Trucos para la vida

Por Marcela Ordaz 

Please click here to read in English.

“Compárteme un truco que hayas visto por casualidad un día, y que ahora es una práctica regular inconsciente en tu vida”. Esta frase me desafió por muchos días. Viene de un video viral de TikTok donde miles de personas compartían trucos de todo tipo, desde cómo pelar una papa hasta cómo quedarse dormida más rápido. 

Como seres humanos, siempre buscamos la manera de crecer en las diferentes áreas de nuestra vida.

Dentro de las mejores prácticas que he utilizado recientemente para tener una vida más balanceada está la de escuchar audiolibros, incluyendo la Biblia, lo cual funciona maravillosamente porque me permite avanzar más rápido en la lectura. Además de esto, el escuchar podcasts, entrevistas, biografías, cursos y webinars me ha permitido absorber mucho contenido que me  hizo reflexionar en cómo ser una mejor persona.

Otras prácticas que he desarrollado al lado de mi esposo es la del aprendizaje y la transformación constantes. Reconozco que mi esposo, Diego, es una pieza clave en esto. Hace 10 años iniciamos la aventura de formar un equipo al que nadie puede vencer, porque lo convertimos en un cordón de tres dobleces donde invitamos a Dios a que sea la columna vertebral (Eclesiastés 4:12). Ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar. Sus habilidades sumadas a las mías nos han permitido crecer y descubrir tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, y pulirnos para convertirnos en nuestra mejor versión. Solos no seríamos quienes somos ni estaríamos donde estamos.

La capacidad de asombro es otra práctica que me ha ayudado. Escuché sobre esto en una entrevista con la autora del libro The Wow Effect, MariCarmen Obregón. Ella hace referencia a cuán importante es mantener esta capacidad de asombro. Aún más, ella presenta la sugerencia de que todo lo que tú hagas sea “WOW”; o sea, que cause asombro en las demás personas. Esto implica el dar un extra que la otra parte en la relación no se espere, y sin buscar nada a cambio. Esto te dará “puntos extra” en cualquiera que sea tu actividad. Esta conversación reforzó la parte de ejercitar la madurez emocional, así como la capacidad de desprendimiento y el desarrollo del altruismo.

He aprendido mucho también del libro El Negociador del gran empresario Arturo Elías Ayub, conocido por su famoso programa SharkTank. Parafraseo algo que se me grabó profundamente: “Se puede ser intra-emprendedor; puedes ser un emprendedor aun trabajando dentro de una organización. Puedes hacer una gran diferencia al emprender un proyecto que logre un antes y un después”.

También he aprendido de la famosa golfista mexicana Lorena Ochoa. Ella narra que, en su experiencia profesional, tenía que hacer un entrenamiento mental y, con la ayuda de sus entrenadores, se hacía consciente de todos los detalles específicos del deporte que le permitían concretar o fallar cada golpe. Al final de cada ronda, esto le permitía analizar detalladamente las áreas en las que debía trabajar: mental, física, técnica, rutina o enfoque. Entre las rutinas de Ochoa se encuentra el iniciar cada mañana con agradecimiento. Ella hace notas de las cosas por las que está  agradecida. 

¿A qué voy con esto? 

¿Cuál es mi truco de vida que me permitirá lograr mis metas?

¿Qué tengo en común con todos estos autores y personajes?

Ellos me están influenciando para moldear lo que quiero hacer en este momento. Además, mencionan en sus entrevistas que en sus rutinas o rituales diarios hacen agradecimientos a la vida. Cuentan las cosas positivas.

Estas rutinas de agradecimiento, hasta cierto punto, no son nuevas para mí. Mi mamá me enseñó de niña que, sin importar lo que estés viviendo, “hay que darle gracias a Dios”.

Siguiendo los consejos de Deuteronomio 6:5-8, que dice, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que hoy te he dicho. Incúlcaselas a tus hijos; háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes; átalas a tu muñeca como un signo; llévalas en tu frente como una señal; escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” mi mamá me enseñó a amar a Dios y a ser agradecida.

Mi papá y mi mamá también me enseñaron el consejo del apóstol Pablo, quien compartió esto con la Iglesia de Tesalónica: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18).

Creo que llevo ventaja en esto. Desde que nací aprendí a agradecerle a Dios en todo. 

A la luz de todo esto mi truco de vida es:

 AGRADECER…

que tienes vida

que puedes respirar

que puedes leer

que puedes escuchar

que tienes familia

que tienes amigos

que tienes iglesia

el amor

la paz

la gracia

la bendición 

la prueba 

lo que tienes

lo que ya no tienes. 

Al cumplir 40 años de vida en este 2021 estoy agradecida por la seguridad de que este año haré grandes cosas. Incluso estoy abrazando muchas cosas nuevas que se me están presentando, las cuales acepto con agradecimiento. Una de ellas es el CLLI, esta causa tan increíble que conocí hace siete años y que desde ese momento supe que me iba a sumar a ella porque creo que tú, persona lectora, puedes tener una mejor calidad de vida, mejores oportunidades, grandes experiencias y nuevos aprendizajes.

¿Cuál es tu truco de vida? Cualquiera que sea, te invito también a experimentar el mío. Cuenta tus bendiciones, escríbelas, grábalas y compártelas. Alguien más necesita oírlas hoy de ti.

Marcela Ordaz, una profesional en la area de Comunicación Organizacional, ha trabajado como líder internacional dirigiendo la Expo Industrial FABTECH Mexico por los últimos 15 años. Es Graduada de CLLI y ahora forma parte de la junta directiva de CLLI y es parte del equipo de liderazgo de CLLI Monterrey. Además, Marcela ha servido como líder en diferentes ministerios por los últimos 25 años en Monterrey, Mexico.

Tiempos Que Prueban Nuestra Alma

Por Carolyn Porterfield

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Seis meses después de la firma de la Declaración de la Independencia, la Revolución Americana parecía totalmente perdida. El general Jorge Washington no tenía tropas suficientes, y algunos de sus soldados estaban llegando al fin de su tiempo de servicio. Los recursos eran escasos. El invierno era brutal. El enemigo era poderoso, estaba bien entrenado y mejor equipado que el ejército colonial.

Thomas Paine escribió estas palabras que describen la situación: “Estos son tiempos que prueban el alma de los hombres: el soldado de verano y el patriota cuando el sol brilla, en tiempos de crisis se retraen de servir a su país”, (tomado de GoodReads.com).

El soldado de verano y el patriota cuando el sol brilla solo servían cuando las cosas iban bien y estaban del lado vencedor. Pero cuando llegaban los tiempos difíciles y la guerra parecía perdida, no se los veía por ningún lado.

El año pasado fue un tiempo que probó nuestra alma. Una pandemia que todavía no termina, disturbios raciales, una elección polémica y una tormenta invernal en Texas y estados vecinos como no habíamos visto en décadas, nos han probado. Nos damos cuenta del costo físico, psicológico y emocional que han significado estos meses. ¿Pero consideramos el costo espiritual para nuestra alma? 

Los líderes, en particular, fueron quienes más sufrieron. Ellos sienten el peso de la responsabilidad de cuidar a aquellas personas a quienes lideran mientras que a veces se descuidan a ellos mismos en el proceso. Pero los líderes sabios saben que la salud de su alma es crítica para ser efectivos.

