Por Jana Atkinson
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A principios de este año, me encontré recorriendo las calles de Barcelona, una ciudad donde la profunda historia y la actualidad parecen bailar al unísono. Llegué con el alma llena de interrogantes silenciosas sobre lo que significa liderar y servir como pastora. Mi único plan verdadero era prestar atención, no sólo a las vistas y los sonidos, sino también a los impulsos del Espíritu en mi interior. Este viaje se presentaba como una invitación a escuchar aquello que Dios tal vez susurraba justo bajo la superficie.
El permitirme escuchar y observar comenzó a dar forma a mis días en España. Una y otra vez, me encontraba en esos lugares sutiles donde lo sagrado y lo cotidiano se encuentran. Un momento especial surgió al adentrarme en la Sagrada Familia. Quedé maravillada ante aquella inmensa catedral, donde la luz se filtraba a través de las vidrieras, tiñendo el espacio de colores que parecían cobrar vida y respirar.
Al contemplar este espacio sagrado, me sentí pequeña, en el mejor sentido posible. Era una pequeñez sagrada que me recordaba que mis preguntas e incertidumbres forman parte de algo más grande que yo misma; que la presencia de Dios trasciende mucho más lejos que mis propias limitaciones. Esta sutil revelación alivió la carga que a veces siento como líder y me recordó que la labor de servir y amar a las demás personas nunca fue creada para llevarse a cabo en soledad.
Al enterarme de que la construcción de la Sagrada Familia comenzó en 1882, mi sensación de asombro se intensificó. ¿Cuántas manos, contratiempos y esperanzas tenaces han mantenido viva esta visión a lo largo de los años? Comprendí que no sólo estaba admirando una obra arquitectónica, sino que me hallaba dentro de una parábola viva, un recordatorio palpable de que la obra más profunda de Dios se despliega lentamente, invitándonos a confiar y a seguir construyendo, incluso cuando parece que la tarea nunca llegará a su fin.
Durante el tiempo que pasé en Barcelona con el personal de campo del Compañerismo Bautista Cooperativo y los líderes de ministerios locales, fui testigo de la mano de Dios obrando en su manera de servir. Aunque se encuentran en una región histórica arraigada en generaciones de fe, permanecen siempre atentos y a la espera de las cosas nuevas que Dios está originando. Al conocer sus ministerios, lo que realmente me cautivó fue la apertura de sus corazones, su disposición a dejarse sorprender por Dios y a seguir el movimiento del Espíritu. Estos líderes me recordaron que el ministerio exige saber escuchar con la profundidad necesaria para discernir aquello que anhela el corazón de las personas.
El ministerio rara vez comienza con grandes planes; más bien, suele iniciarse con una atención sencilla y sagrada. Una vida de liderazgo que refleja a Cristo se fundamenta en la consideración y la paciencia, especialmente cuando una se siente desbordada por las circunstancias. Dios está moldeando mi corazón para conocer a las personas, acercándome a ellas y escuchando tanto lo que dicen como lo que callan. Puede que esa clase de atención no sea eficiente, pero se percibe auténtica… y se siente como amor.
Hoy, mientras avanzo por el ritmo cotidiano del ministerio, perduran los ecos de Barcelona. Mi estancia en España ha profundizado mi sentido de una curiosidad sagrada. Estoy aprendiendo a moverme con más calma, a escuchar con mayor profundidad y a mantener mis planes con las manos abiertas, confiando en que Dios camina conmigo.
El tiempo que pasé en Barcelona me recordó que el liderazgo no consiste tanto en tener todas las respuestas, sino en crear un espacio para las preguntas que aún se están gestando en nuestros corazones. Como la Sagrada Familia, construida lentamente, piedra a piedra, con la fe de que Dios sigue obrando en todos nuestros espacios que aún están inconclusos.

La Rev. Jana Atkinson es residente pastoral en la Second Baptist Church de Liberty, Missouri. Su trayectoria la ha llevado desde el Southwest Texas Junior College, donde obtuvo su título de bachiller, hasta la Baptist University of the Américas para cursar su licenciatura, y posteriormente al Logsdon Seminary para obtener su Maestría en Divinidad. Anteriormente, sirvió como ministra de estudiantes en Woodland Church, San Antonio. A través de su caminar se ha formado en el Christian Latina Leadership Institute, donde recibió un certificado en Estudios de Liderazgo desde la Perspectiva Latina. Cada etapa ha profundizado su sentido de vocación y la ha preparado para el camino del ministerio pastoral.
Por Verónica Rodríguez Navarro
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La Ciudad de México, en la estación de primavera, se caracteriza por su brillante color purpura debido a las flores de las jacarandas que embellecen las ramas de sus árboles. Sin embargo, hay algo en particular que siempre me ha llamado la atención de estos árboles: las ramas y el tronco parecieran estar secos. Aún así, florecen y su belleza transforma el entorno. Además de su belleza, estos árboles tienen otras características particulares: raíces firmes que se desarrollan pacientemente, flores que aparecen antes que las hojas y semillas que son esparcidas por toda la ciudad. Lo sorprendente de estos árboles es que, cada año, aunque pareciera que ya no tienen vida, siguen floreciendo. ¡Siguen dando vida!
En el liderazgo hay ocasiones en que experimentamos algo similar a lo que presentan estos árboles de jacaranda. Permíteme describir estas características y, juntas, admiremos la belleza de esta temporada en nuestro liderazgo.
Florecen aun en temporadas secas.
Las jacarandas suelen florecer cuando sus ramas parecen estar secas y sin hojas. Como lideres, no dependemos de las mejores circunstancias para dar fruto. Habrá ocasiones en que no veremos evidencia de nuestro trabajo y llegarán las dudas que nos harán preguntarnos: ¿realmente fui elegida y llamada para encabezar cierto ministerio, liderar proyectos o continuar en el lugar en que estoy?
Nuestro liderazgo no depende de las mejores circunstancias para seguir inspirando, sirviendo y generando esperanza. Nuestro liderazgo depende de Dios, quien nos llamó y que produce en nosotras el fruto al cual fuimos llamadas.
Su belleza transforma el entorno
Cuando las jacarandas florecen, cambian completamente el ambiente de las calles y parques con su color purpura. En el liderazgo, esto refleja la presencia y actitud con la que podemos influir positivamente en nuestro entorno familiar, laboral y ministerial.
Te sorprendería darte cuenta cuantas mujeres te admiran, encuentran belleza a tu alrededor y la huella que tu liderazgo ha hecho en quienes te rodean. Cuando tu floreces otras mujeres florecen contigo.
Tienen raíces firmes y crecimiento paciente
Las jacarandas tardan años en desarrollarse plenamente, pero cuando crecen, permanecen fuertes y resistentes. El liderazgo no se construye de manera apresurada; requiere de tiempo para desarrollarse mediante experiencias, procesos, aciertos y errores que llevan a adquirir la madurez y el carácter probado.
