Por: Gabriela Sánchez
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Como líderes cristianas en nuestros respectivos ministerios y vidas personales, es inevitable que nos encontremos con nuevos caminos llenos de incertidumbre, enfrentemos desafíos duraderos y guiemos a otras personas durante temporadas difíciles en la vida. En estos momentos turbulentos, podemos intentar depender de nuestra propia fuerza y sabiduría; sin embargo, la historia de Josué 11 nos recuerda que la verdadera victoria no se logra gracias a nuestros propios medios, sino alineándose con el propósito de Dios para nosotras. Josué 11 nos habla de un tiempo en que el rey Jabín de Hazor formó estratégicamente una enorme coalición de reinos para enfrentar a Israel:
“Todos esos reyes salieron a pelear. Sus ejércitos unidos formaban una inmensa multitud. Y con todos sus caballos y carros de guerra cubrieron el terreno como la arena a la orilla del mar”. Josué 11:4
A pesar de estar en una desventaja numérica y general, Josué permaneció del lado de Dios, confió en Su promesa y siguió Sus instrucciones mientras guiaba a Israel en la batalla. Esta poderosa historia nos recuerda tres verdades importantes para enfrentar nuestras propias batallas del presente.
1. Permanecer del lado de Dios nos da confianza y elimina el miedo.
Cuando Josué se enteró de la gran alianza de ejércitos formada para luchar contra Israel, era natural sentir miedo. Sin embargo, Dios habló a Josué:
“Entonces el Señor le dijo a Josué: No les tengas miedo. Mañana, a esta hora, los entregaré a todos muertos en manos de Israel. Después lisia sus caballos y quema sus carros de guerra”. Josué 11:6
Dios tranquilizó a Josué en medio de la incertidumbre. Cuando enfrentamos situaciones inéditas e inciertas en la vida, podemos acceder a la fuente suprema de seguridad y fortaleza en la promesa de Dios. El miedo que antes nos paralizaba pierde su fuerza cuando nos enfocamos en Su promesa. Como mujeres líderes, a menudo se nos llama a tomar decisiones difíciles, a enfrentar situaciones que parecen insuperables o a entrar en lo desconocido. Pero Dios nos recuerda: “No tengas miedo”. Estar de su lado es nuestra fuente de confianza y fortaleza. Cuando alineamos nuestro corazón y acciones con Dios, podemos vivir con valentía, sabiendo que Dios va delante de nosotras.
2. Estar del lado de Dios nos ayuda a ser persistentes y a luchar con un sentido de propósito.
La victoria rara vez llega sin persistencia. Un detalle de este pasaje que llamó mi atención fue el hecho de que los israelitas no ganaron simplemente una batalla, ni dejaron de luchar al ver que sus enemigos comenzaban a huir. Persiguieron a sus enemigos sin descanso, impulsados por la confianza de que Dios peleaba por ellos.
“Y el Señor les dio la victoria sobre sus enemigos. Los israelitas los persiguieron tan lejos como Gran Sidón y Misrefot-maim y, hacia el oriente, por el valle de Mizpa, hasta que no quedó ningún guerrero del enemigo con vida”. Josué 11:8
Esto estuvo lejos de ser una victoria pasiva. Requirió acción valiente, resiliencia y una fe inquebrantable. Cuando estamos del lado de Dios, recibimos el poder de seguir adelante, incluso cuando el camino es largo y los obstáculos parecen imposibles. Nuestro sentido de propósito se renueva porque sabemos que nuestros esfuerzos están alineados con un propósito superior.
Como mujeres líderes, la persistencia a menudo es necesaria en nuestros ministerios, lugares de trabajo y familias. Habrá temporadas en las que el progreso parezca nulo o lento. En esos momentos, recuerda avanzar con perseverancia. No te rindas y sigue confiando en Dios.
3. Permanecer obedientes a la voluntad de Dios asegura la victoria
Una lección importante de Josué 11 está en el poder de la obediencia. La victoria de Josué no fue el resultado de superioridad militar ni de habilidades de combate excepcionales. La victoria fue el resultado de la obediencia cuidadosa a las instrucciones de Dios.
“Y Josué hizo lo que se le indicó, obedeció cuidadosamente todos los mandatos que el Señor le había dado a Moisés. Así que Josué conquistó toda la región: la zona montañosa, todo el Neguev, toda el área que rodea la ciudad de Gosén, las colinas occidentales, el valle del Jordán, los montes de Israel y las colinas de Galilea”. Josué 11:15b-16
La obediencia no siempre es fácil. Requiere humildad, entrega y disposición para seguir la guía de Dios, aun cuando no comprendamos del todo Su plan. Josué obedeció TODOS los mandamientos que el Señor le dio. Sin excepciones y sin atajos. Este pasaje nos enseña que la obediencia es la llave para abrir la puerta de victoria que Dios desea para nuestras vidas. Finalmente, como líderes en nuestras comunidades, es esencial modelar la obediencia ante quienes nos rodean y a quienes se nos ha confiado para liderar. Hacerlo puede convertirse en un testimonio poderoso de nuestra confianza y fidelidad a Dios, e inspirar a otras personas a hacer lo mismo.
La historia de Josué no es una historia antigua y olvidada. Está aquí como una promesa viva y disponible para quienes se alinean con la promesa de Dios. Mientras escribía este blog, recordé una historia ocurrida durante la Guerra Civil. En medio de la batalla, uno de los asesores del presidente Lincoln le preguntó si había orado para que Dios estuviera de su lado. El presidente respondió: “Señor, no me preocupa si Dios está de nuestro lado; mi mayor preocupación es estar del lado de Dios, porque Dios siempre tiene la razón”.
Cuando elegimos el lado de Dios, Dios nos concede la victoria. Las batallas que enfrentamos en nuestros ministerios, lugares de trabajo y vidas personales son muy diferentes a la de Josué 11, sin embargo, la promesa de Dios permanece inalterable.
Te invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Qué batallas enfrentas hoy? ¿Cómo puedes alinearte del lado de Dios en la batalla? ¿Cómo puedes ayudar a otras personas a recordar la promesa de Dios mientras atraviesan tiempos difíciles?
A manera de conclusión, les animo una vez más a recordar: Debemos procurar siempre estar del lado de Dios, porque su lado siempre es el ganador.

Gabriela Sánchez es graduada del CLLI y sirve como miembro del consejo directivo del mismo. Sánchez es también graduada de la Universidad de Carolina del Norte, Charlotte con una licenciatura en administración de empresas y de la Universidad de Wake Forest con una maestría en administración de empresas. Vive con su esposo Erick y su hijo Liam en Charlotte, Carolina del Norte, donde sirve en el ministerio de medios audiovisuales en su iglesia bautista local La Voz de la Esperanza.