensé que a mi edad sería tan difícil hablar sobre mis hermanas.  No por no tener algo qué decir, sino porque tengo demasiadas cosas qué contarles.  Tuve dos hermanas y ambas murieron.  Una de bebé y otra muy joven.  Sin embargo, después de haber perdido a seres tan allegados a mí, pude comprender el versículo “fuerte es como la muerte el amor” (Cant 8:6 RVA) y me atrevería a decir aún, después de mi experiencia, que el amor es aún másfuerte que la muerte: porque nuestras hermanas o seres queridos podrán marchar, pero el amor y la relación estrecha que nos vincula con y a través de cada una de ellas, persiste.  No pretendo ser mórbida hablando de muerte o de cosas tristes, pero tampoco quiero ignorar que el amor: “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.El amor nunca deja de ser” (1 Cor 13:7-8 RVA) 

Si tenemos miedo a sufrir, nos va a costar amar.  Si pienso cuántas veces he llorado por las personas que amo, o cuántas veces he llorado la pérdida de un ser querido, no es nada comparable a las veces que sé que Jesús y todas las personas que me aman ¡también han llorado conmigo! Recuerdo que hubo una “racha” de pérdida de personas muy allegadas a mí que me hacía sentir “contagiosa”.  No quería que las personas se me acercaran por miedo a pasarles mi “mala suerte”, o a tener que tratar de encontrar una explicación a tanto sufrimiento. No me considero una persona supersticiosa, ni pesimista, pero me estaba costando mucho trabajo procesar mi duelo. Sin embargo, también recuerdo en esos momentos con cuánto amor ¡la gran familia de Dios me abrazó y lloró conmigo!  No hubiera podido salir adelante de estas pérdidas, si Dios no se hubiera manifestado en mi vida a través de la solidaridad, las oraciones, el abrazo y las lágrimas de todas mis hermanas y hermanos que me acogieron.

Ahora me encuentro en otra etapa.  Sigo mostrando mi amor con lágrimas.  Ya no pretendo encontrar una explicación al sufrimiento.  Sólo se que al amar se sufre.  Mi vida ha sido marcada con lágrimas de amor, pero lágrimas que no sólo fueron de tristeza, sino que fueron y siguen siendo también de alegría al haber conversado y compartido tiempos preciosos con mi mamá, mis hermanas, mis cuñadas, mis primas, mis hijas, mis sobrinas, mis amigas.

La cultura latinoamericana es bien conocida por cultivar relaciones estrechas con la familia extendida. Mi familia no fue la excepción.  Recuerdo cuando mi hermana me agradeció por vivir cerca de ella cuando estuvo enferma y me dijo: “Tu presencia ha hecho una gran diferencia ¡como de la tierra al cielo! Nuestras hijas no están conviviendo como primas, sino como hermanas: como tú y yo convivimos.”  Después de que ella murió, he tratado de continuar esa unidad entre ellas. Hay un valor y una conexión única y especial en la amistad y el amor entre hermanas ¡Cuántas veces hemos reido, o llorado, o incluso pensado en las mismas cosas cuando estamos con nuestras hermanas!  ¡Cuántas veces nos hemos peleado con ellas y después arrepentido porque no vale la pena que el enojo prevalezca en nuestra relación!  

Esta época del año en nuestro calendario cristiano es de adviento, de espera.   Una época llena de esperanza, paz, gozo y amor.  Necesitamos confesarla y vivirla primero como familia de Dios y también como familias latinoamericanas.  Particularmente este año, muchos países latinoamericanos han sufrido calamidades naturales, huelgas, injusticias, pobreza, desesperanza, guerra y muerte.  Nuestro llamado como familia en la fe es a esperar con esperanza, paz, gozo y amor. Si hemos de sufrir por amar, también recordemos que esas lágrimas de amor son las que van a recordar el amor y la solidaridad que Jesús tiene por nosotros, por ellos, por nuestros pueblos siempre.

Adalia Gutiérrez Lee trabaja como directora de area para Iberoamérica y el Caribe en International Ministries y forma parte de la mesa directiva de CLLI.

HERMANDAD: LAS MUJERES QUE DIOS ENVÍA.

Por Nora I. Silva

Traducido por Patricia Gomez

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Siempre me he considerado una chica de chicas. Esto es porque siempre he valorado a las mujeres que son parte de mi vida, y reconozco la influencia profunda que recibí y que continúo recibiendo de ellas. Al pensar en todas las mujeres que han sido una influencia y ejemplo en mi vida, primeramente pienso en mi mamá, sus hermanas y hasta sus cuñadas. Mis tías fueron y todavía siguen siendo mujeres que admiro y respeto. Cada una de ellas contribuyó a las experiencias únicas que tuve mientras crecía. Lo que observé entre ellas fue una conexión basada en algo que ahora reconozco como una confianza profunda y amor verdadero. Y aunque tal vez no lo haya entendido en aquel entonces, lo que observé fue apoyo en tiempos difíciles, celebración de logros, risa, muchas risas, y la consistencia en todo esto.

