Por Verónica Martínez-Gallegos
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¿Recuerdas la primera vez que aprendiste a andar en bicicleta? Quizá fue de niña, cuando alguien—una mamá paciente, un papá amoroso, una hermana mayor o una tía que creía en ti—corría detrás de ti mientras gritaba: “¡Tú puedes, sigue pedaleando!”
O quizá aprendiste de adulta, en un parque, con una amiga que no se rindió contigo, o con una pareja que te sostuvo del asiento mientras tú dudabas si levantar los pies del suelo. Yo aprendí con mis amigas de la secundaria, ¡y fue muy divertido!
A veces, aprender a pedalear de adultas es incluso más retador; ya conocemos el miedo, ya sabemos lo que es caer. Y, aún así, alguien se coloca a nuestro lado y nos dice que vale la pena intentarlo.
Aprender a andar en bicicleta nunca ha sido sólo sobre equilibrio, técnica o fuerza. También es sobre acompañamiento y confianza en ti misma. Ese instante mágico en que alguien suelta el asiento porque cree que estás lista, incluso antes de que tú misma lo creas, o ese momento en el que por fin te atreves a intentarlo sola.
Pensemos en el aprendizaje de andar en bicicleta como una metáfora de nuestro aprendizaje de habilidades de liderazgo. Aprender algo nuevo de adultas puede sentirse más difícil. Las caídas pesan más. La vergüenza también. El “¿qué dirán?” se vuelve más fuerte. Pero ahí, más que nunca, Dios se hace presente. Porque el aprendizaje en la adultez no es sólo habilidad, es formación del corazón y transformación espiritual. Es un encuentro con la gracia en medio de nuestra vulnerabilidad. Cada vez que te atreves a aprender algo nuevo, estás haciendo un acto profundamente espiritual: Estás reconociendo que no tienes que saberlo todo y que no tienes que hacerlo sola.
La famosa cita atribuida a Ratan Tata dice: “Si quieres caminar rápido, camina sola; pero si quieres llegar lejos, camina acompañada”. Es por esta razón que el acompañamientoen nuestro caminar es un regalo de Dios. Cuando Dios nos va a delegar una tarea, Dios prepara a quien nos va a acompañar para que no caminemos solas y podamos llegar lejos. Esa es parte de la bendición de participar en el CLLI y caminar juntas. Así nos rodeamos de voces, manos, abrazos, consejos y presencias que reflejan el gran amor de Dios.
Esa persona que sostiene tu bicicleta no llegó a tu vida por accidente. Tampoco son accidentales las mujeres que te acompañan hoy. Son las mujeres que oran por ti, que te animan cuando tu fe flaquea, que celebran contigo cuando avanzas o que te levantan cuando te caes.
En su libro, Atrévete a liderar, la escritora y académica Brené Brown menciona: “Rodearte de personas que quieran verte crecer es un acto de valentía y sabiduría.” El poder de alguien que cree en tiy que te anima desde la orilla del camino al aprender algo nuevo, ya sea un idioma, una habilidad o un rol de liderazgo, siempre hace que la carga se sienta más ligera. Todas las personas necesitamos, en diferentes etapas de la vida, una “mano en el asiento de la bicicleta”.
Hay momentos en los que Dios nos llama a avanzar hacia algo nuevo, tal vez un nuevo rol, temporada, ministerio o nivel de fe. A veces ese llamado se siente exactamente como subirse a una bicicleta por primera vez: el corazón late rápido, nos sudan las manos, y nos preguntamos si realmente estamos listas. Pero en el reino de Dios, el aprendizaje no se construye sobre la perfección, sino sobre la confianza.
Antes de que des el primer pedalazo, Dios ya está detrás de ti, sosteniendo el asiento con una ternura que supera todo entendimiento. Quizá tú tiemblas de miedo, pero Dios no. Muchas veces sentimos que damos pedalazos solas, pero Dios susurra: “No temas, porque yo estoy contigo…” (Isaías 41:10).
En la Biblia encontramos un hermoso ejemplo en Rut y su proceso de aprendizaje. Aunque la Biblia no habla de bicicletas, sí habla de acompañamiento entre mujeres. Al Rut enfrentar un futuro incierto, aprendiendo una nueva cultura, costumbres, idioma y forma de vivir, Noemí la acompaña. Noemí la guía, aconseja, instruye e impulsa.
Y Rut, con humildad y valentía, se deja acompañar. El liderazgo no siempre comienza con saber qué hacer, sino con estar dispuestas a aprender. Como líderes latinas, podemos vernos reflejadas en Rut: mujeres que migran, avanzan, aprenden, construyen y se reconstruyen… pero no solas.
Cuando Rut dejó Moab, no sólo cambió de tierra, sino que también de cultura, rutina, lenguaje, creencias y vida. Rut estaba aprendiendo a vivir de nuevo, paso a paso, pedalazo a pedalazo.
Y en ese proceso, Dios no la dejó sola. Noemí fue su guía, acompañante, sostén y sabiduría. Fue la mano en el asiento de la bicicleta.
Dios no desamparó a Rut en su transformación y no te desamparará a ti en la tuya. ¿Recuerdas quién fue tu Noemi? ¿Quién te enseñó a andar en bicicleta? ¿Recuerdas la mirada, la voz, la presencia que te animó? Es posible que hoy, en este mismo momento, Dios también te esté mostrando nuevas “entrenadoras de bicicleta” —mentoras, hermanas, consejeras — que Dios ha puesto para sostenerte mientras aprendes algo nuevo.
En nuestro crecimiento deauto confianzahay que aprender a pedalear con Dios y, por lo tanto, a pedalear con propósito y fe. Ser una mujer latina en liderazgo es un llamado profundo. Es una combinación divina entre valentía, servicio, compasión y fuego interior. (Jeremias 20:9) Pero también es un llamado a caminar acompañadas, entretejidas en la comunidad de fe que Dios nos regala, y a creerle a Dios mientras crecemos y desarrollamos nuestra auto confianza.
Dios no te pide que pedalees sola. Dios te sostiene, guía, acompaña, y pone a otras mujeres en tu camino para hacerlo contigo.
Así que hoy te pregunto desde el corazón: ¿A quién ha puesto Dios a tu lado en esta etapa?
¿A quién está llamando Dios para que tú acompañes? ¿Y hacia dónde te invita Dios a avanzar ahora?
Dios ya está contigo en el camino. Sólo falta que te subas, respires profundo… y empieces a pedalear.

La Reverenda Verónica Martínez-Gallegos, M.Div., BCC, es capellana y educadora certificada ACPE. Además, sirve también junto a su esposo, quien es miembro del equipo pastoral en la Primera Iglesia Bautista de Duncanville, Texas. Verónica es graduada del CLLI y sirve en el Instituto como presidenta del consejo directivo y miembro de la facultad.