Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Dieciocho años atrás mi vida se encontraba como en el fondo enlodado de un pozo. Había experimentado un tiempo de trauma físico y emocional. Anhelaba una comunidad que me ayudara a salir del dolor que me envolvía. Dios fue bueno conmigo al brindarme una red de personas que me inspiraron, me desafiaron, me alentaron y oraron por mí. A través de cada una de ellas Dios fue restaurando mi vida. Esta experiencia me enseñó una lección invalorable en cuanto a la mentoría y la hermandad entre mujeres.

Doy gracias por varias mujeres sabias en  mi vida que se tomaron el tiempo para escucharme y animarme. Su sabiduría y su obra como mentoras me ayudaron a recuperar mi confianza en Dios y a descubrir un sendero nuevo para acercarme a él.

Esta actitud de mentoras y de hermandad que encontré en diferentes mujeres me recuerda la historia bíblica de Noemí y Rut quienes, aunque no tenían un parentesco de sangre, desarrollaron un vínculo tan fuerte entre suegra y nuera que fue capaz de llevarlas a un lugar seguro. Es una historia hermosa de dos mujeres que debieron soportar un dolor y una pena muy grandes que las dejó vulnerables y las llevó a viajar juntas de regreso al país de Noemí. En ese viaje Noemí se convirtió en la mentora de Rut quien aceptó confiadamente seguir las sugerencias de Noemí.

Así como Rut encontró su mentora, Noemí, en medio de un tiempo de pérdida, yo encontré a mi mentora también en medio de un tiempo de tristeza profunda. Su nombre es Alicia Zorzoli. Como una forma de respeto y honor yo la llamo “hermana Alicia”. Ella no es mi hermana biológica, pero es mi hermana en Cristo.

Conocí a mi hermana Alicia en El Paso, en una pequeña iglesia hispana en donde ella era una líder. Me estaba preparando para mudarme a San Antonio a comenzar mis estudios para el ministerio vocacional. Recuerdo haber compartido a la hermana Alicia que me sentía muy indigna  de ir a esa universidad cristiana. La respuesta poderosa y compasiva que recibí de ella la llevo grabada en mi corazón por los últimos 18 años: “No tienes que tener vergüenza. Considera lo que has pasado como parte de la preparación que Dios tiene para ti para servir en el ministerio. Lo que tú viviste te va a ayudar a ministrar a otras personas que estén pasando por situaciones similares”.

Después de la universidad perdí el contacto con la hermana Alicia, pero sus sabias palabras  permanecieron conmigo y continuaron guiándome. Su sabiduría resonó tan profundamente en mi alma que llegó a ser el marco de mi ministerio. Y, eventualmente, la profecía de la hermana Alicia llegó a ser una realidad en mi vida cuando yo también me convertí en mentora. Ese día descubrí que Dios iba a redimir mi historia y transformarla en una que sería una puerta para que otras también experimentaran la misericordia y el amor incondicional de Dios.

Hace unos nueve años Dios trajo a mi vida a una jovencita de 16 años: Itzayana. Ella se hizo miembro de la iglesia donde yo soy la ministro de jóvenes. Itzayana era tímida y callada, pero le encantaba aprender y servir. Entre nosotras se fue formando un vínculo muy especial y comencé a ser su mentora en varias áreas de ministerio y liderazgo. Yo la reclutaba para que estuviera a mi lado como voluntaria, y la llevaba conmigo a todas las reuniones y los entrenamientos donde yo participaba.

Durante la escuela secundaria Itzayana trabajó mucho porque quería obtener becas para la universidad. Se había formado grandes proyectos para poder ir a la universidad de sus sueños. Lamentablemente no podía acceder a ninguna de esas becas. Itzayana se sintió completamente derrotada y desalentada. Comenzaron a resurgir muchos problemas que habían estado encubiertos. Recuerdo sus muchas llamadas telefónicas con una voz perturbada y llena de dolor.

Así como la hermana Alicia me había animado, yo animé a Itzayana. Eventualmente se inscribió en la Universidad Bautista de las Américas (BUA por sus siglas en inglés), donde en menos de tres años obtuvo el título de Liderazgo Empresarial. Y en este próximo mes de mayo Itzayana va a obtener su maestría en Administración de Empresas.