Tengo la bendición de tener cuatro hermanas. Mis tres hermanas mayores siempre me alentaron y a menudo prepararon el camino para que yo tuviera éxito. Ellas proveyeron para mí en formas que mi papá y mi mamá no podían hacerlo. Mi hermana Cissy, después de que se mudó, siguió enviando dinero y se aseguró de que yo tuviera ropa nueva para ir a la escuela. Mi hermana Lettie me dio un gran ejemplo al alcanzar una educación superior, y al hacerme que me quedara con ella en los veranos, para así inspirarme a hacer lo mismo. Mi hermana Doris, a los diecisiete años, trabajó en un restaurante local de comida rápida, y usó el dinero que ganaba arduamente para inscribirme en clases de gimnasia, pues sabía que yo amaba ese deporte y que mi papá y mi mamá no podían pagar las clases. También se aseguró de que yo fuera con ella a la iglesia los domingos. Todas ellas proporcionaron oportunidades y opciones para mi vida. Trabajaron arduamente para extender los límites de mis experiencias, para que así yo pudiera llegar más lejos de donde ellas habían llegado. Anna, mi hermana menor, no tuvo esta función de influencia en mi vida temprana.Yo la adoraba cuando era bebé, pero luego se convirtió en una molestia para mí, ya que era la hermanita que tenía que llevar conmigo a todas partes. Ahora que somos mujeres adultas, se ha convertido en una de mis mejores amigas.

Cada una de mis hermanas tuvo y continúa teniendo un impacto único en mi vida. Cissy con su dulzura y paciencia evoca la paz en mí. Lettie me ayuda a sacar a la mujer luchadora que llevo dentro. Doris demostró obediencia a Dios y eso me ayudó a rendirme a Dios. Anna, mi hermana menor, me enseñó que mientras yo observaba y admiraba a otras mujeres, a la vez había otras observando y admirándome a mí. Todas estas experiencias han contribuido a que sea la hermana y la persona que hoy soy, en el horizonte amplio de la vida.Debido a la distancia geográfica, no veo a mis hermanas frecuentemente, pero de una manera similar a lo que vi con mis tías y mi mamá, la confianza y el amor son profundos, reales y constantes.

Afortunadamente para mí, la hermandad no termina con mis hermanas de sangre. Una de las características más fuertes de las mujeres a las que llamo hermanas, es la disponibilidad de estar a mi lado durante la lucha. He sido bendecida con mujeres que a pesar de no haber estado de acuerdo con alguna de mis decisiones y con las consecuencias de esas decisiones, han dicho: “¿Cómo puedo ayudarte? No estás sola”.  He sido bendecida con mujeres que después de escuchar sobre las cosas con las que tengo conflicto, me dicen: “Anímate, Dios cuidará de ti”. He sido bendecida con mujeres que tal vez no dicen nada, pero que oran por mí y conmigo. Esto es hermandad. Para estar cerca de otras mujeres y edificarlas, camine con ellas y manténgase a su lado, especialmente cuando estén luchando por mantener su equilibrio bajo el peso de esto que llamamos vida.

Mi experiencia con CLLI ha sido este tipo de trayectoria. He conocido a mujeres increíbles que han hecho justo lo que he descrito. Ellas han estado a mi lado, me han animado y han orado por mí. Es en este círculo que el llamado de Dios en mi vida comenzó a perfilarse. Me uní al CLLI primero como miembro de la facultad y luego como miembro de la junta directiva. Al igual que muchas de nosotras, me sentí descalificada para servir en esta capacidad, no porque no tuviera las habilidades para enseñar la clase asignada, al contrario, ésa era la parte fácil. Más bien me sentía descalificada delante de Dios. Pensé que de alguna manera era un error que yo fuera parte de la obra increíble que Dios estaba haciendo a través del CLLI. Sin embargo, fue aquí donde las mujeres que admiraba y respetaba me mostraron que Dios me estaba llamando a algo especial. Más importante aún, es que a través de esta experiencia de hermandad aprendí que con mi propio esfuerzo no estoy calificada para servir, pero con Dios tengo todo lo que necesito para seguir el propósito que Dios tiene para mí.

Al igual que las mujeres que fueron las primeras en ver la tumba vacía, estoy rodeada de mujeres que son cariñosas, comprometidas, leales, fieles y sobre todo triunfadoras. Puedo imaginar la tristeza y la pérdida que estas mujeres bíblicasestaban experimentando, pero trabajaron juntas para hacer lo que se necesitaba. Estoy segura de que se animaron mutuamente por el dolor que sintieron. En su compromiso con Dios y con las demás personas, llegaron a experimentar juntas la increíble verdad de la resurrección de Jesús (Lucas 24:1-12; Mateo 28:1-10; Juan 20:11-18). Qué increíble y maravilloso es cuando Dios nos permite experimentar la hermandad de tal manera que nuestras vidas cambian para siempre, y las historias que compartimos hablan del amor de Dios a través de las mujeres que Dios ha enviado a nuestras vidas.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