También se requiere profundidad en el conocimiento, vida interior, convicciones claras y una relación sólida con Dios y con las demás personas. De igual manera, se necesita constancia: permanecer fieles, aunque no seamos reconocidas. Como lideres, necesitamos seguir sirviendo, aprendiendo y avanzando, incluso en tiempos difíciles o de silencio.
Y, por último, se requieren raíces firmes, formadas por los valores y el carácter que sostienen a la persona cuando llegan las pruebas o dificultades. Estas raíces evitan que como lideres nos derrumbemos.
Sus flores aparecen antes que las hojas
En muchas ocasiones, la jacaranda florece antes de recuperar completamente su follaje. En el liderazgo, esto representa que, aún en los procesos de renovación personal, debemos seguir bendiciendo a otras personas. Nos enseña que debemos continuar cumpliendo nuestro propósito en el liderazgo y el servicio mientras seguimos creciendo o inclusive sanando.
En ocasiones, pensamos hacernos a un lado para completar la renovación que atravesamos y sentirnos listas; sin embargo, es precisamente ahí donde hay una recuperación milagrosa y vemos la fuerza con que seguimos creciendo.
Esparcen sus semillas a la distancia
Las jacarandas producen semillas ligeras que el viento lleva lejos, permitiendo que nuevos arboles crezcan en otros lugares. De la misma manera, en el liderazgo debemos tener la capacidad de multiplicar nuestra influencia, tal y como lo hace CLLI, formando a otras lideres, construyendo y dejando un legado a las mujeres.
Necesitamos comprender que una verdadera líder no solo impacta su presente, sino que prepara y sirve a futuras generaciones.
Finalmente, al igual que las jacarandas, en nuestro liderazgo aparecerán temporadas que pareciera que atravesamos sequedad, cansancio o silencio. Habrá momentos en los que, desde afuera, pareciera que ya no queda fuerza; sin embargo, cuando nuestras raíces permanecen en Dios, seguimos floreciendo. Seguimos dando vida.
La promesa de Isaías 27:6 declara: “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto”. Dios sigue formando mujeres que echan raíces profundas, florecen en su tiempo y llenan de fruto su entorno.
Así como las jacarandas transforman la ciudad cada primavera, también nosotras podemos transformar los lugares donde Dios nos ha puesto. Aún en temporadas difíciles, seguimos sirviendo, levantando a otras, sembrando esperanza y, por la gracia de Dios, seguimos dando vida.

Verónica Rodríguez Navarro es directora de la Escuela de Música y Capacitación Ministerial Hudbe y coordinadora del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI) en la ciudad de México. Tiene un bachiller en Ministerio Musical y Adiestramiento Ministerial por el Seminario Teológico Bautista Mexicano en la Ciudad de México y un certificado en Estudios de Liderazgo por el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI). Actualmente está realizando estudios de maestría en el Seminario Teológico Palmer.
Por Verónica Martínez-Gallegos
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¿Recuerdas la primera vez que aprendiste a andar en bicicleta? Quizá fue de niña, cuando alguien—una mamá paciente, un papá amoroso, una hermana mayor o una tía que creía en ti—corría detrás de ti mientras gritaba: “¡Tú puedes, sigue pedaleando!”
O quizá aprendiste de adulta, en un parque, con una amiga que no se rindió contigo, o con una pareja que te sostuvo del asiento mientras tú dudabas si levantar los pies del suelo. Yo aprendí con mis amigas de la secundaria, ¡y fue muy divertido!
A veces, aprender a pedalear de adultas es incluso más retador; ya conocemos el miedo, ya sabemos lo que es caer. Y, aún así, alguien se coloca a nuestro lado y nos dice que vale la pena intentarlo.
Aprender a andar en bicicleta nunca ha sido sólo sobre equilibrio, técnica o fuerza. También es sobre acompañamiento y confianza en ti misma. Ese instante mágico en que alguien suelta el asiento porque cree que estás lista, incluso antes de que tú misma lo creas, o ese momento en el que por fin te atreves a intentarlo sola.
Pensemos en el aprendizaje de andar en bicicleta como una metáfora de nuestro aprendizaje de habilidades de liderazgo. Aprender algo nuevo de adultas puede sentirse más difícil. Las caídas pesan más. La vergüenza también. El “¿qué dirán?” se vuelve más fuerte. Pero ahí, más que nunca, Dios se hace presente. Porque el aprendizaje en la adultez no es sólo habilidad, es formación del corazón y transformación espiritual. Es un encuentro con la gracia en medio de nuestra vulnerabilidad. Cada vez que te atreves a aprender algo nuevo, estás haciendo un acto profundamente espiritual: Estás reconociendo que no tienes que saberlo todo y que no tienes que hacerlo sola.
La famosa cita atribuida a Ratan Tata dice: “Si quieres caminar rápido, camina sola; pero si quieres llegar lejos, camina acompañada”. Es por esta razón que el acompañamientoen nuestro caminar es un regalo de Dios. Cuando Dios nos va a delegar una tarea, Dios prepara a quien nos va a acompañar para que no caminemos solas y podamos llegar lejos. Esa es parte de la bendición de participar en el CLLI y caminar juntas. Así nos rodeamos de voces, manos, abrazos, consejos y presencias que reflejan el gran amor de Dios.
Esa persona que sostiene tu bicicleta no llegó a tu vida por accidente. Tampoco son accidentales las mujeres que te acompañan hoy. Son las mujeres que oran por ti, que te animan cuando tu fe flaquea, que celebran contigo cuando avanzas o que te levantan cuando te caes.
En su libro, Atrévete a liderar, la escritora y académica Brené Brown menciona: “Rodearte de personas que quieran verte crecer es un acto de valentía y sabiduría.” El poder de alguien que cree en tiy que te anima desde la orilla del camino al aprender algo nuevo, ya sea un idioma, una habilidad o un rol de liderazgo, siempre hace que la carga se sienta más ligera. Todas las personas necesitamos, en diferentes etapas de la vida, una “mano en el asiento de la bicicleta”.
Hay momentos en los que Dios nos llama a avanzar hacia algo nuevo, tal vez un nuevo rol, temporada, ministerio o nivel de fe. A veces ese llamado se siente exactamente como subirse a una bicicleta por primera vez: el corazón late rápido, nos sudan las manos, y nos preguntamos si realmente estamos listas. Pero en el reino de Dios, el aprendizaje no se construye sobre la perfección, sino sobre la confianza.
Antes de que des el primer pedalazo, Dios ya está detrás de ti, sosteniendo el asiento con una ternura que supera todo entendimiento. Quizá tú tiemblas de miedo, pero Dios no. Muchas veces sentimos que damos pedalazos solas, pero Dios susurra: “No temas, porque yo estoy contigo…” (Isaías 41:10).