En su libro A Work of Heart (Un trabajo de corazón), Reggie McNeal describe a líderes que pierden el corazón. Yo he experimentado tiempos en mi liderazgo cuando estas palabras fueron realidad para mí. Me di cuenta de que no solo perdí yo, sino que también perdí a quienes lideraba. También me di cuenta de que eso no era lo que Dios quería de mí.

Como seguidoras de Jesús, no hemos sido hechas para liderar con nuestra fuerza. Jesús extiende esta invitación a nuestra alma cansada y turbada: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma” (Mateo 11:28, 29, NVI).

Haz este experimento. Toma una jarra de vidrio pequeña y pon algo de tierra en el fondo. Llena la jarra con agua y sacúdela. ¿Qué ves? El agua se llena de tierra. Ahora deja la jarra quieta por unos minutos. ¿Qué cambios notas? Cuando permites que la jarra quede quieta por unos minutos, la tierra se asienta. Queda espacio para ver algo más que tierra.

Lo mismo puede pasar con nuestra alma. Permitimos que la “tierra” de la vida llene nuestra alma, y esto bloquea la presencia y la voz de Dios. Pareciera no quedar espacio para Él porque la familia, el trabajo, el ministerio y más aparentemente lo han empujado hacia afuera. Necesitamos hacer espacio en nuestra vida para aquel que nos cuida. En soledad y en silencio las cosas de la vida se asientan y abren espacio para Dios.

Ruth Haley Barton habla de soledad y silencio en su libro Strengthening the Soul of Your Leadership (Fortaleciendo el alma de tu liderazgo). Ella describe la soledad como un lugar de rescate de la pesada carga que a menudo sentimos como líderes. Tú entiendes lo que quiero decir. El trabajo nunca se acaba. Tengo que seguir empujando para cumplir con las demandas. Me voy a ocupar de mi alma cuando termine este proyecto. Pero, si no me cuido, viene el siguiente proyecto y sigo descuidando mi alma.

Durante esos días que prueban nuestra alma necesitamos que nos rescaten. Se ha puesto demasiada presión en las líderes para que encontraran cómo sobrevivir y hasta triunfar durante este año pasado. Ese es un trabajo agotador. Nuestra alma necesita soledad para volverse a conectar con aquel que nos ama y nos atrae hacia Él.

Busca un espacio donde puedas estar sola, aunque sea en un guardarropa. Respira profundo para calmar tu mente, y relaja tu cuerpo. Invita a Jesús a encontrarse contigo. Disfruta su presencia. Libérate de la presión de encontrar las palabras correctas. Simplemente está con Él.

A la soledad le acompaña el silencio. Muchas veces nos sentimos incómodas con el silencio en nuestro mundo lleno de ruidos. Sin embargo, es necesario para poder escuchar la voz de Dios. Nuevamente, Barton es muy sabia cuando describe el silencio. En el silencio dejamos de hablar. Ella dice que, en esencia, abandonamos el control y permitimos que Dios sea Dios. Él nos dice que nos quedemos quietos y conozcamos que Él es Dios. Esto ayuda a poner la vida en la perspectiva correcta. Empezamos a darnos cuenta de que es posible liberarnos de las pesadas demandas y expectativas que se ponen sobre quienes lideran.

¿Lo entendiste? Nuestra alma necesita ser rescatada del despiadado esfuerzo humano. Aunque sea difícil, podemos abandonar el control y dejar que Dios sea Dios. Así como una madre consuela a su hijito que llora, así nuestro Padre nos sostiene cuando nuestra alma ha sido azotada y nos sentimos vacías. Él nos abre sus brazos. En silencio y en soledad descansamos en Él. No se necesitan las palabras. Solo escuchar.

A medida que descansamos y escuchamos, Él se da a conocer. Nos recuerda que somos sus hijas amadas que hemos sido receptoras de su misericordia y de su gracia. Él nos dice que no estamos solas. Que nunca nos dejará ni nos abandonará. No tenemos que imaginar cuales serán nuestros siguientes pasos porque Él va delante de nosotros y nos enseñará el camino por el que debemos andar. Él allanará los lugares ásperos y llenará de luz los lugares oscuros. Estas son las cosas que Él va a hacer por nosotras.

Los tiempos que estamos viviendo prueban nuestra alma como líderes. Pero ahora no es el tiempo para los “discípulos de verano” ni para los “líderes cuando el sol brilla”. Es el tiempo para que los líderes actúen con confianza. Eso es posible, cuando cuidamos nuestra alma y llegamos a ser las líderes que Dios quiere que seamos.

Carolyn Porterfield, profesora de CLLI y miembro de su Junta Directiva, ha servido en posiciones de liderazgo por más de 40 años. Ella escribe de su propia experiencia como alguien que todavía está aprendiendo a cuidar bien de su alma.

2020: ¿Un Año Perdido… o Un Año ganado?

Por Elizabeth Tamez

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Recuerdo el día cuando recibí le primera tarjeta de Navidad de 2020. No vas a creer quién me la envió: Ryan Reynolds. ¡Sí el actor de Hollywood! Disfruté mostrándoles la tarjeta a mis amigos. Ellos me envidiaban y se preguntaban cómo conseguí que él me enviara una tarjeta. Yo seguí ufanándome y les dije que de vez en cuando él me manda mensajes de texto y de voz. Más adelante les sigo contando.

El mensaje de la tarjeta de Navidad llamó inmediatamente mi atención. En el mismo tono del sentido de humor de Reynolds, decía: “Cheery and Bright” have taken the year off. Introducing the 2020 appropriate “Reflective and Moody” Holiday Card! So… here’s to 2021!” (“Alegre y Brillante” se fueron de vacaciones este año. Te presento una tarjeta de Navidad más adecuada: “Taciturno y Malhumorado”. Así que… ¡Feliz 2021!”). Eso hizo que me preguntara: ¿Cómo fue para mí 2020? ¿Taciturno?  ¿Malhumorado? ¿Será que Alegre y Brillante se fueron de vacaciones? ¿Fue el 2020 un año perdido, o quizás un año ganado?

Tarjeta Navideña de Reynolds.

La tarjeta de Reynolds me llevó a reflexionar sobre estas preguntas importantes. Te invito a que hagas lo mismo.

La Biblia señala en Lucas 6:45: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. ¿De qué abunda mi corazón?

Aunque es natural que evitemos dificultades, incertidumbre y cambios drásticos, las experiencias sobrenaturales como una pandemia sacan a relucir nuestras necesidades primordiales… nuestras fallas… y nuestras virtudes. Los desafíos tienen el poder de exhibir lo que está dentro nuestro y el tipo de “filtros” que usamos para interpretar y enfrentar las dificultades de la vida. O sucumbimos frente a la lucha o utilizamos la situación para nuestro provecho. De modo que ¡2020 fue un año completamente revelador! ¿Qué mostró acerca de ti?

Como para muchos de nosotros, para mí 2020 fue una caída en picada. En New Generation (NG3) empezamos el año con una proyección de plan empresarial que señalaba a 2020 como uno de nuestros años financieros más sólidos. Uno por uno, los contratos y las posibles donaciones empezaron a desaparecer a medida que se cancelaban la mayoría de los programas y los desembolsos de donaciones. Encima de esto yo tuve que dejar mi departamento y no he podido encontrar un trabajo de tiempo completo. Junto con todo esto mi hermano menor estuvo desaparecido; encontraron su cuerpo días después. No tuvimos la oportunidad de despedirnos. Seguramente tú también tienes historias increíbles de 2020.