El vínculo terapéutico de la hermandad entre mujeres

Por Zoricelis Davila

Traducido por Alicia Zorzoli

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Leí hace poco en las redes sociales que “a veces hablar con tu mejor amiga es toda la terapia que necesitas”. Como terapista tengo que admitir que conozco el valor terapéutico de la consejería para tratar las situaciones que solo un profesional puede manejar. Sin embargo, en el liderazgo y en el Instituto Cristiano para Líderes Latinas(CLLI por sus siglas en inglés) hemos experimentado el vínculo terapéutico de una hermandad hermosa. Como líderes latinas cristianas, a veces enfrentamos desafíos tales como discriminación, expectativas culturales, estereotipos y varios otros.  Estos desafíos pueden acarrear un desaliento potencial para continuar en el liderazgo, o la presión para conformarnos a ciertas normas culturales y sociales. En tiempos así buscamos a nuestras hermanas para apoyo, oración, aliento y consejo; esas amigas maravillosas, consagradas, extraordinarias, y colegas en el ministerio que han vivido esas situaciones antes que nosotras, o que lo están haciendo junto a nosotras.

Esta hermandad es más que simplemente un grupo de amigas juntas en el liderazgo; es un grupo de mujeres fieles al Señor, apasionadas, tenaces, compasivas y muy trabajadoras que hacen el ministerio juntas. Hemos llegado a ser más que colegas en el ministerio, hemos llegado a ser hermanas en el liderazgo. En psicología y consejería se usa el término familismo para referirse al valor cultural que enfatiza las relaciones familiares caracterizadas por la cercanía, el calor humano, el amor, el cuidado y el apoyo mutuo[i]. El término también da prioridad a la familia por sobre el individuo, y está asociado con contribuir a la salud psicológica y emocional. Cuando enfrentamos desafíos en el ministerio nos aferramos a este valor del familismopara mantenernos firmes y unidas, y para apoyarnos unas a otras en la obra del Señor.

Estar unidas en el liderazgo significa que siempre estamos encontrando nuevas formas de ayudar a las mujeres en el ministerio. Planificamos conferencias, retiros, seminarios y muchas otras vías para empoderar a otras líderes cristianas, sean latinas o latinas de corazón. Compartimos luchas comunes, nos damos ideas unas a otras, nos apoyamos durante nuestras luchas y nos animamos mutuamente para alcanzar nuestro máximo potencial. Todas somos diferentes, pero compartimos los mismos valores cristianos.

Hemos estado presentes durante la pérdida de seres queridos, acompañándonos en trayectorias académicas, bodas, aniversarios, nacimientos, nuevos trabajos, cambio de trabajos, jubilaciones y muchos otros eventos de la vida; todo mientras continuábamos con nuestros ministerios yliderazgos en las áreas respectivas de nuestra vida. Hemos llorado juntas, reído juntas y nos hemos amonestado en amor cuando era necesario. Y al hacer todo esto llegamos a ser líderes más efectivas. El liderazgo no es algo que se hace en soledad, es un esfuerzo comunitario. Nunca hubiéramos podido lograr todo lo que tenemos en el ministerio si no hubiera sido por el Señor y por este vínculo de hermandad llamado CLLI. Somos más que una hermandad; es una sociedad, un sistema de apoyo, una red de mentoría, y un semillero de líderes, eruditas, ministras y colaboradoras en la obra del Señor.

En un tiempo cuando se cuestiona o se critica a las mujeres en el liderazgo tenemos una hermandad de líderes cristianas latinas, o latinas de corazón, que están enlazadas unas con otras por amor a Cristo para hacer que él sea conocido. Nuestra visión es Mujeres en liderazgo empoderadas para impactar al mundo desde una perspectiva cristiana.Juntas nos motivamos mutuamente para continuar nuestra trayectoria como líderes, trabajando en nuestras respectivas congregaciones y apoyando el ministerio de la iglesia para cumplir la Gran Comisión.

En la Biblia vemos un hermoso vínculo de hermandad en Elisabet y María (Lucas 1:39-45). Ambas recibieron el hermoso ministerio de la maternidad; María como madre de nuestro Salvador Jesús, y Elisabet como madre de Juan el Bautista, el precursor de Jesús. En el momento cuando María recibió la noticia de su nuevo rol fue a visitar a su prima Elisabet quien llevaba seis meses de embarazo de su hijo Juan. Creo que María necesitaba el apoyo de Elisabet en ese momento cuando debe haberse sentido tan abrumada por la tarea que le esperaba frente a las expectativas culturales. El encuentro entre ambas fue una afirmación de Dios de que necesitaban apoyarse mutuamente en sus respectivos ministerios de ser madres.

En mi caso, Dios trajo CLLI a mi vida en un tiempo cuando estaba empezando una etapa nueva de liderazgo como consejera profesional. CLLI fue mi “Elisabet”. Aunque siempre había sido líder en mi iglesia, en ese tiempo Dios me estaba llamando a un ministerio más amplio más allá de las paredes de mi iglesia. Dios usóa CLLI para abrir puertas para publicar libros dedicados a nuestra comunidad latina que llevaran sanidad a las familias. Dios también usó este ministerio para que desarrollara mis habilidades de liderazgo como miembro del Consejo de Directores, profesora y mentora. Luego Dios me llamó a obtener un doctorado y continuar empoderando a otras líderes mediante el ministerio de consejería. No podría haber logrado nada de esto de no haber sido por el vínculo terapéutico de la hermandad de CLLI en mi vida. Todas esas mujeres fueron “Elisabet” para mí.

