Por Margarita García
Please click here to read in English
Este verano tuve la oportunidad de visitar la Academia Naval de los Estados Unidos (USNA), y aprendí algunos datos interesantes y divertidos. Aprendí que el jugador de la NBA David Robinson se graduó de la USNA, que los marineros prisioneros tallaban barcos en miniatura con los huesos de carne sobrantes y que la velocidad de los barcos se mide en nudos, un antiguo método llamado corredera de popa. Los marineros lanzaban una tabla de madera atada a una cuerda por la popa. La cuerda tenía nudos atados a intervalos regulares. Mientras el barco se alejaba de la plataforma flotante, los marineros contaban cuántos nudos pasaban entre sus manos durante un tiempo determinado (a menudo medido con un reloj de arena). El número de nudos contados se convertía en la velocidad del barco.
Mientras hacíamos un recorrido por la academia visitando las diferentes áreas y aprendiendo su significado, escuché algunas frases que quiero compartir con ustedes por la manera en que se aplican al liderazgo.
Al inicio de la visita, el Almirante dijo estas palabras, “siempre que alguien acude a ustedes en busca de instrucción, motivación y orientación, están al mando”. Esta es la esencia del liderazgo. Constantemente nos relacionamos con las personas a través de encuentros formales e informales. Tanto al dirigir una enseñanza desde un púlpito como al conversar con una amiga en la mesa de la cocina, el momento más casual se vuelve crucial al invertir en la vida de quienes nos rodean. Como resultado de estos encuentros, la líder cristiana asume su liderazgo con mando y demuestra el carácter de Cristo en cada conversación y enseñanza.
La segunda frase es muy similar a la anterior, “el que está al mando, manda”. Esto me recordó que liderar exige valentía al tomar responsabilidad. Mandar no significa “ser el jefe”, como suelen hacer los que practican la opresión para demostrar quién tiene más poder. Estar al mando más bien representa tener el valor el cual viene de Dios, para actuar con sabiduría en el momento adecuado. Esto no sucede por casualidad. Cuando Dios nos llama a servir ya sea a través de una profesión o ministerio, hay que dar pasos de obediencia para estar preparados. 1 Pedro 1:13 nos llama a esto: “Por lo tanto, preparen su mente para la acción y estén alertas; pongan su esperanza totalmente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo” (NTV). La preparación intelectual, espiritual, y emocional es indispensable porque nos permite “mandar” con sabiduría y valentía en el momento oportuno.
Por último, está el lema de la Academia Naval de los Estados Unidos: “No abandones el barco”, que simboliza el coraje, la perseverancia y la dedicación a la misión. La frase proviene del capitán James Lawrence durante la Guerra de 1812 contra los británicos. Lawrence, que estaba mortalmente herido a bordo del USS Chesapeake, ordenó a su tripulación: ¡No abandonen el barco! Aunque el barco finalmente se perdió, sus palabras inspiraron al comodoro Oliver Hazard Perry, quien mandó confeccionar una bandera de batalla con la inscripción “NO ABANDONES EL BARCO” y la ondeó durante la Batalla del Lago Erie, donde Estados Unidos obtuvo una importante victoria.
La biblia en Gálatas 6:9 nos exhorta a perseverar: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” El liderazgo puede verse como el “barco.” Hay muchos desafíos que surgen al navegar por el mar, y puede que en algún momento abandonar “el barco” o tu llamado, pueda parecer una mejor opción que perseverar. Pero te animo a que “no abandones el barco”, sigue adelante incluso en medio de la tormenta, porque Jesús ya ganó la batalla por ti.

Margarita García es subdirectora en el distrito escolar de Kaufman. Tiene una maestría en Educación de Dallas Baptist University, Dallas, Texas. Es graduada del CLLI Texas y sirve como miembro de la facultad y del consejo directivo del mismo.