Al pensar en todo esto sé que tengo el poder de elegir. ¿Será que las dificultades de 2020 me dejarán malhumorada? ¿Será que los problemas permitirán que “Alegre” y “Brillante” se vayan de vacaciones? ¿O voy a recibir los desafíos como oportunidades para estar taciturna? Mira, si tomas una pausa, miras hacia atrás y sueltas las cosas que no puedes controlar, la vida puede mostrar que quizás en medio de las adversidades todavía puedes ser capaz de hacer algunas cosas, aprender, crecer, ¡y puede que hasta hacer cosas importantes y asombrosas!

Al continuar reflexionando me di cuenta que a medida que la lista de “lecciones y cosas positivas” se hacía más larga quedaba menos espacio para estar malhumorada. Comencé a darme cuenta que Alegre y Brillante no se habían ido de vacaciones y que en realidad ¡2020 fue un año ganado!

Aprendí cosas nuevas, obtuve logros importantes y mis necesidades físicas estuvieron satisfechas cuando otras personas no fueron tan afortunadas. También trabajé en algunos proyectos muy interesantes que no hubiera tenido la oportunidad de hacerlos, si no hubieran aparecido estos tiempos difíciles y si yo no hubiera tocado en algunas puertas nuevas. 

En el medio del trauma familiar también experimenté la fidelidad, la presencia, la provisión y el amor incondicional de Dios; una experiencia con Dios tan palpable que probablemente no hubiera tenido si yo no me hubiera encontrado tan angustiada. Para algunas personas, estos logros pueden parecer insignificantes y merecerían catalogar a 2020 como “un año perdido”. Sin embargo, en el panorama total de las cosas, ¡este es el tipo de material con el cual está formado el crecimiento personal y el liderazgo!

Mucho de lo que experimentamos es un resultado directo de lo que cultivamos en nuestra vida en tiempos de tranquilidad y comodidad. Gálatas 6:7b enseña: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. El año pasado aprendí algunas cosas claves, y muchas de ellas tuvieron que ver con aspectos espirituales, de liderazgo y de resiliencia, y con conductas cultivadas durante mis tiempos de “Alegre” y “Brillante”.

Al evaluar el año 2020 me di cuenta que ejercitar estas prácticas a lo largo del año hizo una diferencia en cómo interpretaba las circunstancias:

  • Detenerme y romper los ciclos de pensamiento negativo.
  • Resistir la tentación de hacer una catástrofe de todo lo que pasa.
  • Buscar los aspectos positivos y las lecciones aprendidas cuando enfrentaba los obstáculos.
  • Considerar los obstáculos como oportunidades para mirar a una situación desde perspectivas múltiples y construir algo nuevo.
  • Fortalecer la habilidad para aceptar los cambios y ser flexible.
  • Dedicar espacio a ser curiosa y formular preguntas.
  • Practicar intencionalmente la contemplación para ver qué revelan las circunstancias.

Somos tentados a enfrentar la adversidad diciéndonos “mensajes para sentirnos bien” para levantarnos el ánimo. Pero no te quedes ahí. ¿Qué aprendiste? ¿Cómo vas a crecer? Si lo permitimos, en las palabras de Henry Adams: “Toda experiencia es un arco sobre el cual edificar”. Sin embargo, para hacer que esto suceda uno debe ocuparse en reflexionar; y eso lleva a la acción que florece en ajustes en la vida. 

No desperdicies las experiencias y las lecciones de 2020. Úsalas como combustible para alcanzar nuevos niveles en tu liderazgo y en tu andar espiritual. Como líderes, nuestra responsabilidad incluye brindar dirección a las demás personas, ser un ejemplo y tomar decisiones fundamentales. El proceso que seguimos para responder a estas preguntas y las respuestas que obtenemos mostrarán algunas lecciones importantes que podemos compartir con otras personas.

El año 2021 será tan desafiante e impredecible como su predecesor. La población de Texas y otras áreas vecinas ya lo experimentaron la semana pasada con las tormentas de nieve y hielo. De modo que me estoy preparando para lo que está por delante y he decidido desde ahora navegar las circunstancias para que sea un año ganado. A medida que transcurre este nuevo año recordemos lo que dice el Salmo 89:2 en cuanto a la fuente de nuestra fortaleza y nuestra esperanza: “Proclamaré que tu amor es eterno; que tu fidelidad es invariable, invariable como el mismo cielo” (DHH).

Lo prometido es deuda. ¿Por qué Ryan Reynolds tiene mi dirección y mi número de teléfono? Bueno, verás; él es el dueño de la compañía de servicio telefónico que yo uso. A él le gusta divertirse y mostrar aprecio a sus clientes; de modo que, de vez en cuando, hace ese tipo de cosas. 

La Rev. Elizabeth Tamez Méndez, PHD, es la fundadora y Directora Ejecutiva de New Generation 3. También sirve como profesora y miembro de la Junta Directiva de CLLI, y es una investigadora en el proyecto Character & Virtue Development in Youth Ministry (CVDYM) del Fuller Youth Institute / Templeton Foundation. Su PHD es en Liderazgo, con concentración en Desarrollo Juvenil. Su labor incluye escribir, enseñar, dar conferencias y hacer defensoría.


Somos Socias Esenciales

Por Verónica Martínez-Gallegos

Please click here to read in English.

Es difícil de creer, que aproximadamente hace ocho meses el COVID-19 fue declarado una pandemia global. Repentinamente nuestra vida diaria se vio afectada.  Ahora todo parece indicar que ya estamos cerca de tener una vacuna que nos ayudará a regresar paulatinamente a una vida normal, o una nueva normalidad. Indiscutiblemente, ha sido un año de muchos cambios y retos. La mayoría hemos tenido que salir de nuestra zona de seguridad. Diariamente, las noticias nos cuentan casos de personas que muestran su solidaridad al ayudar a otras personas que están sufriendo por la pandemia. 

Esta no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una pandemia. En 1918 la humanidad experimentó una pandemia global provocada por la influenza española que le quitó la vida a millones de personas.   

Como comunidades de fe ¿Qué hemos aprendido de estas crisis mundiales? 

Como líderes latinas cristianas somos socias esenciales en proveer un ministerio de apoyo emocional y espiritual a la comunidad que nos rodea, y a la familia de la fe. El Apóstol Pablo habla de esto cuando dice: “Porque nosotros somos colaboradores en la labor de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios, el edificio de Dios.” (1 Corintios. 3:9 NBLA). 

El ministerio solidario debe comenzar con conciencia y compasión para ministrar a otras personas en sus necesidades físicas, emocionales y espirituales. 

Socias esenciales ministrando en necesidades físicas

Como líderes cristianas y comunitarias somos llamadas a educarnos y tomar conciencia del problema que enfrentamos. Sin lugar a duda, ahora sabemos más sobre cómo protegernos del Corona virus. Hemos aprendido a usar mascarilla y a guardar la distancia social. También, hemos aprendido a usar la tecnología de una forma creativa. 

Por otra parte, el temor y el estrés se hacen sentir. Las secuelas de esta crisis siguen impactando nuestras vidas de diferentes maneras. Aun así, la compasión por el sufrimiento del prójimo es de vital importancia. Hoy más que nunca, Dios nos llama a salir de nuestro estatus quo para tener empatía con las personas que están viviendo en dolor y sufrimiento. La narrativa bíblica del buen samaritano nos da un gran ejemplo de ello (Lucas 10:25-37). 

