Por Verónica Rodríguez Navarro
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La Ciudad de México, en la estación de primavera, se caracteriza por su brillante color purpura debido a las flores de las jacarandas que embellecen las ramas de sus árboles. Sin embargo, hay algo en particular que siempre me ha llamado la atención de estos árboles: las ramas y el tronco parecieran estar secos. Aún así, florecen y su belleza transforma el entorno. Además de su belleza, estos árboles tienen otras características particulares: raíces firmes que se desarrollan pacientemente, flores que aparecen antes que las hojas y semillas que son esparcidas por toda la ciudad. Lo sorprendente de estos árboles es que, cada año, aunque pareciera que ya no tienen vida, siguen floreciendo. ¡Siguen dando vida!
En el liderazgo hay ocasiones en que experimentamos algo similar a lo que presentan estos árboles de jacaranda. Permíteme describir estas características y, juntas, admiremos la belleza de esta temporada en nuestro liderazgo.
Florecen aun en temporadas secas.
Las jacarandas suelen florecer cuando sus ramas parecen estar secas y sin hojas. Como lideres, no dependemos de las mejores circunstancias para dar fruto. Habrá ocasiones en que no veremos evidencia de nuestro trabajo y llegarán las dudas que nos harán preguntarnos: ¿realmente fui elegida y llamada para encabezar cierto ministerio, liderar proyectos o continuar en el lugar en que estoy?
Nuestro liderazgo no depende de las mejores circunstancias para seguir inspirando, sirviendo y generando esperanza. Nuestro liderazgo depende de Dios, quien nos llamó y que produce en nosotras el fruto al cual fuimos llamadas.
Su belleza transforma el entorno
Cuando las jacarandas florecen, cambian completamente el ambiente de las calles y parques con su color purpura. En el liderazgo, esto refleja la presencia y actitud con la que podemos influir positivamente en nuestro entorno familiar, laboral y ministerial.
Te sorprendería darte cuenta cuantas mujeres te admiran, encuentran belleza a tu alrededor y la huella que tu liderazgo ha hecho en quienes te rodean. Cuando tu floreces otras mujeres florecen contigo.
Tienen raíces firmes y crecimiento paciente
Las jacarandas tardan años en desarrollarse plenamente, pero cuando crecen, permanecen fuertes y resistentes. El liderazgo no se construye de manera apresurada; requiere de tiempo para desarrollarse mediante experiencias, procesos, aciertos y errores que llevan a adquirir la madurez y el carácter probado.
También se requiere profundidad en el conocimiento, vida interior, convicciones claras y una relación sólida con Dios y con las demás personas. De igual manera, se necesita constancia: permanecer fieles, aunque no seamos reconocidas. Como lideres, necesitamos seguir sirviendo, aprendiendo y avanzando, incluso en tiempos difíciles o de silencio.
Y, por último, se requieren raíces firmes, formadas por los valores y el carácter que sostienen a la persona cuando llegan las pruebas o dificultades. Estas raíces evitan que como lideres nos derrumbemos.
Sus flores aparecen antes que las hojas
En muchas ocasiones, la jacaranda florece antes de recuperar completamente su follaje. En el liderazgo, esto representa que, aún en los procesos de renovación personal, debemos seguir bendiciendo a otras personas. Nos enseña que debemos continuar cumpliendo nuestro propósito en el liderazgo y el servicio mientras seguimos creciendo o inclusive sanando.
En ocasiones, pensamos hacernos a un lado para completar la renovación que atravesamos y sentirnos listas; sin embargo, es precisamente ahí donde hay una recuperación milagrosa y vemos la fuerza con que seguimos creciendo.
Esparcen sus semillas a la distancia
Las jacarandas producen semillas ligeras que el viento lleva lejos, permitiendo que nuevos arboles crezcan en otros lugares. De la misma manera, en el liderazgo debemos tener la capacidad de multiplicar nuestra influencia, tal y como lo hace CLLI, formando a otras lideres, construyendo y dejando un legado a las mujeres.
Necesitamos comprender que una verdadera líder no solo impacta su presente, sino que prepara y sirve a futuras generaciones.
Finalmente, al igual que las jacarandas, en nuestro liderazgo aparecerán temporadas que pareciera que atravesamos sequedad, cansancio o silencio. Habrá momentos en los que, desde afuera, pareciera que ya no queda fuerza; sin embargo, cuando nuestras raíces permanecen en Dios, seguimos floreciendo. Seguimos dando vida.
La promesa de Isaías 27:6 declara: “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto”. Dios sigue formando mujeres que echan raíces profundas, florecen en su tiempo y llenan de fruto su entorno.
Así como las jacarandas transforman la ciudad cada primavera, también nosotras podemos transformar los lugares donde Dios nos ha puesto. Aún en temporadas difíciles, seguimos sirviendo, levantando a otras, sembrando esperanza y, por la gracia de Dios, seguimos dando vida.

Verónica Rodríguez Navarro es directora de la Escuela de Música y Capacitación Ministerial Hudbe y coordinadora del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI) en la ciudad de México. Tiene un bachiller en Ministerio Musical y Adiestramiento Ministerial por el Seminario Teológico Bautista Mexicano en la Ciudad de México y un certificado en Estudios de Liderazgo por el Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI). Actualmente está realizando estudios de maestría en el Seminario Teológico Palmer.