Nuestro vínculo de hermandad y mentoría me permitió ver cómo esta jovencita se desarrollaba hasta llegar a ser una líder fuerte, respetada y amada por muchos en nuestra comunidad. Itzayana me llena de gozo y admiración. Hoy es una líder en la iglesia, y ha crecido tanto en su ministerio que estoy convencida de que puede manejar la iglesia por sí sola.

Después de diez años la hermana Alicia y yo volvimos a conectarnos. Ella ahora es una miembro y una líder en la iglesia donde yo sirvo. En esta nueva etapa de su vida y su ministerio ella continúa siendo una importante mentora para mí; alguien que me ama, que crece junto a mí, que me escucha, me comparte su sabiduría y me “echa porras”. Recientemente escribió un  libro de estudios bíblicos titulado “¡Dios, esto no estaba en mis planes!”. En él ella comparte del dolor que sufrió en su vida, y de cómo esos momentos la prepararon para lo que ella es hoy.

Aunque Noemí soportó una pena muy grande, también sirvió como la mentora para desarrollar a una líder en Rut cuya descendencia incluye a nuestro Salvador Jesucristo. La hermana Alicia, quien conoció la pena y el dolor, me mentoreó a mí, y hoy yo tengo el privilegio de liderar y mentorear a muchos jóvenes, como Itzayana, para que vivan el propósito de Dios en su vida.

Aunque el hecho de ser hermanas y mentoras a veces puede nacer de circunstancias dolorosas, esta trayectoria produce sabiduría, guía, recursos, gozo y esperanza para el futuro. De la misma manera que a Noemí, Ruth, Alicia, Itzayana y yo, Dios nos invita a ser mentoras y a recibir mentoría de personas llenas de fe y sabiduría que forman parte de la historia de redención de Dios.

Doy gracias por mi trayectoria. Aunque ha sido dolorosa, Dios colocó a las mentoras correctas en mi vida justo en el momento correcto.  Y así como yo recibí gratuitamente de la generación previa, también yo quiero dar  gratuitamente a la próxima generación.

¡Ciertamente el recibir mentoría y el ser mentoras son verdaderos regalos! Si tú quieres experimentar ese regalo, por favor considera unirte a nosotros en el Instituto para Líderes Latinas Cristianas (CLLI por sus siglas en inglés) donde recibirás entrenamiento espiritual, académico, empresarial, ayudas para desarrollar ministerios sin fines de lucro, y mentoras dispuestas a invertir en tu vida no importa dónde te encuentres.

Anyra Cano es la Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

By Anyra Cano

Para leer la versión en español haga clic aquí.

Eighteen years ago, my life was in a slimy pit of mud and mire. I had experienced a season of both emotional and physical trauma. I was longing for a community to help me out of the pain I found myself in. God was good and provided me a network of people that inspired, challenged, encouraged, and prayed for me. Through each of them,  God worked to restore my life.  This experience has taught me the invaluable lesson of mentorship and sisterhood.

I am grateful for several wise women in my life who took the time to listen and to encourage me. Their wisdom and mentorship helped me to restore my trust in God and to discover a new path toward Him. 

The sisterhood and mentorship that I found in different women remind me about the biblical story of Ruth. Naomi and Ruth, who were not related by blood, developed a strong mother-in-law/daughter-in-law bond that led both to a place of safety and security. It is a beautiful story of two women who had endured great sorrow and pain, were left vulnerable, and then together journeyed to Naomi’s home country. In that journey, Naomi becomes a mentor for Ruth, who trustingly submits to Naomi’s suggestions.

Just as Ruth found her mentor, Naomi, during a time of loss, I found my mentor while also experiencing profound sadness.  Her name is Alicia Zorzoli. I call her “Hermana (sister) Alicia”, out of respect and honor. She is not my biological sister, rather my sister in Christ.  

I met Hermana Alicia in El Paso, in a small Hispanic Baptist church where she was a leader. As I was about to leave for San Antonio to prepare for vocational ministry, I remember sharing with Hermana Alicia how unworthy I felt about going to college. Her powerful and compassionate response has been implanted in my heart and mind over the last 18 years: “You do not need to be ashamed, instead look at what you went through as a part of the schooling God has for you to serve in ministry. What you went through will help you minister to others in similar situations.” 

After college, I lost contact with Hermana Alicia, but her wise words remained with me and continued to guide me.  Her wisdom resonated so deeply in my soul that they have become the blueprint of my ministry. And eventually, Hermana Alicia’s prophecy became reality in my life, when I also became a mentor. That day I learned that God would redeem my story and transform it into one that would become a gateway for others to also experience God’s mercy and unconditional love.