En nuestra iglesia local, ofrecimos cena por autoservicio durante los meses de junio a agosto. Fue una manera de suplir una necesidad física de la comunidad. De alguna manera nos unimos donde Dios ya estaba trabajando y ministramos a la vida de setenta y dos familias que son parte de la comunidad que nos rodea. 

Estamos cerca de finalizar este año que nos ha azotado con terribles crisis físicas y económicas, ¿cómo puedes unirte a Dios y ser solidaria con otras personas en sus necesidades físicas? 

Socias esenciales ministrando en necesidades emocionales y espirituales

El ministerio solidario con conciencia y compasión también ministra a otras personas en las necesidades emocionales y espirituales. En mi ministerio a través de la capellanía, el cuidado pastoral clínico toma varias dimensiones espirituales. La espiritualidad y la religión son factores importantes, puesto que la gente, cuando está en crisis, busca significado existencial dentro del caos. Algunas personas buscan apoyo espiritual y otras al menos están abiertas a la posibilidad de que el cuidado espiritual pueda aliviar algo de su estrés emocional. 

En mi rol como capellán sirviendo a una comunidad en el hospital, y al servir junto a mi esposo en un rol pastoral, somos socios esenciales para brindar atención a quienes padecen enfermedades, experimentan crisis de vida, y/o sufren grandes pérdidas.

Socias esenciales llamadas a ministrar

Como líderes latinas cristianas somos socias esenciales llamadas a ministrar. El Apóstol Pablo dijo: “Y esta confianza tenemos hacia Dios por medio de Cristo: no que seamos suficientes en nosotros (as) mismos (as) para pensar que cosa alguna procede de nosotros (as), sino que nuestra suficiencia es de Dios, el cual también nos hizo suficientes como ministros (as) de un nuevo pacto…” (2 Corintios 3:4-6a). 

Por lo tanto, ya que estamos por finalizar el año 2020, y aun seguimos en pandemia, todavía hay mucho por hacer, mucho por aprender, pero, también motivos por los cuales ser agradecidos. 

Si miras a tu alrededor, puedes percibir la vulnerabilidad de la gente. Con el mismo consuelo que has recibido de Dios (2 Corintios 1:4) ministra a otras personas en sus necesidades físicas, emocionales y espirituales. 

Si tú eres quien necesita ese apoyo, busca tu refugio en Dios, en tu iglesia y en otras líderes de apoyo espiritual. Hoy más que nunca necesitamos recordar que la iglesia, que somos nosotras, es esencial para el cambio en esta crisis mundial. 

¡Ánimo! Dios está de nuestro lado. 

La Reverenda Verónica Martínez-Gallegos, M.Div., BCC and ACPE es candidata a educadora certificada del Departamento de Cuidado Pastoral y Educación, Charlotte, Carolina del Norte. Sirve también junto a su esposo quien es pastor titular de la Iglesia Bautista La Voz de La Esperanza en la misma ciudad. Además, colabora como coordinadora del CLLI en Carolina del Norte y forma parte de la facultad del CLLI. 

Las Marías De Ayer Y Hoy: Liderazgo En Acción

Por Raquel Contreras 

Please click here to read in English.

En la cultura latina de hoy, como en los tiempos bíblicos, el nombre de María es muy común. 

Ciertamente lo identificamos de inmediato con María, la madre de Jesús, pero también con muchas mujeres del presente. Muchos de los nombres compuestos de mujeres llevan el nombre de María: María Eliana, María del Carmen, María Eugenia o María Soledad. 

María es cada año el nombre más usado por todos los padres al registrar a sus hijas en la cultura latina. Incluso en el cielo de Sud- América se identifica un conjunto de tres estrellas en línea como Las Tres Marías

Y podríamos seguir hablando de las Marías en nuestra cultura que se identifica hasta con nuestra cocina, decimos, “esto se cocina a baño maría” y por supuesto, todas hemos disfrutado de las ricas galletas “Marías”. 

En fin, María es una palabra que no solo se refiere al nombre de muchas mujeres, sino que forma parte de nuestra cultura, por eso hablar del liderazgo de una María de la Biblia me parece muy interesante y fácil de relacionar con nuestra vida práctica.

El libro de los Hechos nos cuenta los comienzos de la Iglesia y cada uno de los registros de él nos muestra la manera como el grupo de nuevos creyentes iba dándole forma a sus prácticas de vida y disciplinas espirituales. Nos habla de como predicaban por las calles, como disfrutaban del compañerismo por las casas, como estudiaban las palabras de Jesús, como reaccionaban frente a las dificultades, como viajaban para compartir de las palabras de Jesús con todo el mundo conocido a fin de que todas las personas pudieran reconocer también a Cristo como el Mesías prometido. En la práctica de nuestra propia vida en este siglo 21, tenemos mucho que aprender de ellos.

Pero para mí, siempre ha sobresalido una María del libro de los Hechos, de la que solo tenemos 24 palabras, pero que la hacen resaltar de gran manera. En Hechos 12:12 dice: “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando”.

Solo 24 palabras (versión RVA 60) para referirse al tremendo liderazgo que esta mujer tenía en la iglesia primitiva.

Pedro, el líder espiritual, había sido tomado preso pues el grupo de nuevos creyentes estaba creciendo mucho y estaba siendo una amenaza para el gobierno y las costumbres establecidas. Había sido puesto en un calabozo, amarrado a soldados que no le permitían moverse, y encerrado en el fondo de la cárcel. Mientras esto pasaba, dice Hechos 12:5 “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”.

La iglesia sabía que, frente a esta tremenda dificultad de no tener a su líder con ellos, y más aún, la incertidumbre de lo que podía pasar con él, ellos debían orar… y eso hacían. 

De una manera milagrosa Pedro es liberado de la cárcel y cuando se encuentra en la calle, libre de sus cadenas, la Biblia dice que volvió en sí y reconoció que había sido liberado. En ese momento, lo único que piensa que puede hacer es … ir a la casa de María, pues ahí estaba la iglesia reunida orando. Esto me sobrecoge siempre. Pedro no había tenido ningún contacto con los hermanos, pero sabía dónde debían estar. 

Por su parte, María es una mujer que ha abierto su casa para que la iglesia se reúna a orar, frente a la tremenda necesidad que tenían. Pero, no solo eso; basados en esta historia, podemos asumir que Pedro, el líder natural, sabía que ella lo había reemplazado en esos momentos y había tomado el liderazgo que se necesitaba para que el grupo de nuevos cristianos hiciera lo que tenía que hacer… orar. 

Esta María es un tremendo ejemplo para nosotros. Nos enseña a asumir las posiciones de liderazgo que necesitamos tomar aun cuando las situaciones sean difíciles o inciertas. Nos enseña a guiar a otras personas a hacer lo que se debe hacer ofreciendo lo que tenemos a nuestra mano para apoyar y guiar. Y, sobre todo, nos enseña a siempre ser mujeres a las cuales otras personas puedan recurrir cuando tienen necesidad de acercarse al Señor.

Las líderes latinas y latinas de corazón debemos siempre estar listas a ejercer nuestro liderazgo con lo que tenemos en nuestras manos para, especialmente estar listas a acompañar a otras personas en su búsqueda de Dios y necesidad de oración, particularmente en estos tiempos tan convulsionados que nos toca vivir.

¡Dios nos permita a nosotras, las líderes de hoy, ser las “Marías” que debemos ser en la situación que nuestro Señor nos ponga!


