Por Verónica Martínez-Gallegos
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Estamos viviendo tiempos donde la ansiedad se hace presente en nuestra vida cotidiana de forma aguda. Y no hablo de la ansiedad como una enfermedad mental, sino como un afán por las preocupaciones de la vida cotidiana que nos roba la paz. Sobre todo, en estos tiempos de incertidumbre y escasez de alimento, seguridad y estabilidad económica. Entonces, ¿Cómo evitamos sentir ansiedad por un futuro incierto al recordar el cuidado y el amor de Dios?
La palabra “ansiedad” viene del verbo griego miremnao, que significa “estar dividido o distraído”. En latín, la misma palabra se traduce anxius y añade el matiz de “ahorcar o estrangular”. De allí deriva la palabra en castellano ansiedad. Entonces en tiempos difíciles, la ansiedad amenaza con estrangular nuestra vida, dejándonos asfixiados por el temor.
La ansiedad a la larga drena nuestros recursos y nos deja en banca rota emocional e inmovilidad espiritual. Por esta razón es preciso hacerle frente cuando se nos presenta en tiempos difíciles.
El mal de la ansiedad no es nada nuevo. La biblia habla mucho sobre este tema.
En la parábola del sembrador en Marcos 4, el maestro Jesús pintó en la mente de sus oyentes un cuadro de un agricultor sembrando en cuatro tipos de terreno. En ese cuadro él menciona en el verso 7 que parte de la semilla sembrada entre espinos fue ahogada y no dio fruto.
Más adelante Jesús da la interpretación de la parábola a sus discípulos al explicar que muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones (ansiedad) de esta vida, el atractivo de la riquieza y el deseo por otras cosas, asi que no se produce ningun fruto. Marcos 4:18-19 (NTV).
Aquí la ansiedad brota como hierba mala y espinas, y crece alrededor de la Palabra de Dios, ahogando la vida y la paz que ésta pueda dar. En la lección de la semilla y el terreno, Jesús hace una conexión directa entre los efectos devastadores de la ansiedad y la estrangulación que nos asfixia.
En su libro titulado Cuando se atraviesa tiempos difíciles: ¡Si no es una cosa es otra!Charles R. Swindoll dice que “la ansiedad es dolorosa intranquilidad de la mente que se alimenta con miedos inminentes (amenazadores)”. En otras palabras, la ansiedad nace en nuestra mente y nos atemoriza por cosas que quizá nunca van a ocurrir.
Además, la ansiedad crea efectos malos tales como ataques de pánico y debilidad física y espiritual. Veamos algunos ejemplos, la ansiedad:
–nos hace dudar de Dios y de que Dios es bueno para suplir todo lo que nos falte.
–ahorca lo bueno de Dios en nuestra vida, nuestra fe.
–nos impide distinguir entre lo principal y lo secundario convirtiéndonos en personas que pierden el enfoque de lo importante. Al producir dudas y temores, la ansiedad hace que nos distraigamos con lo temporal y al mismo tiempo descuidemos lo eterno.
–nos hace pensar en cosas que quizá nunca pasarán. Se dice que más del 90% de las cosas por las cuales nos preocupamos nunca acontecerán.
–nos roba la alegría y hace que nos convertimos en personas negativas. Tristemente llevaremos nuestra ansiedad a otras personas.
Entonces, ¿hay algún antídoto para la ansiedad?
El Apóstol Pablo nos da palabras alentadoras:
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis “afanosos”, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:4-7 (RV 60)
Si actualmente estamos pasando tiempos de ansiedad, leamos Proverbios 12:25 (DHH):
La ansiedad en el corazón del hombre [mujer] lo deprime, más la buena palabra lo alegra.
¿Qué dice Jesús sobre la ansiedad? “NO te preocupes”. No vas a ganar nada con preocuparte.
En Mateo 6 nuestro Señor Jesús dio el remedio para la ansiedad. Tomando en cuenta las preocupaciones más comunes de las personas, él procedió a darnos una sabia ilustración para combatir este mal tan grande.
Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? Mateo 6: 25 y 26 (NTV)
Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy. Mateo 6:34 (NTV)
Si nos enfocamos en el afán y las preocupaciones, nunca sabremos qué es lo que Dios realmente quiere hacer en nuestra vida.
La raíz de la ansiedad es el temor al futuro. Al saber Jesús que la preocupación o la ansiedad sería un dilema que enfrentaríamos el día de hoy, nos manda que no nos preocupemos y que no dejemos que la ansiedad se enraíce en nuestras emociones, en las altas expectativas que tenemos de la vida o de las personas o en asuntos del pasado. Jesús nos invita a ponerle un alto a la preocupación.
Si bien esta temporada del año nos puede traer mucho regocijo, también nos puede traer ansiedad y preocupación debido a las demandas tanto económicas como de tiempo y esfuerzo que enfrentamos. Si en algún momento en estos días la ansiedad o la preocupación nos quieren robar el gozo y la paz, aceptemos la invitación de Jesús a ponerle un alto a la preocupación y a confiar en la provisión de Dios y que Dios tiene cuidado de nosotras siempre.

La Reverenda Verónica Martínez-Gallegos, M.Div., BCC, es capellana y educadora certificada ACPE. Además, sirve también junto a su esposo, quien es miembro del equipo pastoral en la Primera Iglesia Bautista de Duncanville, Texas. Verónica es graduada del CLLI y sirve en el Instituto como presidenta del consejo directivo y miembro de la facultad.