Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

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Mi mamá fue maestra de prescolares por más de 20 años. Le encantaba enseñar. Disfrutaba de mirar a sus estudiantes actuar en el rincón de drama cuando representaban lo que veían en la casa. Ella podía aprender mucho acerca de las familias de sus estudiantes por la manera en que representaban e interactuaban entre sí.

Yo también crecí mirando; es decir, mirando a mi mamá y aprendiendo mucho de ella. Lo que soy hoy es debido en gran parte a lo que observé de mi mamá. Ella falleció hace ocho meses y, aunque el camino del duelo ha sido difícil, puedo recordar constantemente todo lo que aprendí de ella. Quiero compartir con ustedes un poco de quién fue mi mamá y algunas de las lecciones de liderazgo que aprendí de ella.

Mi mamá fue una persona muy fuerte. No recuerdo que alguna vez se haya rendido, no importa los desafíos que enfrentó. Ella nació en Sonora, México, y vino a los Estados Unidos siendo joven, cuando se casó con mi papá. También tuvo a sus cuatro hijos a una edad muy joven.

Cuando mi mamá llegó a este país solo tenía un diploma de la escuela secundaria (que no era aceptado en este país) y no hablaba nada de inglés. Como madre de cuatro hijos sabía que necesitaba estudiar para poder prepararse para vivir en este país. De modo que enseguida se inscribió y graduó de los cursos de ESL y GED y más tarde continuó en la universidad. Era muy ingeniosa, hacía preguntas frecuentemente y quería saber de las oportunidades para progresar.

Hubo veces cuando mi mamá no podía encontrar quién nos cuidara. En vez de faltar, nos llevaba con ella a la universidad y hacía que eso fuera una aventura divertida y entretenida mientras la esperábamos en el pasillo de su sala de clase. Mientras la esperábamos jugábamos a que estábamos en la universidad, mirábamos los catálogos de esa escuela y soñábamos con las clases que íbamos a tomar. Mi parte favorita de esa experiencia era ir a la biblioteca, ayudarla a encontrar los recursos y jugar a que éramos bibliotecarios y  estudiantes. Ella nos hablaba entusiasmada y feliz acerca de su educación, no importa cuán difícil fuera su clase.

También recuerdo el auto que manejaba para asistir a las clases. La marcha atrás no funcionaba; entonces ella buscaba los espacios de estacionar más retirados donde pudiera estacionar sin tener que ir hacia atrás. Mi papá era el conserje de una iglesia Bautista local de modo que el dinero no era abundante, pero ella persistía y encontraba becas y donaciones. Muchas veces era mal vista, menospreciada debido a su acento y criticada por ir a la universidad teniendo criaturas pequeñas. A pesar de eso, ella sabía lo que quería y lo que necesitaba hacer. Finalmente completó sus estudios graduándose de Early Childhood Education/Development (Educación/Desarrollo de la Primera Infancia) y enseñó a prescolares por más de 20 años. 

Otra cosa importante acerca de mi mamá fue cómo animaba a otras mujeres a que estudiaran. Ella guio e inspiró a muchas de las madres de sus estudiantes a que ellas también estudiaran para llegar a ser maestras.

Durante mi infancia mi mamá tuvo muchos problemas de salud y enfrentó circunstancias difíciles en el hogar; sin embargo, ella nos modeló perseverancia y fe. No recuerdo que mi mamá se hubiera dado por vencida alguna vez. Ella pensó lo mejor de sí misma, afirmando que podía hacer cualquier cosa e ir a cualquier lado. Si no sabía cómo hacer algo iba a encontrar la manera de aprenderlo para poder hacer todo lo que se proponía. 

Una de las cosas que más le gustaban a mi mamá era servir en su iglesia. Ella usó todo su conocimiento y su educación en la enseñanza, y lo puso al servicio de la iglesia. Buscaba recursos locales para ayudar a solventar las actividades donde ella servía. No permitió que sus muchos problemas de salud y sus discapacidades le impidieran servir.

Después de varios derrames cerebrales serios y otros problemas de salud que amenazaban su vida, continuó perseverando y sirviendo en el trabajo con el departamento infantil en su iglesia. De hecho, en el verano de 2018 dirigió y enseñó en la Escuela Bíblica de Vacaciones de su iglesia desde una silla de ruedas. No importaban los obstáculos; ella siguió siendo fiel a sus compromisos.

Mamá de Anyra con los niños de su iglesia después de la EBV.

MI mamá tuvo todos los obstáculos imaginables que podían hacer que alguien no triunfara en la vida, pero ninguno de ellos la detuvo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) fue su versículo lema. Le sirvió como motivación para perseverar. Mediante este versículo ella recordaba las luchas que tuvo el apóstol Pablo y cómo él continuó sirviendo a Cristo. A través de todos sus desafíos Pablo estaba decidido a recibir de Cristo la fortaleza para seguir haciendo lo que Dios le había llamado a hacer.

El ejemplo de mi mamá me enseñó que el liderazgo viene acompañado de desafíos, oposición, enfermedades, críticas y otras complicaciones; pero si seguimos a Cristo podemos persistir.

El espacio no me permite compartir todo lo que mi mamá fue e hizo, pero mis lecciones primeras y más importantes de liderazgo estuvieron modeladas por ella. Yo la estuve mirando y aprendiendo como ser una líder. Aun ahora, trato de mirar hacia atrás para recordar cómo le dolió la muerte de mi abuela y aprender a vivir este proceso de duelo como ella lo vivió. 

Hoy tenemos muchas niñas y jóvenes que nos miran. Nuestras sobrinas, hijas, nietas, y las niñas de la iglesia están aprendiendo por cómo lideramos, enfrentamos los desafíos, nos destacamos y perseveramos. Ellas observan cómo interactuamos con las demás personas y cómo vivimos nuestra fe.

Una de las muchas bendiciones de CLLI es que, aunque ya no soy una niña y mi mamá ya no está aquí físicamente para mirar, tengo otras líderes latinas a las que tengo el privilegio de observar y aprender de ellas. Semejante a lo que encontré en mi mamá, CLLI es una red de líderes latinas listas para compartir sus consejos, animarnos a continuar, orar por nosotras y guiarnos a los recursos que nos ayuden a crecer. 

Espero que un día las niñas y  jóvenes que me miran puedan también compartir las muchas formas en las que modelé el liderazgo para ellas.

Nos están mirando; lideremos con fidelidad. 

Anyra Cano (izquierda), es Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

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