Raquel Contreras, J.D., es la directora general de Editorial Mundo Hispano en El Paso, TX. Ella es miembro de la Junta Directiva de CLLI.

¿CUÁL ES LA MARCA DE TU LIDERAZGO?

Por Becky Klein

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Muchas veces se usa la palabra “liderazgo” con referencia a personas y circunstancias muy diferentes. Hablamos de liderazgo cuando leemos acerca de las acciones valerosas de nuestros militares en el Medio Oriente. Hablamos de liderazgo cuando miramos a nuestros astronautas visionarios de la NASA, esforzándose por traspasar nuevas fronteras. Pensamos en el liderazgo cuando aprendemos acerca de personas que dirigen empresas transformando el modelo o la estrategia empresaria de una compañía. Actuamos con liderazgo cuando mostramos ejemplos de principios durante un período de tiempo que ayudan a persuadir a nuestros hijos para que cambien sus hábitos. Leemos acerca de liderazgo (bueno o malo) cuando aprendemos en nuestros libros de historia acerca de líderes de gobierno centrados en sí mismos 

¿Pero qué significa realmente “liderazgo”? Cada persona tiene un estilo diferente de liderazgo. Y los líderes con más éxito son quienes practican el liderazgo en conjunción con su verdadera naturaleza y personalidad. Entonces, la pregunta llega a ser: “¿Cuál es tu personalidad de liderazgo?”. Y estoy segura de que ahora te estarás preguntando: “¿Qué hago para descubrirla?”.

Para empezar, primero tenemos que reconocer que cada persona tiene múltiples roles y responsabilidades, sea en el hogar, la escuela, el trabajo o el juego. Interactuamos de manera diferente con las personas a lo largo de estos varios contextos basados en los numerosos intereses, necesidades y expectativas de la gente relacionada con cada escenario. Por lo tanto, lo que tú eres en un escenario puede verse y sentirse muy diferente de quién eres tú y cómo actúas en otro escenario. Sin embargo, tú llevas muy en tu interior valores y hábitos culturales a pesar del escenario. El identificar esos valores y esas normas culturales te ayudará a entender tu manera singular de ser líder.

Una forma de ayudarte a hacer esto es desarrollar una historia de ti misma. Las historias tienen múltiples beneficios y usos. Por ejemplo, las historias ayudan a definirnos. También mueven a otras personas a la acción. Nos ayudan a crear confianza. Nos ayudan a creer en nosotros mismos. Y nos brindan a nosotros, y a otras personas, un ancla en tiempos de inseguridad.

La Biblia ofrece una oportunidad clara de aprender acerca de diferentes estilos de liderazgo. Mediante el uso de historias, la Biblia nos ayuda a identificar las mejores prácticas para pensar, hablar y actuar a lo largo de diferentes circunstancias. Ella ejemplifica cómo las historias muestran a personas con muy diferentes marcas de liderazgo.

Consideremos algunos ejemplos acerca de diferentes estilos de liderazgo tomados de la historia de varios personajes en la Biblia.

Moisés fue un líder transformacional. Él ayudó a que el pueblo de Israel hiciera la transición de hábitos politeístas a una vida monoteísta bajo Dios. Moisés también transformó la estructura de gobierno de la comunidad israelita. En vez de tener un personaje central que tomaba las decisiones, él se aseguró de que se delegara autoridad a personas capaces y las invistió con la habilidad de participar en un proceso de decisiones descentralizado.

David fue un líder carismático. Era fuerte, bien parecido y valiente en la batalla. Fue capaz de atraer la obediencia de la gente a través de sus acciones heroicas. Y cuando pecó se arrepintió sinceramente y lo confesó a Dios. Fue un líder que inyectó a la gente con el valor de aceptar la responsabilidad y alejarse de cometer errores. 

Daniel fue un líder leal y con principios. Aunque estuvo al servicio de reyes babilonios (Nabucodonosor y Ciro) en sus hábitos diarios se mantuvo fiel a las leyes de Dios. Rechazó adorar a ídolos y comer comida “inmunda” a todo costo. Su firmeza finalmente ocasionó que Ciro se diera cuenta de que su dios era pequeño y que el Dios de Daniel, el Dios Verdadero, era lo mejor para él y para su pueblo.

Jesús fue un líder siervo. Jesús da mucho valor a las relaciones y la comunidad. Él anima a la gente a que sean pensadores-de-mente-abierta en lugar de pensadores-de-mente-cerrada. Él pone énfasis en desarrollar personas en vez de desarrollar procesos. Y él adapta su estilo para que concuerde con el nivel de madurez de la gente de modo que le puedan entender mejor.

Y, por supuesto, hay numerosas personas en la Biblia que tienen el estilo de un líder egotista. Sí, ellos también fueron líderes. Mira a Saúl, Nabucodonosor y el faraón del éxodo, para mencionar unos pocos. Cada uno de ellos quiso obligar a las demás personas a que llenaran sus necesidades propias. Quisieron humillarlas para hacer que ellos se vieran fuertes, valientes y dignos de honor. Fueron celosos e inspiraron temor.

Te animo a que leas las historias de cada uno de estos personajes bíblicos. Y después de hacerlo trata de formular una historia acerca de quién eres tú. Tu historia debe relatar cómo llegaste a ser quién eres; los puntos claves de cambio y los resultados de tu trayectoria. Recuerda que para formular una historia efectiva debes tener los siguientes elementos: 1. Protagonista (personaje en la escena por quien se interesa quien escucha); 2. Un desafío inesperado que te confrontó; 3. Una decisión que tuviste que tomar en respuesta al desafío; y 4. El resultado. Siéntete libre para desarrollar diferentes historias basadas en los estilos diversos de liderazgo que crees que has mostrado en diferentes tiempos y contextos.

Ahora, la parte más importante es IR y DECIR. Tu historia debe decirle a quien escucha algo acerca del estilo de liderazgo con el que tú te sientes más cómoda. Prueba encontrando oportunidades de compartir tus historias con diferentes personas y mira cuáles te parecen las más naturales. Mediante la experimentación no solo podrás descubrir las muchas marcas de liderazgo de las que eres capaz sino también la marca de liderazgo principal que encierra tus valores y hábitos culturales fundamentales.

A medida que llegas a conocerte mejor mediante descubrir y articular tu marca de liderazgo vas a llegar a ser una líder mejor equipada que está lista para servir a Dios y a tu prójimo.  

Becky Klein, MANSS, Abogada, directora de Klein Energy, LLC., una empresa de consultoría de energia con sede en Austin, Texas. Es miembro de la facultad de CLLI y anteriormente formo parte de junta directiva de CLLI. Juris Doctor de la Facultad de Derecho de St. Mary, San Antonio, TX. Maestría en Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Georgetown, Licenciatura en Biología Humana de la Universidad de Stanford, Stanford, CA.

ACEPTAR EL LIDERAZGO

Por Oluwatofunmi Odulate

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

“No soy una líder”.

Si me dieran un centavo por cada vez que dije esto sería muy rica. Esto se debe a que yo tenía esa idea distorsionada de lo que es el liderazgo. Algunos de los mitos al respecto que yo había aceptado eran: “Una líder debe estar siempre bien y en forma para ser el centro de atención. Una líder debe ser perfecta y sin ningún defecto. Una líder no tiene vida propia. Una líder soluciona conflictos y escucha los problemas de otras personas. Una líder es la mejor del grupo. Una líder es la persona más importante en un grupo. Una líder nunca se equivoca y siempre tiene razón”. Y la lista continúa. Esos mitos obnubilaban mi mente y fueron la razón para que yo rechazara cualquier oportunidad de liderar porque, después de todo, yo no era líder.