En la Biblia encontramos un hermoso ejemplo en Rut y su proceso de aprendizaje. Aunque la Biblia no habla de bicicletas, sí habla de acompañamiento entre mujeres. Al Rut enfrentar un futuro incierto, aprendiendo una nueva cultura, costumbres, idioma y forma de vivir, Noemí la acompaña. Noemí la guía, aconseja, instruye e impulsa.
Y Rut, con humildad y valentía, se deja acompañar. El liderazgo no siempre comienza con saber qué hacer, sino con estar dispuestas a aprender. Como líderes latinas, podemos vernos reflejadas en Rut: mujeres que migran, avanzan, aprenden, construyen y se reconstruyen… pero no solas.
Cuando Rut dejó Moab, no sólo cambió de tierra, sino que también de cultura, rutina, lenguaje, creencias y vida. Rut estaba aprendiendo a vivir de nuevo, paso a paso, pedalazo a pedalazo.
Y en ese proceso, Dios no la dejó sola. Noemí fue su guía, acompañante, sostén y sabiduría. Fue la mano en el asiento de la bicicleta.
Dios no desamparó a Rut en su transformación y no te desamparará a ti en la tuya. ¿Recuerdas quién fue tu Noemi? ¿Quién te enseñó a andar en bicicleta? ¿Recuerdas la mirada, la voz, la presencia que te animó? Es posible que hoy, en este mismo momento, Dios también te esté mostrando nuevas “entrenadoras de bicicleta” —mentoras, hermanas, consejeras — que Dios ha puesto para sostenerte mientras aprendes algo nuevo.
En nuestro crecimiento deauto confianzahay que aprender a pedalear con Dios y, por lo tanto, a pedalear con propósito y fe. Ser una mujer latina en liderazgo es un llamado profundo. Es una combinación divina entre valentía, servicio, compasión y fuego interior. (Jeremias 20:9) Pero también es un llamado a caminar acompañadas, entretejidas en la comunidad de fe que Dios nos regala, y a creerle a Dios mientras crecemos y desarrollamos nuestra auto confianza.
Dios no te pide que pedalees sola. Dios te sostiene, guía, acompaña, y pone a otras mujeres en tu camino para hacerlo contigo.
Así que hoy te pregunto desde el corazón: ¿A quién ha puesto Dios a tu lado en esta etapa?
¿A quién está llamando Dios para que tú acompañes? ¿Y hacia dónde te invita Dios a avanzar ahora?
Dios ya está contigo en el camino. Sólo falta que te subas, respires profundo… y empieces a pedalear.

La Reverenda Verónica Martínez-Gallegos, M.Div., BCC, es capellana y educadora certificada ACPE. Además, sirve también junto a su esposo, quien es miembro del equipo pastoral en la Primera Iglesia Bautista de Duncanville, Texas. Verónica es graduada del CLLI y sirve en el Instituto como presidenta del consejo directivo y miembro de la facultad.
Por Marcela Ordaz
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En marzo, la naturaleza en el hemisferio norte, México, donde yo vivo, recibe una orden clara: ¡Es hora de renacer!
Vemos los árboles con sus brotes nuevos, tirando las hojas secas para darle espacio a las nuevas, a las flores brotando sus primeros botones del año, a las abejas merodeando y todo el ecosistema preparándose para esta nueva temporada. Pero el árbol que hoy ves lleno de flores no se hizo fuerte esta mañana; trabajó sus raíces en silencio durante todo el invierno.
Para que tu liderazgo estalle en vida este año, necesitas activar el Efecto Raíz Fuerte.
No importa la temporada que hayas pasado, marzo es un mes de renacimiento. Muchas personas esperan grandes resultados sin preparar la base, pero hoy queremos recordarte que una raíz profunda y una poda a tiempo son la clave para ser el árbol más verde del jardín. Job 14:7-9 nos da esa esperanza: “si el árbol fuere cortado… al percibir el agua florecerá”. No importa tu historia previa, hoy el agua de la oportunidad está corriendo y puedes volver a brotar.
Aquí tienes tres pasos para renovar tu liderazgo este mes:
🌱 1. Enraizada en propósito
Para crecer alto, primero hay que ir profundo. Hebreos 12:1 nos invita a “despojarnos de todo peso”. Ser una líder significa soltar dudas y comparaciones que no te dejan elevarte. Cuando enfocas tu energía sólo en lo que Dios puso en tu corazón, tus raíces se vuelven invencibles.
✂️ 2. La poda que fortalece
A veces nos asusta perder algo, pero en Juan 15:2 leemos que el jardinero “limpia al que lleva fruto, para que lleve más fruto”. Decir “no” a las distracciones, a los compromisos innecesarios y a la sobrecarga es simplemente hacer espacio para tu mejor versión. Recuerda: la poda no es pérdida, es preparación para una cosecha mayor.
🌸 3. Tiempo de florecer
Cantares 2:11-12 celebra que “ha pasado el invierno… el tiempo de la canción ha venido”. Marzo no es sólo un cambio en el calendario, es la invitación de Dios para que brilles. Es momento de mostrar tus talentos, compartir tus frutos y liderar con amor.
✅ Checklist de primavera
Te invito a usar esta guía para trabajar en lo que nadie ve: tus raíces.
[ ] Limpieza: Suelta hoy mismo una actividad que agote tu propósito.
[ ] Nutrición: Dedica 15 minutos a solas con Dios o a aprender algo nuevo.
[ ] Poda: Identifica una excusa que te detiene y toma acción ahora.
[ ] Luz: Envía un mensaje de ánimo a otra mujer en su camino de liderazgo.
[ ] Fruto: Agradece al final del día por un pequeño avance logrado.
Hoy es el día perfecto para dejar de ser una espectadora y convertirte en la protagonista de tu propia primavera. ¿Cuál de los puntos de la Checklist vas a activar hoy mismo? Te invito también a compartir este mensaje con una mujer que necesite recordar que sus raíces tienen el poder de volver a florecer.
La primavera no espera a que estés lista, ella llega para recordarte que ya tienes todo el potencial para brotar. ¡Sé el árbol que inspira a todo el jardín!

Marcela Ordaz es graduada del CLLI y sirve como miembro del consejo directivo y de la facultad del mismo. Además, es apasionada por la organización de eventos industriales y se desempeña en el rol de directora de ventas en FABTECH México desde 2005 y como anfitriona del podcast Industrial Talks LA. Su compromiso se centra en impulsar la educación, capacitación y empoderamiento, especialmente dirigido a mujeres en organizaciones sin fines de lucro.
Por Eunice Villaneda-Bolaños
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En Estados Unidos, así como en muchos otros países, febrero se asocia comúnmente con el amor romántico debido al Día de San Valentín, que se celebra el 14 de febrero. Incluso antes de que terminen las fiestas navideñas, las tiendas comienzan a exhibir decoraciones, dulces y regalos de San Valentín, e inmediatamente después del Año Nuevo, las redes sociales se inundan de publicidad sobre este tema. El Día de San Valentín se ha considerado con frecuencia como algo que existe principalmente con fines comerciales. Tras semanas de campañas publicitarias, muchas personas se sienten obligadas a comprar algo para su pareja como muestra de su amor.