About nine years ago, God brought a 16-year-old girl into my life—Itzayana. She became a member of the church where I am the youth minister. Itzayana was shy and quiet, but she loved to learn and serve. We grew a special sisterhood bond and I began to mentor her in several areas of ministry and leadership. I would recruit her to volunteer alongside me and I would take her with me to meetings or trainings in which I was participating. 

In high school, Itzayana worked diligently as she desired to get scholarships for college and had made big plans to go to the university of her dreams. Unfortunately, she was not eligible for any of those scholarships. Itzayana felt completely disappointed and defeated. Many underlining issues and fears had resurfaced. I remember her many phone calls to me, her distraught voice filled with lament. 

As Hermana Alicia had encouraged me, I also encouraged Itzayana. Eventually, she attended the Baptist University of the Americas (BUA) and obtained a degree in Business Leadership. She graduated in less than three years from BUA, and this coming May she will be graduating with her master’s degree in Business Administration.  

Our bond of sisterhood and mentorship has allowed me to see this young lady develop into a strong leader who is respected and dearly loved by many in our community. She brings me great joy and admiration.  She has become a leader in the church.  Itzayana has grown so much in her ministry, that I believe she can run the church on her very own.

Hermana Alicia and I have now reconnected after 10 years. She is a member and leader of the church where I serve. In this new season of life and ministry, she continues to be a significant mentor who loves me, grows alongside with me, listens to me, shares wisdom, and cheers me on. Recently, she wrote a bible study book titled “God, This Was Not In My Plans”. In her book, she shares about the pain she endured in life, and how those moments have prepared her for what she is today. 

While Naomi was enduring great grief, she was also developing and mentoring a leader in Ruth, whose offspring would one day include our Savior, Jesus Christ. Hermana Alicia, who knew about pain and sorrow, mentored me, and today I have the privilege to lead and mentor many young people, like Itzayana, to live out God’s purpose in their lives.  

While mentorship and sisterhood can sometimes be born out of difficult circumstances, this journey brings wisdom, guidance, resources, joy, and hope for the future. Similar to Naomi, Ruth, Alicia, Itzayana and me, God invites us to mentor and be mentored by people of faith and wisdom who are all part of God’s redemption story.

I am grateful for my journey. Even though it has been painful, God has placed the right mentors in my life at just the right times. And since I received freely from the previous generation, I also want to give freely to the next generation.

To mentor and to be mentored are true gifts, indeed! If you want to experience this gift, please consider joining us join us at the Christian Latina Leadership Institute where you will find spiritual, academic, business, non-profit ministry, and life mentors who are willing to invest in your journey no matter where you find yourself. 

Anyra Cano is the Academic Coordinator of the Christian Latina Leadership Institute, Youth Minister at Iglesia Bautista Victoria en Cristo in Fort Worth, TX and Coordinator for the Texas Baptist Women in Ministry.  

Categories: Blog

By Nora O. Lozano

Para leer la versión en español haga clic aquí.

I am delighted to introduce the new blog of the Christian Latina Leadership Institute (CLLI), entitled: “Tú, yo, nosotras” (You, I, Us). The purpose of this blog is twofold. First, it is designed to stimulate creative academic thinking and conversations regarding topics that are relevant to women in leadership, Latinas and Latinas-at-heart. These thematic essays will be published once a month. Second, additional pieces will be published as needed in order to highlight significant events in the Institute’s life. 

The blog will be centered on a yearly general theme, and will be published in both, English and Spanish.

As the CLLI board and staff discussed this new project, the topic of sisterhood became a favorite one for this year. The reason is that since the beginning the CLLI trainings have been a space where significant relationships among women leaders have been created, nurtured, and developed, as women have engaged in deep, transformative conversations. These relationships have crossed boundaries of race, age, language, stages of life, educational levels, and ministerial callings. 

At times, these conversations have been painful and difficult as we have discussed as a group or individually significant topics that were deemed, at the moment, as matters of life and death. 

But in all of these conversations, we have found a sense of new life and renewal because God is in our midst. The God of hope, who sees the complete horizon of our lives, is the one leading us.  And, even though we may not see clearly at the moment, God offers a light, even a small one, to help us to move forward.  