A veces el liderazgo puede ser difícil, pero también puede traer mucho gozo. Dios te puede llevar a lugares que nunca antes habías explorado; ahora mismo Dioste puede estar llamando a un área de liderazgo en el ministerio que puede parecerte abrumadora. Por favor, quiero que sepas que Dios nunca pretendió que recorramos solas el ministerio o la vida. Diosnos rodea con una hermandad de mujeres que nos puede empoderar, apoyar, traer vida y refresco para animarnos en nuestro trayecto. En CLLI tenemos un vínculo especial que nos ha llevado a través de pruebas, sufrimientos, desafíos, alegrías y muchos logros. Nunca hubiéramos podido hacerlo solas. Ven, únete a nosotras y sé parte de este maravilloso vínculo de hermandad en el liderazgo. No hay otro grupo con el cual quisiera participar en el ministerio aparte de mis hermanas en CLLI; estar juntas es terapéutico. “Por lo cual, anímense los unos a los otros y edifíquense los unos a los otros, así como ya lo hacen” (1 Tesalonicenses 5:11).


[i]Campos, B., Ullman, J. B., Aguilera, A., & Dunkel Schetter, C. (2014). Familism and psychological health: the intervening role of closeness and social support. Cultural Diversity & Ethnic Minority Psychology. https://doi.org/10.1037/a0034094

La Dra. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S, es Licenciada como Consejera Profesional Supervisora con 17 años de experiencia. Ella tiene una práctica privada en Fort Worth, TX al servicio de la comunidad latina. La Dr. Davila es miembro de la junta directiva y docente de CLLI. También es oradora internacional, autora y profesora de asesoramiento.

Adoptada

Por Jana Atkinson 

Traducido por Alicia Zorzoli

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Crecí como la del medio de un grupo grande de hijas. No hace falta decir que la hermandad es una de las primeras cosas que comprendí, y es algo que siempre amé. Debido a diferentes circunstancias, varias de mis hermanas son adoptivas. Mi papá y mamá mostraron un amor abundante al ajustar su vida y sacrificarse para llenar las necesidades de otras personas. Aunque mis hermanas y yo no tenemos el mismo ADN, las experiencias y las condiciones que compartimos han forjado un lazo de unión muy importante para mí, y yo creo que tiene el potencial de hacer un impacto en el mundo. Nuestra hermandad es el primer lugar donde vi las manos del Señor obrar en mi vida. Siempre guardé una admiración profunda por la adopción. La adopción de mis hermanas significó por lejos los momentos más significativos de mi vida. Para mí, esos momentos maravillosos sirven como los ejemplos supremos del evangelio.

Aunque nuestra hermandad es asombrosa, no siempre fuimos un grupo perfecto de hermanas. El buen Dios hizo que las hermanas Atkinson fueran individuos completamente diferentes entre sí. Las diferencias que se encuentran entre los miembros de nuestro grupo han resultado en muchas discusiones y muchos malentendidos. Algunas veces surgieron barreras que ocasionaron distanciamientos dolorosos en nuestras relaciones. Sin embargo, la bondad de nuestro Padre de amor siempre superó los tiempos difíciles que enfrentamos. Nunca olvidaré el momento más asombroso e inspirador que demostró cuán verdadera es la fidelidad de Dios. El Espíritu Santo nos llevó a través de la situación más dura que hayamos experimentado jamás.

Hubo un tiempo cuando nos encontramos en un lugar donde una de mis hermanas, debido a circunstancias desafortunadas, no nos hablaba. Algo le sucedió a ella durante ese tiempo que cambió su vida para siempre. Sin ninguna vacilación y sin pensarlo dos veces, ese mismo día las seis de nosotras estábamos juntas otra vez, recogiendo los pedazos rotos y abrazándonos con amor incondicional. Fue durante esa época en mi vida que estuve en el proceso de rendir completamente mi vida al Señor. El ver la fidelidad de Dios en esa situación increíble me hizo caer de rodillas y rendirme completamente. Fue entonces que comencé a vivir cada día de mi vida totalmente sometida a Él, y también fue entonces que acepté plenamente mi llamado al ministerio.

Debo admitir que el Señor creó un grupo bastante interesante entre nosotras. El vínculo que tenemos mis hermanas y yo me recuerda una verdad bíblica. La dinámica de nuestra hermandad es un ejemplo de cómo Dios ama igualmente nuestras diferencias. El amor que tiene Dios por cada una de nosotras es personal e increíblemente hermoso. La diversidad entre mis hermanas y yo me impulsa a alabar a Dios por la belleza de todo esto. Aunque no somos un grupo de hermanas perfectas puedo decir que somos una gran representación del cuerpo de Cristo.