Las instituciones religiosas se han sumado a esta celebración y conmemoran el amor romántico entre parejas porque refleja el amor que Dios tiene por la humanidad. El amor romántico puede ser en ocasiones un fiel reflejo del amor divino, ya que comparte algunas de las mismas cualidades que le atribuimos a Dios: compromiso, altruismo, vulnerabilidad y entrega incondicional. A diferencia de la atracción superficial o el enamoramiento pasajero, el amor romántico profundo implica elegir a la otra persona de forma constante, incluso en los momentos difíciles. En ese sentido, refleja la manera en que Dios elige, sostiene y permanece fiel a la humanidad.
Más recientemente, en los Estados Unidos ha surgido una tendencia creciente conocida como el “Día de las Amigas” (Galentine’s Day). La serie de televisión Parks and Recreation la ha hecho popular como una celebración alternativa, la cual se celebra el 13 de febrero y rinde homenaje a la amistad entre mujeres. Ofrece una oportunidad para que amigas, tanto solteras como con pareja (generalmente mujeres, aunque no exclusivamente), se reúnan y celebren la amistad femenina a través de mensajes, encuentros e intercambio de regalos.
Este día reconoce los profundos lazos que pueden formarse entre mujeres, conexiones que a menudo van más allá de la amistad tradicional, forjadas por experiencias compartidas, eventos traumáticos o incluso dentro de comunidades como el CLLI. Este vínculo entre mujeres sin duda merece ser celebrado, y estoy convencida de que Dios también está presente en él.
La sociedad suele menospreciar las amistades entre mujeres, considerándolas frívolas. Incluso en la industria del entretenimiento, las relaciones entre mujeres a menudo se trivializan, reduciéndolas a clichés simplistas como el vínculo mágico de la película La hermandad de los pantalones viajeros. Si bien la película es dulce y entretenida, simplifica mucho la realidad de que, en nuestras vidas, las mujeres forjan amistades profundas y duraderas, marcadas por la resiliencia, las experiencias compartidas y una lealtad inquebrantable.
Tal es el vínculo entre Rut y Noemí en el libro de Rut. Noemí es una mujer israelita de Belén, y Rut es su nuera moabita, perteneciente a un pueblo considerado extranjero y a menudo despreciado por los israelitas. El libro narra cómo una hambruna obliga a Noemí, su esposo y sus dos hijos a emigrar a Moab. La tragedia no tarda en llegar, cuando Noemí pierde a su esposo y a sus dos hijos, quedándose sola con sus nueras, Rut y Orfa.
Cuando Noemí decide regresar a Belén, insta a las jóvenes a que se queden en Moab y rehagan sus vidas. Orfa acepta a regañadientes, pero Rut se niega y declara:
«¡No me pidas que te deje y me aparte de ti!
A dondequiera que tú vayas, iré yo;
dondequiera que tú vivas, viviré.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
Rut 1:16 (RVC)
La historia de Rut y Noemí es importante porque nos muestra la devoción de Rut hacia Noemí, siendo uno de los ejemplos más conmovedores de amor fiel en la Biblia. Nos presenta una historia impulsada casi por completo por las decisiones, la valentía y la resiliencia de las mujeres.
Esta historia de Rut y Noemí me hizo recordar a mi amiga Rachael, a quien conocí hace más de una década en un partido de sóftbol de la empresa de mi hermano. Ellos jugaban en el mismo equipo. Le llamó la atención la forma en que yo los animaba, y nos hicimos amigas al instante. Esa amistad nos llevó a una aventura de 12 días por Tailandia y Camboya y nos ha acompañado a través de importantes cambios en nuestras vidas, tales como el matrimonio y la llegada de los hijos.
Recientemente, decidimos hacer un viaje corto a la Ciudad de México. Poco después de aterrizar, Rachael comenzó a experimentar problemas de salud. Al principio, pensamos que se trataba de alergias o de una reacción a la contaminación de la ciudad. La noche después de nuestra visita a Teotihuacán para dar un paseo en globo aerostático, su salud empeoró drásticamente. Fue trasladada de urgencia en ambulancia desde nuestro hotel al hospital, con un nivel de oxígeno en la sangre de 63. Para que se den una idea, durante la cúspide de la pandemia, los niveles inferiores a 90 justificaban una visita a la sala de emergencias. Los médicos estaban asombrados de que aún estuviera consciente. En medio del miedo y la incertidumbre, no me separé de su lado. Traduje, me encargué de la logística e hice todo lo posible para ayudar. Los médicos le hicieron numerosas pruebas, pero no pudieron determinar la causa, y pasarían días antes de que tuvieran respuestas.
Afortunadamente, mi amiga se recuperó por completo. Sus síntomas desaparecieron tan rápido como aparecieron, lo que llevó a los médicos a creer que había sufrido un edema pulmonar por la gran altitud. Si bien se recuperó físicamente, quedó claro lo cerca que estuvo de morir. Ese trauma forjó un vínculo más profundo entre nosotras. En la vida cotidiana, las amistades pueden basarse en la personalidad, el humor o los intereses compartidos. Los momentos traumáticos quitan todo eso; no queda energía para fingir ni para impresionar. Lo que queda es la honestidad: miedo, dolor, confusión. Cuando una amiga te acompaña en ese espacio sin turbarse, la confianza se fortalece rápidamente. Mi amiga casi muere, y en esa crisis, nos vimos tal como somos, en un momento marcado por el miedo y la incertidumbre.
Más recientemente, pude ser testigo de cómo este vínculo también se forja en el CLLI. En octubre, tuve la oportunidad de asistir a la capacitación para profesoras y coordinadoras en San Antonio, Texas. Durante esta capacitación, fui testigo de primera mano de los lazos que se crean entre las mujeres en el CLLI. Ver cómo se fortalece el vínculo entre estas mujeres es una experiencia conmovedora y llena de energía. Cuando las mujeres se unen para afrontar desafíos, compartir objetivos o simplemente para sobrellevar los altibajos del trabajo diario, las amistades se vuelven más profundas y más allá de una simple conexión superficial. Estas relaciones se basan en el apoyo, la comprensión y el estar presentes unas para otras en momentos de incertidumbre. En estos espacios, la amistad no se trata de conveniencia, sino de elegir apoyarse mutuamente, animarse unas a otras y confiar en que juntas pueden lograr mucho más de lo que podrían lograr individualmente.