“No soy una líder”.

La primera vez que dije estas palabras fue cuando tenía 13 años y me pidieron que dirigiera el grupo infantil en una nueva iglesia. Sin embargo, aunque eso se veía como una responsabilidad sencilla para una persona de esa edad, para mí era abrumadora y me produjo pensamientos internos respecto a cuán poco preparada estaba y cuán inadecuada me sentía para esa tarea. ¿Cómo podía alguien considerar mi edad y pensar que esta niña de 13 años era lo suficientemente madura como para liderar? ¿No es que el liderazgo es para las personas adultas? Pero acepté la tarea y fue un éxito. Esto abrió más oportunidades para liderar en diferentes capacidades y bajo diferentes circunstancias. Al pasar el tiempo, esta nueva senda que encontré para mi vida originó otra pregunta en mi mente.

“¿Soy una líder?”. 

Recuerdo que cuando escuché de CLLI por primera vez tuve una conversación mental conmigo misma y con mi papá y mamá acerca de si debía o no inscribirme. Pensé decirles: “No soy una líder. No tengo planes de ser una líder. Es demasiada responsabilidad. Ni siquiera soy latina”, para convencerles a ellos y a mí misma de que eso no era para mí.  Pero, después de conversar con el personal y las profesoras del Instituto, y con el aliento de algunas ex-alumnas, me inscribí. Aparentemente, cada una de esas personas vieron en mí a la líder que yo todavía no veía. Ellas, a diferencia de mí, conocían la verdadera definición de una líder: alguien que no se enfoca en la posición, sino que trae los atributos correctos a esa posición.

Aprendí que el liderazgo no siempre viene con un título. Viene cuando una persona asume el rol, las responsabilidades y la habilidad de influir a otras hacia una meta común. Después de mi primer año de asistir a CLLI, de leer libros sobre el liderazgo y de escuchar la trayectoria de liderazgo de las profesoras, pude verme a mí misma en sus historias de cómo llegaron a ser líderes. Yo también había dudado de mí misma muchas veces. Yo también experimenté que otras personas dudaran de mí. Yo también tenía temor de fracasar si lo intentaba. Yo también tenía temor de las críticas si no hacía un trabajo perfecto. Esas mujeres a las que veía como habiendo tenido éxito en varias disciplinas de la vida, habían tenido temores como los que yo estaba teniendo en ese momento. Nuevamente apareció la pregunta en mi mente.

“¿Soy una líder?”. 

Ser una líder es ser aprendiz y seguidora. Jesucristo, a quien considero el maestro más grande de todos los tiempos, nos aconseja en Juan 13:13-17 que seamos como él. Debemos seguir su ejemplo y aprender de él de la misma manera que él aprendió del Padre. Las líderes deben aprender continuamente. En la carta a los Hebreos 13:7 (NVI) leemos: “Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe”. Este versículo dice que para ser líder tenemos que aprender de un líder. Necesitamos permitir que nos enseñen. Comencé a mirar fuera de mí misma y ver que, para que yo pudiera ser la líder que Dios me llamó a ser, necesitaba primero aceptar que soy una líder y luego someterme a la enseñanza de otras personas líderes que Dios colocó estratégicamente en mi vida. Además, una líder es una sierva. No estamos listas para el liderazgo si no estamos listas para humillarnos en el servicio a otras personas. Jesús dice eso en Mateo 20:26 (NVI): “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor”.

“¿Soy una líder?”. 

Puede que muchas de nosotras nos hayamos hecho esa pregunta alguna vez. Miramos a nuestras capacidades con duda e incredulidad. Al hacerlo, no estamos reconociendo a Aquel que nos dio esa habilidad. Tampoco estamos validando la sabiduría de quienes nos rodean, que nos ven capaces de serlo y que nos llaman líderes. 

Ahora sé que con el paso de los años he evolucionado desde aquella niña tímida de 13 años hasta ser una joven que ha entregado su vida al servicio de otras personas, y que está muy feliz de hacerlo. He crecido hasta ser una mujer que cree que es capaz de efectuar cambios positivos en situaciones dadas y que es una catalizadora de crecimiento en quienes confían en ella para guiar e influenciar. Ciertamente todavía no he llegado a ser todo eso, como muchas de las que me precedieron cuyos pasos necesito imitar para ser una mejor líder. Dejé de lado la timidez y el dudar de mí misma y he asumido el ser cabeza en las tareas que se me ponen por delante, tratando en todo lo posible de ser digna y de ser un modelo para quienes vienen tras de mí. Con todo esto puedo decir firmemente y con toda confianza: “Soy una líder”.

Quiero desafiarnos a mirar hacia adentro y escuchar lo que otras personas han dicho acerca de nosotras, a reconocer esos atributos de liderazgo que poseemos, a aceptarlos y a comenzar a utilizarlos porque, después de todo, somos realmente líderes.

Oluwatofunmi Odulate es recién graduada de la Universidad Bautista de las Américas. También se graduó de CLLI en 2019. “To”, como la llaman cariñosamente, trabaja actualmente con refugiados en BCFS y sirve en el ministerio de música, mujeres, niños y jóvenes adultos en su iglesia local, Mercy Church de San Antonio. To es apasionada por las personas y su salud mental.

Liderazgo resiliente en medio de una pandemia

Please click here to read in English.

Por Zoricelis Dávila

Traducido por Alicia Zorzoli

El concepto de liderazgo ha sido estudiado desde múltiples perspectivas y acercamientos. Su definición puede ser compleja debido a que es algo que está evolucionando constantemente y se actualiza para adecuarla a la circunstancia del momento. Hay estudios enfocados en estilos de liderazgo, características personales y atributos; pero cada definición, como el estudio titulado Teorías de Liderazgo Contemporáneo: Análisis de La Dinámica Relacional por Sánchez Montalván, Vaca Aguirre, Padilla Sánchez y Quezada Condolo lo ilustra, concuerda con el hecho de que el comportamiento del líder influye en otras personas en un ambiente específico.

La parte que encuentro interesante en esta descripción es la última: “en un ambiente específico”. Significa que nuestro liderazgo es adaptable a las necesidades de las circunstancias que estamos enfrentando. No es exclusivo a las características de la persona, sino que las características y los comportamientos personales se ajustan a las necesidades del momento.

Somos líderes en casa, en la iglesia, en el barrio y en la comunidad. Como líderes, queremos ser buenos modelos para las otras personas. Estamos acostumbradas a dirigir y controlar diferentes situaciones porque somos líderes por naturaleza. Sin embargo, ¿qué pasa cuando de repente el mundo que nos rodea está siendo amenazado por una pandemia fuera de control? ¿Qué pasa con nuestro estilo y nuestras habilidades de liderazgo en ese “ambiente específico”? La respuesta se encuentra en la capacidad del líder para adaptarse a ese “ambiente específico”.

Desde el comienzo de esta pandemia líderes han demostrado fortaleza, determinación, creatividad y dedicación. Como líderes, parecería que hemos estado trabajando más que nunca para servir a una comunidad que está siendo impactada diariamente no solo por la enfermedad del COVID-19 sino también por la secuela del estrés, familias en crisis, depresión, ansiedad, fatiga y mucho más. Por naturaleza, el liderar a otras personas siempre es desafiante, pero el liderar a otras personas en medio de una pandemia requiere valentía.