Tenemos dones y roles muy diferentes, pero aun así tenemos en mente una misma meta; y es la de ser las representantes del nombre Adkinson y del padre y la madre que nos criaron a todas. Es de esa misma forma que los distintos miembros del cuerpo de Cristo tienen roles y dones diferentes, pero todos trabajan para glorificar el nombre de Jesús y representar al Dios que obró nuestra redención (1 Corintios 12). Esta es una verdad bíblica hermosa: no importan las circunstancias que rodean nuestra vida, debido al amor sacrificial, incondicional e inmerecido de Jesús todos somos, sin ninguna duda, miembros de la familia de Dios. Fue ese mismo amor inexplicable lo que llevó al Dios del universo a venir y pagar el más caro de todos los precios para que pudiéramos ser redimidas y adoptadas en la familia de Dios.

Hubiera sido fácil para mi papá y mamá orar, dar dinero o ayudar a hacer los arreglos para mejorar la vida de mis hermanas. En vez de eso, (quite varias palabras aquí) eligieron tomar la carga más pesada y criar a mis hermanas como sus hijas. No importan las circunstancias que rodeen nuestra vida; debido al amor sacrificial e incondicional todos hemos sido adoptados en la familia de Dios. De modo que mi oración para todos nosotros es que tomemos esta verdad y la compartamos con el mundo a través de la vida que vivimos y el amor que compartimos.

Durante mi primer semestre en la Universidad Bautista de las Américas, la doctora Nora Lozano, mi profesora favorita, me invitó a ser parte del Instituto Cristiano para Líderes Latinas. Debo admitir que eso me sorprendió porque no soy Latina. Sin embargo, debido a mi respeto por la doctora Lozano, asistí al entrenamiento y tomé ese curso en el siguiente semestre. Me adoptaron en la familia de CLLI (por sus siglas en inglés) como una Latina de corazón con mucho amor y apoyo. He crecido inmensamente por ser parte de esta maravillosa comunidad Cristocéntrica. Puedo decir con plena confianza que las mujeres que me adoptaron allí me van a animar y alentar a seguir de todo corazón al Señor y a su llamamiento en mi vida. Estoy orgullosa de representar a mi dulce Salvador Jesús como una Latina de corazón.

Jana Atkinson es una alumna de tercer año en el Instituto Cristiano para Líderes Latinas, y de último año en la Universidad Bautista de la Américas, especializándose en Biblia y Teología. Después de graduarse va a continuar estudiando en el Seminario Logsdon para obtener su Maestría en Divinidades.

LA MESA DONDE SIEMPRE HAY GENTE COMIENDO

Por Roz Garcia

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“¡Ya sé dónde vives! ¡En la casa de la mesa donde siempre hay gente comiendo!”. 

Eran mis primeras salidas de adolescente. Tenía unos 12 años. Me emocioné al escuchar que el muchacho con quien coqueteaba ¡sabía dónde yo vivía! Pero nunca imaginé oírlo decir: “¡en la casa de la mesa donde siempre hay gente comiendo!”. ¡Me quise morir de vergüenza!

Sí. Así nos conocían en el barrio en Monterrey.

En la cocina de la casa de mis padres hay una mesa redonda color café con 6 sillas. En el techo arriba de ella hay un abanico con un foco amarillo que refresca en los días de verano y alumbra por la noche. Está ubicada frente a una ventana que da a la cochera de la casa; parece vitrina de tienda. A cualquier hora se puede ver a alguna persona sentada allí: leyendo, comiendo, conversando, riendo. Ese es y será el punto de reunión. Extraño esa mesa.

¡Cuántos recuerdos de vivencias en esa mesa! Había lugar para las personas que quisieran acercarse, donde serían tratadas como mis “hermanos y hermanas”. Aprendí a llevar esa “hermandad” a mi vida y compartirla con quienes se sientan a la mesa. 

En nuestra mesa habrá provisión para mi hermano y mi hermana…

Jamás ha faltado comida ahí. Mi mamá es muy buena cocinera. Yo nunca he logrado cocinar como ella, pero lo que sí le aprendí muy bien fue a jamás dudar de la provisión de Dios para poder compartir, aun cuando yo pensara que la comida era insuficiente. Así como Jesús repartía comida mientras amaba, y sobraban cestas de alimento, puedo comprobar diariamente los milagros de su provisión.

 Jesús les dijo:

—Denles ustedes de comer.

—Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados —le respondieron—. ¿O esperas que vayamos y compremos suficiente comida para toda esta gente? Lucas 9:13, NTV

En nuestra mesa habrá enseñanza para mi hermano y mi hermana…

Durante mi etapa de estudiante, cuando mi hermana y yo regresábamos de la escuela nos sentábamos a comer en esa mesa mientras mi mamá nos preguntaba sobre nuestro día. Era un momento de platicar y completar nuestras tareas. Pasaban las horas y seguíamos allí estudiando.

Hoy seguimos aprendiendo en la mesa. Saboreando café compartimos diversos temas y la Palabra de Dios. Tenemos libertad para leer, meditar, preguntar y debatir la Biblia para conocerla en una forma más personal diariamente.