El vínculo increíble que se forja entre mujeres debe celebrarse, ya que este tipo de amistad se nutre del amor, la lealtad y la confianza, cualidades que reflejan el carácter de Dios. Dios es el modelo del amor perfecto (desinteresado, paciente y perdonador), ofreciendo a las amigas un ideal al cual aspirar y una fuente de fortaleza cuando las relaciones humanas flaquean. Durante este mes del amor, las animo a que se acerquen a las mujeres con las que comparten una amistad especial y la celebren, porque Dios también está presente en ella.

Eunice Villaneda-Bolaños es candidata a doctorado en Claremont School of Theology, donde actualmente está terminando su tesis. Su investigación examina lo que significaba ser una profetisa en el cristianismo valentiniano, desarrollando un modelo basado en el análisis histórico e intercultural y situándolo en el contexto mediterráneo grecorromano más amplio. También realiza prácticas profesionales en el CLLI a través de un programa patrocinado por el Hispanic Theological Initiative.
Por Patty Villarreal y Nora O. Lozano
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La transición a un nuevo año suele estar marcada por la gratitud por el año anterior. Las personas también abrigan la esperanza de que el nuevo año sea mejor que el pasado.
De manera similar, las transiciones a una nueva etapa de la vida suelen estar marcadas por la gratitud y la esperanza. Este fue sin duda el caso aquí en el CLLI, donde nosotras (Patty y Nora) tuvimos la oportunidad de celebrar junto con muchas amistades y colaboradores del CLLI, el 20º aniversario de la organización. Mientras preparábamos el evento principal de celebración, que tuvo lugar el pasado mes de octubre, tuvimos la oportunidad de reflexionar con gratitud sobre la historia del CLLI y de mirar con gran esperanza hacia los próximos veinte años.
Al finalizar este año de celebración, queremos compartir con ustedes algunos de los momentos y logros claves del CLLI durante estos últimos años, y queremos invitarles a soñar con nosotras sobre el futuro.
Celebramos con mucha gratitud:
– La bendición de ser receptoras de la gracia y el favor de Dios.
– El desarrollo de un currículo de liderazgo transformacional desde la perspectiva de las mujeres cristianas latinas.
– La oportunidad de capacitar a más de 700 mujeres latinas y latinas de corazón en siete áreas geográficas diferentes.
– La celebración de treinta ceremonias de graduación.
– El apoyo que recibimos de la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas, durante los primeros años del CLLI.
– La transición a una organización sin fines de lucro registrada en el estado de Texas.
– La generosidad de donantes, amistades, iglesias y organizaciones que nos ha permitido continuar con este ministerio.
– Las miembros fieles de la junta directiva, personal, grupo de profesoras y coordinadoras del CLLI que han sido esenciales para el desarrollo y el éxito del Instituto a través de los años.
Cada una de estas afirmaciones encierra en sí misma múltiples historias y acontecimientos que llenan nuestros corazones de gratitud. Verdaderamente podemos decir: Ebenezer, hasta aquí nos ha ayudado el Señor (1 Samuel 7:12).
Gracias a que podemos dar testimonio de la fidelidad y la bondad de Dios durante los últimos veinte años, podemos soñar con ilusión con los próximos veinte años. Estos sueños están guiados por la visión y la misión del CLLI.
Visión
Mujeres empoderadas en liderazgo impactando el mundo desde una perspectiva cristiana.
Misión
Proveer un semillero académico para el desarrollo de mujeres líderes cristianas desde una perspectiva latina.
Estos son algunos de nuestros sueños para el futuro:
– Continuar recibiendo las bendiciones de Dios.
– Continuar sirviendo a Dios fielmente mientras cumplimos la visión y la misión del CLLI.
– Ser testigos de la transformación en el nombre de Cristo de cientos y cientos de latinas y latinas de corazón.
– Expandir nuestras áreas de servicio en los países donde ya tenemos presencia y ofrecer la capacitación del CLLI en nuevos países.
– Continuar ofreciendo en las capacitaciones del CLLI un currículo que sea siempre relevante y actualizado.
– Continuar conectándonos con las graduadas y exalumnas del CLLI mientras desarrollamos un currículo más sólido para la educación continua en liderazgo.
– Continuar la colaboración con personas, iglesias y organizaciones que comparten la misma visión de empoderar a latinas y latinas de corazón a través de la educación transformacional en liderazgo.
– Contar con un mayor número idóneo de personal, profesorado y coordinadoras del CLLI, que apoyen el cumplimiento de estos sueños.
– Seguir contando con una junta directiva fiel que guíe y supervise el trabajo del CLLI.
Mientras visualizamos e implementamos estos sueños, les invitamos a unirse a nosotras y a ayudarnos a hacerlos una realidad, primero orando por el CLLI y, segundo, apoyándonos con sus donaciones económicas y en especie. Dependemos de colaboradores generosos como ustedes para continuar con este ministerio de transformar la vida de las mujeres en el nombre de Cristo.
Dado que podemos dar testimonio de la fidelidad de Dios durante los últimos veinte años, creemos que los próximos veinte años serán aún más brillantes. ¿Le gustaría unirse a nosotras para que juntos veamos cómo se desarrolla este futuro brillante?

Patty Villarreal, LMSW, es cofundadora del CLLI y miembro del cuerpo docente. Después de trabajar 43 años como trabajadora social, se jubiló y continúa colaborando como voluntaria en diferentes iglesias y ministerios comunitarios.
Nora O. Lozano es directora ejecutiva y cofundadora del Christian Latina Leadership Institute (CLLI), y ha estado involucrada en el campo de la educación teológica cristiana por más de 25 años.
Por Nora O. Lozano
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Al acercarnos al fin de año, diferentes cadenas de noticias han estado informando sobre los principales acontecimientos de este año, así como sobre los desafíos para el próximo año 2026.
Mientras veía CNN, la presentadora de noticias preguntó sobre los principales desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día (no recuerdo el programa específico ni los nombres de la presentadora o comentaristas). Una de las comentaristas respondió que nos enfrentamos a tres grandes problemas: vivienda, atención médica y educación superior. Explicó que estos tres asuntos están afectando la vida de los ciudadanos en Estados Unidos, ya que la población de este país tiene dificultades para cubrir los aumentos en los costos de la vivienda (hipoteca o alquiler), la atención médica y la educación superior.
Si eres lector de otro país, es posible que los tres o cuatro problemas con los que tú y tus vecinos se enfrentan estén relacionados con otras situaciones que dependen de sus contextos culturales particulares. Tal vez son la migración, la violencia, el narcotráfico, las pandillas, los feminicidios o algún otro problema social importante.
El hecho es que todas las personas enfrentaremos desafíos durante este nuevo año 2026, los cuales pueden ser personales o sociales.
Volviendo a mi contexto en los Estados Unidos de América, resultó que todos estos desafíos comienzan con la letra “H” en inglés (Housing – vivienda; Health care – atención médica; y Higher education – educación superior). Al reflexionar sobre esto, me di cuenta de que falta una “H”. Es la “H” de la palabra esperanza, la cual comienza con “H” en inglés (Hope)*.
