Las diferentes caras de la hermandad entre mujeres (*)

Por Becky Klein

Traducido por Alicia Zorzoli

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¿Qué es eso de la hermandad entre mujeres? En mi experiencia ha sido la bendición de contar con una o más mujeres que tienen un vínculo en común, que comparten confidencias sin emitir juicios ni violar la confianza, y que brindan esperanza y alivio cuando alguien enfrenta tiempos de dificultad, confusión o tristeza.

A lo largo de los años encontré este tipo de relación en ciertas instancias particulares que fueron y siguen siendo muy importantes para mí. Una de esas situaciones ocurrió siendo militar cuando me enviaron al Medio Oriente. Fui una de solo dos mujeres en mi unidad militar. Llegué a una tierra extraña sin conocer a nadie más que mi colega femenina. Muy pronto no solo nos hicimos amigas sino que también lo hicimos con las pocas otras mujeres en uniforme que vivían en aquel campamento militar. Juntas experimentamos las realidades diarias de la vida militar como acostumbrarnos a usar las letrinas y a ducharnos una vez por semana. También compartíamos nuestra preocupación por nuestros hijos y demás familiares al otro lado del mundo. Nos ocupamos de mantenernos al mismo nivel físico de nuestros colegas varones. Compartíamos intereses similares respecto a nuestros hábitos alimenticios, manteníamos nuestra carpa lo más ordenada posible, y hasta nos ocupábamos de esas “necesidades” pintorescas como la de asegurarnos de que las uñas de nuestros pies estuvieran bellamente pintadas dentro de las duras botas militares. Sobre todo, debimos acostumbrarnos a una tierra que segregaba a las mujeres en los lugares públicos, que limitaba nuestras actividades como manejar o ir al gimnasio, y que nos restringía forzadamente en lo que podíamos vestir cuando salíamos de la base militar.

Ninguna de nosotras sabía lo que nos iba a pasar al día siguiente debido a los alertas diarios de misiles que nos sobrevolaban o a las amenazas diarias de una guerra química o biológica. Era reconfortante tener un grupo de mujeres que experimentábamos juntas estas presiones y anormalidades. Esto aumentaba nuestra confianza unas en las otras y también en nosotras mismas. Nuestra hermandad era un refugio seguro frente a las amenazas existenciales y externas.

Este mismo vínculo de hermandad entre mujeres lo experimento en mi lugar de trabajo. Más del noventa y cinco por ciento de las personas que empleo son mujeres. Esto no es porque lo haya premeditado sino porque las mujeres que se presentan en mi órbita de trabajo demuestran ser las más calificadas y experimentadas para la tarea. Además, las otras empresas que comparten el área de mi oficina están dirigidas por mujeres que también han empleado principalmente a mujeres. Durante los últimos doce años este grupo de profesionales femeninas nos hemos reunido para aprender unas de las otras tanto en lo profesional como en lo personal.

Por ejemplo, la semana pasada quince de nosotras nos juntamos en la oficina a la hora de la comida para comer y, al mismo tiempo, escuchar a una autora que nos enseñaba lo que significa para una mujer el llegar a ser financieramente sabia e independiente. Compartimos experiencias y preguntas en cuanto a nuestras relaciones y puntos de vista respecto al dinero. Muchas veces es difícil conversar sobre este tema con nuestros seres queridos, y mucho menos con nuestros colegas en la oficina. Sin embargo, como una hermandad de mujeres profesionales, nos sentimos seguras para compartir conversaciones sensitivas y preocupaciones financieras personales. Dejamos esa comida sintiéndonos más enriquecidas al haber aprendido de unas de las otras respecto a nuestras tribulaciones y nuestras fortalezas.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) brinda ese mismo tipo de experiencia de hermandad entre mujeres. Sin embargo, dado que el fundamento de esta institución está basado en el poder, la gracia y la sabiduría de la Palabra de Dios, esta hermandad es una experiencia mucho más profunda. No se trata simplemente de compartir vínculos geográficos debido a amenazas externas. Es más que juntarnos porque tenemos metas y afinidades en lo profesional.

CLLI crea una red de mujeres que andan a la luz del Espíritu Santo y demuestran el amor de Cristo; un amor que no cambia a pesar de las circunstancias, el tiempo o la distancia. La hermandad de CLLI provee un lugar donde aprender mediante la gracia y el empoderamiento. Este grupo entiende que cada una somos eternas y somos un reflejo de Dios. No se trata de estar unidas debido a las situaciones externas de la vida, sino que significa estar conectadas desde ese punto muy dentro de nosotras mismas que anhela conocer profundamente a nuestro Creador, y compartir unas con otras el propósito de Dios para cada una en esta dimensión de la vida.

Es mi deseo que tú hayas tenido una experiencia de hermandad entre mujeres. Pero más que esto, es mi oración que te sientas llamada a entrar en la hermandad de CLLI para crecer con nosotras mientras aprendemos a liderar en el poder y la gracia de Dios.

(*) Nota de la traductora. Últimamente se está usando el término sororidad como el relativo al vocablo inglés sisterhood. El Diccionario de la RAE define sororidad como “Amistad o afecto entre mujeres. Relación de solidaridad entre mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”. Dado que todavía su uso no es generalmente conocido preferimos usar la frase “hermandad entre mujeres” para traducir sisterhood.