El temor del Señores la base de la sabiduría.Conocer al Santo da por resultado el buen juicio. Proverbios 9:10,  NTV

En nuestra mesa siempre habrá comunión sin discriminación para mi hermano y mi hermana…

Mis recuerdos de reuniones familiares son con pleitos por tener una silla en la mesa de la gente adulta. Todos queríamos sentarnos allí y era chistoso ver sillas amontonadas o dos sentados en un mismo asiento para poder así estar presentes. Era un momento donde todos éramos iguales. Allí no había discriminación: joven, adulto, mujer u hombre; simplemente éramos “tribu”.

Hoy puedo seguir teniendo comunión en nuestra mesa con todas aquellas personas que quieren formar parte de nuestra “tribu”, entendiendo la diversidad en la creación de Dios y tratándonos con respeto y valor.

 Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Gálatas 3:28,  NTV

En nuestra mesa seremos servidores de mi hermano y mi hermana…

Otro recuerdo es ver a mi mamá haciendo los preparativos: acomodando mantelitos, servilletas, vasos, cucharas y todo aquello que pudiera necesitarse al sentarnos allí. El ver la mesa toda hermosa era como una invitación a sentarse y disfrutar. Ella se la pasaba preguntando si nos hacía falta algo, si queríamos una tortilla, más sopa, otro taquito… Me sentía importante cuando mamá me atendía.

Ahora, cuando recibo visitas en mi casa me propongo hacer que las personas que llegan sientan que son especiales. Trato de ser amable y ayudarlas para que estén a gusto. Jesús servía, y él es mi ejemplo. ¡Qué gran bendición es poder hacerlo!

 Pero entre ustedes será diferente. El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente. Mateo 20:26, NTV

En nuestra mesa habrá inclusión para aquellos hermanos y aquellas hermanas que se sientan solos y que necesiten que se les escuche…

En la mesa de mis padres compartí situaciones que me molestaban o me dolían. Allí también  escuché a mis amigos hablar sobre sus situaciones de vida, estando presente cuando necesitaban que se les escuchara. Sabían que ahí se les escucharía sin ser juzgados. A veces solo se les escuchaba en silencio. Otras veces oía la voz de mis padres cuando no estaban de acuerdo con algo, o la voz de mi hermana al darme consejos. Aprendí que mi voz, y la voz de otras personas, eran importantes. Era una mesa para ser incluyente con “mi hermano o mi hermana” que llegaba con cansancio, desgaste, y con falta de aceptación en su familia o comunidad. Fue la mesa donde nació mi anhelo de ayudarles a ver la esperanza que tenemos al conocer a Jesús, y de poder compartir lo que Dios nos enseña acerca de nuestro valor, su amor al darnos vida y amar.

Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Mateo 11:28, NTV

En nuestra mesa habrá amor y misericordia para mi hermano y mi hermana

El amor requiere decisión. En días de dolor y heridas nos cuesta amar. Pero en nuestra mesa decidimos amar.

Sigan amándose unos a otros como hermanos. Mateo 11:28, NTV

¡Cómo extraño esa mesa! Pero hoy tengo una mesa a donde me puedo acercar. Es nuestra mesa de reuniones del CLLI. Una mesa donde vivimos la hermandad, teniendo amor y misericordia entre nosotras. Mesa de inclusión donde nuestra voz resuena fuerte. Mesa de servicio usando nuestros dones. Mesa de comunión sin discriminación donde nos enseñamos unas a otras. Y, sobre todo, una mesa de provisión donde podemos experimentar lo que Dios ha estado haciendo en cada una de nosotras. 

Me siento orgullosa de sentarme a nuestra mesa. Una mesa donde siempre hay gente comiendo, ¡pero comiendo la Palabra de Dios!

Roz Garcia es la Coordinadora de CLLI Metepec, México, y es graduada del CLLI Monterrey Mex. 2018.

La hermandad no nace, se hace.

Por Mónica Salinas

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¿Te puedes imaginar una mesa redonda con once niñas de entre cinco y diecisiete años comiendo juntas? Cualquiera pensaría que se trata de una fiesta de cumpleaños infantil, pero no, esa era la dinámica diaria en la casa de la familia Salinas. 

Soy la número diez de once hermanas. Haber crecido rodeada de ellas, cada una única y diferente, fue una bendición. Aunque debo confesar que no siempre las cosas fueron bien entre nosotras y que a veces no supe apreciar el regalo que Dios me había dado. Como en todas las familias, debido a diversos factores o circunstancias, a veces se daban tensiones entre nosotras. 

En mi caso, tuve dificultad para relacionarme con una de mis hermanas mayores. La diferencia de edad y circunstancias dolorosas influyeron para que eso ocurriera. Adicionalmente, al no ser ella creyente, nuestros valores y manera de pensar eran diferentes. Como resultado, nuestra relación de hermanas fue muy distante por años. De mi parte, el resentimiento por cosas del pasado fue lo que me motivó a mantenerme distante de ella. Aunque no fui la única con quien mi hermana tuvo dificultades, sí fui quien más se mantuvo distante. 