My hope is that this blog will be an additional space where these deep, transformative conversations and sisterly relationships continue to flourish in order to enrich our relationship with God and with each other.

As I write this, I am reminded of two biblical women who held important conversations as both shared a special kind of sisterhood due to a common circumstance and faith: Elizabeth and Mary. 

The beginning of Luke’s Gospel narrates the stories of these two women. Elizabeth and her husband Zechariah were righteous people, who followed all of God’s commandments and regulations. However, in spite of their faithfulness, they were childless because Elizabeth was barren. This situation was hard for both of them, but especially for Elizabeth. At that time, one of the primary roles of women was to have children, and it was considered a disgrace to be unable to do so. Since they were up in age, they had lost hope of overcoming this situation. 

To their surprise, they experienced a miracle from God as Elizabeth finally conceived a baby. This woman who had experienced pain, shame and criticism due to her condition as a barren woman, now was experiencing God’s grace and mercy. 

In contrast, Mary was a young woman, virgin, unmarried, and completely unprepared to have a child. She is surprised, too, with a miracle as God finds her suitable to carry in her womb the world’s Savior. Her life changed forever, as she responded to the angel’s annunciation: “Here am I, the servant of the Lord: let it be with me according to your word” (Luke 1:38).

Suddenly, this single woman finds herself pregnant, and with a husband-to-be who would not believe her story about her conception from the Holy Spirit (Matthew 1:18-19). Even though the narrative does not mention this, I imagine that her family and community did not believe her story either. Thus, most likely, she experienced much suffering, shame, and criticism due to this unexpected pregnancy. 

The Gospel continues by telling us that some days after the angel’s announcement, Mary went hurriedly to see Elizabeth. It is at this moment, when Elizabeth and Mary meet to have vital conversations. Both of them had experienced suffering, shame, and criticism due to pregnancy issues. One because under all normal circumstances she could not conceived a child, and the other one, because under the most incongruous circumstances she was expecting a child. Different circumstances, similar pain and shame, and a common God who was overseeing their stories, and offering them a sense of hope as they spend three months together, supporting and nurturing each other.  

I am sure that during this time, Elizabeth and Mary had an opportunity to share their miraculous stories over and over again. Perhaps, as they shared with each other, they found a sense of purpose and hope as they understood better how both of them and their sons were so special for God. 

These two biblical women are examples for Christians today as they model deep conversations that encourage a more robust relationship with God and with each other. 

My hope is that as we launch this blog, it will become a space where women, following Mary’s and Elizabeth’s example, can have deep conversations that will allow them to grow in their relationship with God and each other. Furthermore, I hope that it will be a space where women will find support and inspiration for their journeys as Christian leaders. Finally, I hope that here women will be encouraged to believe, like Mary, that there would be a fulfillment of God’s words/plans for their lives (Luke 1:44-45). 

I want to invite you to join us every month, as we engage with women from the past and the present in deep and transformative conversations that will strengthen us in our journeys as leaders.

Dr. Nora O. Lozano is Executive Director of the Christian Latina Leadership Institute, and Professor of Theological Studies at Baptist University of the Américas in San Antonio, TX.

Categories: Blog

Por Nora O. Lozano

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Tengo mucho gusto en presentarles el nuevo blog del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés), titulado “Tú, yo, nosotras”. El propósito de este blog es doble. Primero, está diseñado para estimular el pensamiento académico creativo y las conversaciones sobre temas relevantes a las mujeres en liderazgo, sean latinas o con un corazón latino. Estos ensayos temáticos se publicarán una vez por mes. Segundo, a medida que sea necesario se publicará material adicional con el propósito de destacar eventos significativos en la vida del Instituto.

El blog estará centrado en un tema general para cada año, y se publicará en ambos idiomas: inglés y español.

Cuando el Comité Ejecutivo de CLLI y su personal consideraron este nuevo proyecto, el tema de la hermandad entre mujeres sobresalió como favorito para el año. La razón es que, desde sus comienzos, los cursos de CLLI han sido un espacio donde estas relaciones de hermandad se creaban, se fomentaban y se desarrollaban permitiendo así que las mujeres participaran en conversaciones profundas y transformadoras. Estas relaciones han traspasado límites de raza, edad, idioma, etapas de la vida, niveles de educación y llamados al ministerio.