En mi vida como cristiana y como teóloga, me he dado cuenta de que la esperanza es un elemento fundamental y vital en el cristianismo. De hecho, la esperanza es una de las características distintivas del cristianismo. Como personas cristianas, esperamos reencontrarnos con nuestros seres queridos en el cielo; esperamos un futuro mejor; esperamos superar nuestros problemas graves; esperamos que las relaciones complicadas mejoren; esperamos que Dios actúe en nuestro favor; esperamos que nuestras vidas sean mejores porque Jesús nos ha prometido una vida abundante, que comienza aquí y ahora. Podría seguir enumerando la estrecha relación que existe entre el cristianismo y la esperanza.
En su ensayo sobre la esperanza, S. H. Travis menciona que: “Tener esperanza significa esperar con expectación la acción futura de Dios. El fundamento de la esperanza es la actividad pasada de Dios en Jesucristo, quien señala el camino hacia los propósitos de Dios para su creación”. (New Dictionary of Theology, p. 321).
Si el fundamento de la esperanza cristiana se basa en la obra de Dios tal como la ejemplificó Jesucristo, entonces debemos tener paz al pensar en lo que nos deparará el año 2026, independientemente de lo que digan las noticias. Podemos confiar en que el 2026 será un buen año porque sabemos que Dios tiene un buen plan para nosotros. Esto no significa necesariamente que será un año fácil. Es posible que enfrentemos algunas dificultades y desafíos, pero la buena noticia es que no los enfrentaremos solos, porque Dios siempre está con nosotros.
Como líderes cristianas, debemos abrazar y vivir esta esperanza que afirma que Dios siempre está con nosotros y que tiene un buen plan para nuestras vidas. Esta esperanza debe ser un distintivo de nuestras vidas como líderes.
Además, como líderes cristianas que vivimos con esta esperanza, debemos ser como Jesús, portadoras de esta esperanza. Necesitamos compartirla en todos nuestros círculos de influencia: familia, iglesia y comunidad. Al reflexionar sobre cómo compartir esta esperanza, vayamos más allá de las palabras y las ideas, y vivamos de una manera que refleje la vida de Jesús. Él conectó todas sus acciones con los propósitos y planes de Dios.
Al comenzar el año 2026, con todos sus posibles desafíos, acordémonos de la esperanza. Aunque el panorama, según las noticias pueda parecer difícil y desalentador, regocijémonos de tener una esperanza que incluye un futuro marcado por la presencia de Dios y sus buenos planes.
Con esto en mente, entremos al año nuevo con esperanza, confiando en aquel que tiene el futuro en sus manos.
¡Feliz y bendecido Año Nuevo para ti y para tus seres queridos!
*Nota de traducción: Este blog fue escrito originalmente en inglés y, por lo tanto, es posible que algunas partes de la traducción al español no reflejen exactamente el significado original.

Nora O. Lozano es directora ejecutiva y cofundadora del Christian Latina Leadership Institute (CLLI) y ha estado involucrada en el campo de la educación teológica cristiana por más de 25 años.
Por Verónica Martínez-Gallegos
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Estamos viviendo tiempos donde la ansiedad se hace presente en nuestra vida cotidiana de forma aguda. Y no hablo de la ansiedad como una enfermedad mental, sino como un afán por las preocupaciones de la vida cotidiana que nos roba la paz. Sobre todo, en estos tiempos de incertidumbre y escasez de alimento, seguridad y estabilidad económica. Entonces, ¿Cómo evitamos sentir ansiedad por un futuro incierto al recordar el cuidado y el amor de Dios?
La palabra “ansiedad” viene del verbo griego miremnao, que significa “estar dividido o distraído”. En latín, la misma palabra se traduce anxius y añade el matiz de “ahorcar o estrangular”. De allí deriva la palabra en castellano ansiedad. Entonces en tiempos difíciles, la ansiedad amenaza con estrangular nuestra vida, dejándonos asfixiados por el temor.
La ansiedad a la larga drena nuestros recursos y nos deja en banca rota emocional e inmovilidad espiritual. Por esta razón es preciso hacerle frente cuando se nos presenta en tiempos difíciles.
El mal de la ansiedad no es nada nuevo. La biblia habla mucho sobre este tema.
En la parábola del sembrador en Marcos 4, el maestro Jesús pintó en la mente de sus oyentes un cuadro de un agricultor sembrando en cuatro tipos de terreno. En ese cuadro él menciona en el verso 7 que parte de la semilla sembrada entre espinos fue ahogada y no dio fruto.
Más adelante Jesús da la interpretación de la parábola a sus discípulos al explicar que muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones (ansiedad) de esta vida, el atractivo de la riquieza y el deseo por otras cosas, asi que no se produce ningun fruto. Marcos 4:18-19 (NTV).
Aquí la ansiedad brota como hierba mala y espinas, y crece alrededor de la Palabra de Dios, ahogando la vida y la paz que ésta pueda dar. En la lección de la semilla y el terreno, Jesús hace una conexión directa entre los efectos devastadores de la ansiedad y la estrangulación que nos asfixia.
En su libro titulado Cuando se atraviesa tiempos difíciles: ¡Si no es una cosa es otra!Charles R. Swindoll dice que “la ansiedad es dolorosa intranquilidad de la mente que se alimenta con miedos inminentes (amenazadores)”. En otras palabras, la ansiedad nace en nuestra mente y nos atemoriza por cosas que quizá nunca van a ocurrir.
Además, la ansiedad crea efectos malos tales como ataques de pánico y debilidad física y espiritual. Veamos algunos ejemplos, la ansiedad:
–nos hace dudar de Dios y de que Dios es bueno para suplir todo lo que nos falte.
–ahorca lo bueno de Dios en nuestra vida, nuestra fe.
–nos impide distinguir entre lo principal y lo secundario convirtiéndonos en personas que pierden el enfoque de lo importante. Al producir dudas y temores, la ansiedad hace que nos distraigamos con lo temporal y al mismo tiempo descuidemos lo eterno.
–nos hace pensar en cosas que quizá nunca pasarán. Se dice que más del 90% de las cosas por las cuales nos preocupamos nunca acontecerán.
–nos roba la alegría y hace que nos convertimos en personas negativas. Tristemente llevaremos nuestra ansiedad a otras personas.
Entonces, ¿hay algún antídoto para la ansiedad?
El Apóstol Pablo nos da palabras alentadoras:
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis “afanosos”, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:4-7 (RV 60)
Si actualmente estamos pasando tiempos de ansiedad, leamos Proverbios 12:25 (DHH):
La ansiedad en el corazón del hombre [mujer] lo deprime, más la buena palabra lo alegra.
¿Qué dice Jesús sobre la ansiedad? “NO te preocupes”. No vas a ganar nada con preocuparte.
