Por Raquel Contreras 

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En la cultura latina de hoy, como en los tiempos bíblicos, el nombre de María es muy común. 

Ciertamente lo identificamos de inmediato con María, la madre de Jesús, pero también con muchas mujeres del presente. Muchos de los nombres compuestos de mujeres llevan el nombre de María: María Eliana, María del Carmen, María Eugenia o María Soledad. 

María es cada año el nombre más usado por todos los padres al registrar a sus hijas en la cultura latina. Incluso en el cielo de Sud- América se identifica un conjunto de tres estrellas en línea como Las Tres Marías

Y podríamos seguir hablando de las Marías en nuestra cultura que se identifica hasta con nuestra cocina, decimos, “esto se cocina a baño maría” y por supuesto, todas hemos disfrutado de las ricas galletas “Marías”. 

En fin, María es una palabra que no solo se refiere al nombre de muchas mujeres, sino que forma parte de nuestra cultura, por eso hablar del liderazgo de una María de la Biblia me parece muy interesante y fácil de relacionar con nuestra vida práctica.

El libro de los Hechos nos cuenta los comienzos de la Iglesia y cada uno de los registros de él nos muestra la manera como el grupo de nuevos creyentes iba dándole forma a sus prácticas de vida y disciplinas espirituales. Nos habla de como predicaban por las calles, como disfrutaban del compañerismo por las casas, como estudiaban las palabras de Jesús, como reaccionaban frente a las dificultades, como viajaban para compartir de las palabras de Jesús con todo el mundo conocido a fin de que todas las personas pudieran reconocer también a Cristo como el Mesías prometido. En la práctica de nuestra propia vida en este siglo 21, tenemos mucho que aprender de ellos.

Pero para mí, siempre ha sobresalido una María del libro de los Hechos, de la que solo tenemos 24 palabras, pero que la hacen resaltar de gran manera. En Hechos 12:12 dice: “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando”.

Solo 24 palabras (versión RVA 60) para referirse al tremendo liderazgo que esta mujer tenía en la iglesia primitiva.

Pedro, el líder espiritual, había sido tomado preso pues el grupo de nuevos creyentes estaba creciendo mucho y estaba siendo una amenaza para el gobierno y las costumbres establecidas. Había sido puesto en un calabozo, amarrado a soldados que no le permitían moverse, y encerrado en el fondo de la cárcel. Mientras esto pasaba, dice Hechos 12:5 “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”.

La iglesia sabía que, frente a esta tremenda dificultad de no tener a su líder con ellos, y más aún, la incertidumbre de lo que podía pasar con él, ellos debían orar… y eso hacían. 

De una manera milagrosa Pedro es liberado de la cárcel y cuando se encuentra en la calle, libre de sus cadenas, la Biblia dice que volvió en sí y reconoció que había sido liberado. En ese momento, lo único que piensa que puede hacer es … ir a la casa de María, pues ahí estaba la iglesia reunida orando. Esto me sobrecoge siempre. Pedro no había tenido ningún contacto con los hermanos, pero sabía dónde debían estar. 

Por su parte, María es una mujer que ha abierto su casa para que la iglesia se reúna a orar, frente a la tremenda necesidad que tenían. Pero, no solo eso; basados en esta historia, podemos asumir que Pedro, el líder natural, sabía que ella lo había reemplazado en esos momentos y había tomado el liderazgo que se necesitaba para que el grupo de nuevos cristianos hiciera lo que tenía que hacer… orar. 

Esta María es un tremendo ejemplo para nosotros. Nos enseña a asumir las posiciones de liderazgo que necesitamos tomar aun cuando las situaciones sean difíciles o inciertas. Nos enseña a guiar a otras personas a hacer lo que se debe hacer ofreciendo lo que tenemos a nuestra mano para apoyar y guiar. Y, sobre todo, nos enseña a siempre ser mujeres a las cuales otras personas puedan recurrir cuando tienen necesidad de acercarse al Señor.

Las líderes latinas y latinas de corazón debemos siempre estar listas a ejercer nuestro liderazgo con lo que tenemos en nuestras manos para, especialmente estar listas a acompañar a otras personas en su búsqueda de Dios y necesidad de oración, particularmente en estos tiempos tan convulsionados que nos toca vivir.

¡Dios nos permita a nosotras, las líderes de hoy, ser las “Marías” que debemos ser en la situación que nuestro Señor nos ponga!


Raquel Contreras, J.D., es la directora general de Editorial Mundo Hispano en El Paso, TX. Ella es miembro de la Junta Directiva de CLLI.

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