Nos hemos elevado por encima de las circunstancias presentes de un ambiente hostil y hemos demostrado destrezas y habilidades que algunas ni sabíamos que teníamos. He visto líderes que antes del COVID-19 tenían dificultades con la tecnología y ahora están enseñando clases de Escuela Dominical en forma virtual. Iglesias que no usaban los medios sociales ahora están manteniendo sus cultos a través de Facebook live. Mujeres que anteriormente no se animaban a hablar en público ahora están teniendo estudios bíblicos y reuniones de oración virtuales.

Hemos encontrado formas de realizar eventos importantes en la vida: un desfile frente a una casa para brindar consuelo, una caravana de autos para celebrar una ocasión especial, o una fiesta de cumpleaños virtual. Lo hacemos para demostrar nuestro amor mutuo, como también el amor de Jesús por todas las personas.

Este nuevo estilo de liderazgo es el resultado de la resiliencia.

La pandemia vino a cambiar nuestra vida, pero también vino a probar nuestras habilidades de liderazgo. Me asombra ver la resiliencia, la resistencia y la creatividad de muchas de nuestras líderes latinas. Cuando otras personas están abrumadas por el temor y la incertidumbre, nuestras líderes están encontrando nuevas formas de continuar compartiendo la Palabra de Dios y brindar consuelo a las demás personas. 

Es muy común escuchar que durante una crisis hay desaliento, pero estoy siendo testigo de que, en medio de una pandemia, hay valentía, determinación y amor por el Señor y por su pueblo. Es el amor a Dios primero, y luego el amor a las demás personas, lo que nos mueve como líderes a continuar sirviendo más allá de nuestras fuerzas. De acuerdo a las investigaciones de Gallo, Espinosa De Los Monteros y Shivpuri y la de Montine, esto se llama “Capacidad de Reserva”; es decir, la compensación fisiológica que experimenta una persona cuando enfrenta el estrés y la amenaza de daño potencial o pérdida, para adaptarse y confrontar más allá de su capacidad normal.

En estos días las líderes latinas están haciendo uso de su “Capacidad de Reserva” para liderar, animar, consolar y apoyar a otras personas en tiempos cuando todo parece desesperante, incierto y temeroso.

Como líderes latinas cristianas, sabemos que nuestra “Capacidad de Reserva” viene de Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (NVI). Cristo es la fuente de nuestra fortaleza. El es la razón por la que encontramos estilos nuevos de liderazgo, creatividad fresca, recursos adicionales y una nueva motivación para aprender lo que antes parecía imposible. Entonces, aun cuando COVID-19 vino a desafiar nuestro liderazgo, también vino a revelar la persona dentro de nosotros: Cristo obrando a través de nosotros.

Hasta este momento no sabemos cuánto tiempo más tendremos que soportar esta pandemia y su distanciamiento social. Lo que sí sabemos es que, debido a que amamos a Dios de todo corazón, mente, fuerzas y alma (Mateo 22:37), amamos a las demás personas y continuamos ejercitando un liderazgo servicial a pesar de la pandemia.

Si sientes que estás funcionando con tu última gota de energía y fortaleza, recuerda que Cristo en ti es tu “Capacidad de Reserva”. Jesús te está ayudando a obtener fortaleza y habilidades de liderazgo que te permitirán servir a quienes Dios ya ha puesto en tu camino para que les consueles con el mismo consuelo que tú recibiste de él (2 Corintios 1:4). El liderazgo en tiempos del COVID-19 no es fácil; es un acto de amor. Te animo a que recurras a tu “Capacidad de Reserva”, a que seas fuerte en el Señor, y a que recuerdes las palabras del apóstol Pablo: No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos (Gálatas 6:9, NVI).

La Dra. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S, es consejera profesional y supervisora en este campo, con 17 años de experiencia. Tiene un consultorio privado en Fort Worth, TX al servicio de la comunidad latina. La Dra. Dávila es miembro de la junta directiva y docente del CLLI. También es oradora internacional, autora y profesora de consejería profesional en Liberty University.

Líderes buscan una normalidad “mejor”

Please click here to read in English

Por Patty Villareal

Traducido por Alicia Zorzoli

¡Es verano en el hemisferio norte! En mi rincón del mundo generalmente las familias están de vacaciones, o los niños están pasando el día en casa de la abuela mientras su papá y su mamá trabajan. Sin embargo, este verano es muy diferente debido a la experiencia colectiva de una crisis de pandemia.

La gente se pregunta cuándo vamos a regresar a la “normalidad”. Sin embargo, un buen número de líderes consideran que, en vez de eso, lo que vamos a experimentar es una nueva “normalidad”. Otros nos llevan a pensar en una normalidad “mejor”. Como líder y como creyente en Cristo, estoy de acuerdo. Necesitamos esforzarnos por una “mejor” normalidad.

Desde mi perspectiva como trabajadora social licenciada, la normalidad no era tan buena y esta pandemia reveló varias fallas en cuanto a la igualdad y la equidad.

En San Antonio, mi ciudad, teníamos un promedio de 6.000 personas hambrientas que venían  todos los meses a nuestros bancos de alimentos. Con la pandemia, de acuerdo a los datos de la oficina del alcalde de la ciudad, el número de familias que necesitan ayuda con alimentos se duplicó, y continúa creciendo. El aumento del hambre es un suceso mundial. Además, hemos visto cómo esta crisis ha afectado negativamente la vida de las personas de la tercera edad y los grupos minoritarios debido a los factores de pobreza, raza, clase social y edad.

La nueva normalidad necesita ser algo mejor que “volver a la normalidad”.

Entonces, ¿qué hacemos como líderes cristianos durante este tiempo de crisis? ¿Qué lecciones podemos aprender?

Quienes seguimos a Cristo, somos un pueblo de esperanza. La fuente de nuestro poder es la Poderosa Trinidad: Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dado que sabemos que hay poder en la oración nos mantenemos en contacto con Dios. Usamos nuestras rodillas, nuestros “rincones de oración”, el “cuarto de guerra”, para mantener diariamente un espíritu de oración. También respondemos en el nombre de Jesús y mediante el poder del Espíritu Santo.

¿Cómo lo hacemos? Nos apropiamos del conocido versículo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5, 6). ¿No es maravilloso? No depende solo de nosotros. Dios nos dirige.

¿Hacemos esto en soledad, por nosotros mismos, solo Dios y yo? A veces sí. Pero en la mayoría de las veces Dios nos guía a encontrar a otras personas y trabajar juntas para hacer una diferencia. Así es como empezó CLLI. Dos líderes latinas (la Dra. Nora O. Lozano y yo) compartíamos una pasión y luego una misión para equipar a otras latinas y latinas de corazón. Luego Dios añadió un equipo de líderes que sirvieran como consejo consultor, y luego como un consejo directivo formal en una organización sin fines de lucro.

Líderes saludables se esfuerzan por encontrar colaboradoras para hallar soluciones a los desafíos que enfrentan. El trabajar juntas, bajo la guía del Espíritu Santo, extrae las fortalezas de todas las personas involucradas. Puede que la crisis sea personal, pero puede requerir más de lo necesario si una persona la atraviesa sola. Eclesiastés 4:9 nos recuerda que dos son mejores que uno. Sin embargo, algunos desafíos (como la crisis de la pandemia) requieren más de dos para enfrentar las situaciones críticas.