En Mateo 6 nuestro Señor Jesús dio el remedio para la ansiedad. Tomando en cuenta las preocupaciones más comunes de las personas, él procedió a darnos una sabia ilustración para combatir este mal tan grande.
Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? Mateo 6: 25 y 26 (NTV)
Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy. Mateo 6:34 (NTV)
Si nos enfocamos en el afán y las preocupaciones, nunca sabremos qué es lo que Dios realmente quiere hacer en nuestra vida.
La raíz de la ansiedad es el temor al futuro. Al saber Jesús que la preocupación o la ansiedad sería un dilema que enfrentaríamos el día de hoy, nos manda que no nos preocupemos y que no dejemos que la ansiedad se enraíce en nuestras emociones, en las altas expectativas que tenemos de la vida o de las personas o en asuntos del pasado. Jesús nos invita a ponerle un alto a la preocupación.
Si bien esta temporada del año nos puede traer mucho regocijo, también nos puede traer ansiedad y preocupación debido a las demandas tanto económicas como de tiempo y esfuerzo que enfrentamos. Si en algún momento en estos días la ansiedad o la preocupación nos quieren robar el gozo y la paz, aceptemos la invitación de Jesús a ponerle un alto a la preocupación y a confiar en la provisión de Dios y que Dios tiene cuidado de nosotras siempre.

La Reverenda Verónica Martínez-Gallegos, M.Div., BCC, es capellana y educadora certificada ACPE. Además, sirve también junto a su esposo, quien es miembro del equipo pastoral en la Primera Iglesia Bautista de Duncanville, Texas. Verónica es graduada del CLLI y sirve en el Instituto como presidenta del consejo directivo y miembro de la facultad.
Por Patty Villarreal
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“…Cada una de ellas será una señal. Y el día de mañana, cuando los hijos les pregunten a sus padres qué significan estas piedras, 7 ellos les responderán: ‘Cuando el pueblo cruzó el Jordán, las aguas del río se partieron en dos delante del arca del pacto del Señor. Así que estas piedras son para que los hijos de Israel recuerden siempre lo que aquí pasó …’”
Josué 4:6-7 (RVC)
Cuando lean este blog, estaremos a pocos días de la celebración del 20º aniversario del CLLI, que se celebrará el 25 de octubre en San Antonio, Texas, ciudad natal del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI). ¡Veinte años! Lo que no sabían dos líderes latinas que se conocieron en 2004 es que Dios las usaría para plantar las semillas del comienzo de un movimiento internacional para capacitar a mujeres líderes cristianas desde una perspectiva latina.
Brevemente, para quienes no conocen la historia de los inicios del CLLI, la Dra. Nora O. Lozano y yo nos conocimos en la Universidad Bautista de las Américas (BUA). Después de completar mis estudios superiores, obtener mi licencia como trabajadora social (LMSW) y trabajar en otros campos de trabajo social, regresé a trabajar para Buckner Children and Family Services. Uno de mis roles en Buckner fue servir como maestra de trabajo social en la universidad. Sin experiencia docente en la educación superior, Nora fue designada como mi mentora en su vocación como profesora universitaria. Pronto se dio una amistad.
Normalmente, trabajadoras sociales y teólogas sistemáticas no conviven entre sí. Dios tenía otros planes. Encontramos puntos en común como hermanas en Cristo y como líderes latinas. Como líderes en nuestros respectivos campos, nos pedían formar parte de comités, grupos de trabajo y reuniones estatales, nacionales e internacionales. Al reflexionar sobre estas invitaciones y rechazar algunas de ellas, nos dimos cuenta de que había una enorme necesidad de llenar los vacíos en estas áreas de liderazgo. Se necesitaba que latinas estuvieran presentes en discusiones importantes y donde se tomaban decisiones que afectan a las iglesias y comunidades.
A través de mucha oración, discusiones entre nosotras y consultas con otras líderes latinas en nuestros círculos, se plantaron las semillas del instituto. El Dr. Albert Reyes, entonces presidente de BUA, aprobó que siguiéramos adelante con esta iniciativa. Se necesitaron 15 meses de preparación para iniciar la primera capacitación en enero de 2007 como una clase intensiva en la universidad.
Una particularidad de esta clase del período de enero fue que, junto con las estudiantes de BUA que tomaban el curso de liderazgo para obtener créditos universitarios, también se invitó a inscribirse a mujeres seleccionadas de la comunidad. Estas mujeres eran líderes de la iglesia y del estado. Juntas, participaron y estudiaron en un curso intensivo de una semana (de 9:00 am a 9:00 pm). El grupo docente estaba compuesto por profesoras de BUA y mujeres líderes a nivel estatal y nacional. Otra característica singular fue que el curso se impartió en el Campamento Buckner, cerca de Marble Falls, Texas. Esto se pudo lograr con la ayuda, nuevamente, del Dr. Albert Reyes, quien para entonces había empezado a servir como presidente de Buckner Children and Family Services. Queríamos crear un entorno donde las estudiantes pudieran conectarse entre sí sin sus responsabilidades domésticas y donde pudieran concentrarse en aprender, desarrollar amistades y relaciones y descansar en un ambiente de campamento.

Hay mucho que decir sobre la increíble experiencia que las estudiantes de BUA, las mujeres de la comunidad y el personal docente, compartieron en el momento de la evaluación al final de la semana. Nora y yo quedamos impresionadas por sus respuestas entusiastas y su insistencia en continuar con más materiales y clases. Recuerdo como si fuera ayer la conversación que tuvimos Nora y yo en el camino de regreso a San Antonio. Sabíamos que esto era más que una clase intensiva. Sabíamos que este movimiento tenía que ser plan de Dios y que Dios nos estaba usando para llevarlo al siguiente nivel.
Desde entonces, nos convertimos en un Instituto de BUA y, junto con un grupo de líderes latinas asesoras, ampliamos el programa académico y desarrollamos el currículo del CLLI. En 2015, solicitamos y recibimos la certificación 501©3 como organización sin fines de lucro del estado de Texas. Nuestras asesoras se convirtieron en miembros del consejo directivo. En estos 20 años, hemos capacitado formalmente a líderes en cohortes ubicadas en Estados Unidos de América en Texas y Carolina del Norte, en México en Monterrey, Metepec y Ciudad de México, y en Barranquilla, Colombia.
Como cofundadora, escribo esto con ojos llorosos. Me siento honrada. De acuerdo a la historia en estos versículos, Josué había instruido a los líderes de las 12 tribus de Israel para que tomaran cada uno una piedra de en medio del río Jordán, mientras los sacerdotes sostenían el Arca del Pacto al cruzar el río. Las piedras debían servir como recordatorio para los israelitas de las acciones poderosas, la fidelidad y la provisión de Dios.