Muchas veces el Espíritu Santo me redargüía para que buscara una reconciliación con mi hermana, y aunque sabía que debía hacerlo, no tenía el valor, o no sabía cómo hacerlo. Quizás tú te puedas identificar conmigo. 

Al comenzar a orar por ella, comprendí que en su corazón también había mucho dolor y que mi hermana y yo nos necesitábamos. Poco a poco, Dios me permitió amar a mi hermana tal como era. Fue hasta ese momento, que el pasado quedó atrás y tuve valor para buscarla y pedirle perdón. Nos perdonamos y desde entonces (aunque siguen las diferencias) hemos cultivado una relación de hermanas. Ahora puedo decirle y mostrarle que la quiero y que me importa. 

No estoy compartiendo esta historia para ponerme como el ejemplo de la “hermana perfecta”. Más bien, quiero resaltar el hecho de que el ser hermanas de sangre no garantiza que nos tratemos como verdaderas hermanas. Se necesita amor, humildad, intencionalidad y valor para acercarnos a quienes nos lastimaron en el pasado, o con quienes, aun siendo de la misma sangre, es difícil relacionarnos. 

La hermandad requiere intencionalidad. En mi país hay un dicho que dice “un líder no nace, se hace”. Creo que eso es verdad también para la amistad que se convierte en hermandad. Los lazos de amor, afecto y compromiso que unen, se deben construir. La hermandad se hace cuando decidimos ser la clase de persona que ama y se da. La que escoge permanecer cuando todas las personas se han ido, la que extiende la mano aun cuando no tiene nada más que una mano que dar. 

Esa es la clase de hermandad que encontramos en la biblia entre Rut y Noemí. Contrario a todo pronóstico, la relación entre nuera y suegra llegó a ser tal, que aun cuando ya no había lazos legales que las unieran, Rut decidió renunciar a volverse con su familia de sangre, y permaneció con Noemí. Decidió correr la misma suerte que su suegra en un país extraño, aunque eso implicaba que sus posibilidades de volverse a casar y formar una familia se reducirían.

Al parecer, los lazos que unían a Rut y a Noemí ahora eran más fuertes que su relación inicial de parentesco. Quizás las circunstancias difíciles de la vida las habían unido más. Al llegar a Judá, Rut trabajó duro para llevar de comer a su suegra y un tiempo después, juntas hicieron un plan para que Rut se pudiera casar. La historia termina con el casamiento de Rut con Booz y el nacimiento de su hijo Obed. 

No todas las historias de hermandad terminan con un final feliz como éste. De cualquier forma, es importante resaltar aquí el amor y compromiso que Rut y Noemí tenían para buscar el bien de la otra, y el precio que Rut estuvo dispuesta a pagar por continuar la relación con su suegra. Nada de esto sucedió por casualidad o por la relación legal y formal que habían tenido como nuera y suegra, sino porque Rut procuró que así fuera y se volvió como una hija para Noemí. 

A lo largo de nuestra vida, Dios nos da oportunidad de conocer a personas que llegan a ser tan cercanas o más que nuestros propios familiares. A veces llegan a nuestra vida como un consuelo en tiempos de dolor o necesidad. Otras veces, nos toca a nosotros mostrar nuestra amistad y ser ese “amigo que es más unido que un hermano” (Proverbios 18:24). 

Desde que me casé, he vivido lejos de mi familia de sangre. Como esposa de pastor también he experimentado la soledad del ministerio. Recuerdo que, en el 2012 en particular, estando lejos de mi país de origen y sin entender muy bien el idioma, estaba pasando por un tiempo de dificultad. Sintiéndome muy sola, asistí a mi primer entrenamiento del CLLI y allí encontré lo que tanto necesitaba. Además de recibir una gran dosis de afirmación de parte de Dios y entender mi llamado, Dios me regaló tres lindas amigas que fueron para mi como hermanas en tiempo de necesidad. Mi vida después de esa experiencia nunca fue igual. Era como si Dios hubiera preparado una hermosa sorpresa que llenaría mi corazón de esperanza, me renovaría las fuerzas y me daría claridad para entender el propósito por el cual me trajo hasta aquí. Doy gracias a Dios por la bendición de ser parte del CLLI pues este ministerio, además de capacitar y empoderar a las mujeres cristianas, les provee espacios apropiados para la hermandad. 

Es claro que la hermandad no nace sola, sino que se hace y se construye al tomar la iniciativa de crear espacios donde se busca el bien de la otra persona. Es en estos espacios intencionales donde una amistad crece y florece, para convertirse en una hermandad hermosa, poderosa, y llena de bendición.

Monica Salinas serves as the Administrative Associate of CLLI and is a graduate of our program.

Las diferentes caras de la hermandad entre mujeres (*)

Por Becky Klein

Traducido por Alicia Zorzoli

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¿Qué es eso de la hermandad entre mujeres? En mi experiencia ha sido la bendición de contar con una o más mujeres que tienen un vínculo en común, que comparten confidencias sin emitir juicios ni violar la confianza, y que brindan esperanza y alivio cuando alguien enfrenta tiempos de dificultad, confusión o tristeza.

