Por Jana Atkinson

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A principios de este año, me encontré recorriendo las calles de Barcelona, ​​una ciudad donde la profunda historia y la actualidad parecen bailar al unísono. Llegué con el alma llena de interrogantes silenciosas sobre lo que significa liderar y servir como pastora. Mi único plan verdadero era prestar atención, no sólo a las vistas y los sonidos, sino también a los impulsos del Espíritu en mi interior. Este viaje se presentaba como una invitación a escuchar aquello que Dios tal vez susurraba justo bajo la superficie.

El permitirme escuchar y observar comenzó a dar forma a mis días en España. Una y otra vez, me encontraba en esos lugares sutiles donde lo sagrado y lo cotidiano se encuentran. Un momento especial surgió al adentrarme en la Sagrada Familia. Quedé maravillada ante aquella inmensa catedral, donde la luz se filtraba a través de las vidrieras, tiñendo el espacio de colores que parecían cobrar vida y respirar.

Al contemplar este espacio sagrado, me sentí pequeña, en el mejor sentido posible. Era una pequeñez sagrada que me recordaba que mis preguntas e incertidumbres forman parte de algo más grande que yo misma; que la presencia de Dios trasciende mucho más lejos que mis propias limitaciones. Esta sutil revelación alivió la carga que a veces siento como líder y me recordó que la labor de servir y amar a las demás personas nunca fue creada para llevarse a cabo en soledad.

Al enterarme de que la construcción de la Sagrada Familia comenzó en 1882, mi sensación de asombro se intensificó. ¿Cuántas manos, contratiempos y esperanzas tenaces han mantenido viva esta visión a lo largo de los años? Comprendí que no sólo estaba admirando una obra arquitectónica, sino que me hallaba dentro de una parábola viva, un recordatorio palpable de que la obra más profunda de Dios se despliega lentamente, invitándonos a confiar y a seguir construyendo, incluso cuando parece que la tarea nunca llegará a su fin.

Durante el tiempo que pasé en Barcelona con el personal de campo del Compañerismo Bautista Cooperativo y los líderes de ministerios locales, fui testigo de la mano de Dios obrando en su manera de servir. Aunque se encuentran en una región histórica arraigada en generaciones de fe, permanecen siempre atentos y a la espera de las cosas nuevas que Dios está originando. Al conocer sus ministerios, lo que realmente me cautivó fue la apertura de sus corazones, su disposición a dejarse sorprender por Dios y a seguir el movimiento del Espíritu. Estos líderes me recordaron que el ministerio exige saber escuchar con la profundidad necesaria para discernir aquello que anhela el corazón de las personas.

El ministerio rara vez comienza con grandes planes; más bien, suele iniciarse con una atención sencilla y sagrada. Una vida de liderazgo que refleja a Cristo se fundamenta en la consideración y la paciencia, especialmente cuando una se siente desbordada por las circunstancias. Dios está moldeando mi corazón para conocer a las personas, acercándome a ellas y escuchando tanto lo que dicen como lo que callan. Puede que esa clase de atención no sea eficiente, pero se percibe auténtica… y se siente como amor.

Hoy, mientras avanzo por el ritmo cotidiano del ministerio, perduran los ecos de Barcelona. Mi estancia en España ha profundizado mi sentido de una curiosidad sagrada. Estoy aprendiendo a moverme con más calma, a escuchar con mayor profundidad y a mantener mis planes con las manos abiertas, confiando en que Dios camina conmigo.

El tiempo que pasé en Barcelona me recordó que el liderazgo no consiste tanto en tener todas las respuestas, sino en crear un espacio para las preguntas que aún se están gestando en nuestros corazones. Como la Sagrada Familia, construida lentamente, piedra a piedra, con la fe de que Dios sigue obrando en todos nuestros espacios que aún están inconclusos.

La Rev. Jana Atkinson es residente pastoral en la Second Baptist Church de Liberty, Missouri. Su trayectoria la ha llevado desde el Southwest Texas Junior College, donde obtuvo su título de bachiller, hasta la Baptist University of the Américas para cursar su licenciatura, y posteriormente al Logsdon Seminary para obtener su Maestría en Divinidad. Anteriormente, sirvió como ministra de estudiantes en Woodland Church, San Antonio. A través de su caminar se ha formado en el Christian Latina Leadership Institute, donde recibió un certificado en Estudios de Liderazgo desde la Perspectiva Latina. Cada etapa ha profundizado su sentido de vocación y la ha preparado para el camino del ministerio pastoral.