Mis lágrimas surgen del recuerdo de mis “piedras” simbólicas, las innumerables mujeres que han sido alumnas y graduadas de las capacitaciones del CLLI. El privilegio de escuchar sus historias, tanto entonces como ahora. Historias de empoderamiento gracias a las clases y las conexiones que hicieron con las mujeres que conocieron, tanto profesoras como compañeras de estudios. He sido testigo de su caminar hacia la libertad de estereotipos y del romper con ataduras que las hacían creer que como mujeres son ciudadanas de segunda clase en el Reino de Dios. Tantas historias con un mensaje de aliento y motivación de “Sí se puede”, donde los estudiantes de CLLI se animan a continuar con sus estudios y su educación superior, a identificar o definir su llamado en la iglesia o en el mundo secular, a desarrollar nuevas amistades y hermandades, y a cultivar una relación más fuerte con Dios.
Todo esto se debe a una cita divina que Dios orquestó hace 20 años: una conexión entre dos líderes latinas que operaban en diferentes círculos. Fue arriesgado porque desafiamos muchas normas al crear el CLLI, pero Dios ya había “abierto el Jordán” y había dicho “¡Adelante”! Y nosotras le seguimos.
Gracias, Dios, por tu fidelidad y provisión mientras seguimos con la trayectoria del Instituto Cristiano para Líderes Latinas. Gracias también a quienes han apoyado este ministerio con sus oraciones y recursos. Ustedes también son parte de esta historia y celebramos su apoyo fiel.
Finalmente, agradecemos a todas los estudiantes y graduadas del CLLI que han participado en las capacitaciones del Instituto. Gracias por confiarnos su formación y desarrollo como líderes.
Al continuar con la celebración de estos 20 años de servicio, también estamos emocionadas anticipando las grandes cosas que Dios hará en el futuro con este ministerio.
Les invitamos a unirse a este ministerio para poder seguir transformando las vidas de muchas mujeres en el nombre de Cristo durante los próximos 20 años. Por favor, consideren incluirnos en sus oraciones y contribuir con recursos financieros. Para ayudarnos a alcanzar nuestra meta de aniversario de recaudar $20,000, por favor, haga clic aquí: https://www.christianlatinaleadershipinstitute.org/friends-donors
¡Adelante en el nombre de Dios!

Patty Villarreal, LMSW, es cofundadora de CLLI y miembro del cuerpo docente. Después de trabajar 43 años como trabajadora social, se jubiló y continúa sirviendo como voluntaria en diferentes iglesias y ministerios comunitarios.
Por Anna Rodriquez
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Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas. Josué 1:9 (NVI)
Al enfrentar los desafíos políticos y sociales, demostrar audacia sirve como una postura mesurada contra la aprensión y la negatividad. Implica articular las propias perspectivas a pesar de la incertidumbre, aceptar el cambio y apoyar firmemente los valores y aspiraciones personales. Esta valentía surge internamente, no del estímulo externo.
Este principio guió mi respuesta a una situación reciente. Hace poco, recibí una invitación de unas clientes antiguas para desayunar y reconectarnos. Dudé, preguntándome si podría acomodar mis compromisos, pero me di cuenta de que salir de mi zona de confort se alineaba con mis valores. Aunque inicialmente me incliné a rechazar la invitación, el entusiasmo genuino en su voz me impulsó a aceptar.
Las señoras habían planeado cuidadosamente un desayuno para que pudiéramos reconectarnos y compartir historias sobre los éxitos de sus hijos y sus crecientes familias. Cuando me agradecieron, respondí que toda la honra pertenece a Dios, y añadí: “Ustedes hicieron el trabajo difícil; yo hice el trabajo del corazón”. Les recordé que la audacia significa asumir riesgos y actuar con valentía, especialmente ante la incertidumbre.
Elogié a las mujeres por aceptar la incomodidad al probar cosas nuevas, alzar la voz y enfrentar tareas intimidantes. La audacia no consiste en ser ruidosa ni imprudente; es elegir hablar cuando el silencio es más fácil, expresarse con autenticidad y decir sí a la incertidumbre a pesar del miedo.
Mientras conducía a casa después del desayuno, recibí una llamada de mi hija menor. Me contó sobre una experiencia que había compartido previamente en su grupo de mujeres sobre la salud de su esposo. El no se había estado sentiendo bien y fue ingresado a urgencias, donde el personal médico encontró una obstrucción arterial del 99%; estaba al borde de un infarto. Los médicos recomendaron el colocar un stent. Antes del procedimiento, su esposo mencionó que se sentía ansioso.
Mi hija recordó una frase que la impulsó a orar por él. Después, él se mostró más tranquilo y pasó por la cirugía de una manera exitosa. Mi hija me dijo que durante esos moments sentía mi voz —el aliento de su madre— en lo más profundo de su ser, inspirándola a actuar con valentía. Recordó haberme oído orar con asertividad ante diversas situaciones y, al enfrentarse al miedo, comprendió qué pasos debía dar.
Mientras continuamos nuestra conversación, mi hija puso la cereza en el pastel cuando expresó que después de compartir su oración audaz con el grupo de mujeres, ellas ahora han implementado el “enseñar a sus hijas” a orar en voz alta, con audacia, valentía y fe. La audacia no es una característica reservada para unas pocas personas, ni una cualidad innata, es una habilidad que cualquiera puede cultivar y desarrollar. Al elegir la valentía por encima de la comodidad, y al aceptar el tomar riesgos calculados y acciones intencionales con propósito, las personas pueden crear nuevas posibilidades y oportunidades para sí mismas y para quienes les rodean.
La audacia es una rebelión silenciosa contra el miedo. Es una declaración de que tu voz, tus sueños, tu presencia, importan. Así que sé audaz. No porque el mundo lo exija, sino porque tu alma lo exige.
Más todavía, la audacia representa un desafío mesurado al miedo. Es una clara afirmación de que la voz, las aspiraciones y la presencia de cada persona tienen un valor inherente. Es importante buscar la audacia, no por presiones externas, sino porque se alinea con las convicciones propias.
Como líderes cristianas latinas, los miembros de nuestras comunidades recurren a nosotras con frecuencia en sus momentos más difíciles. En estos momentos de desesperación, animarles a ser audaces y alzar la voz contra el miedo que intenta abrumarlas, se convierte en un poderoso testimonio de fe inquebrantable y confianza en el poder de Dios. Esta respuesta valiente refleja nuestra profunda convicción y demuestra a las personas que servimos a un Dios vivo, atento y receptivo.
Cuando elegimos ser audaces y alzamos la voz con fe, inspiramos a quienes nos rodean a creer en lo imposible, a mantenerse firmes en la verdad y a acercarse al trono de la gracia sin vacilar.

Anna Rodriquez es miembro de la junta directiva del CLLI y se graduó del mismo en 2010. Ha trabajado en el campo de los servicios sociales por más de 25 años y tiene una maestría y una licenciatura en administración pública de la Universidad de Texas, Odessa, Texas.