A lo largo de los años encontré este tipo de relación en ciertas instancias particulares que fueron y siguen siendo muy importantes para mí. Una de esas situaciones ocurrió siendo militar cuando me enviaron al Medio Oriente. Fui una de solo dos mujeres en mi unidad militar. Llegué a una tierra extraña sin conocer a nadie más que mi colega femenina. Muy pronto no solo nos hicimos amigas sino que también lo hicimos con las pocas otras mujeres en uniforme que vivían en aquel campamento militar. Juntas experimentamos las realidades diarias de la vida militar como acostumbrarnos a usar las letrinas y a ducharnos una vez por semana. También compartíamos nuestra preocupación por nuestros hijos y demás familiares al otro lado del mundo. Nos ocupamos de mantenernos al mismo nivel físico de nuestros colegas varones. Compartíamos intereses similares respecto a nuestros hábitos alimenticios, manteníamos nuestra carpa lo más ordenada posible, y hasta nos ocupábamos de esas “necesidades” pintorescas como la de asegurarnos de que las uñas de nuestros pies estuvieran bellamente pintadas dentro de las duras botas militares. Sobre todo, debimos acostumbrarnos a una tierra que segregaba a las mujeres en los lugares públicos, que limitaba nuestras actividades como manejar o ir al gimnasio, y que nos restringía forzadamente en lo que podíamos vestir cuando salíamos de la base militar.

Ninguna de nosotras sabía lo que nos iba a pasar al día siguiente debido a los alertas diarios de misiles que nos sobrevolaban o a las amenazas diarias de una guerra química o biológica. Era reconfortante tener un grupo de mujeres que experimentábamos juntas estas presiones y anormalidades. Esto aumentaba nuestra confianza unas en las otras y también en nosotras mismas. Nuestra hermandad era un refugio seguro frente a las amenazas existenciales y externas.

Este mismo vínculo de hermandad entre mujeres lo experimento en mi lugar de trabajo. Más del noventa y cinco por ciento de las personas que empleo son mujeres. Esto no es porque lo haya premeditado sino porque las mujeres que se presentan en mi órbita de trabajo demuestran ser las más calificadas y experimentadas para la tarea. Además, las otras empresas que comparten el área de mi oficina están dirigidas por mujeres que también han empleado principalmente a mujeres. Durante los últimos doce años este grupo de profesionales femeninas nos hemos reunido para aprender unas de las otras tanto en lo profesional como en lo personal.

Por ejemplo, la semana pasada quince de nosotras nos juntamos en la oficina a la hora de la comida para comer y, al mismo tiempo, escuchar a una autora que nos enseñaba lo que significa para una mujer el llegar a ser financieramente sabia e independiente. Compartimos experiencias y preguntas en cuanto a nuestras relaciones y puntos de vista respecto al dinero. Muchas veces es difícil conversar sobre este tema con nuestros seres queridos, y mucho menos con nuestros colegas en la oficina. Sin embargo, como una hermandad de mujeres profesionales, nos sentimos seguras para compartir conversaciones sensitivas y preocupaciones financieras personales. Dejamos esa comida sintiéndonos más enriquecidas al haber aprendido de unas de las otras respecto a nuestras tribulaciones y nuestras fortalezas.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) brinda ese mismo tipo de experiencia de hermandad entre mujeres. Sin embargo, dado que el fundamento de esta institución está basado en el poder, la gracia y la sabiduría de la Palabra de Dios, esta hermandad es una experiencia mucho más profunda. No se trata simplemente de compartir vínculos geográficos debido a amenazas externas. Es más que juntarnos porque tenemos metas y afinidades en lo profesional.

CLLI crea una red de mujeres que andan a la luz del Espíritu Santo y demuestran el amor de Cristo; un amor que no cambia a pesar de las circunstancias, el tiempo o la distancia. La hermandad de CLLI provee un lugar donde aprender mediante la gracia y el empoderamiento. Este grupo entiende que cada una somos eternas y somos un reflejo de Dios. No se trata de estar unidas debido a las situaciones externas de la vida, sino que significa estar conectadas desde ese punto muy dentro de nosotras mismas que anhela conocer profundamente a nuestro Creador, y compartir unas con otras el propósito de Dios para cada una en esta dimensión de la vida.

Es mi deseo que tú hayas tenido una experiencia de hermandad entre mujeres. Pero más que esto, es mi oración que te sientas llamada a entrar en la hermandad de CLLI para crecer con nosotras mientras aprendemos a liderar en el poder y la gracia de Dios.

(*) Nota de la traductora. Últimamente se está usando el término sororidad como el relativo al vocablo inglés sisterhood. El Diccionario de la RAE define sororidad como “Amistad o afecto entre mujeres. Relación de solidaridad entre mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”. Dado que todavía su uso no es generalmente conocido preferimos usar la frase “hermandad entre mujeres” para traducir sisterhood.



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