Un buen número de ustedes, que están leyendo, son líderes en la iglesia. La iglesia de todo el mundo ha respondido al llamado de la gente necesitada y ha sido un instrumento de esperanza aun antes de esta pandemia. Incontables líderes en la iglesia, como ustedes, están trabajando para encontrar recursos a fin de proveer para las necesidades básicas y traer esperanza a quienes no la tienen. Quisiera urgirles a que ayuden a su iglesia a considerar servir con otras entidades fuera de la misma: sus líderes comunitarios. No solo ahora sino en el futuro del ministerio. Sea que se trate de una pandemia, una crisis en la comunidad, o con una comunidad que todavía no ha llegado a su potencial.

Julianna Marraccino, una alumna del Seminario Truett de la Universidad Baylor y de la Escuela de Servicio Social Garland destaca:

Nuestra manera de ser y hacer como hijos de Dios se está moviendo hacia una comprensión redefinida de la imago Dei (la imagen de Dios) de compañerismo y de servicio a la comunidad. Nos está requiriendo que pensemos, actuemos y amemos en forma diferente… En vez de apoyarse en su propia fuerza, las iglesias han mirado a sus comunidades para identificar relaciones, determinar maneras de maximizar los recursos y ofrecer cuidado a sus vecinos en una manera que haga más bien que mal.

Marraccino destacó que el trabajo de la iglesia encuentra fortaleza y efectividad cuando exploramos cómo puede ser una “normalidad mejor”, una “colaboración mutua entre las iglesias y las comunidades”. La iglesia aporta su fortaleza como fuerza espiritual y un ejército de personas voluntarias. La comunidad aporta sus miembros que están igualmente capacitados con sus recursos de educación, salud y empresas. La “normalidad mejor” ya se está practicando en algunas comunidades donde iglesias y líderes comunitarios se han organizado en conjunto para suplir las necesidades de su comunidad, especialmente en áreas de bajos ingresos.

Esto involucra riesgos. Los esfuerzos colaborativos pueden significar que deban ajustarse las expectativas de los posibles resultados a corto y largo plazo. Puede ser incómodo reunirse con otras personas líderes que no provienen de una perspectiva centrada en Cristo. Puede requerir más tiempo lograr las metas. Sin embargo, el cambio y las mejoras para la comunidad valen la pena. La reputación de la iglesia va a ser aumentada grandemente por su buen testimonio y por ser un miembro confiable de la comunidad.

Hay mucho más que puede decirse en cuanto a una normalidad “mejor”. Mientras tanto, imaginemos cómo podría verse esta normalidad “mejor” en nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestros círculos de influencia.

Mientras lo hacemos continuemos orando por quienes trabajan en el área de la salud, por las autoridades que tienen la tarea de tomar decisiones para el bien de sus habitantes, y por la iglesia y su disposición a tomar riesgos y trabajar en una colaboración saludable con su comunidad y con sus líderes.

Patty Villarreal  LMSW, Co-fundadora de Instituto Cristiano para Líderes Latinas y profesora auxiliar en la Universidad Bautista de las Américas.

Un Desvío Inesperado

Por Nora Silva

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Como en casi todos los nuevos años, el comienzo de este año nos brindó nuevas resoluciones, nuevas metas, nuevos planes. El año hasta sonaba bien: 2020, ¡como la visión 2020! Todas las personas tenemos comienzos frescos y objetivos desafiantes para el año. Las cosas pintan bien, solo se ve un cielo brillante por delante. Bueno, el cielo sigue brillante pero la pandemia nos llevó a un gran desvío de nuestros planes.

Mientras escuchaba a un podcast sobre liderazgo, oí al autor y escritor John Maxwell decir: “Ve despacio en el desvío”. Eso se me quedó grabado. Recordé la vez cuando manejé hasta una señal de desvío en una ciudad que no conocía, con un SPG que no me mostraba opciones. Seguí cuidadosamente las señales en naranja y negro, sin saber a dónde me llevaban o a dónde iba a parar. Más que a esas señales confusas, seguí a un auto que iba delante de mí esperando que esa persona me regresara a mi ruta original. No me animaba a desviar la mirada por temor a perderlo de vista. Sentía que me estaba alejando cada vez más de donde necesitaba ir. Estaba frustrada de que las señales naranja y negro no me estaban ayudando, ni me estaban dando la seguridad de hacerme saber que estaba en el camino correcto. Quería que mi SPG me anunciara que estaba cerca de llegar a nuestro destino, pero solo aparecía el indicador de “no hay señal”. La ansiedad me hizo apretar más fuerte el volante y bajar el volumen de la radio. (A menudo me pregunto por qué bajamos el volumen de la radio cuando estamos perdidos).

Justo cuando creía que no podría soportar un minuto más de sentirme perdida llegué a una señal de “Pare” que me puso en una ruta que me pareció algo conocida. Vi  que el auto al que había seguido dobló, se metió en el tránsito y aceleró asegurándome que habíamos regresado a la ruta original. Había estado tan nerviosa por haber tomado un camino desconocido y no planeado, que no recuerdo exactamente cómo llegué a donde estaba.

La experiencia de mi desvío con el auto no se compara exactamente con nuestro actual cambio de dirección global; pero no hay muchas, si es que hay algunas, que se le comparen. Sin embargo, las parábolas de Jesús continúan enseñándonos  que a través de los desvíos más comunes en nuestra vida diaria, Él nos da la oportunidad de ver cosas nuevas en maneras nuevas, si los aprovechamos.

Con toda seguridad esta pandemia ha sido un desvío a todos los planes que teníamos para 2020 y aún más allá. Cualesquiera sean nuestros planes, un desvío nos obliga a seguir una dirección diferente. Podemos atravesar el desvío apuradas y enfocarnos completamente en regresar al camino conocido, o podemos elegir ir despacio en el desvío y experimentar una nueva vista y aprender una ruta nueva para llegar hasta nuestro destino.

El ir más despacio no significa que no vayamos a llegar a nuestro destino; simplemente significa que podemos tener el tiempo para experimentar el “mientras”. Nos da la oportunidad de apreciar lo que siempre estuvo ahí pero que había estado nublado por haber andado siempre apuradas. El ir más despacio nos puede permitir ver realmente a nuestros hermanos y hermanas que están luchando. Algunas de estas personas están luchando con sus emociones, luchando por encontrar un propósito, luchando para conseguir suplir las necesidades básicas, o simplemente luchando. Todas las personas tenemos tiempos difíciles. Esto es prácticamente una garantía. Pero, como seguidores de Cristo, tenemos la paz y la esperanza que viene de Dios. Es una esperanza que se va haciendo más fuerte por el poder del Espíritu Santo. Esa esperanza hay que compartirla; y no solo con las personas que están perdidas, porque la gente “encontrada” a veces también se desvía.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) ha sido parte de nuestra preparación para esos desvíos que se nos presentan. La educación, el compañerismo, el desarrollo de liderazgo nos preparan para los desvíos en la vida. Un día podremos mirar hacia atrás y recordar cómo Dios nos usó durante esta etapa de desvío y, al hacerlo, no podremos contener nuestra alabanza.

Tenemos una elección: podemos apretar firmemente el volante y enfocarnos solamente en regresar a nuestro camino conocido, o podemos tranquilizarnos, enfocarnos en nuestra fe en Dios y permitir que el desvío nos muestre nuevos panoramas y nuevas perspectivas. Oro pidiendo lo segundo.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

%d bloggers like this: