Por Nora O. Lozano

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Es un año nuevo y hay mucho que celebrar, agradecer y esperar.

Para empezar, quiero celebrar el primer aniversario del blog del CLLI. Gracias al buen trabajo de todas las escritoras mensuales, el comité editorial, las traductoras, así como de nuestra coordinadora y encargada de publicación, Anyra Cano, estamos completando un año de publicaciones. También les queremos dar las gracias a ustedes, que han leído fielmente el blog mes tras mes. Espero que durante el año pasado su vida como persona cristiana y líder haya sido enriquecida por cada una de las piezas publicadas.

Empezando con nuestro segundo año de publicación, el blog tratará diferentes temas que son pertinentes a la vida de la mujer líder cristiana. Te invitamos a seguir leyendo el blog todos los meses. Confiamos que será de bendición, aliento y desafío a medida que continúes con tu trayectoria como líder.

Además del aniversario del blog, estamos agradecidas por muchas otras cosas. Los entrenamientos del CLLI continúan con gran éxito, ayudando a desarrollar a muchas mujeres cristianas y líderes aquí en Estados Unidos y en México. Las personas que donan y apoyan al CLLI continúan dando generosamente para ayudarnos a lograr nuestro meta de transformar las vidas de mujeres en el nombre de Cristo. La facultad, las coordinadoras y el personal del CLLI continúan trabajando diligentemente para servir a todas nuestras estudiantes en las diferentes localidades, mientras que el Consejo Directivo continúa supervisando y guiando el ministerio del CLLI. Estoy muy agradecida por todas estas personas que juegan un papel vital en la vida del Instituto. ¡Son un verdadero regalo de Dios!

Más todavía, estamos mirando al futuro con mucha esperanza. Este es el año en que el Consejo Directivo del CLLI trazará, junto con el personal, el nuevo plan estratégico que guiará el curso del CLLI durante los próximos cinco años. Estamos entusiasmadas con este proceso, y apreciamos sus oraciones mientras discernimos la voluntad y los planes de Dios para el CLLI.

Espero que tú también hayas recibido al Año Nuevo con mucha celebración, gratitud y esperanza.

Te invito a celebrar y agradecer las pequeñas y grandes cosas en tu vida. Tómate un momento para recordar las cosas que a menudo damos por sentado, como la salud, vivienda, trabajo, agua limpia, comida, ropa, familia y la presencia de Dios en nuestras vidas.

Para cuando se publique este blog, será casi finales de enero. Quizás a estas alturas, estemos enfrentando propósitos de Año Nuevo fallidos, y una frustración por nuestra falta de compromiso.

Independientemente de tu situación, quiero invitarte a continuar viendo el Año Nuevo con un sentido de esperanza. Si bien nuestros propósitos anuales pueden ser fallidos, te aliento a que hagas nuevos planes, tal vez propósitos mensuales o semanales que pueden lograrse más fácilmente y los cuales te mantendrán con motivación. Si establecemos una meta semanal y la rompemos, muy pronto será nuevamente el lunes, y tendremos una oportunidad de comenzar una vez más.

Debido a que nuestras vidas son muy diversas, supongo que nuestras metas para el año 2020 probablemente también sean muy diferentes. Sin embargo, recuerdo la afirmación de John Maxwell de que una persona que es buena en el liderazgo primero debe aprender a liderarse a sí misma.  

A medida que aprendes a liderar, pregúntate: ¿Qué áreas de tu vida necesitas cambiar? ¿Qué necesitas mejorar para “ser una persona líder verdaderamente efectiva, a la cual la gente quiere seguir?” (John Maxwell, The 21 Indispensable Qualities of a Leader, p. ix).

Si bien este trabajo personal es importante, quiero invitarte también a seguir trabajando en la base más importante de tu vida: tu relación con Dios.

El Salmo uno ofrece buenos consejos para establecer una base sólida para la vida. En los versículos 1 al 3, el salmista nos invita tanto a deleitarnos y meditar constantemente en la Palabra de Dios, como a alejarnos de las malas compañías y la gente malvada. Estas acciones nos llevarán a ser personas bendecidas de verdad. La Biblia compara a esta persona bendecida con un árbol fuerte que está plantado junto a corrientes de agua, dando fruto en su tiempo y que sus hojas no caen. Este tipo de persona próspera en todo lo que hace.

Independientemente de si enfrentas o no desafíos particulares en este momento, cualquier persona que es buena en el liderazgo siempre tiene espacio para crecer y desarrollarse. Que este salmo te inspire en el Año Nuevo a anclar tu vida en la palabra de Dios y en las buenas acciones que surgirán de esta relación. Que te inspire a convertirte en la persona líder que Dios quiere que seas, y que la gente quiera seguir.

Y a medida que crezcas y te desarrolles este año, recuerda que el CLLI está aquí para ayudarte en tu desarrollo como líder. Así que apoyémonos en oración mientras continuamos con nuestras trayectorias de liderazgo y seguimos el plan de Dios para nuestras vidas.

El año 2020 aún es joven y, por lo tanto, lleno de posibilidades. Con la bendición de Dios, ¡hagámoslo un año próspero y bendecido! ¡Que así sea!

La doctora Nora O. Lozano es Directora Ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas y Profesora de Estudios Teológicos en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas.

By Nora O. Lozano

Para leer en español haga clic aquí.

It is a new year, and there is much to celebrate, be thankful for, and hope for.

To start, I want to celebrate the CLLI blog’s first anniversary. Thanks to the good work of all the monthly writers, the editorial committee, the translators, as well as our blog coordinator and publisher, Anyra Cano, we are completing one year of publications. We are also very grateful for you, our faithful readers. Thank you for reading the blog every month. I hope that during this past year your life as a Christian leader was enriched by each one of the published pieces.

As we start our second year of publication, the blog will deal with different topics that are pertinent to the life of the Christian woman leader. We invite you to continue reading the blog every month. We trust that you will be blessed, encouraged, and challenged as you continue your journey as a leader.

In addition to the blog’s anniversary, we are thankful for many other things. The CLLI trainings continue with great success, helping to develop many Christian women leaders here in United States and in Mexico. The CLLI donors and friends continue giving generously to help us achieve our goal of transforming women’s lives in the name of Christ. The CLLI faculty, coordinators, and staff continue working diligently to serve all of our students in the different sites, while the Board continues to oversee and guide the CLLI ministry. I am so thankful for all these people who play a vital role in the life of the Institute. They are indeed a gift from God!

Furthermore, we are looking at the future with much hope. This is the year that the CLLI Board will be charting, together with the staff, the new strategic plan that will guide the CLLI course over the next five years. We are excited about this process, and we cherish your prayers as we discern God’s will and plans for the CLLI.   

I hope that you have welcomed also the New Year with much celebration, gratitude, and hope.

I invite you to celebrate and be thankful for the small and big things in your life. Take a moment to remember the things that we often take for granted, such as health, shelter, work, clean water, food, clothes, family, and the presence of God in our lives.

By the time this blog is published, it will be almost the end of January. Perhaps at this point in the year, many of us are facing broken New Year resolutions, and are frustrated with our lack of commitment. 

Regardless of your situation, I want to invite you to continue to look at the New Year with a sense of hope. While our yearly resolutions may be broken, I encourage you to make new plans— perhaps monthly or weekly resolutions— that may be more easily achievable and will keep you motivated. If we set a weekly goal, and we break it, very soon it will be Monday again, and we will have a new chance to start again.

Since our lives are very diverse, I am assuming that our goals for 2020 most likely are also very different. However, I am reminded of John Maxwell’s affirmation that a good leader must first learn to lead herself or himself. 

As you learn to lead, ask yourself what areas of your life you need to change? What do you need to improve in order to “be a truly effective leader, the kind people want to follow” (John Maxwell, The 21 Indispensable Qualities of a Leader, p. ix)?

While this personal work is important, I want to invite you also to keep working on the most important foundation of your life: your relationship with God.

Psalm one offers good advice to establish a solid foundation for life. In verses 1-3, the Psalmist invites us to delight and meditate constantly in God’s Word, and to stay away from bad companions and evil doers. These actions will lead us to be blessed persons, indeed. The Bible compares this blessed person to a strong tree that is planted by steams of water, yielding fruit in its season, and without losing any leaves. This kind of person is prosperous in everything that she or he does. 

Regardless if you are facing any particular challenges right now, any good leader always has room for growth and development. May this Psalm inspire you in the New Year to anchor your life in God’s word and in the good actions that will come from this relationship. May it inspire you to become the leader that God wants you to be, and that people would want to follow.

And as you grow and develop this year, please remember that the CLLI is here to help you in your development as a leader. So let’s pray for each other as we continue with our leadership journeys, and let’s support each other as we pursue God’s plan for our lives.  

The year 2020 is still young, and thus a blank slate. Under God’s blessings, let’s make it a prosperous and blessed one! May it be so!

Dr. Nora O. Lozano is Executive Director of the Christian Latina Leadership Institute, and Professor of Theological Studies at Baptist University of the Américas in San Antonio, TX.

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HERMANDAD Y LAGRIMAS

Christian Latina Leadership Institute

Por Adalia Gutiérrez Lee

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Nunca pensé que a mi edad sería tan difícil hablar sobre mis hermanas.  No por no tener algo qué decir, sino porque tengo demasiadas cosas qué contarles.  Tuve dos hermanas y ambas murieron.  Una de bebé y otra muy joven.  Sin embargo, después de haber perdido a seres tan allegados a mí, pude comprender el versículo “fuerte es como la muerte el amor” (Cant 8:6 RVA) y me atrevería a decir aún, después de mi experiencia, que el amor es aún másfuerte que la muerte: porque nuestras hermanas o seres queridos podrán marchar, pero el amor y la relación estrecha que nos vincula con y a través de cada una de ellas, persiste.  No pretendo ser mórbida hablando de muerte o de cosas tristes, pero tampoco quiero ignorar que el amor: “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.El amor nunca deja de ser” (1 Cor 13:7-8 RVA) 

Si tenemos miedo a sufrir, nos va a costar amar.  Si pienso cuántas veces he llorado por las personas que amo, o cuántas veces he llorado la pérdida de un ser querido, no es nada comparable a las veces que sé que Jesús y todas las personas que me aman ¡también han llorado conmigo! Recuerdo que hubo una “racha” de pérdida de personas muy allegadas a mí que me hacía sentir “contagiosa”.  No quería que las personas se me acercaran por miedo a pasarles mi “mala suerte”, o a tener que tratar de encontrar una explicación a tanto sufrimiento. No me considero una persona supersticiosa, ni pesimista, pero me estaba costando mucho trabajo procesar mi duelo. Sin embargo, también recuerdo en esos momentos con cuánto amor ¡la gran familia de Dios me abrazó y lloró conmigo!  No hubiera podido salir adelante de estas pérdidas, si Dios no se hubiera manifestado en mi vida a través de la solidaridad, las oraciones, el abrazo y las lágrimas de todas mis hermanas y hermanos que me acogieron.

Ahora me encuentro en otra etapa.  Sigo mostrando mi amor con lágrimas.  Ya no pretendo encontrar una explicación al sufrimiento.  Sólo se que al amar se sufre.  Mi vida ha sido marcada con lágrimas de amor, pero lágrimas que no sólo fueron de tristeza, sino que fueron y siguen siendo también de alegría al haber conversado y compartido tiempos preciosos con mi mamá, mis hermanas, mis cuñadas, mis primas, mis hijas, mis sobrinas, mis amigas.

La cultura latinoamericana es bien conocida por cultivar relaciones estrechas con la familia extendida. Mi familia no fue la excepción.  Recuerdo cuando mi hermana me agradeció por vivir cerca de ella cuando estuvo enferma y me dijo: “Tu presencia ha hecho una gran diferencia ¡como de la tierra al cielo! Nuestras hijas no están conviviendo como primas, sino como hermanas: como tú y yo convivimos.”  Después de que ella murió, he tratado de continuar esa unidad entre ellas. Hay un valor y una conexión única y especial en la amistad y el amor entre hermanas ¡Cuántas veces hemos reido, o llorado, o incluso pensado en las mismas cosas cuando estamos con nuestras hermanas!  ¡Cuántas veces nos hemos peleado con ellas y después arrepentido porque no vale la pena que el enojo prevalezca en nuestra relación!  

Esta época del año en nuestro calendario cristiano es de adviento, de espera.   Una época llena de esperanza, paz, gozo y amor.  Necesitamos confesarla y vivirla primero como familia de Dios y también como familias latinoamericanas.  Particularmente este año, muchos países latinoamericanos han sufrido calamidades naturales, huelgas, injusticias, pobreza, desesperanza, guerra y muerte.  Nuestro llamado como familia en la fe es a esperar con esperanza, paz, gozo y amor. Si hemos de sufrir por amar, también recordemos que esas lágrimas de amor son las que van a recordar el amor y la solidaridad que Jesús tiene por nosotros, por ellos, por nuestros pueblos siempre.

Adalia Gutiérrez Lee trabaja como directora de area para Iberoamérica y el Caribe en International Ministries y forma parte de la mesa directiva de CLLI.

SISTERHOOD AND TEARS

Christian Latina Leadership Institute

By Adalia Gutiérrez Lee

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I never thought that at my age it would be so difficult to talk about my sisters; not because I don’t have something to say, but because I have too many things that I could tell you. I had two sisters and both of them died; one as a baby and one at a very young age. After having lost relatives so close to me, I was able to understand the verse “for love is strong as death” (Song of Songs 8: 6, NRSV); and after my experience I even dare to say that love is stronger thandeath. Although my sisters or our loved ones may have passed away, the love and close relationships that link us to them still persist. I do not pretend to be morbid talking about death or sad things, but I also do not want to ignore that love: “bears all things, believes all things, hopes all things, endures all things.  Love never ends.” (1 Cor 13: 7-8 NRSV)

If we are afraid of suffering, it will be difficult to love. Even when I remember the many times I have cried for the people I love, or the many times I have cried over the loss of a loved one, I also realize that this is nothing when compared to the times that I know Jesus, and all the people who love me have cried with me! 

I remember that there was a time in which I experienced a “streak” of losses of people very close to me in a way that made me feel “contagious”. I didn’t want people to get close to me for fear of passing my “bad luck”, or having to try to find an explanation to so much suffering. I do notconsider myself a superstitious or pessimistic person, but I was having a hard time processing my loss and grief. However, I also remember how much love I experienced at those moments from the great family of God as they embraced me and cried with me! I would not have been able to move on after such losses, if God had not manifested Godself in my life through the solidarity, prayers, hugs,and tears of all my sisters and brothers who loved me.

Now that I am at another stage of my life, I do keep expressing my love through tears. Yet, I no longer try to find an explanation to suffering; I only know that when we love, we also suffer.  My life has been marked by tears of love although these tears have not only been of sadness, but tears of joy for having talked and shared precious times with my mother, sisters, sisters-in-law, cousins, daughters, nieces, and friends.

Latin American culture is well known for cultivating close relationships with the extended family; my family was no exception. I remember when my sister thanked me for living near her when she was sick as she told me: “Your presence has made such a big difference as from heaven to earth! Our daughters are not living together as cousins but as sisters, as you and I used to live and to share together.”  After she died, I have tried to continue that unity between them. There is a unique and special bond and value in friendship and love between sisters. How many times we have laughed, or cried, or even thought of the same things when we are with our sisters! How many times we have fought with them and then repented because it is not worth it for anger to prevail in our relationships!

This time of advent in our Christian calendar is also a time of waiting. A time filled with hope, peace, joy and love. We need to confess our love and to live it first as families, and also as the family of God. Particularly this year, as many countrieshave been suffering calamities, strikes, injustices, poverty, hopelessness, war,and death. Our call as a family of faith is to wait with hope, peace, joy and love.  If we are to suffer for loving, we also need to remember that these tears of love are the ones that will remind us of the love and solidarity that Jesus has for us, for them, and for our people always!

Adalia Gutiérrez Lee serves at the International Ministries as the Area Director for Iberoamerica and the Caribbean and is a part of the CLLI Board.

Categories: Blog

By Nora Silva

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I have always considered myself a girl’s girl. That’s because I value the women in my life and have recognized how deeply I was, and continue to be, influenced by women.  I think about many of the women who have helped exemplified that influence for me over my lifetime. I first think of my mom and her sisters and even her sisters-in-law. My aunts were and still are women I look up to. Each of them contributed to unique experiences in my upbringing. What I saw amongst them was a connectedness that was based on something that I now recognize as deep trust and real love. While I may not have understood it all then, what I observed was the encouragement through the difficult times, the celebrated accomplishments, the laughter, lots of laughter, and the consistency of it all.

 I am blessed to have four sisters. My three older sisters encouraged me and often set the stage for me to succeed and provide for me in ways that my parents at times, could not provide. My sister Cissy sent money, after she moved away and made sure I had new clothes for school. My sister Lettie set the great example of pursuing higher education and had me stay with her in the summers, giving me inspiration to do the same. My sister Doris, at seventeen, worked at a local fast food restaurant and used her hard earned money to enroll me in gymnastics because she knew I loved the sport and my parents would not be able to pay for it. She also made sure I was in church on Sundays with her.  All of them provided opportunities and options in my life. They worked hard to extend the boundaries of my experiences so I could go beyond where they had gone. My youngest sister Anna did not have this role in my life early on. I adored her as a baby but she became a nuisance to me, the little sister I had to take with me everywhere I went. As adults though, she has become one of my best friends.

Each of my sisters had, and continues to have, a unique impact in my life. Cissy with her sweetness and patience evokes peace in me. Lettie brings out the fighter in me. Doris demonstrated obedience to God and brought out the surrender in me. My youngest sister Anna, taught me that while I looked up to some women, there were others looking up to me. These experiences contributed to who I am as a person and who I am as sister in the greater picture of life. Because of geographic distance, I don’t get to see my sisters often enough but similar to what I saw with my aunts and my mom, the trust and the love is deep, real and constant.

Fortunately for me, sisterhood does not end with my biological sisters. One of the strongest characteristics of the women I call sisters, is the willingness to stand alongside me in the fight. I have been blessed with women who after disagreeing with any one of my decisions and consequences that resulted, have said, “How can I help, you are not alone.”  I have been blessed with women who after hearing my struggles say, “Head up, God’s got you”. I have been blessed with women who may not be saying anything at all but pray for me and with me. This is sisterhood. To come alongside other women and lift them up, hold them up and walk with them especially when they are struggling to keep their balance under the weight of this thing called life. 

My experience with CLLI has been this type of journey. I have met some amazing women who have done just what I described. They have stood alongside me, encouraged me and prayed for me. It is in this circle that God’s calling for me began to be highlighted. I joined CLLI as a faculty member and then board member. Like many of us, I felt unqualified to be serving in this capacity, not because I didn’t have the skills to teach my subject matter, that was the easy part. Rather I felt unqualified before God. I thought somehow it was a mistake that I was part of the amazing work God was doing through CLLI. It was here though, where women who I admired and looked up to, showed me that God was calling me to something special. More importantly is through this sisterhood experience that I was reminded that on my own, I am not qualified but with God, I have all I need to step in God’s purpose for me. 

Like the women who were the first to see the empty tomb, I am surrounded by women who are caring, committed, loyal, faithful, and over all go-getters. I can imagine the sadness and loss they were experiencing but working through that together to do what was needed. I am sure they encouraged each other through the waves of grief they must have felt. In their commitment, to God and each other, they got to experience the amazing truth of Jesus’ resurrection together (Luke 24:1-12; Matthew 28:1-10; John 20:11-18). How amazing when God allows us to experience sisterhood in such a way that our lives are forever changed and the stories we share will tell of God’s love through the women God sent 

Nora Silva is the Executive Pastor of Mosaic Church of San Antonio and a faculty member for Christian Latina Leadership Institute. She also serves as the Chair for the Hispanic Women’s Network of Texas.

Categories: Blog

Por Nora I. Silva

Traducido por Patricia Gomez

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Siempre me he considerado una chica de chicas. Esto es porque siempre he valorado a las mujeres que son parte de mi vida, y reconozco la influencia profunda que recibí y que continúo recibiendo de ellas. Al pensar en todas las mujeres que han sido una influencia y ejemplo en mi vida, primeramente pienso en mi mamá, sus hermanas y hasta sus cuñadas. Mis tías fueron y todavía siguen siendo mujeres que admiro y respeto. Cada una de ellas contribuyó a las experiencias únicas que tuve mientras crecía. Lo que observé entre ellas fue una conexión basada en algo que ahora reconozco como una confianza profunda y amor verdadero. Y aunque tal vez no lo haya entendido en aquel entonces, lo que observé fue apoyo en tiempos difíciles, celebración de logros, risa, muchas risas, y la consistencia en todo esto.

Tengo la bendición de tener cuatro hermanas. Mis tres hermanas mayores siempre me alentaron y a menudo prepararon el camino para que yo tuviera éxito. Ellas proveyeron para mí en formas que mi papá y mi mamá no podían hacerlo. Mi hermana Cissy, después de que se mudó, siguió enviando dinero y se aseguró de que yo tuviera ropa nueva para ir a la escuela. Mi hermana Lettie me dio un gran ejemplo al alcanzar una educación superior, y al hacerme que me quedara con ella en los veranos, para así inspirarme a hacer lo mismo. Mi hermana Doris, a los diecisiete años, trabajó en un restaurante local de comida rápida, y usó el dinero que ganaba arduamente para inscribirme en clases de gimnasia, pues sabía que yo amaba ese deporte y que mi papá y mi mamá no podían pagar las clases. También se aseguró de que yo fuera con ella a la iglesia los domingos. Todas ellas proporcionaron oportunidades y opciones para mi vida. Trabajaron arduamente para extender los límites de mis experiencias, para que así yo pudiera llegar más lejos de donde ellas habían llegado. Anna, mi hermana menor, no tuvo esta función de influencia en mi vida temprana.Yo la adoraba cuando era bebé, pero luego se convirtió en una molestia para mí, ya que era la hermanita que tenía que llevar conmigo a todas partes. Ahora que somos mujeres adultas, se ha convertido en una de mis mejores amigas.

Cada una de mis hermanas tuvo y continúa teniendo un impacto único en mi vida. Cissy con su dulzura y paciencia evoca la paz en mí. Lettie me ayuda a sacar a la mujer luchadora que llevo dentro. Doris demostró obediencia a Dios y eso me ayudó a rendirme a Dios. Anna, mi hermana menor, me enseñó que mientras yo observaba y admiraba a otras mujeres, a la vez había otras observando y admirándome a mí. Todas estas experiencias han contribuido a que sea la hermana y la persona que hoy soy, en el horizonte amplio de la vida.Debido a la distancia geográfica, no veo a mis hermanas frecuentemente, pero de una manera similar a lo que vi con mis tías y mi mamá, la confianza y el amor son profundos, reales y constantes.

Afortunadamente para mí, la hermandad no termina con mis hermanas de sangre. Una de las características más fuertes de las mujeres a las que llamo hermanas, es la disponibilidad de estar a mi lado durante la lucha. He sido bendecida con mujeres que a pesar de no haber estado de acuerdo con alguna de mis decisiones y con las consecuencias de esas decisiones, han dicho: “¿Cómo puedo ayudarte? No estás sola”.  He sido bendecida con mujeres que después de escuchar sobre las cosas con las que tengo conflicto, me dicen: “Anímate, Dios cuidará de ti”. He sido bendecida con mujeres que tal vez no dicen nada, pero que oran por mí y conmigo. Esto es hermandad. Para estar cerca de otras mujeres y edificarlas, camine con ellas y manténgase a su lado, especialmente cuando estén luchando por mantener su equilibrio bajo el peso de esto que llamamos vida.

Mi experiencia con CLLI ha sido este tipo de trayectoria. He conocido a mujeres increíbles que han hecho justo lo que he descrito. Ellas han estado a mi lado, me han animado y han orado por mí. Es en este círculo que el llamado de Dios en mi vida comenzó a perfilarse. Me uní al CLLI primero como miembro de la facultad y luego como miembro de la junta directiva. Al igual que muchas de nosotras, me sentí descalificada para servir en esta capacidad, no porque no tuviera las habilidades para enseñar la clase asignada, al contrario, ésa era la parte fácil. Más bien me sentía descalificada delante de Dios. Pensé que de alguna manera era un error que yo fuera parte de la obra increíble que Dios estaba haciendo a través del CLLI. Sin embargo, fue aquí donde las mujeres que admiraba y respetaba me mostraron que Dios me estaba llamando a algo especial. Más importante aún, es que a través de esta experiencia de hermandad aprendí que con mi propio esfuerzo no estoy calificada para servir, pero con Dios tengo todo lo que necesito para seguir el propósito que Dios tiene para mí.

Al igual que las mujeres que fueron las primeras en ver la tumba vacía, estoy rodeada de mujeres que son cariñosas, comprometidas, leales, fieles y sobre todo triunfadoras. Puedo imaginar la tristeza y la pérdida que estas mujeres bíblicasestaban experimentando, pero trabajaron juntas para hacer lo que se necesitaba. Estoy segura de que se animaron mutuamente por el dolor que sintieron. En su compromiso con Dios y con las demás personas, llegaron a experimentar juntas la increíble verdad de la resurrección de Jesús (Lucas 24:1-12; Mateo 28:1-10; Juan 20:11-18). Qué increíble y maravilloso es cuando Dios nos permite experimentar la hermandad de tal manera que nuestras vidas cambian para siempre, y las historias que compartimos hablan del amor de Dios a través de las mujeres que Dios ha enviado a nuestras vidas.

Nora Silva es la Pastora Ejecutiva de la Iglesia Mosaico de San Antonio y miembro de la facultad del Christian Christian Leadership Institute. También se desempeña como Presidenta de la Red de Mujeres Hispanas de Texas.

Por Zoricelis Davila

Traducido por Alicia Zorzoli

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Leí hace poco en las redes sociales que “a veces hablar con tu mejor amiga es toda la terapia que necesitas”. Como terapista tengo que admitir que conozco el valor terapéutico de la consejería para tratar las situaciones que solo un profesional puede manejar. Sin embargo, en el liderazgo y en el Instituto Cristiano para Líderes Latinas(CLLI por sus siglas en inglés) hemos experimentado el vínculo terapéutico de una hermandad hermosa. Como líderes latinas cristianas, a veces enfrentamos desafíos tales como discriminación, expectativas culturales, estereotipos y varios otros.  Estos desafíos pueden acarrear un desaliento potencial para continuar en el liderazgo, o la presión para conformarnos a ciertas normas culturales y sociales. En tiempos así buscamos a nuestras hermanas para apoyo, oración, aliento y consejo; esas amigas maravillosas, consagradas, extraordinarias, y colegas en el ministerio que han vivido esas situaciones antes que nosotras, o que lo están haciendo junto a nosotras.

Esta hermandad es más que simplemente un grupo de amigas juntas en el liderazgo; es un grupo de mujeres fieles al Señor, apasionadas, tenaces, compasivas y muy trabajadoras que hacen el ministerio juntas. Hemos llegado a ser más que colegas en el ministerio, hemos llegado a ser hermanas en el liderazgo. En psicología y consejería se usa el término familismo para referirse al valor cultural que enfatiza las relaciones familiares caracterizadas por la cercanía, el calor humano, el amor, el cuidado y el apoyo mutuo[i]. El término también da prioridad a la familia por sobre el individuo, y está asociado con contribuir a la salud psicológica y emocional. Cuando enfrentamos desafíos en el ministerio nos aferramos a este valor del familismopara mantenernos firmes y unidas, y para apoyarnos unas a otras en la obra del Señor.

Estar unidas en el liderazgo significa que siempre estamos encontrando nuevas formas de ayudar a las mujeres en el ministerio. Planificamos conferencias, retiros, seminarios y muchas otras vías para empoderar a otras líderes cristianas, sean latinas o latinas de corazón. Compartimos luchas comunes, nos damos ideas unas a otras, nos apoyamos durante nuestras luchas y nos animamos mutuamente para alcanzar nuestro máximo potencial. Todas somos diferentes, pero compartimos los mismos valores cristianos.

Hemos estado presentes durante la pérdida de seres queridos, acompañándonos en trayectorias académicas, bodas, aniversarios, nacimientos, nuevos trabajos, cambio de trabajos, jubilaciones y muchos otros eventos de la vida; todo mientras continuábamos con nuestros ministerios yliderazgos en las áreas respectivas de nuestra vida. Hemos llorado juntas, reído juntas y nos hemos amonestado en amor cuando era necesario. Y al hacer todo esto llegamos a ser líderes más efectivas. El liderazgo no es algo que se hace en soledad, es un esfuerzo comunitario. Nunca hubiéramos podido lograr todo lo que tenemos en el ministerio si no hubiera sido por el Señor y por este vínculo de hermandad llamado CLLI. Somos más que una hermandad; es una sociedad, un sistema de apoyo, una red de mentoría, y un semillero de líderes, eruditas, ministras y colaboradoras en la obra del Señor.

En un tiempo cuando se cuestiona o se critica a las mujeres en el liderazgo tenemos una hermandad de líderes cristianas latinas, o latinas de corazón, que están enlazadas unas con otras por amor a Cristo para hacer que él sea conocido. Nuestra visión es Mujeres en liderazgo empoderadas para impactar al mundo desde una perspectiva cristiana.Juntas nos motivamos mutuamente para continuar nuestra trayectoria como líderes, trabajando en nuestras respectivas congregaciones y apoyando el ministerio de la iglesia para cumplir la Gran Comisión.

En la Biblia vemos un hermoso vínculo de hermandad en Elisabet y María (Lucas 1:39-45). Ambas recibieron el hermoso ministerio de la maternidad; María como madre de nuestro Salvador Jesús, y Elisabet como madre de Juan el Bautista, el precursor de Jesús. En el momento cuando María recibió la noticia de su nuevo rol fue a visitar a su prima Elisabet quien llevaba seis meses de embarazo de su hijo Juan. Creo que María necesitaba el apoyo de Elisabet en ese momento cuando debe haberse sentido tan abrumada por la tarea que le esperaba frente a las expectativas culturales. El encuentro entre ambas fue una afirmación de Dios de que necesitaban apoyarse mutuamente en sus respectivos ministerios de ser madres.

En mi caso, Dios trajo CLLI a mi vida en un tiempo cuando estaba empezando una etapa nueva de liderazgo como consejera profesional. CLLI fue mi “Elisabet”. Aunque siempre había sido líder en mi iglesia, en ese tiempo Dios me estaba llamando a un ministerio más amplio más allá de las paredes de mi iglesia. Dios usóa CLLI para abrir puertas para publicar libros dedicados a nuestra comunidad latina que llevaran sanidad a las familias. Dios también usó este ministerio para que desarrollara mis habilidades de liderazgo como miembro del Consejo de Directores, profesora y mentora. Luego Dios me llamó a obtener un doctorado y continuar empoderando a otras líderes mediante el ministerio de consejería. No podría haber logrado nada de esto de no haber sido por el vínculo terapéutico de la hermandad de CLLI en mi vida. Todas esas mujeres fueron “Elisabet” para mí.

A veces el liderazgo puede ser difícil, pero también puede traer mucho gozo. Dios te puede llevar a lugares que nunca antes habías explorado; ahora mismo Dioste puede estar llamando a un área de liderazgo en el ministerio que puede parecerte abrumadora. Por favor, quiero que sepas que Dios nunca pretendió que recorramos solas el ministerio o la vida. Diosnos rodea con una hermandad de mujeres que nos puede empoderar, apoyar, traer vida y refresco para animarnos en nuestro trayecto. En CLLI tenemos un vínculo especial que nos ha llevado a través de pruebas, sufrimientos, desafíos, alegrías y muchos logros. Nunca hubiéramos podido hacerlo solas. Ven, únete a nosotras y sé parte de este maravilloso vínculo de hermandad en el liderazgo. No hay otro grupo con el cual quisiera participar en el ministerio aparte de mis hermanas en CLLI; estar juntas es terapéutico. “Por lo cual, anímense los unos a los otros y edifíquense los unos a los otros, así como ya lo hacen” (1 Tesalonicenses 5:11).


[i]Campos, B., Ullman, J. B., Aguilera, A., & Dunkel Schetter, C. (2014). Familism and psychological health: the intervening role of closeness and social support. Cultural Diversity & Ethnic Minority Psychology. https://doi.org/10.1037/a0034094

La Dra. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S, es Licenciada como Consejera Profesional Supervisora con 17 años de experiencia. Ella tiene una práctica privada en Fort Worth, TX al servicio de la comunidad latina. La Dr. Davila es miembro de la junta directiva y docente de CLLI. También es oradora internacional, autora y profesora de asesoramiento.

By Zoricelis Davila

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Recently I read a post on social media that said, “talking to your best friend is sometimes all the therapy you need.” I have to admit that as a therapist I know the therapeutic value of going to counseling to address issues that can only be managed with a professional. Nonetheless, in leadership and at CLLI we have experienced a therapeutic bond of a beautiful sisterhood. As Christian Latina leaders, sometimes we face many challenges such as discrimination, cultural expectations, stereotypes, and many others. These challenges present themselves with potential discouragement to continue in leadership or pressure to conform to cultural and societal norms. In times like these, we turn to our sisterhood for support, prayer, encouragement, and guidance. Those wonderful, godly, extraordinary friends and colleagues in ministry who have walked this journey before us, and/or with us.

This sisterhood is more than just a group of friends in leadership together; it is a group of godly, passionate, tenacious, compassionate and hardworking women doing ministry together. We have become more than just colleagues in ministry, we have become sisters in leadership. In psychology and counseling, there is a term called familismo referring to a cultural value that emphasizes close, warm, caring, loving, supportive family relationships.[i] The term also prioritizes family over self and it has been associated with contributing to psychological and emotional health. When we face challenges in ministry we take a hold of this value of familismo to stand firm together to support each other in the work of the Lord. 

Being in leadership together means that we are always finding new ways to help other women in ministry. We plan conferences, retreats, seminars, and many other avenues to empower other Christian women leaders, Latinas and Latinas-at-heart. We share common struggles, give each other ideas, support each other during our challenges and encourage each other to achieve our highest potentials. We are all different, but we all share the same Christian values.

We have been there for each other during the loss of loved ones, academic journeys, weddings, anniversaries, births, new jobs, change of jobs, retirements, and many more life-events–all while doing ministry and being leaders in our respective areas. We have cried together, laughed together and admonished each other in love when it was necessary. In doing so we have become more effective leaders. Leadership cannot be done alone, it is a community effort. There is no way that we could have achieved all we have in this ministry had it not been for The Lord and the bond of this sisterhood called CLLI. We are more than a sisterhood, it’s a partnership, a support system, mentorship network, and a seed-bed of leaders, scholars, ministers, and collaborators in the work of the Lord.

In an era where women in leadership have been questioned or criticized, we have a sisterhood of Christian women leaders, Latinas and Latinas-at-heart, who are bonded together for the sake of Christ to make his name known. Our vision is Empowered women in leadership impacting the world from a Christian perspective. Together, we motivate each other to continue our journeys as leaders, working in our respective congregations supporting the ministry of the church to accomplish the Great Commission.

In the bible, we see a beautiful bond of sisterhood in Elizabeth and Mary, the mother of Jesus (Luke 1:39-45). Both were given the beautiful ministry of being mothers to Jesus, our Savior, and John the Baptist, the forerunner of Jesus. At the moment that Mary was given the news of her new role, she visited her cousin Elizabeth who was six months pregnant with John. I believe that Mary needed the support of Elizabeth in a time where she must have been overwhelmed with the task at hand amid the cultural expectations. Their encounter was an affirmation from God for both that they needed to support each other in their respective ministries of motherhood.

Personally, God brought CLLI to my life in a time when I was entering a new area of leadership as a professional counselor. CLLI was my “Elizabeth.” Although I have always been a leader in my church, this time God was calling me into a broader ministry beyond the walls of my church. God used CLLI to open doors to publish books for our Latino community to bring healing to families. God also used this ministry to develop my leadership skills as a board member, faculty, and mentor. Then God called me to achieve a doctorate and continue to empower other leaders through the counseling ministry. I could not have accomplished any of this had it not been for the therapeutic bond of the sisterhood of CLLI in my life. These ladies have all been “Elizabeth” to me.

Leadership can be difficult at times, but it can also bring much joy. God can take you to arenas never explored before and God could be calling you right now into an area of leadership in ministry that may seem overwhelming. Please know, God never intends for us to go through life or ministry alone. God surrounds us with a sisterhood that can empower us, support us, bring healing and refreshment to encourage us in our journey. At CLLI we have a special bond that has carried us in moments of trials, suffering, challenges, joy, and many accomplishments. We would have never been able to do it by ourselves. Come join us and be a part of this wonderful bond of sisterhood in leadership. There is no other group that I would rather do ministry with than my sisters at CLLI, being together is therapeutic. “Therefore encourage one another and build each other up, just as in fact you are doing” (1 Thessalonians 5:11).


[i]Campos, B., Ullman, J. B., Aguilera, A., & Dunkel Schetter, C. (2014). Familism and psychological health: the intervening role of closeness and social support. Cultural Diversity & Ethnic Minority Psychology. https://doi.org/10.1037/a0034094


Dr. Zoricelis Dávila, Ph.D., LPC-S,  is a Licensed Profesional Counselor Supervisor with 17 years of experience.  She has a private practice in Fort Worth, TX serving the Latino community.  Dr. Davila serves on the board of CLLI and as faculty member. She is also an International speaker, author, and a Professor of Counseling.

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Adoptada

Christian Latina Leadership Institute

Por Jana Atkinson 

Traducido por Alicia Zorzoli

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Crecí como la del medio de un grupo grande de hijas. No hace falta decir que la hermandad es una de las primeras cosas que comprendí, y es algo que siempre amé. Debido a diferentes circunstancias, varias de mis hermanas son adoptivas. Mi papá y mamá mostraron un amor abundante al ajustar su vida y sacrificarse para llenar las necesidades de otras personas. Aunque mis hermanas y yo no tenemos el mismo ADN, las experiencias y las condiciones que compartimos han forjado un lazo de unión muy importante para mí, y yo creo que tiene el potencial de hacer un impacto en el mundo. Nuestra hermandad es el primer lugar donde vi las manos del Señor obrar en mi vida. Siempre guardé una admiración profunda por la adopción. La adopción de mis hermanas significó por lejos los momentos más significativos de mi vida. Para mí, esos momentos maravillosos sirven como los ejemplos supremos del evangelio.

Aunque nuestra hermandad es asombrosa, no siempre fuimos un grupo perfecto de hermanas. El buen Dios hizo que las hermanas Atkinson fueran individuos completamente diferentes entre sí. Las diferencias que se encuentran entre los miembros de nuestro grupo han resultado en muchas discusiones y muchos malentendidos. Algunas veces surgieron barreras que ocasionaron distanciamientos dolorosos en nuestras relaciones. Sin embargo, la bondad de nuestro Padre de amor siempre superó los tiempos difíciles que enfrentamos. Nunca olvidaré el momento más asombroso e inspirador que demostró cuán verdadera es la fidelidad de Dios. El Espíritu Santo nos llevó a través de la situación más dura que hayamos experimentado jamás.

Hubo un tiempo cuando nos encontramos en un lugar donde una de mis hermanas, debido a circunstancias desafortunadas, no nos hablaba. Algo le sucedió a ella durante ese tiempo que cambió su vida para siempre. Sin ninguna vacilación y sin pensarlo dos veces, ese mismo día las seis de nosotras estábamos juntas otra vez, recogiendo los pedazos rotos y abrazándonos con amor incondicional. Fue durante esa época en mi vida que estuve en el proceso de rendir completamente mi vida al Señor. El ver la fidelidad de Dios en esa situación increíble me hizo caer de rodillas y rendirme completamente. Fue entonces que comencé a vivir cada día de mi vida totalmente sometida a Él, y también fue entonces que acepté plenamente mi llamado al ministerio.

Debo admitir que el Señor creó un grupo bastante interesante entre nosotras. El vínculo que tenemos mis hermanas y yo me recuerda una verdad bíblica. La dinámica de nuestra hermandad es un ejemplo de cómo Dios ama igualmente nuestras diferencias. El amor que tiene Dios por cada una de nosotras es personal e increíblemente hermoso. La diversidad entre mis hermanas y yo me impulsa a alabar a Dios por la belleza de todo esto. Aunque no somos un grupo de hermanas perfectas puedo decir que somos una gran representación del cuerpo de Cristo.

Tenemos dones y roles muy diferentes, pero aun así tenemos en mente una misma meta; y es la de ser las representantes del nombre Adkinson y del padre y la madre que nos criaron a todas. Es de esa misma forma que los distintos miembros del cuerpo de Cristo tienen roles y dones diferentes, pero todos trabajan para glorificar el nombre de Jesús y representar al Dios que obró nuestra redención (1 Corintios 12). Esta es una verdad bíblica hermosa: no importan las circunstancias que rodean nuestra vida, debido al amor sacrificial, incondicional e inmerecido de Jesús todos somos, sin ninguna duda, miembros de la familia de Dios. Fue ese mismo amor inexplicable lo que llevó al Dios del universo a venir y pagar el más caro de todos los precios para que pudiéramos ser redimidas y adoptadas en la familia de Dios.

Hubiera sido fácil para mi papá y mamá orar, dar dinero o ayudar a hacer los arreglos para mejorar la vida de mis hermanas. En vez de eso, (quite varias palabras aquí) eligieron tomar la carga más pesada y criar a mis hermanas como sus hijas. No importan las circunstancias que rodeen nuestra vida; debido al amor sacrificial e incondicional todos hemos sido adoptados en la familia de Dios. De modo que mi oración para todos nosotros es que tomemos esta verdad y la compartamos con el mundo a través de la vida que vivimos y el amor que compartimos.

Durante mi primer semestre en la Universidad Bautista de las Américas, la doctora Nora Lozano, mi profesora favorita, me invitó a ser parte del Instituto Cristiano para Líderes Latinas. Debo admitir que eso me sorprendió porque no soy Latina. Sin embargo, debido a mi respeto por la doctora Lozano, asistí al entrenamiento y tomé ese curso en el siguiente semestre. Me adoptaron en la familia de CLLI (por sus siglas en inglés) como una Latina de corazón con mucho amor y apoyo. He crecido inmensamente por ser parte de esta maravillosa comunidad Cristocéntrica. Puedo decir con plena confianza que las mujeres que me adoptaron allí me van a animar y alentar a seguir de todo corazón al Señor y a su llamamiento en mi vida. Estoy orgullosa de representar a mi dulce Salvador Jesús como una Latina de corazón.

Jana Atkinson es una alumna de tercer año en el Instituto Cristiano para Líderes Latinas, y de último año en la Universidad Bautista de la Américas, especializándose en Biblia y Teología. Después de graduarse va a continuar estudiando en el Seminario Logsdon para obtener su Maestría en Divinidades.

Adopted

Christian Latina Leadership Institute

By Jana Atkinson

Para leer la version en español, haga clic aquí.

I was raised as the middle child in a big group of daughters. Needless to say, sisterhood is one of the very first thingsthat I ever understood, and something I have always loved. Due to differing circumstances, a few of my sisters are adopted. My parents, out of abundant love, adjusted their lives and made sacrifices in order to address the needs of others. Although my sisters and I do not all have the same DNA, our shared experiences and conditions have forged a bond that is really important to me, and I believe has the potential to make an impact in the world. Our sisterhood is the first place in which I saw the Lord’s hands at work in my life. I have always held a very deep admiration for adoption. The adoption of my sisters is by far the most meaningful moments of my life. To me these amazing moments serve as the greatest examples of the gospel. 

As awesome as our sisterhood may be, we have not always been a picture-perfect group of siblings. The good Lord has indeed made the Atkinson sisters to be individuals who are all completely different. The differences found between the members of our group have brought forward many misunderstandings and arguments. At times, barriers have been present causing painful distance in our relationships. However, the goodness of our loving God has always overshadowed the hard times we face. I will never forget the most awe-inspiring time that the Lord’s faithfulness proved true. The Holy Spirit carried us through the toughest situation we have ever faced. 

There was at time we found ourselves in a place where one of my sisters, due to unfortunate circumstances, was not speaking to any of us. During this time, something happened to her which changed her life forever. Without hesitation or any second thoughts within one day all six of us were together picking up the pieces and embracing one another with unconditional love. It was during this season of my life that I was in the process of fully surrendering my life to the Lord. Seeing God’s faithfulness in this unbelievable situation, brought me to my knees in full surrender. This is where I began to live every day of my life living completely submitted to Him, and it was also when I fully acknowledged my calling to ministry.

 I must admit the Lord has created quite an interesting group between us. The bond my sisters and I have reminds me of a biblical truth. The dynamic of our sisterhood is an example of how God loves our differences equally.   The love that God  has for each of us is personal and incredibly beautiful. The diversity among my sisters and I compels me to praise the Lord because of the beauty of it all. While we are not the picture-perfect group of siblings, I can say we are a great representation of the body of Christ. 

We have very different gifts and roles, yet we still have one goal in mind, and that is to be the representatives of the Atkinson name and the very parents who raised all of us. It is in the same way that the different members of the body of Christ have different roles and gifts and all work to glorify the name of Jesus and represent the very God who brought us redemption (I Corinthians 12).  This is a beautiful biblical truth: no matter the circumstances surrounding our lives, because of Jesus’ sacrificial, unconditional, and undeserved love, we are all, without any doubt, members of the family of God.  It was this very unexplainable love that drew the God of the universe to come and pay the heaviest of prices so that we may be redeemed and adopted into God’s  family.

It would have been easy for my parents to offer their prayers,  provide money, or help make arrangements to improve the lives of my sisters. Instead, my mother and father chose to take on the heaviest of burdens and raise my sisters as their children. No matter the circumstances surrounding our lives, because of sacrificial and unconditional love, we have all been adopted into the family of God. So, it is my prayer for all of us to take this truth and share it with the world through the lives we live and the love we share.

During my first semester at Baptist University of the Americas, my favorite professor, Dr. Nora Lozano, invited me to be a part of the Christian Latina Leadership Institute. I have to admit that this surprised me, because I am not a Latina. However, out of deep respect for Dr. Lozano, I attended the CLLI training  and took the course the following semester. I was adopted into the CLLI family with great love and support as a Latina at heart. I have grown immensely being a part of this amazing Christ-centered community. It is with confidence that I can say, that the women who have taken me in will encourage me and push me to wholeheartedly chase after the Lord and his calling in my life. I am proud to represent my sweet savior Jesus as a Latina at heart.

Jana Atkinson is a third year CLLI student, and a senior at Baptist University of the Américas, majoring in Biblical and Theological studies. Upon graduation, she will pursue a Masters of Divinity at Logsdon Seminary. 

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