La Fuerza de la Hermandad

Christian Latina Leadership Institute

Por Patty Villareal

Traducido por Alicia Zorzoli

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La palabra “fuerza” transmite imágenes de poder y confianza. Dios provee personas, hombres y mujeres, que se cruzan en nuestro camino con una fuerza que maximiza nuestro potencial dado por Dios. Ese poder y esa confianza nos da el valor de actuar para lograr nuestro sueño.

A veces las mujeres tendemos a gravitar más hacia otras mujeres, nuestras hermanas. En mi caso, que es similar al que Alicia Zorzoli describió en el blog del mes pasado, yo no tuve hermanas carnales. Durante mi infancia y juventud sentía envidia de mis amigas que tenían hermanas. Podía ver ese vínculo especial entre ellas. Siempre tenían quien las acompañara cuando salían a otros lugares. Compartían secretos íntimos y se protegían mutuamente. Por supuesto, se peleaban, pero, ¿qué hermanas no lo hacen? Siempre me pregunté cómo sería tener una hermana.

Por la gracia de Dios, cuando conocí a Cristo él me dio montones de “hermanas”. Inmediatamente heredé un mundo de “hermanas”. Tengo el privilegio de compartir un vínculo especial con muchas de ellas. Tengo “hermanas” a quienes contarles mis confidencias y que ellas me las cuentan a mí. Tengo “hermanas” que me protegen, y lo las protejo. Tengo “hermanas” que caminan a mi lado en mi relación con Cristo, y yo camino con ellas para vivir una vida más abundante. Mi vida es muy bendecida gracias a mis “hermanas”. 

Mi sueño y el deseo de mi corazón siempre ha sido descubrir y alentar lo mejor en las demás personas. En mis muchos años como líder, y en mi profesión de trabajadora social, me cruzo con gente que no está consciente de sus dones y talentos. Me encuentro con algunas personas que no tienen confianza en sí mismas, y esa percepción limitada de sí mismas les impide ver cuán valiosas son para Dios.

La misión de mi vida incluye “eliminar las barreras que obstruyen el potencial dado por Dios a los niños y sus familias”. El Señor me ha guiado y permitido hacer esto en la vida de individuos, familias, iglesias y sistemas. Gracias a Dios no lo hice sola. Casi siempre soy parte de un grupo de colegas, o de una comunidad que trabaja para encontrar formas de eliminar esas barreras para las familias; y muchas veces lo hago junto con mis “hermanas”.

¡Eso ya es toda una bendición! Sin embargo, hay una bendición extra que viene cuando recorro esa senda junto a otras personas creyentes. A menudo viene con, y a través de, mis “hermanas” que tienen un mismo trasfondo y una misma comprensión del amor de Cristo hacia nosotras y hacia otras personas. Mis “hermanas” aportan una perspectiva como la de Cristo en la tarea de animar y eliminar las barreras. Muchas veces es un proceso de aprendizaje para un grupo de mujeres de Dios que buscan juntas hacer su voluntad.

El Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés) nació de esa forma. Desde el deseo y la visión de hacer realidad lo mejor en las demás personas y en las comunidades, la semilla de CLLI comenzó en colaboración con una hermana con ideas similares, la doctora Nora Lozano. Partiendo de la base de nuestra amistad y hermandad, en otoño de 2005 las dos líderes latinas comenzamos a soñar y planificar un movimiento para ayudar a otras líderes latinas a maximizar el potencial que Dios les dio. Dios usó conversaciones divinas, nuestras redes y el aliento mutuo a medida que la doctora Lozano y yo comenzamos el proceso de crear y desarrollar juntas este Instituto.

Esto no lo hicimos solas. En estos últimos 14 años Dios trajo a personas amigas, consejeras, consultoras y facultad para trabajar con nosotras.

El concepto inicial de CLLI ahora ha madurado hasta llegar a ser una institución sin fines de lucro, con una Directora Ejecutiva y una Junta Directiva que dirigen nuestra organización. No solo enseñamos a latinas sino también a “latinas de corazón” de las cuales también aprendemos. Todas son mujeres dotadas que siempre nos bendicen mientras continuamos progresando en el Instituto.

Mi amistad y hermandad con Nora Lozano continúa creciendo mucho más allá de los lazos con CLLI. Encontré una cita de Sabrina Newby, CEO y fundadora de la Cámara de Minorías de Georgia, que describe nuestra relación:

“Yo estoy orgullosa de ella, y ella está orgullosa de mí. No hay competencia, mala voluntad, envidia o celos. Somos mujeres seguras, confiadas, que hacemos cada una lo nuestro mientras nos apoyamos mutuamente”.

A eso lo llamo “verdadera hermandad”. Y es mi oración que quienes leen este blog tengan este tipo de hermandad con otras. Que sean mujeres seguras, confiadas, que hacen cada una lo suyo mientras se apoyan mutuamente.

Creo que es casi imposible llegar a ser lo mejor que podamos sin ser parte de una comunidad de “hermanas”. Esta hermandad es un regalo de Dios. Una hermandad está formada por mujeres conectadas genéticamente o por su fe en Cristo, que quieren y pueden caminar a tu lado, alentarte, compartir confidencias y protegerte.

La Biblia habla sabiamente de la importancia de vivir y servir en comunidad: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4: 9, 10). El pasaje continúa diciendo: “También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4: 11, 12). El poder de la comunidad es verdaderamente importante en la Biblia.

Si tienes la bendición de tener una comunidad de “hermanas” a tu alrededor, dale gracias a Dios y no dejes de alimentarla. Si no la tienes, ora pidiendo tenerla. Toma la iniciativa; empieza siendo una buena “hermana” para otras mujeres y, a su tiempo y con la bendición de Dios, podrás disfrutar las riquezas de tener una hermana o una comunidad de hermanas a tu alrededor.

En CLLI nos esforzamos por ser esa comunidad de líderes; una hermandad que se alienta mutuamente en su trayectoria de liderazgo. Al continuar ofreciendo entrenamientos en diferentes sedes, por favor considera unirte a nosotras y ser parte de esta comunidad que nos vincula para lograr la excelencia en Dios.

Patty Villareal, LMSW, Co-fundadora de Instituto Cristiano para Líderes Latinas y profesora auxiliar en la Universidad Bautista de las Américas.

The Strength of Sisterhood

Christian Latina Leadership Institute

By Patty Villarreal, LMSW

Para leer la version en español, haga clic aquí.

The word strength conjures up images of power and confidence. God provides people, women and men, who cross our path with strength which maximizes our God-given potential. Power and confidence give us courage to pursue an action towards our dream.

As women we sometimes tend to gravitate more towards other women, our sisters. In my case, similar to Alicia Zorzoli, who wrote last month’s blog, I did not have blood sisters. Growing up, I was envious of my female friends who had sisters. I watched those special bonds between them. They always had a companion when they went places. They shared intimate secrets and protected each other. Yes, they fought but what siblings don’t. I always wondered what it was like to have a sister.

By the grace of God, He gave me lots of “sisters” when I became a Christian. Immediately, I inherited a world of hermanas (sisters). I have the privilege of sharing special bonds with many of these “sisters”. I have hermanas who I confide in and they confide in me, who protect me and I protect them. I have hermanas who walk with me in my relationship with Christ and I walk with them to live life more abundantly. My life is blessed with my hermanas.

My dream and strong desire has always been to encourage the best in others. In my years as a leader and in my profession of social work, I come across people who aren’t aware of their gifts and talents. I encounter those who lack self-confidence, and the limited perception of themselves hinders their ability to see how valuable they are to God. 

My life mission includes “elimating barriers that hinder God-given potential in children and their families”. The Lord has allowed and guided me to do that in the lives of individuals, families, churches, and in systems. Thankfully, I didn’t do this in isolation. I am often a part of a group of colleagues, or a community who is working on ways to eliminate those barriers for families, and many times I am doing this alongside of my hermanas.

This is a blessing in itself! However, the extra blessing comes when I walk this journey with other believers. Often, it is with and through my hermanas who come from the same framework and understanding of Christ’s love for us and others. Mis hermanas bring a Christ-like perspective in the work of encouragement and elimination of barriers. Often times, it’s a learning process for women of God who are seeking God’s will together.

The Christian Latina Leadership Institute (CLLI) was birthed that way. From the desire and vision to bring out the best in others and in communities. The seed of the CLLI began in collaboration with a like-minded sister, Dr. Nora Lozano. Through the beginning of a friendship and sisterhood, two Latina leaders in the Fall of 2005 began to dream and fashion a movement to help other Latina leaders maximize their God-given potential. God used divine conversations, our networks, and encouragement of each other as Dr. Lozano and I traveled the journey together to create and develop the CLLI. 

We did not do this alone, in these last 14 years, God has led friends, advisors and faculty to work with us. 

The initial concept of CLLI has now matured into a non-profit, an executive director, and a CLLI board that now lead the organization. We not only teach Latinas but also Latinas-at-heart, from whom we also learn. They are gifted women who always bless us as we continue to fine-tune the Institute.

My friendship and sisterhood with Nora Lozano continues to grow in ways beyond our ties with the Christian Latina Leadership Institute. I came across this quote from Sabrina Newby, CEO and founder of the Coastal, Georgia Minority Chamber, which describes our relationship:

“I’m proud of her; she’s proud of me. There is no competition animosity, envy, or jealousy. We’re just secure, confident women doing our thing while supporting each other. I call that a SiSTARship and it is the essence of a Smart Woman Achieving Greatness. (SWAG).”

SiSTARship is a program which empowers women to lead. I pray that those reading this blog have a SiSTARship type of relationship with others – “confident women doing our thing while supporting each other”. 

I believe that it is almost impossible to be the best that you can be if you are not a part of a community of hermanas. This sisterhood is a divine gift from God. A sisterhood is made up of women who are connected by genetics or by their faith in Christ, who are ready and able to walk alongside you, build you up, share confidences, and protect you. 

The Bible speaks wisely about the importance of living and serving in community: “Two people are better off than one, for they can help each other succeed. If one person falls, the other can reach out and help. But someone who falls alone is in real trouble.” Ecclesiastes 4:9-10  This passage goes on to say, “Likewise, two people lying close together can keep each other warm. But how can one be warm alone? A person standing alone can be attacked and defeated, but two can stand back-to-back and conquer. Three are even better, for a triple-braided cord is not easily broken.” Ecc. 4:11-12.  The power of community is certainly important in the Bible. 

If you are blessed to have a SiSTARship community around you, give thanks to God, and keep nurturing it. If you do not have one, pray for a community of sisters.  Take initiative and start being a good sister to other women, and eventually, with God’s blessing, you will enjoy the riches of having an hermana or a community of hermanas surround you. 

At the CLLI, we strive to be this community of leaders –a SiSTARship– that encourages each other in the journey of leadership.  As we continue offering training at different sites, please consider joining us and becoming part of this community that bonds together to achieve excellence in God.

Patty Villarreal LMSW, is the Co-Founder of the Christian Latina Leadership Institute, and Adjunct professor at the Baptist University of the Américas.

Categories: Blog

By Alicia Zorzoli

March 2019

Para leer la versión en español haga clic aquí.

I don’t have a sister. I have two brothers whom I love with all my heart, but I would have loved to have a sister. I would have loved someone to play and argue with, someone to share my secrets, dreams, and clothes.  I would have loved someone to talk to about the boy I liked from school.  

And I have realized I am not the only one who feels this way. Recently I have witnessed an amazing experience. A member of our weekly women’s Bible Study group received a very special gift last Christmas: the kit to learn about her DNA. This was very special for her as she had been adopted as a little child and, therefore, knew nothing about her biological family. The test results showed that she has a half-sister! Both of them contacted each other, and last week they finally met. It was quite a sight to see them together! They couldn’t separate themselves; my friend’s new sister shared her testimony saying that all her life she had been longing for a sister. And now God had fulfilled her dream.

In my case, at the right time both my brothers got married and gave me the best imaginable present: my sisters-in-law whom I love as true sisters. Although we live very far apart from each other, I can spend hours talking with them and we enjoy it tremendously.

These two examples can be described in just one word: sisterhood. The Webster Dictionary defines sisterhood as “the solidarity of women based on shared conditions, experiences, or concerns.” The effect of this sense of sisterhood can be seen either between just two women or among a whole group. And the impact resulting in the lives of the individuals can be tremendous, especially with us women. Be it a sisterhood related by blood or by affinity, the influence among two or many can be very powerful.

There is a foundational element in the sisterhood DNA. Be it a sisterhood of two or a group, each one maintains her own distinctive characteristics; however, there is a point of contact that brings them together. It has to be something that connects them. That could be kinship, common interests, similar likes,or vocations. In my case, the connection with my sisters-in-law was not by kinship, but through the union of two families. In the case of my friend, the point of contact was blood when both discovered that they were daughters of the same father.

I find an example of this in Luke 8:1-3. Luke portrays a group of women disciples of Jesus. They joined Jesus and the twelve apostles traveling “from one town and village to another” (v. 1), learning from the Master and serving Him “out of their own means” (v. 3). We have the names of three of these women: Mary Magdalene, Joanna and Susanna. But Luke mentions there were “many others” (v. 3). These women were very different from each other. Some had been physically healed; others were liberated from evil spirits. Some, as Joanna, belonged to a high class on the social scale; others were from the general public. Each one of them had their own particular history before encountering Jesus. But finding the Master and experiencing His powerful action on each of them was their “contact point”; it was their connection; it was what established their sisterhood. The Bible commentary, El Comentario Bíblico Mundo Hispano, expresses this bond very clearly by saying that “they had been equally pardoned.”

It is hard to imagine such a group of women walking together, covering mile after mile for days, months and even years, and not seeing them talking with each other. They probably didn’t know each other at first, but I am sure that not too much time passed before they each started to introduce themselves, asking for their names and sharing how they had come to be Jesus’ disciples. This is also part of our DNA as women! So, we can clearly see in this picture “the solidarity of women based on shared conditions, experiences, or concerns” which, according to the Dictionary, is the definition of sisterhood.

I would like to translate this New Testament sisterhood example to a present time similar situation of which I am honored to be a part. I am talking about Christian Latina Leadership Institute (CLLI). It is a three-year academic program whose main purpose is to empower Christian Latina (or Latina at heart) leaders to be agents of transformation in the micro- or macrocosms in which they find themselves. Throughout its more than 13 years of existence, CLLI has been the meeting place of Christian leaders who not only received academic instruction to be the best leaders in their field, but also received role models from instructors and fellow classmates. They also received the benefit of influence and shared experiences among themselves. 

A few days ago, I met one of my former CLLI students. Her name is Ana Castellano Jiménez. She shared with me that it was CLLI who pushed her to continue her education after graduating from the university. Already married, with three children and with the difficulty that English is not her native language, she decided to strive for a master’s degree. The result? Not one but two Masters, one in Christian Ministry and the other in Christian Counseling. But Ana’s story doesn’t stop there. She is currently working towards her PhD in Education. Ana recognizes CLLI as the impulse God used for encouraging her to advance in her studies in order to be the best Christian leader in her field and make an influence that leaves a mark in many lives.

Yes, it is true that I did not have the sister I longed for when I was a child. But when I look back, I can see that God did compensate my desire by making my cup overflow with a superabundance of “sisters.” First, God gave me my sisters-in-law. Then, He gave me an army of women whom I have personally met in more than 50 countries all around the world. Their bond of friendship and affection continue making a strong impact in my life and more recently through CLLI. And this is exactly what sisterhood is all about!

Alicia Zorzoli is a Bible teacher and international lecturer, she has published numerous articles in Christian magazines and books. For more than ten years she has been a part of the CLLI faculty.

Categories: Blog

Por Alicia Zorzoli

Marzo, 2019

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Yo no tuve una hermana. Tengo dos hermanos a quienes amo con todo mi corazón, pero me hubiera gustado tener una hermana; una niña con quien jugar, con quien contarnos secretos, con quien pelear, con quien compartir sueños, con quien intercambiar ropa, una a quien contarle del chico de la escuela que me gustaba. 

Y no soy la única que siente así. En estos días fuimos testigos de una experiencia maravillosa. Una miembro del grupo de mujeres que nos reunimos semanalmente para estudiar la Biblia, recibió como regalo de Navidad el kit para el estudio de su ADN. Ella había sido adoptada de pequeña y no sabía nada de su familia biológica. Como resultado de la prueba, encontró que ¡tiene una medio-hermana! Ambas se comunicaron, y la semana pasada se encontraron. Fue maravilloso verlas juntas. No se podían separar. En su testimonio, la hermana de mi amiga contó que durante toda su vida anheló tener una hermana. Y ahora Dios le había concedido su sueño. 

En mi caso, con los años mis dos hermanos se casaron y me hicieron el mejor de los regalos: dos cuñadas a quienes amo como si fueran mis hermanas. Aunque vivimos muy distantes, con ellas puedo conversar por horas y lo disfrutamos muchísimo.

Estos dos ejemplos se reúnen en una sola palabra: fraternidad. El diccionario la define como “amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales”. El efecto de este sentido de fraternidad puede verse tanto entre dos personas como en un grupo. Y el impacto que produce en la vida de las personas es tremendo, y especialmente en nosotras como mujeres. Sea una fraternidad de sangre o afectiva, la influencia de ambas o de varias entre sí puede llegar a ser poderosísima. 

Hay un elemento fundamental que integra el ADN de esto que llamamos fraternidad. Sea que se trate de la relación entre dos personas o entre un grupo de ellas, y aunque ninguna pierde sus características distintivas individuales, debe existir un punto de contacto. Tiene que haber algo que las conecta entre sí. Pueden ser parentesco, intereses comunes, gustos similares o vocaciones comunes.  En mi caso la conexión se dio en la forma de un parentesco, aunque no sanguíneo, con mis cuñadas. En el caso de mi amiga, el punto de contacto fue de sangre cuando ambas descubrieron que eran hijas del mismo padre.

Yo encuentro un ejemplo de esto en Lucas 8:1-3. Lucas presenta a un grupo de discípulas de Jesús. Ellas iban, junto con Jesús y los doce apóstoles “de ciudad en ciudad y de aldea en aldea” (v. 1) siguiendo a su Maestro, aprendiendo de él y sirviéndole con sus bienes. De tres de ellas sabemos sus nombres: María Magdalena, Juana y Susana; pero Lucas añade que había “muchas otras” (v. 3). Son mujeres muy diferentes entre sí. Algunas habían sido sanadas físicamente; otras habían sido liberadas de malos espíritus; algunas, como Juana, provendrían de una clase alta en la escala  social; otras serían lo que llamamos “ilustres desconocidas”. Cada una de estas discípulas tenía una historia que contar; un “antes” de su encuentro con el Maestro. Pero el encuentro con Jesús y su obra poderosa en la vida de cada una de ellas fue su “punto de contacto”, fue lo que estableció la conexión entre ellas, lo que creó la fraternidad. El Comentario Bíblico Mundo Hispano lo expresa con una frase simple pero profunda a la vez: todas ellas “habían sido igualmente perdonadas”. Ahí está el punto de contacto; esa fue su conexión. 

Yo no me puedo imaginar a un grupo así de mujeres caminando juntas, recorriendo kilómetro tras kilómetro por días, meses y hasta años, y sin verlas conversando entre ellas. Probablemente al principio no se conocían entre sí, pero no habrá pasado mucho tiempo sin que empezaran a presentarse, a preguntarse sus nombres y a compartir su experiencia de cómo habían llegado a ser discípulas de Jesús. ¡Eso también está en nuestro ADN como mujeres!  Es decir, es fácil imaginar que se debe haber creado esa “amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales” que define a la fraternidad. 

Quisiera traducir la experiencia de ese grupo descripto en el Nuevo Testamento presentando a un grupo de nuestro tiempo del cual me siento honrada de ser parte. Me refiero a una institución llamada “Instituto Cristiano para Líderes Latinas” (CLLI por sus siglas en inglés). Se trata de un programa académico de tres años de duración cuyo objetivo es transformar la vida de las mujeres en el nombre de Jesús al empoderarlas como líderes cristianas latinas, o latinas de corazón, para ser agentes de cambio en el micro o macro cosmos en el que les toca actuar. A través de sus más de 13 años de existencia, CLLI ha sido el lugar de encuentro de líderes cristianas que no solo recibieron instrucción académica para ser las mejores líderes en su campo sino que también recibieron modelos a seguir de parte de instructores y compañeras de trayectoria y, además, recibieron el beneficio de la influencia y las experiencias compartidas entre sí.

Hace pocos días me reencontré con una de mis ex alumnas de ese programa: Ana Castellano de Jiménez, quien me expresó que CLLI fue quien la impulsó a proseguir sus estudios luego de graduarse de la universidad. Ya casada, con tres hijos y con la dificultad de que el inglés no es su idioma natal, decidió esforzarse por obtener una maestría. ¿El resultado? Pues que alcanzó no uno sino dos títulos: una maestría en Ministerio Cristiano y la otra en Consejería Cristiana. Pero allí no termina la historia; ahora Ana está cursando sus estudios de doctorado para obtener el título de Doctora en Educación. Ana reconoce a CLLI como la fuerza que Dios usó para animarla a progresar en su liderazgo prosiguiendo sus estudios para poder ser la mejor líder cristiana en su campo y ejercer una influencia que deje huellas en muchas vidas.

Sí, es verdad que no tuve la hermana que hubiera querido de niña. Pero al mirar hacia atrás veo que Dios compensó ese anhelo haciendo rebalsar mi copa con una superabundancia de “hermanas”. Primero fueron mis cuñadas, después fue un verdadero ejército de mujeres con quienes tuve contacto personal en más de 50 países a lo largo y ancho del mundo cuyos lazos de amistad y afecto continúan marcando mi vida, y más recientemente a través de CLLI ¡Y eso describe perfectamente lo que es una verdadera fraternidad!

Alicia Zorzoli es maestra de la Biblia y conferencista internacional, ha publicado numerosos artículos en revistas y libros cristianos. Desde hace más de diez años sirve como profesora del CLLI.

Por Anyra Cano

Traducido por Alicia Zorzoli

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Dieciocho años atrás mi vida se encontraba como en el fondo enlodado de un pozo. Había experimentado un tiempo de trauma físico y emocional. Anhelaba una comunidad que me ayudara a salir del dolor que me envolvía. Dios fue bueno conmigo al brindarme una red de personas que me inspiraron, me desafiaron, me alentaron y oraron por mí. A través de cada una de ellas Dios fue restaurando mi vida. Esta experiencia me enseñó una lección invalorable en cuanto a la mentoría y la hermandad entre mujeres.

Doy gracias por varias mujeres sabias en  mi vida que se tomaron el tiempo para escucharme y animarme. Su sabiduría y su obra como mentoras me ayudaron a recuperar mi confianza en Dios y a descubrir un sendero nuevo para acercarme a él.

Esta actitud de mentoras y de hermandad que encontré en diferentes mujeres me recuerda la historia bíblica de Noemí y Rut quienes, aunque no tenían un parentesco de sangre, desarrollaron un vínculo tan fuerte entre suegra y nuera que fue capaz de llevarlas a un lugar seguro. Es una historia hermosa de dos mujeres que debieron soportar un dolor y una pena muy grandes que las dejó vulnerables y las llevó a viajar juntas de regreso al país de Noemí. En ese viaje Noemí se convirtió en la mentora de Rut quien aceptó confiadamente seguir las sugerencias de Noemí.

Así como Rut encontró su mentora, Noemí, en medio de un tiempo de pérdida, yo encontré a mi mentora también en medio de un tiempo de tristeza profunda. Su nombre es Alicia Zorzoli. Como una forma de respeto y honor yo la llamo “hermana Alicia”. Ella no es mi hermana biológica, pero es mi hermana en Cristo.

Conocí a mi hermana Alicia en El Paso, en una pequeña iglesia hispana en donde ella era una líder. Me estaba preparando para mudarme a San Antonio a comenzar mis estudios para el ministerio vocacional. Recuerdo haber compartido a la hermana Alicia que me sentía muy indigna  de ir a esa universidad cristiana. La respuesta poderosa y compasiva que recibí de ella la llevo grabada en mi corazón por los últimos 18 años: “No tienes que tener vergüenza. Considera lo que has pasado como parte de la preparación que Dios tiene para ti para servir en el ministerio. Lo que tú viviste te va a ayudar a ministrar a otras personas que estén pasando por situaciones similares”.

Después de la universidad perdí el contacto con la hermana Alicia, pero sus sabias palabras  permanecieron conmigo y continuaron guiándome. Su sabiduría resonó tan profundamente en mi alma que llegó a ser el marco de mi ministerio. Y, eventualmente, la profecía de la hermana Alicia llegó a ser una realidad en mi vida cuando yo también me convertí en mentora. Ese día descubrí que Dios iba a redimir mi historia y transformarla en una que sería una puerta para que otras también experimentaran la misericordia y el amor incondicional de Dios.

Hace unos nueve años Dios trajo a mi vida a una jovencita de 16 años: Itzayana. Ella se hizo miembro de la iglesia donde yo soy la ministro de jóvenes. Itzayana era tímida y callada, pero le encantaba aprender y servir. Entre nosotras se fue formando un vínculo muy especial y comencé a ser su mentora en varias áreas de ministerio y liderazgo. Yo la reclutaba para que estuviera a mi lado como voluntaria, y la llevaba conmigo a todas las reuniones y los entrenamientos donde yo participaba.

Durante la escuela secundaria Itzayana trabajó mucho porque quería obtener becas para la universidad. Se había formado grandes proyectos para poder ir a la universidad de sus sueños. Lamentablemente no podía acceder a ninguna de esas becas. Itzayana se sintió completamente derrotada y desalentada. Comenzaron a resurgir muchos problemas que habían estado encubiertos. Recuerdo sus muchas llamadas telefónicas con una voz perturbada y llena de dolor.

Así como la hermana Alicia me había animado, yo animé a Itzayana. Eventualmente se inscribió en la Universidad Bautista de las Américas (BUA por sus siglas en inglés), donde en menos de tres años obtuvo el título de Liderazgo Empresarial. Y en este próximo mes de mayo Itzayana va a obtener su maestría en Administración de Empresas.

Nuestro vínculo de hermandad y mentoría me permitió ver cómo esta jovencita se desarrollaba hasta llegar a ser una líder fuerte, respetada y amada por muchos en nuestra comunidad. Itzayana me llena de gozo y admiración. Hoy es una líder en la iglesia, y ha crecido tanto en su ministerio que estoy convencida de que puede manejar la iglesia por sí sola.

Después de diez años la hermana Alicia y yo volvimos a conectarnos. Ella ahora es una miembro y una líder en la iglesia donde yo sirvo. En esta nueva etapa de su vida y su ministerio ella continúa siendo una importante mentora para mí; alguien que me ama, que crece junto a mí, que me escucha, me comparte su sabiduría y me “echa porras”. Recientemente escribió un  libro de estudios bíblicos titulado “¡Dios, esto no estaba en mis planes!”. En él ella comparte del dolor que sufrió en su vida, y de cómo esos momentos la prepararon para lo que ella es hoy.

Aunque Noemí soportó una pena muy grande, también sirvió como la mentora para desarrollar a una líder en Rut cuya descendencia incluye a nuestro Salvador Jesucristo. La hermana Alicia, quien conoció la pena y el dolor, me mentoreó a mí, y hoy yo tengo el privilegio de liderar y mentorear a muchos jóvenes, como Itzayana, para que vivan el propósito de Dios en su vida.

Aunque el hecho de ser hermanas y mentoras a veces puede nacer de circunstancias dolorosas, esta trayectoria produce sabiduría, guía, recursos, gozo y esperanza para el futuro. De la misma manera que a Noemí, Ruth, Alicia, Itzayana y yo, Dios nos invita a ser mentoras y a recibir mentoría de personas llenas de fe y sabiduría que forman parte de la historia de redención de Dios.

Doy gracias por mi trayectoria. Aunque ha sido dolorosa, Dios colocó a las mentoras correctas en mi vida justo en el momento correcto.  Y así como yo recibí gratuitamente de la generación previa, también yo quiero dar  gratuitamente a la próxima generación.

¡Ciertamente el recibir mentoría y el ser mentoras son verdaderos regalos! Si tú quieres experimentar ese regalo, por favor considera unirte a nosotros en el Instituto para Líderes Latinas Cristianas (CLLI por sus siglas en inglés) donde recibirás entrenamiento espiritual, académico, empresarial, ayudas para desarrollar ministerios sin fines de lucro, y mentoras dispuestas a invertir en tu vida no importa dónde te encuentres.

Anyra Cano es la Coordinadora Académica del Instituto Cristiano para Líderes Latinas, Ministra de jóvenes de la Iglesia Bautista Victoria en Cristo en Fort Worth, TX y Coordinadora de las Mujeres Bautistas en el Ministerio de Texas.

By Anyra Cano

Para leer la versión en español haga clic aquí.

Eighteen years ago, my life was in a slimy pit of mud and mire. I had experienced a season of both emotional and physical trauma. I was longing for a community to help me out of the pain I found myself in. God was good and provided me a network of people that inspired, challenged, encouraged, and prayed for me. Through each of them,  God worked to restore my life.  This experience has taught me the invaluable lesson of mentorship and sisterhood.

I am grateful for several wise women in my life who took the time to listen and to encourage me. Their wisdom and mentorship helped me to restore my trust in God and to discover a new path toward Him. 

The sisterhood and mentorship that I found in different women remind me about the biblical story of Ruth. Naomi and Ruth, who were not related by blood, developed a strong mother-in-law/daughter-in-law bond that led both to a place of safety and security. It is a beautiful story of two women who had endured great sorrow and pain, were left vulnerable, and then together journeyed to Naomi’s home country. In that journey, Naomi becomes a mentor for Ruth, who trustingly submits to Naomi’s suggestions.

Just as Ruth found her mentor, Naomi, during a time of loss, I found my mentor while also experiencing profound sadness.  Her name is Alicia Zorzoli. I call her “Hermana (sister) Alicia”, out of respect and honor. She is not my biological sister, rather my sister in Christ.  

I met Hermana Alicia in El Paso, in a small Hispanic Baptist church where she was a leader. As I was about to leave for San Antonio to prepare for vocational ministry, I remember sharing with Hermana Alicia how unworthy I felt about going to college. Her powerful and compassionate response has been implanted in my heart and mind over the last 18 years: “You do not need to be ashamed, instead look at what you went through as a part of the schooling God has for you to serve in ministry. What you went through will help you minister to others in similar situations.” 

After college, I lost contact with Hermana Alicia, but her wise words remained with me and continued to guide me.  Her wisdom resonated so deeply in my soul that they have become the blueprint of my ministry. And eventually, Hermana Alicia’s prophecy became reality in my life, when I also became a mentor. That day I learned that God would redeem my story and transform it into one that would become a gateway for others to also experience God’s mercy and unconditional love.

About nine years ago, God brought a 16-year-old girl into my life—Itzayana. She became a member of the church where I am the youth minister. Itzayana was shy and quiet, but she loved to learn and serve. We grew a special sisterhood bond and I began to mentor her in several areas of ministry and leadership. I would recruit her to volunteer alongside me and I would take her with me to meetings or trainings in which I was participating. 

In high school, Itzayana worked diligently as she desired to get scholarships for college and had made big plans to go to the university of her dreams. Unfortunately, she was not eligible for any of those scholarships. Itzayana felt completely disappointed and defeated. Many underlining issues and fears had resurfaced. I remember her many phone calls to me, her distraught voice filled with lament. 

As Hermana Alicia had encouraged me, I also encouraged Itzayana. Eventually, she attended the Baptist University of the Americas (BUA) and obtained a degree in Business Leadership. She graduated in less than three years from BUA, and this coming May she will be graduating with her master’s degree in Business Administration.  

Our bond of sisterhood and mentorship has allowed me to see this young lady develop into a strong leader who is respected and dearly loved by many in our community. She brings me great joy and admiration.  She has become a leader in the church.  Itzayana has grown so much in her ministry, that I believe she can run the church on her very own.

Hermana Alicia and I have now reconnected after 10 years. She is a member and leader of the church where I serve. In this new season of life and ministry, she continues to be a significant mentor who loves me, grows alongside with me, listens to me, shares wisdom, and cheers me on. Recently, she wrote a bible study book titled “God, This Was Not In My Plans”. In her book, she shares about the pain she endured in life, and how those moments have prepared her for what she is today. 

While Naomi was enduring great grief, she was also developing and mentoring a leader in Ruth, whose offspring would one day include our Savior, Jesus Christ. Hermana Alicia, who knew about pain and sorrow, mentored me, and today I have the privilege to lead and mentor many young people, like Itzayana, to live out God’s purpose in their lives.  

While mentorship and sisterhood can sometimes be born out of difficult circumstances, this journey brings wisdom, guidance, resources, joy, and hope for the future. Similar to Naomi, Ruth, Alicia, Itzayana and me, God invites us to mentor and be mentored by people of faith and wisdom who are all part of God’s redemption story.

I am grateful for my journey. Even though it has been painful, God has placed the right mentors in my life at just the right times. And since I received freely from the previous generation, I also want to give freely to the next generation.

To mentor and to be mentored are true gifts, indeed! If you want to experience this gift, please consider joining us join us at the Christian Latina Leadership Institute where you will find spiritual, academic, business, non-profit ministry, and life mentors who are willing to invest in your journey no matter where you find yourself. 

Anyra Cano is the Academic Coordinator of the Christian Latina Leadership Institute, Youth Minister at Iglesia Bautista Victoria en Cristo in Fort Worth, TX and Coordinator for the Texas Baptist Women in Ministry.  

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By Nora O. Lozano

Para leer la versión en español haga clic aquí.

I am delighted to introduce the new blog of the Christian Latina Leadership Institute (CLLI), entitled: “Tú, yo, nosotras” (You, I, Us). The purpose of this blog is twofold. First, it is designed to stimulate creative academic thinking and conversations regarding topics that are relevant to women in leadership, Latinas and Latinas-at-heart. These thematic essays will be published once a month. Second, additional pieces will be published as needed in order to highlight significant events in the Institute’s life. 

The blog will be centered on a yearly general theme, and will be published in both, English and Spanish.

As the CLLI board and staff discussed this new project, the topic of sisterhood became a favorite one for this year. The reason is that since the beginning the CLLI trainings have been a space where significant relationships among women leaders have been created, nurtured, and developed, as women have engaged in deep, transformative conversations. These relationships have crossed boundaries of race, age, language, stages of life, educational levels, and ministerial callings. 

At times, these conversations have been painful and difficult as we have discussed as a group or individually significant topics that were deemed, at the moment, as matters of life and death. 

But in all of these conversations, we have found a sense of new life and renewal because God is in our midst. The God of hope, who sees the complete horizon of our lives, is the one leading us.  And, even though we may not see clearly at the moment, God offers a light, even a small one, to help us to move forward.  

My hope is that this blog will be an additional space where these deep, transformative conversations and sisterly relationships continue to flourish in order to enrich our relationship with God and with each other.

As I write this, I am reminded of two biblical women who held important conversations as both shared a special kind of sisterhood due to a common circumstance and faith: Elizabeth and Mary. 

The beginning of Luke’s Gospel narrates the stories of these two women. Elizabeth and her husband Zechariah were righteous people, who followed all of God’s commandments and regulations. However, in spite of their faithfulness, they were childless because Elizabeth was barren. This situation was hard for both of them, but especially for Elizabeth. At that time, one of the primary roles of women was to have children, and it was considered a disgrace to be unable to do so. Since they were up in age, they had lost hope of overcoming this situation. 

To their surprise, they experienced a miracle from God as Elizabeth finally conceived a baby. This woman who had experienced pain, shame and criticism due to her condition as a barren woman, now was experiencing God’s grace and mercy. 

In contrast, Mary was a young woman, virgin, unmarried, and completely unprepared to have a child. She is surprised, too, with a miracle as God finds her suitable to carry in her womb the world’s Savior. Her life changed forever, as she responded to the angel’s annunciation: “Here am I, the servant of the Lord: let it be with me according to your word” (Luke 1:38).

Suddenly, this single woman finds herself pregnant, and with a husband-to-be who would not believe her story about her conception from the Holy Spirit (Matthew 1:18-19). Even though the narrative does not mention this, I imagine that her family and community did not believe her story either. Thus, most likely, she experienced much suffering, shame, and criticism due to this unexpected pregnancy. 

The Gospel continues by telling us that some days after the angel’s announcement, Mary went hurriedly to see Elizabeth. It is at this moment, when Elizabeth and Mary meet to have vital conversations. Both of them had experienced suffering, shame, and criticism due to pregnancy issues. One because under all normal circumstances she could not conceived a child, and the other one, because under the most incongruous circumstances she was expecting a child. Different circumstances, similar pain and shame, and a common God who was overseeing their stories, and offering them a sense of hope as they spend three months together, supporting and nurturing each other.  

I am sure that during this time, Elizabeth and Mary had an opportunity to share their miraculous stories over and over again. Perhaps, as they shared with each other, they found a sense of purpose and hope as they understood better how both of them and their sons were so special for God. 

These two biblical women are examples for Christians today as they model deep conversations that encourage a more robust relationship with God and with each other. 

My hope is that as we launch this blog, it will become a space where women, following Mary’s and Elizabeth’s example, can have deep conversations that will allow them to grow in their relationship with God and each other. Furthermore, I hope that it will be a space where women will find support and inspiration for their journeys as Christian leaders. Finally, I hope that here women will be encouraged to believe, like Mary, that there would be a fulfillment of God’s words/plans for their lives (Luke 1:44-45). 

I want to invite you to join us every month, as we engage with women from the past and the present in deep and transformative conversations that will strengthen us in our journeys as leaders.

Dr. Nora O. Lozano is Executive Director of the Christian Latina Leadership Institute, and Professor of Theological Studies at Baptist University of the Américas in San Antonio, TX.

Categories: Blog

Por Nora O. Lozano

Traducido por Alicia Zorzoli

Please click here to read in English.

Tengo mucho gusto en presentarles el nuevo blog del Instituto Cristiano para Líderes Latinas (CLLI por sus siglas en inglés), titulado “Tú, yo, nosotras”. El propósito de este blog es doble. Primero, está diseñado para estimular el pensamiento académico creativo y las conversaciones sobre temas relevantes a las mujeres en liderazgo, sean latinas o con un corazón latino. Estos ensayos temáticos se publicarán una vez por mes. Segundo, a medida que sea necesario se publicará material adicional con el propósito de destacar eventos significativos en la vida del Instituto.

El blog estará centrado en un tema general para cada año, y se publicará en ambos idiomas: inglés y español.

Cuando el Comité Ejecutivo de CLLI y su personal consideraron este nuevo proyecto, el tema de la hermandad entre mujeres sobresalió como favorito para el año. La razón es que, desde sus comienzos, los cursos de CLLI han sido un espacio donde estas relaciones de hermandad se creaban, se fomentaban y se desarrollaban permitiendo así que las mujeres participaran en conversaciones profundas y transformadoras. Estas relaciones han traspasado límites de raza, edad, idioma, etapas de la vida, niveles de educación y llamados al ministerio.

A veces estas conversaciones fueron difíciles y dolorosas cuando tratábamos, en grupo o individualmente, temas importantes que en ese momento parecían ser asunto de vida o muerte.

Pero en todas esas conversaciones encontramos un sentido de nueva vida, de renovación, porque Dios está en medio nuestro. El Dios de esperanza, que ve el horizonte completo de nuestra vida, es quien nos guía. Y aunque en este momento no veamos claramente, Dios ofrece una luz, pequeña quizás, para ayudarnos a continuar.

Es mi esperanza que este blog sea un espacio más donde esas conversaciones profundas, transformadoras, así como la hermandad entre las mujeres, continúen floreciendo para enriquecer nuestra relación con Dios y con cada una.

Mientras escribo esto vienen a mi mente dos mujeres de la Biblia que mantuvieron conversaciones importantes y compartieron un vínculo especial de hermandad entre sí debido a su fe y a una circunstancia común. Me refiero a Elisabet y María.

El comienzo del evangelio de Lucas narra las historias de estas dos mujeres. Elisabet y su esposo Zacarías eran personas justas que obedecían todos los mandamientos y las ordenanzas de Dios. Sin embargo, a pesar de su fidelidad, no tenían hijos porque Elisabet era estéril. La situación era difícil para ambos, pero especialmente para Elisabet. En esa época una de las funciones principales de la mujer era tener hijos, y el ser incapaz de procrear era considerado una desgracia. Además, dado que ambos eran de edad avanzada, ya habían perdido toda esperanza de superar esta situación.

Para su sorpresa, experimentaron un milagro de Dios y Elisabet concibió un hijo. Esta mujer que había sufrido dolor, vergüenza y críticas debido a su condición de estéril, ahora estaba experimentando la gracia y misericordia de Dios.  

En contraste, María era una joven, virgen, soltera y totalmente falta de preparación para tener un hijo. Ella también recibe la sorpresa de un milagro cuando Dios la encuentra apta para llevar en su vientre al Salvador del mundo. Su vida cambió para siempre desde que respondió a la anunciación del ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). 

Repentinamente esta mujer soltera se encuentra embarazada, y con un futuro esposo que no le cree la historia de su concepción mediante el Espíritu Santo (Mateo 1: 18, 19). Aunque el relato no lo menciona, me imagino que tampoco la creyeron su familia y su comunidad. De modo que es muy probable que ella también haya experimentado sufrimiento, vergüenza y crítica debido a este embarazo inesperado.

El evangelio continúa relatando que días después del anuncio del ángel, María se apuró a ir a ver a Elisabet. Es en ese momento, que las dos se encuentran para sostener conversaciones vitales. Ambas habían experimentado sufrimiento, vergüenza y críticas debido a sus embarazos. Una porque bajo ninguna circunstancia era capaz de concebir, y la otra porque bajo las circunstancias más inverosímiles estaba esperando un hijo. Diferentes circunstancias, similar pena y vergüenza, y un mismo Dios que estaba en control de sus historias y les ofrecía un sentido de esperanza mientras pasaban tres meses juntas apoyándose mutuamente.

Estoy segura de que durante ese tiempo Elisabet y María tuvieron oportunidad de compartir una y otra vez sus historias milagrosas. Quizás al hacerlo habrán encontrado un sentido de propósito y esperanza al comprender mejor cómo tanto ellas como sus hijos eran tan especiales para Dios.

Estas dos mujeres de la Biblia son ejemplo para las personas cristianas de hoy en día, al modelar conversaciones profundas que alientan una relación más fuerte con Dios y entre sí.  

Tengo la esperanza de que el lanzamiento de este blog llegue a ser un espacio donde las mujeres, siguiendo el ejemplo de María y Elisabet, puedan mantener conversaciones profundas que les permitan crecer en su relación con Dios y unas con las otras. Además, espero que sea un espacio donde las mujeres encuentren apoyo e inspiración para su trayectoria como líderes cristianas. Por último, espero que aquí las mujeres sean alentadas a creer, como María, que Dios va a cumplir sus planes para la vida de ellas (Lucas 1:44, 45).

Quiero invitarte a que nos acompañes cada mes, y nos unamos a mujeres del pasado y del presente en conversaciones profundas y transformadoras que nos fortalecerán en nuestra trayectoria como líderes.

La doctora Nora O. Lozano es Directora Ejecutiva del Instituto Cristiano para Líderes Latinas y Profesora de Estudios Teológicos en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, Texas.