A veces estas conversaciones fueron difíciles y dolorosas cuando tratábamos, en grupo o individualmente, temas importantes que en ese momento parecían ser asunto de vida o muerte.

Pero en todas esas conversaciones encontramos un sentido de nueva vida, de renovación, porque Dios está en medio nuestro. El Dios de esperanza, que ve el horizonte completo de nuestra vida, es quien nos guía. Y aunque en este momento no veamos claramente, Dios ofrece una luz, pequeña quizás, para ayudarnos a continuar.

Es mi esperanza que este blog sea un espacio más donde esas conversaciones profundas, transformadoras, así como la hermandad entre las mujeres, continúen floreciendo para enriquecer nuestra relación con Dios y con cada una.

Mientras escribo esto vienen a mi mente dos mujeres de la Biblia que mantuvieron conversaciones importantes y compartieron un vínculo especial de hermandad entre sí debido a su fe y a una circunstancia común. Me refiero a Elisabet y María.

El comienzo del evangelio de Lucas narra las historias de estas dos mujeres. Elisabet y su esposo Zacarías eran personas justas que obedecían todos los mandamientos y las ordenanzas de Dios. Sin embargo, a pesar de su fidelidad, no tenían hijos porque Elisabet era estéril. La situación era difícil para ambos, pero especialmente para Elisabet. En esa época una de las funciones principales de la mujer era tener hijos, y el ser incapaz de procrear era considerado una desgracia. Además, dado que ambos eran de edad avanzada, ya habían perdido toda esperanza de superar esta situación.

Para su sorpresa, experimentaron un milagro de Dios y Elisabet concibió un hijo. Esta mujer que había sufrido dolor, vergüenza y críticas debido a su condición de estéril, ahora estaba experimentando la gracia y misericordia de Dios.  

En contraste, María era una joven, virgen, soltera y totalmente falta de preparación para tener un hijo. Ella también recibe la sorpresa de un milagro cuando Dios la encuentra apta para llevar en su vientre al Salvador del mundo. Su vida cambió para siempre desde que respondió a la anunciación del ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). 

Repentinamente esta mujer soltera se encuentra embarazada, y con un futuro esposo que no le cree la historia de su concepción mediante el Espíritu Santo (Mateo 1: 18, 19). Aunque el relato no lo menciona, me imagino que tampoco la creyeron su familia y su comunidad. De modo que es muy probable que ella también haya experimentado sufrimiento, vergüenza y crítica debido a este embarazo inesperado.

El evangelio continúa relatando que días después del anuncio del ángel, María se apuró a ir a ver a Elisabet. Es en ese momento, que las dos se encuentran para sostener conversaciones vitales. Ambas habían experimentado sufrimiento, vergüenza y críticas debido a sus embarazos. Una porque bajo ninguna circunstancia era capaz de concebir, y la otra porque bajo las circunstancias más inverosímiles estaba esperando un hijo. Diferentes circunstancias, similar pena y vergüenza, y un mismo Dios que estaba en control de sus historias y les ofrecía un sentido de esperanza mientras pasaban tres meses juntas apoyándose mutuamente.

Estoy segura de que durante ese tiempo Elisabet y María tuvieron oportunidad de compartir una y otra vez sus historias milagrosas. Quizás al hacerlo habrán encontrado un sentido de propósito y esperanza al comprender mejor cómo tanto ellas como sus hijos eran tan especiales para Dios.

Estas dos mujeres de la Biblia son ejemplo para las personas cristianas de hoy en día, al modelar conversaciones profundas que alientan una relación más fuerte con Dios y entre sí.  

Tengo la esperanza de que el lanzamiento de este blog llegue a ser un espacio donde las mujeres, siguiendo el ejemplo de María y Elisabet, puedan mantener conversaciones profundas que les permitan crecer en su relación con Dios y unas con las otras. Además, espero que sea un espacio donde las mujeres encuentren apoyo e inspiración para su trayectoria como líderes cristianas. Por último, espero que aquí las mujeres sean alentadas a creer, como María, que Dios va a cumplir sus planes para la vida de ellas (Lucas 1:44, 45).

Quiero invitarte a que nos acompañes cada mes, y nos unamos a mujeres del pasado y del presente en conversaciones profundas y transformadoras que nos fortalecerán en nuestra trayectoria como líderes.

La doctora Nora O. Lozano es Directora Ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas y Profesora de Estudios Teológicos en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas.